|
Inicio
Miguel
Márquez Calle - El riesgo de la confianza
(índice)
"ESTABA
DENTRO DE MI Y YO EN ÉL"
(TERESA DE
JESÚS)
(Teresa de Jesús no necesita
presentación. Nació en Ávila en 1515, y
murió en Alba de Tormes en 1582. Fundadora de la
nueva familia del Carmelo Descalzo, reconocida escritora
mística, refleja en sus libros la grandeza de su
persona, la profundidad de su experiencia de unión
con Dios en Cristo. Sobresale en la Iglesia por su doctrina
de oración).
Sobre la oración en Santa Teresa se han escrito
muchas y muy buenas cosas.
Me propongo hacer un pequeño repaso de la
oración teresiana y su incidencia en nuestros
días, el por qué de la actualidad de su
mensaje y el eco permanente de su palabra en una sociedad
como la nuestra.
En el fondo de este intento laten cuestiones y retos que
tenemos planteados hoy como discípulos del magisterio
teresiano. Si nos decimos discípulos es porque
encontramos en su doctrina claves certeras para iluminar
nuestro seguimiento de Cristo. Ha caído la
hegemonía de las "grandes y divinas palabras", la
autoridad por la autoridad, y aunque escuchemos a "viejos" y
antiguos profetas seleccionamos necesariamente aquellos que
orientan nuestro caminar. En esta elección tienen
cabida perenne los clásicos y de una manera especial
aquellos que han sabido decirse a si mismos con la vida, con
transparencia. ¿Por qué Santa Teresa sigue
siendo un personaje vivo en la memoria del pueblo creyente y
en la experiencia de los caminos del espíritu?
Tengo treinta y tres años. Nací dos meses
antes de terminar el Concilio Vaticano II. He llegado a la
vida religiosa recogiendo el testigo de otros que afrontaron
los difíciles cambios del concilio. Nos han adentrado
en un terreno muy desbrozado y depurado de costumbres
caducas. En mí no existe el amargor de algunos por lo
perdido, ni las quemaduras de la lucha, por ganarle a los
tiempos la novedad siempre perenne de lo auténtico.
Ya no somos la generación de "mayo del 68". Un
día empecé a cansarme de que algunos me
ofrecieran "su lucha" como la referencia única. No
quiero que me hablen de su noviciado, de lo que ellos
hacían en otros tiempos... de lo que ellos vivieron.
Quiero que me digan si juntos podemos hoy dar sentido a
nuestra espiritualidad.
Hay quienes dicen que ya hicieron suficiente
oración en el noviciado y en los años de
formación, con lo que demuestran estar tullidos,
muertos. Algunos se han quedado en el pasado, aparentemente
seguro, por desconfianza y miedo a lo nuevo. Otros esperan
un mañana soñado que tal vez no llegue. Un
niño de la calle boliviano repetía
enérgicamente: "basta de promesas, queremos
realidades". Una joven carmelita hablando con otra de las
que han luchado una buena lucha le decía parecidas
palabras: basta de hablar de posibles futuros, quiero saber
si hoy es posible todo lo que se me ha enseñado en
formación. Nos urge la realidad hoy.
Yo tenía cinco años cuando Pablo VI
declaraba doctora de la Iglesia a Teresa de Jesús.
Demasiado pequeño para saber quién era la tal
Santa Teresa. Seguramente hoy, también, demasiado
pequeño para abarcar el alcance de este magisterio
teresiano y dejarme influir convenientemente por
él.
De poco sirven los escritos de grandes maestros, de Santa
Teresa, San Juan de la Cruz, etc., si su experiencia no es
hoy actualizable. Su vigencia consiste precisamente en esto:
cuando leo sus escritos despiertan y liberan dentro de
mí un renacimiento. Ella, Teresa, no me habla de "su"
experiencia, hay algo estupendo en el descubrimiento, ella
me habla de mis posibilidades, de mi más honda
realidad, de mi experiencia... y lo hace con la frescura y
la anchura de quien ha adquirido una envidiable libertad, la
de los hijos de Dios. Aquí está la
razón por la que Santa Teresa es mi maestra de
oración, y por el mismo motivo que estoy dispuesto a
escuchar, no a los añorantes del pasado, sino a los
que tengan la elegancia de encararme con el presente de mis
posibilidades. Yo quiero vivir la experiencia de Teresa y
Juan de la Cruz en mi propia piel, con su luz, pero con mi
originalidad y en mis circunstancias.
