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Anónimo
inglés - La nube del no-saber
(índice)
60
Que el
camino más suave y más seguro del
cielo
se mide
por los deseos y no por los
kilómetros
Quizá la ascensión de Cristo sigue siendo
para ti una piedra de escándalo. Él
ascendió físicamente en presencia de todos sus
discípulos y envió al Espíritu Santo
como había prometido. Todo lo cual te hace creer que
durante la oración has de dirigir literalmente tu
mente hacia arriba. De hecho, creemos que Cristo en su
humanidad resucitada subió a su Padre, pero me vas a
permitir que intente explicarte una vez más por
qué este hecho no se ha de reconstruir en un sentido
literal. Me explicaré lo más sencillamente que
pueda aun cuando mi explicación no sea del todo
adecuada.
Si, Cristo ascendió a los cielos y desde lo alto
envió al Espíritu Santo, pero subió
arriba porque esto era más adecuado que descender o
dirigirse a la izquierda o a la derecha. Aparte del alto
valor simbólico de dirigirse hacia arriba, la
dirección de este movimiento, sin embargo, es
totalmente accidental a la realidad espiritual. Pues en el
reino del espíritu, el cielo está tan cerca de
arriba como de abajo, de detrás como de delante, de
la izquierda como de la derecha. El acceso al cielo se hace
a través del deseo. El que desea estar en él,
realmente está allí en espíritu. La
senda que lleva al cielo se mide por el deseo y no por los
kilómetros. Por esta razón san Pablo dice en
una de sus cartas: «Para nosotros nuestra patria
está en el cielo...». Otros santos han dicho
sustancialmente lo mismo, pero de diferentes maneras.
Quieren decir que el amor y el deseo constituyen la vida del
espíritu. Y el espíritu mora donde mora su
amor, tan ciertamente como mora en el cuerpo al que llena de
vida. ¿Entiendes mejor ahora? No necesitamos tensar
nuestro espíritu en todas las direcciones para llegar
al cielo, pues ya vivimos en él por el amor y el
deseo.
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Que en el
recto orden de la naturaleza la
carne
está
sujeta al espíritu y no
viceversa
A la vez, cuando arrastrados por el Espíritu
levantamos nuestros ojos y nuestras manos hacia los cielos
donde brillan las estrellas, alabamos a Dios en un hermoso
gesto de devoción. Si el Espíritu Santo
inspira en nosotros tal plegaria, debemos seguirle. Pero,
por otra parte, no debemos preocuparnos del gesto, porque
todo gesto físico ha de sujetarse al espíritu
y no viceversa.
La ascensión de nuestro Señor lo pone de
manifiesto. En su divinidad, Jesús nunca estuvo (ni
pudo estar) separado de Dios. Pero cuando, estando en la
tierra, le llegó la hora prevista de volver al Padre,
retornó al Padre corporalmente en su humanidad. Si,
revestido de poder y de la fuerza del Espíritu,
él, como una sola persona, volvió al Padre en
su humanidad. Este misterio quedó expresado de la
manera más adecuada por su ascensión hacia
arriba.
De una forma similar, aunque menos completa, han de
experimentar la verdadera relación de la materia con
el espíritu aquellos que generosamente se entregan a
la obra interior del amor que hemos descrito en este libro.
Aun cuando el contemplativo no se dé cuenta de ello
de una manera consciente, su cuerpo quedará
influenciado por la disposición de su
espíritu. Pues cuando se recoge para comenzar esta
actividad, su cuerpo, que quizá estuvo postrado en
una postura indolente, se recoge súbitamente en una
postura de atención y alerta. La alerta interior de
su espíritu afecta a la disposición exterior
de su cuerpo, y con qué precisión.
Es propio de la dignidad del hombre estar erecto, su
rostro vuelto hacia las estrellas y no hacia la tierra como
las bestias, pues es la más excelsa de las obras de
Dios. La nobleza de su destino espiritual, que le llama a
llegar espiritualmente hacia Dios, se refleja en el porte y
dignidad de su postura erecta. Pero, fíjate bien.
Dije que llega «espiritualmente» a Dios, no
físicamente. Pues ¿puede un espíritu no
material ser dirigido de acá para allá como
algo físico? De ninguna manera.
Sé, por tanto, prudente para no interpretar lo
espiritual en términos materiales. Es necesario usar
palabras como «arriba», «abajo»,
«dentro», «fuera»,
«detrás», «delante»,
«izquierda» y «derecha». Pues por
espiritual que pueda ser nuestro tema, nosotros somos
hombres y debemos apoyarnos en el vocabulario del lenguaje
humano ordinario para comunicarnos. El lenguaje pertenece al
reino de la materia porque nuestras palabras derivan de la
experiencia humana y se pronuncian con la lengua
física. ¿Significa esto, sin embargo, que hayan
de entenderse en un sentido literal? Por supuesto que no.
