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Miguel
Márquez Calle - El riesgo de la confianza
(índice)
TERCERA
PARTE
EN LA ESPIRITUALIDAD
CARMELITANA
"CONTEMPLATIVOS
EN LA PRECARIEDAD..."
(ORAR EN EL
CARMELO)
Mirando mi propio corazón, con la mano en
él, me hice la pregunta que lleva por título
este capítulo. En realidad ¿qué es orar
en el Carmelo?, ¿cómo se ha orado y se ora en el
Carmelo? Por supuesto que no sabría responder con
satisfacción a un tema tan rico y complejo, que me
desborda por todos los lados. Me conformaré con
ofrecer algunos descubrimientos y otros deseos personales,
sin pretender decir lo más importante, pero sí
algo de lo que más me importa, desde mi opción
carmelitana. "Impresiones desde mi balcón",
podría también titularse este capítulo.
Un ofrecimiento de mi percepción al creyente
cristiano, depositario, como yo, de la riqueza del Carmelo,
patrimonio de la Iglesia y de todo hombre inquieto.
CONTEMPLATIVOS EN LA
PRECARIEDAD
Nos trasladamos al invierno de 1577-1578; un invierno
especialmente duro para fray Juan de la Cruz. Hace
frío por fuera y por dentro, es noche cerrada entorno
y noche oscura al interior, está solo y desnudo, sin
arrimo, permanece fray Juan muy quedo para no perder el gran
encuentro que acontece de manera especial en momentos de
despojamiento radical. Un pobre hombrecillo inocente,
indefenso, vive en propia carne un trato injusto. El
escenario es especialmente hostil. Pero como quien no quiere
perder la perla del momento, no se evade en lamento y
crítica y se entrega a acoger la voluntad de Dios.
Borda, con una situación lamentable, una experiencia
de comunión amorosa con Dios, crucial para toda su
vida ("muchos años de carcelilla daría yo
por una sola de las gracias que el Señor allí
me hizo", dirá años después). Da a
luz una de las mejores poesías de amor que se han
oído en lengua castellana. La soledad, el
frío, la noche... dan lugar a la verdadera
compañía, al fuego de Dios, a la luz
única y fascinadora.
Unos meses antes, Teresa de Jesús, también
en Toledo, comienza, por obediencia a escribir el libro de
Las Moradas, en condiciones adversas de todo tipo, algo que
se le hace especialmente dificultoso, porque no parece que
le de el Señor espíritu para ello, ni deseo, y
porque anda últimamente con ruidos y flaqueza en la
cabeza... "no atinaba a cosa que decir ni cómo
comenzar a cumplir esta obediencia", y escribe una de
las obras más importantes de la espiritualidad
cristiana, en pocos meses.
Teresa del Niño Jesús realiza una filigrana
de camino interior, dejándose troquelar por el
cariño de Dios, en una situación comunitaria
no siempre favorable, y en ocasiones, especialmente adversa,
en una profunda noche de fe, herida por la enfermedad de su
padre y postrada, finalmente por su propia enfermedad que la
llevará a los brazos de su Padre Dios.
El Carmelo ha escrito sus mejores páginas de vida
y de comunión en situaciones no siempre favorables,
frecuentemente adversas. Contemplativos en la precariedad,
bordaron, fiándose de Dios hasta la osadía, la
experiencia de vida interior que, definiendo al Carmelo en
su conjunto, les identifica a cada uno de modo original. La
precariedad y la limitación personal, comunitaria,
etc. nunca serán suficiente excusa para dejar de
zambullirse en el misterio entrañable de Dios.
La gran tentación será huir con la
imaginación a mundos posibles, soñados,
envidiables. El gran peligro es idolatrar otras
experiencias, envidiar situaciones ajenas, llorar la propia
mala suerte, no querer ni mirarse al espejo, en definitiva,
esquivar la mirada y no confiar en Él, he aquí
el gran pecado, no acoger la mirada de Dios. Para lo cual
hay que superar varios complejos: de culpabilidad, de
inferioridad, de superioridad... La amistad de Dios empieza
curando y sanando nuestra no aceptación.
"¡Paz a vosotros, soy yo, no temáis!".
Paz con nosotros mismos.
La tentación del Carmelo, del
orante seguirá siendo hacer de lo accidental esencial
y convertir en el problema y en bandera de lucha lo que no
son sino ideas o medios, y no más bien la vida que
tales ideas pueden -o no- evocar. Ya lo meditaba Isabel de
la Trinidad al reflexionar sobre Marta y María:
"sólo una cosa es necesaria" ("Unum
necesarium"), algo que está más acá
de la literatura carmelitana, porque "existe una vida
íntima del espíritu carmelitano, que no se
transmitió a los libros de nuestros fundadores,
porque el papel no puede contener más que la ciencia
muerta, sino que pasó integro al alma de sus
hijos" 1.
Si es cierto que gran parte de nuestra sociedad de
consumo vive de mantener y provocar una enfermedad, la
ansiedad y la insatisfacción, no es menos cierto que
en el terreno espiritualoide se ha dado y se sigue dando
esta deformación; se vive con ansiedad, miedo y no
aceptación. La obsesión por el cumplimiento,
la interminable y lamentable confesión de los propios
pecados con afán exagerado de estar limpio y no
condenarse, etc., han ocultado lo más encantador del
Cristianismo: la amistad de Dios, la gratuidad de su mirada,
y la posibilidad de que sea igualmente gratuita nuestra
entrega. Vivir en obsequio de Jesucristo, como un "brindis"
por Él, ha sido ideal del Carmelo.