Cada figura de la espiritualidad cristiana y del Carmelo
ha sido, en mayor o menor medida, fiel discípulo de
otros maestros, pero escuchando de labios de Dios, en el
corazón de la experiencia del misterio que nos
nombra, la más propia misión y
vocación. Cada creyente, cada carmelita ha de estar a
la escucha de ese misterioso "nombre" con el que
Él nos tiene inscritos en el libro de la vida.
He aquí en adelanto una de las
características que más me seducen de Santa
Teresa: su ORIGINALIDAD, nacida de la sinceridad, de su
deseo de autenticidad y de la confianza en Dios. Esta
originalidad se expresa en el mismo proceso de su
oración.
Se ha hecho clásica en los escritos sobre la
oración teresiana la siguiente división de su
vida de oración: espontánea (cuando
niña); difícil (18 ó 20 años de
oración trabajosa, en la Encarnación); infusa
o mística (28 años restantes de su vida).
Merece una atención especial la etapa central de la
oración difícil, dificultad nacida de la
incoherencia, de la inadecuación de los
métodos a su manera de discurrir, a su forma de ser y
de la falta de guías certeros e idóneos.
Después de una incansable lucha, en la que se adentro
por caminos poco desbrozados y muy sospechosos para la
mentalidad de su época (sospechosos por no andados),
lucha en la que tanteó posibilidades con aciertos y
correcciones, pero sin ceder en el empeño, con la
intuición de que una vida nueva estaba en juego... le
alcanzó la experiencia de la oración infusa.
Ella define este momento y lo va sintetizando en expresiones
muy simples, llenas de sabiduría mística:
"Tenía yo algunas veces..,
aunque con mucha brevedad pasaba, comienzo de lo que ahora
diré: acaecíame en esta representación
que hacía de ponerme cabe Cristo... y aun algunas
veces leyendo, venirme a deshora un sentimiento de la
presencia de Dios, que en ninguna manera podía dudar
que estaba dentro de mí, o yo estaba engolfada en
Él" 1
Momento decisivo en el paso a la oración
mística es LA CONFIANZA, que superado el voluntarismo
y los tanteos, acoge lo mejor de la oración como un
don gratuito: Cristo mismo, Cristo vivo se hace premio
inmerecido. Toda su oración se centra en la Persona.
No importa qué decir, cómo orar, qué
hacer... sino vivir la presencia de Cristo dentro, encuentro
de dos vidas, no tanto de espacios aislados (por parte del
hombre) sino toda la vida abocada, mirando hacia
Él.
Es el tesoro de una larga búsqueda, la
iluminación de toda una vida de anhelo insaciable que
encuentra el centro mismo de un manantial inagotable. El
secreto de Teresa, a diferencia de tantos iluminados, es que
ha sabido transmitirnos su experiencia. Es algo que cautiva
y seduce: su humanidad amable albergando una experiencia tan
profundamente espontánea, su llaneza y humildad al
tratar de las cumbres de la experiencia mística en
palabras nuestras.
Al leer a Teresa uno olvida por momentos la dificultad de
nuestro mundo en creer y vivir la trascendencia. Es como una
fuente de agua fresca para esta llamada "era del
vacío" (Lipovetski). Nos ha devuelto la fe en
nosotros mismos, en la hondura que nos habita, en la belleza
que somos por dentro recordándonos el castillo
interior en cuya íntima morada habita el Esposo, un
tanto olvidado de nuestra distraída mirada.
En estos tiempos que corren, tiempos de crisis de
credibilidad, de cierta saturación de rancia
religiosidad y de espiritualidad mimética y forzosa,
en ocasiones hemos anhelado vientos frescos y libertad de
espíritu. Tal vez nos sigue sobrando obligatoriedad y
nos falta seducción en nuestra presentación de
Dios. En estos tiempos en que seguimos encontrando
"maestros" que pretenden darlo todo hecho, formulado y
claramente asegurado para evitar que nos equivoquemos, Santa
Teresa nos previene de los principales peligros de la
oración encarándonos con el misterio,
ofreciéndonos unas moradas, un camino de referencia,
pero invitándonos a la experiencia intransferible,
única del encuentro con el Cristo vivo hoy: "No
hay que temer. No durmáis... pues que no hay paz en
la tierra, aventuremos la vida".