Como seres humanos, podemos ir más allá de su
significación inmediata y captar el significado
espiritual que comportan a otro nivel.
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De
cómo el hombre puede saber cuándo su
actividad
espiritual
está por debajo y fuera de él, a su
mismo
nivel y
dentro de él, y cuándo está por
encima de él,
pero
debajo de Dios
Pienso que te resultaría más fácil
detectar el significado espiritual que está
detrás de las expresiones ordinarias, si te explicara
algunos términos comúnmente usados en
relación a la actividad contemplativa. Esto te puede
dar más seguridad a la hora de discernir con
precisión cuándo tratas con cosas exteriores y
por debajo de ti mismo, cuándo con cosas interiores e
iguales a ti, y finalmente cuándo son las que te
trascienden, aunque estén por debajo de Dios.
Por debajo de ti y exterior a ti se extiende todo el
universo creado. Si, incluso el sol, la luna y las
estrellas. Están situadas por encima de ti
resplandeciendo en el firmamento; sin embargo, no se pueden
comparar con tu excelsa dignidad de ser humano.
Los ángeles y las almas de los justos son
superiores a ti, por cuanto están confirmados en
gracia y revestidos gloriosamente de toda clase de virtudes,
pero son iguales en naturaleza como criaturas inteligentes.
Por naturaleza estás adornado de tres maravillosas
facultades espirituales: memoria, razón y voluntad, y
de dos facultades secundarias: imaginación y
percepción sensorial. No hay nada por encima de ti en
la naturaleza a excepción de Dios.
Cuando leas libros sobre la vida interior y encuentres
alusiones a ti mismo, has de saber que quieren expresar tu
yo total como ser humano de dignidad espiritual y no
simplemente tu cuerpo físico. Como hombre,
estás relacionado con todo lo que existe en la
creación por medio de tus facultades.
Si llegas a entender todo esto relativo a la
jerarquía de la creación y a tu propia
naturaleza y tu lugar en ella, tendrás algunos
criterios para valorar la importancia de cada una de tus
relaciones.
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De las
facultades del espíritu en
general;
cómo
la memoria, como facultad
principal,
abarca en
sí misma todas las demás
facultades y sus
obras
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La razón, la voluntad, la imaginación y la
percepción sensorial son las potencias con las que el
hombre opera para elaborar los datos de la realidad. La
memoria es la facultad comprehensiva que recibe, selecciona
y retiene el conocimiento adquirido a través de las
otras cuatro facultades. Puesto que la naturaleza de la
función de la memoria es tan diferente de la de las
otras facultades, no podemos decir propiamente que opera, en
sentido activo, sino que más bien entiende en una
actitud propiamente receptiva.
A unas facultades del hombre las llamo primarias y a
otras secundarias, no porque el espíritu del hombre
sea divisible, sino porque los datos que elaboran se pueden
dividir en dos categorías principales. La primera
incluye todos los datos relativos al espíritu, y la
llamo primaria; la segunda incluye todo lo relativo a la
materia, y la considero secundaria. Cuando las dos
facultades principales, razón y voluntad, tratan
directamente las cosas espirituales, pueden funcionar
independientemente de la imaginación y de la
percepción sensorial.
La imaginación y la percepción sensorial
operan con lo material, tanto presente como ausente. Residen
en el cuerpo y funcionan a través de los cinco
sentidos del cuerpo. Pero mientras la razón y la
voluntad funcionan de una manera autónoma, la
imaginación y la percepción sensorial
requieren la asistencia de la razón y de la voluntad
a fin de poder captar incluso las cosas materiales en su
totalidad. La esencia, las causas, las propiedades y
diferencias de las cosas materiales son inaccesibles a la
imaginación y a la percepción sensorial sin la
ayuda de las facultades primarias.
Resumiendo, pues, la razón y la voluntad se llaman
primarias, porque no son materiales y pueden funcionar
independientemente de las otras facultades dentro de la
esfera de lo espiritual. La imaginación y la
percepción sensorial se llaman secundarias, porque
operan con las cosas materiales y actúan en el cuerpo
a través de los cinco sentidos. La memoria es una
facultad primaria porque, si bien no opera directamente con
los datos de la realidad, abarca en si misma las otras
cuatro facultades, juntamente con el conocimiento que estas
adquieren. Explicaré esto más
detenidamente.