LA ORACIÓN
TRATO DE AMISTAD
La oración es medio, puerta, camino.., para la
comunión, para ejercitar el amor, para activar la
amistad. Orar es tratar de amistad. La oración ha
sido el canal que ha encauzado la historia de amistad entre
Dios y su criatura.
La amistad de Dios es un regalo gratuito, no una
conquista. La ascesis nunca fue del todo lo primero para
llegar a la mística, la ascesis suponía estar
ya tocado. Siempre es renuncia por un amor mayor. Juan de la
Cruz habla a hombres y mujeres tocados por Dios, en cierta
medida enamorados. Pobres y desprendidos de nuestro orgullo,
de una satisfecha conciencia, abiertos a Dios. La ascesis es
el camino de la libertad, sencillez y simplificación
de la vida, para descubrir la gran verdad que activa el
Cristianismo: "Él nos amó primero".
Toda la ascesis sanjuanista está encaminada a centrar
la vida, a enamorar el corazón, a unificar la mirada,
a alcanzar la COMUNIÓN con el Amado. Tiene un sentido
del todo positivo. Orar es dejarse mirar por Él, no
ofrecer resistencia, esperar en desnudez y vacío,
gozarse de estar cabe la fuente... no perder la sonrisa y la
esperanza en la noche, porque la Noche es la gran
opción de Dios.
El gran anhelo de Dios es que el hombre lo quiera y le
ame porque sí, no por miedo ni por recompensa (en
este sentido hemos maltratado la esencia del cristianismo
con un Dios angustioso y angustiante, hambriento de
cumplimientos y sacrificios). La gran locura de Dios es que
no puede evitar querernos, aunque nosotros le olvidemos, su
corazón de madre nunca deja de mirarnos con
cariño. Permanece "a nuestra puerta cubierto de
rocío -pasando- las noches del invierno oscuras"
(Lope de Vega); y tendiéndonos la mano como un
mendigo esperando nuestro granito de trigo (R. Tagore).
La amistad de Dios no se mide por el gusto sensible, sino
por la fidelidad, confianza y entrega desnuda, y aun esto no
condiciona la amistad de Dios. No es razón cierta de
estar avanzado en la amistad de Dios el tener grandes
ímpetus o gustos sensibles. Ni la sequedad es indicio
claro de la lejanía de Dios.
Exigencia de la amistad es no buscarse
a sí mismo, sino acoger Su mirada. "Mire que le
mira", "El mirar de Dios es amar". Ante esa
mirada permanecer con "atención amorosa", sin muchas
palabras, evitando "la demasiada especulación,
tratando este negocio más con afectos y sentimientos
de la voluntad que con discursos y
especulaciones del entendimiento" 2,
porque "no está la cosa en pensar mucho, sino en
amar mucho" (Sta. Teresa) y "lo que más os
despertare a amar, eso haced" (San Juan de la Cruz),
aquí está el cuerpo de toda oración, en
amar, porque "a la tarde -de cada realidad vivida- te
examinarán en el amor, aprende a amar como Dios
quiere ser amado y deja tu condición" 3
El lenguaje preferido del Carmelo para hablar de la
relación entre Dios y la persona es el de los
esposos, los enamorados. Hay que recuperar siempre el
Cantar de los Cantares y su atrevida
formulación de la amistad esponsal de Dios.
DISCERNIR EL TRATO DE
AMISTAD
Elemento para discernir hoy la oración
auténtica y veraz es que ese orar nos despierte al
amor de los otros, de "los próximos" (Fco.
Palau), del "otro" (E. Levinas) y que no nos evada,
no nos diluya, sino que nos haga más vulnerables,
más a la intemperie, más comprometidos. No se
puede tratar de amistad con Dios creíblemente si no
produce como un eco inseparable el trato de amor con los que
más necesitan ser curados. En este sentido la
oración siempre será una aventura peligrosa,
cuando se hace de verdad sin prejuicios (Edith Stein). Orar
es estar dispuesto a salir.., y sólo se ora cuando se
ha salido de sí mismo.
"Quien dice que conoce a Dios y no ama a su hermano,
es mentiroso", quien dice que ora y no pone su vida en
juego, no cambia, no llora ni ríe con los otros, dice
mentira y pretende hacer a Dios cómplice de su
sordera y su parálisis.
La oración cristiana del carmelita no está
llena de vacío contemplativo, sino de la Presencia
misericordiosa, compasiva de Dios, padre y madre. Un Dios en
cuyos ojos están fotografiados al vivo los rostros de
aquellos que más sufren, más le necesitan.
Quien logre mirar a los ojos de Dios y penetrar a
través de su sonrisa y sus lágrimas
descubrirá que su niña, el corazón de
sus ojos está llena de miradas, de nombres. Orar a
Dios es despertar al amor de esos que son su
niña.
El abandono en manos de Dios nunca provoca una actitud
pasiva; activa el dinamismo del Espíritu en el
interior del hombre, y esta es la mayor revolución.
Abandónate... no esperes tiempos mejores. Ahora es el
momento, ahora vive Dios, en estas circunstancias
concretas.
No estamos llamados a repetir experiencias pasadas, sino
a vivir nuestra propia historia de amistad, con la hondura
de nuestros padres pasados, con su pasión.
1 P. Crisógono de Jesús,
La Escuela Mística Carmelitana, Edde, Madrid.
Mensajero de Santa Teresa y de San Juan de la Cruz 1930, p.
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2 Instrucción de Novicios de
los Carmelitas Descalzos, Madrid, 1591, en el
capítulo De la Oración.
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3 San Juan de la Cruz, Dichos de Luz
y Amor 59. volver
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