Sigue en el aire a medio contestar la pregunta por la
vigencia de la palabra teresiana, y más concretamente
de la oración teresiana que es su principal palabra.
Si tengo que reseñar algunos de los elementos que a
mi parcial parecer influyen en que Santa Teresa sea tan
universalmente creíble, diría, aun a riesgo de
olvidar elementos importantes:
Originalidad de su búsqueda: superando los
métodos, ella no se contenta con palabras y busca a
Dios mismo, los libros y maestros ayudan, orientan, pero
ninguno evita su búsqueda personal. Va inventando su
modo de orar. El buscador vive una profunda soledad que le
aboca desnudo a Dios.
Trato de amistad: Santa Teresa ha tenido el
acierto de definir así la oración como trato
entre personas, trato entre amigos, salvando las
diferencias. Con ello hace entendible la oración a
todo espíritu, y nos recuerda uno de los elementos
mas ricos y bellos del ser humano: capaz de amar y ser
amado. La oración es, en este sentido, un encuentro
personal, transformante y dinámico (M.
Herráiz). La amistad con Dios ha de ir siendo
depurada de propio interés, de sentimentalismo, de
superstición... hacia la confianza y la escucha.
Jesucristo: la humanidad de Jesucristo es central
en el proceso de la oración teresiana. La
"condición humana de Dios" es el gran descubrimiento
de Teresa, la gracia principal para encajar todas las
piezas. La humanidad de Cristo hace posible la
comunión con Dios. La adoración de Cristo
Eucaristía hecho entrañable cercanía,
hecho "nuestro", es una de sus vivencias privilegiadas.
Dignidad humana: es otra manera de hablar de la
"belleza interior", del castillo y de la perla, del
"Huésped" y de nuestra vocación a vivir en
plenitud. Ella nos recuerda que no estamos huecos, que hay
que conocerse para reconocer en nosotros el don de Dios, la
maravilla de su creación. Las Moradas de Santa
Teresa, frente a tanta decepción, son un canto a la
naturaleza humana habitada de Dios. La muerte, en el hondo
sentido, es afirmación de vida plena, el gusano ha de
renacer mariposa. Nuestra vocación es ser mariposas,
siendo lo que somos en cada momento.
Modo de
orar: "Procuraba lo más que podía traer
a Jesucristo, nuestro bien y Señor, dentro de
mí presente, y ésta era mi manera de
oración" 2.
"Estábame allí, lo más que me
dejaban mis pensamientos, con Él" 3.
El hombre se recoge en silencio interior para gustar, vivir
la presencia. En sentido más verdadero Dios mismo
recoge al orante, lo distrae de toda distracción para
atraerlo a sí. De manera tan sencilla nos propone su
modo de oración.
Oración-vida: para Santa Teresa la
oración es expresión de toda una vida. Al
orar, la vida entera está en juego. Ambas se
alimentan mutuamente. La insistencia de la Santa es en el
amor hecho vida: "obras quiere el Señor".
Habla de la oración como de un "trato de amistad
estando muchas veces tratando a solas". Ejercicio
frecuente en soledad y silencio, pero insiste, sobre todo,
en la actitud contemplativa amorosa y acogedora. La
contemplación-admiración se ha de dar en toda
oración vocal, discursiva, mental, etc., llegando a
todo lo que vivimos cotidianamente.
Ambiente-clima: es muy importante para orar
preparar el clima. En primer lugar un clima de fraternidad y
acogida, amistad limpia y sincera. Clima de sencillez y
pobreza, en sentido hondo y real, para que nada estorbe lo
esencial. Esta sencillez también en los lugares donde
oramos, para que todo nos centre la mirada en el
Único.
Estos son algunos elementos que pueden explicar la
universalidad del magisterio orante de Santa Teresa, y su
vigencia en tantos movimientos actuales de oración y
grupos orantes.