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De las
otras dos facultades
principales, la
razón y la voluntad;
cómo funcionaban
antes del pecado
original
La razón es la facultad que nos permite distinguir
lo bueno de lo malo, lo bueno de lo mejor y lo mejor de lo
buenísimo. O, según los casos, lo bueno de lo
malo, lo malo de lo peor y lo peor de lo malísimo.
Antes de pecar, el hombre hacía esto de una manera
natural y fácil, pero ahora la razón, cegada a
consecuencia del pecado original, yerra a menos que
esté iluminada por la gracia. La memoria abarca tanto
la razón como su objeto.
Después de que la razón ha determinado lo
que es bueno, la voluntad se dirige hacia ello con amor y
deseo y descansa finalmente en ello con satisfacción,
deleite y pleno consentimiento. Antes del pecado original,
el hombre no se encontraba en peligro de elegir y de amar un
falso bien, ya que en su integridad original experimentaba
cada cosa como realmente era. Ninguna de sus facultades
estaba perturbada y no era propenso a ser engañado
por ninguna de ellas. Pero en el presente orden de cosas, el
hombre no puede elegir el bien de una manera firme sin la
asistencia de la gracia. El pecado original le dejó
herido y ciego, de manera que es fácilmente
engañado por las apariencias y llevado a elegir un
mal disfrazado de bien.
La memoria abarca, asimismo, la voluntad y su objeto.
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De la
primera facultad secundaria, la
imaginación;
cómo
funciona y cómo la ha dañado el pecado original
-
Con la facultad de la imaginación reproducimos
para nosotros la imagen de las cosas presentes o ausentes.
La imaginación y todas las imágenes que
reproduce se hallan contenidas en la memoria. Antes del
pecado original, la imaginación cooperaba totalmente
con la razón. Como una criada, reflejaba fielmente
cada imagen de acuerdo con la realidad, y así la
razón nunca era engañada en sus juicios por
una imagen deformada de cualquier cosa, fuera material o
espiritual. Ahora, sin embargo, esta integridad de nuestra
naturaleza se ha perdido, y la imaginación no cesa
día y noche de deformar la imagen de las criaturas
materiales, de tergiversar su esencia espiritual o de
engendrar en nuestra memoria fantasmas de cosas
espirituales. Sin la ayuda de la gracia corremos el peligro
de tener grandes errores de percepción,
produciéndose así muchas deformaciones de la
realidad.
La naturaleza indisciplinada de la imaginación es
evidente en la experiencia de los neófitos que acaban
de dejar el mundo y que están en el comienzo de la
vida contemplativa. No sin gran dificultad apartan su alma
de millares de pensamientos e imágenes placenteras, o
de fantasías en torno a su pasado que la
imaginación desbocada proyecta continuamente sobre la
pantalla de su alma. Esta habitual actividad indisciplinada
de la imaginación es una de las consecuencias
dolorosas del pecado original. A medida que estos
neófitos progresan en las prácticas de la vida
contemplativa, meditando fielmente en su humana fragilidad,
en la Pasión de Cristo, su bondad trascendente y en
las demás verdades de la vida interior, la
razón va gradualmente sanando, recuperando su justo
predominio sobre la
imaginación.
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66
- De la otra
facultad secundaria, la percepción
sensorial;
- cómo
funciona y cómo ha sido
dañada
- por el
pecado original
La percepción sensorial es la facultad de nuestra
alma que se vale de los sentidos y es dueña de ellos.
Esta facultad es una bendición para nosotros porque
nos permite conocer y experimentar todas las criaturas
materiales y determinar si son buenas o no para nosotros. La
percepción sensorial incluye tanto los sentidos
externos como los internos. Los sentidos externos atienden a
la satisfacción de nuestras necesidades
físicas, y los internos sirven a la inteligencia. Es
la facultad que se rebela cuando el cuerpo experimenta
alguna necesidad y la que nos puede mover también a
excedemos en la satisfacción de cualquier necesidad.
Refunfuña ante la privación del placer y
cuando se le inflige un dolor, alegrándose vivamente
cuando se le quita el dolor y se le devuelve el placer. La
memoria abarca también la facultad de la
percepción sensorial y todo lo que experimenta.
Así como la imaginación es la criada de la
razón, la percepción sensorial es la esclava
de la voluntad. Antes de que el hombre pecara, era una
esclava perfecta, puesto que cualquier deleite o dolor suyo
estaba en perfecta consonancia con la realidad. No
comunicaba a la voluntad ninguna sensación
desordenada acerca de criatura alguna material, ni el
demonio despertaba experiencia espiritual engañosa en
los sentidos internos.
Pero ya no es así. Debido al pecado original,
experimenta dolor cuando se ve privada de placeres
desordenados, por los que suspira ciegamente, y cuando se ve
sometida a una disciplina saludable, que rechaza. La gracia
ha de fortalecer la voluntad para que acepte humildemente su
parte en las consecuencias del pecado original, manteniendo
a raya la percepción sensorial para que no se exceda
en los placeres legítimos y adquiera el gusto por una
disciplina saludable. Sin la gracia, la percepción
sensorial se entregaría caprichosamente a los
placeres de la vida y de la carne degradando al hombre hasta
convertirlo más en una bestia que en un ser humano,
que tiene un destino espiritual.
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67
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La
ignorancia respecto al
funcionamiento
de las
potencias del alma puede llevar
fácilmente
a error y
a entender mal la
instrucción
sobre la
contemplación; de cómo la
persona
se hace
casi divina por la gracia
Mi querido amigo en Dios, fíjate a qué
riesgos nos vemos expuestos por el pecado original. ¿Ha
de extrañarnos el que estemos ciegos y
engañados a la hora de interpretar el significado
espiritual de ciertas expresiones, especialmente si somos
tan ignorantes de nuestras propias facultades y de su
funcionamiento?
Has de darte cuenta de que siempre que estás
ocupado en cosas materiales, por buenas que sean en si
mismas, estás ocupado en algo que es exterior a ti y
que está por debajo de ti en el orden de la
creación. Otras veces estarás absorto en
introspección en el ámbito más sutil de
tu conciencia, pues a medida que crezcas en el conocimiento
propio y en la humana perfección, tus facultades
espirituales se dirigirán hacia tu desarrollo
espiritual, los buenos hábitos que vas adquiriendo,
los malos que vas dominando y tus relaciones con los
demás. En tales momentos estás ocupado en algo
que es interior a ti mismo y que está a tu mismo
nivel de hombre. Pero habrá veces también en
que tu alma se vea libre de toda ocupación en algo
material o espiritual y totalmente absorta en el ser de Dios
mismo. Esta es la actividad contemplativa que he venido
describiendo en este libro. En esos momentos te trasciendes
a ti mismo, haciéndote casi divino, si bien
permaneciendo por debajo de Dios.
Digo que te trasciendes a ti mismo, haciéndote
casi divino, porque has conseguido por la gracia lo que te
es imposible por naturaleza, ya que esta unión con
Dios en espíritu, en amor y en la unidad de deseo es
el don de la gracia. Casi divino; si, tú y Dios sois
tan uno que tú (y todo verdadero contemplativo)
puedes ser llamado divino en un sentido verdadero. De hecho,
las Escrituras nos dicen esto. Naturalmente, tú no
eres divino en el mismo sentido en que lo es Dios; pues
él, sin principio ni fin, es divino por naturaleza.
Tú, en cambio viniste al ser desde la nada y en un
determinado momento en el tiempo. Además,
después que Dios te creó con el inmenso poder
de su amor, tú te hiciste menos que nada por el
pecado. Por el pecado no merecías nada, pero el Dios
de toda misericordia te recreó amorosamente en
gracia, haciéndote, como si dijéramos, divino
y uno con él en el tiempo y en la eternidad. Pero,
aunque eres verdaderamente uno con él por gracia,
sigues siendo menor que él por naturaleza.
Mi querido amigo, ¿comprendes todo lo que estoy
diciendo? Todo aquel que desconoce sus propias facultades
espirituales y su funcionamiento es propenso a tergiversar
las palabras usadas en sentido espiritual. ¿Ves ahora
más claramente por qué no me atrevía a
decirte: «Muestra tu deseo a Dios»? Te
enseñé, por el contrario, a usar tu ingenuidad
y a ocultarlo alegremente. Temía que llegaras a
interpretar literalmente lo que había querido
expresar
espiritualmente.
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68
Que no
estar en ninguna parte
físicamente
significa
estar en todas espiritualmente;
que
nuestro yo superficial puede
ridiculizar
la
contemplación como una pérdida de
tiempo
A lo mejor otro te diría que has de replegar tus
facultades y sentidos dentro de ti mismo para allí
dar culto a Dios. Diría bien, esto es cierto, y
ninguna persona sensata podría negarlo. Sin embargo,
por miedo a un posible engaño y a que puedas
interpretar literalmente lo que digo, yo no quiero expresar
la vida interior de esta manera. Me expresaré
más bien en paradojas. No trates de replegarte dentro
de ti mismo, pues, para decirlo de un modo simple, no quiero
que estés en ninguna parte; no, ni fuera, ni arriba,
ni detrás o al lado de ti mismo.