Como seguidores de la enseñanza teresiana, tenemos
el reto de traducir esta experiencia a los orantes de
hoy.
La Escuela Teresiana posterior a Santa Teresa,
fundándose en el método de fray Luis de
Granada en cuanto a las partes (preparación,
lección, meditación, acción de gracias
y petición), introduce la peculiaridad teresiana
(trato de amistad) en ese esquema: "La preparación
queda reducida a la 'presencia de Dios'. La 'lectura' es
facultativa, como ayuda para los que no tienen entendimiento
razonador, como le pasaba a Santa Teresa.
La 'meditación', no es una simple
reflexión sobre la verdad, porque se afirma que la
oración no consiste en el mucho pensar, sino en el
mucho amar. La meditación acaba en un coloquio,
más intenso de afectividad. La Escuela Carmelitana
introdujo la contemplación' (...), que supone un
descanso y quietud amorosa en la verdad encontrada al final
de la reflexión. Es el último grado de la
oración ascética. Es la meditación que
se transforma en placidez contemplativa. La 'acción
de gracias' acaba con un acto de ofrecimiento de la propia
persona a la voluntad de Dios, y sólo al final, el
alma está en disposición de 'pedir' todo lo
que necesite para ella o para la Iglesia" 4 .
Hoy en día, sin negar la importancia del
método, reclamamos simplicidad, y surgen grupos
animados por las consignas teresianas, deseosos de vivir al
mejor estilo de Teresa ese quedarse "cabe Él",
"mirándole y dejándose mirar" ("mire que le
mira"), a la escucha atenta de su querer en silencio amoroso
y soledad acogedora, sin muchos artificios y estorbos, yendo
prontamente al encuentro, a la comunión de
personas.
Un intento admirable de llevar a cabo estas consignas
teresianas en grupo, son los Grupos de Oración
Teresiana, pequeños grupos que se reúnen para
orar al estilo teresiano. El esquema básico orante de
estos grupos se define en tres palabras:
Ambientación: Clima de recogimiento.
Facilitar el paso de la vida ordinaria al ámbito de
la oración. Palabras del animador. Invocación
al Espíritu. Música. Relajación...
Silencio, escucha, acogida. Ejercicio de presencia (tomar
conciencia de mí mismo) y de Presencia (estar con
Él, en Él, Él dentro de
mí...)
Palabra: la experiencia de la Palabra viva de Dios
es central en Santa Teresa. Interiorización de la
Palabra. Rumiar y meditarla. Acogerla y celebrarla con
algún canto o salmo. El silencio es clave para que
todo sea contemplativamente acogido.
Compartir: dentro del mismo clima de
oración, expresión comunitaria de mi
oración personal. Momento para acoger y decir
amén a lo que el Espíritu ora en los otros y
para expresar eclesialmente mi diálogo con Él,
de manera muy diversa: acción de gracias,
petición, alabanza... Este momento ayuda a superar
una excesiva tendencia al individualismo en nuestro trato
con Dios.
Así tiene más sentido, cuando en mi
oración he acogido la vida de los demás, decir
juntos Padre nuestro...
Ahí está la experiencia orante de Santa
Teresa, viva hoy, por la transparencia y llaneza con que nos
ha sido descubierta en su hondura, sin asomo de mediocridad,
encaminándonos a las esencias del Cristianismo: la
comunión con el Dios encarnado en Jesucristo.
Si nos conformamos con su experiencia y no nos despierta
el deseo de búsqueda, si nos enamora su encuentro con
Dios y retardamos dejarnos encontrar nosotros mismos, si no
vemos atisbos de ese castillo interior en nuestros adentros,
si en nuestra vida no aletea esa determinada
determinación de los verdaderos amadores que no se
desaniman ante sus propios desaciertos... si no estamos
nosotros, un poco al menos, ardiendo en el amor del Esposo
Cristo, entonces es verdad que Teresa de Jesús
está enterrada en Alba de Tormes y en sus
escritos.
1 Santa Teresa, Libro de la
Vida, 10, 1. volver
2 Vida, 4, 8.
volver
3 Vida 9, 4.
volver
4 Daniel de Pablo Maroto,
Dinámica de la oración, EDE, Madrid,
1973, p. 152. volver
Anterior
Índice
Siguiente
|