Pero a esto dices: «¿Dónde he de estar
entonces? Según dices, ¡no he de estar en
ninguna parte!». Exacto. De hecho, lo has expresado
bastante bien, pues efectivamente quisiera que no estuvieras
en ninguna parte. ¿Por qué? Porque no estar en
ninguna parte físicamente equivale a estar en todas
partes espiritualmente. Procura entender esto claramente: tu
actividad espiritual no está localizada en
ningún lugar particular. Pero cuando tu mente se
centra conscientemente en algo, tú estás en
ese lugar espiritualmente, de la misma manera que tu cuerpo
está localizado ahora en un lugar determinado. Tus
sentidos y facultades quedarán frustrados por falta
de algo donde agarrarse y te increparán por no hacer
nada. Pero no te preocupes. Sigue con esta nada, movido
solamente por tu amor hacia Dios. No lo dejes nunca,
persevera firme y fijamente en esta nada, ansiando vivamente
poseer siempre a Dios por amor, a quien nadie puede poseer
por conocimiento. En cuanto a mí, prefiero perderme
en esta falta de lugar, debatiéndome con esta ciega
nada, antes que ser un gran señor que viaja por todas
partes y disfruta del mundo como si fuera dueño de
él.
Olvídate de este modo de estar en todas partes y
de todo el mundo. Su riqueza palidece junto a esta bendita
nada y falta de lugar. No te inquietes si tus facultades no
pueden captarla. En realidad, así debe ser, ya que
esta nada es tan sutil que los sentidos no pueden
alcanzarla. No puede explicarse, tan sólo
experimentarse.
A los que acaban de encontrarla les puede parecer muy
oscura e inescrutable. Pero, en realidad, están
cegados por el esplendor de su luz espiritual más que
por cualquier oscuridad ordinaria. ¿Quién crees
que se mofa de ella como de una vacuidad? Nuestro yo
superficial, naturalmente. No nuestro verdadero yo; no,
nuestro verdadero e intimo yo la aprecia como una totalidad
por encima de toda medida. Pues en esta oscuridad
experimentamos una comprensión intuitiva de todo lo
material y espiritual sin prestar atención alguna
especial a nada en particular.
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69
De
cómo el amor del hombre
queda
maravillosamente
transformado
en la
experiencia interior de esta
nada
y de esta
falta de lugar
Cuán maravillosamente se transforma el amor del
hombre por la experiencia interior de esta nada y de esta
falta de lugar. La primera vez que la contempla surgen ante
él los pecados de toda su vida. No queda oculto
ningún mal pensamiento, palabra u obra. Misteriosa y
oscuramente han quedado marcados a fuego dentro de ella. A
cualquier parte que se vuelva le acosan hasta que,
después de gran esfuerzo, doloroso remordimiento y
muchas lágrimas amargas los borra profundamente.
A veces la visión es tan terrible como el
resplandor fugaz del infierno y se siente tentado a
desesperar de verse curado y aliviado alguna vez de su
penosa carga. Muchos llegan a esta coyuntura de la vida
interior, pero la terrible agonía y falta de consuelo
que experimentan al enfrentarse consigo mismos les lleva a
pensar de nuevo en los placeres mundanos. Buscan alivio en
cosas de la carne, incapaces de soportar el vacío
espiritual interior. Pero no han entendido que no estaban
preparados para el gozo espiritual que les habría
sobrevenido si hubieran esperado.
El que con paciencia mora en esta oscuridad será
confortado y sentirá de nuevo confianza en su
destino, ya que gradualmente verá curados por la
gracia sus pecados pasados. El dolor continúa, pero
sabe que terminará, pues ya va siendo menos intenso.
Poco a poco comienza a darse cuenta de que el sufrimiento
que padece no es realmente el infierno, sino su propio
purgatorio. Vendrá un tiempo en que no reconozca en
esa nada pecado particular alguno sino tan sólo el
pecado como un algo oscuro, y esa masa informe no es otra
cosa que él mismo. Ve que en él está la
raíz y las consecuencias del pecado original. Cuando
en otras ocasiones comience a sentir un maravilloso
fortalecimiento y unos deleites inefables de alegría
y de bienestar, se preguntará si esta nada no es,
después de todo, un paraíso celestial.
Vendrá, por fin, un momento en que experimente tal
paz y reposo en esa oscuridad que llegue a pensar que debe
ser Dios mismo.
Pero aunque piense que esta nada es esto o lo otro,
seguirá siendo siempre una nube del no-saber entre
él y su Dios.
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