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Miguel
Márquez Calle - El riesgo de la confianza
(índice)
"DESNUDOS
ANTE LA VERDAD"
(EDITH
STEIN)
(Edith Stein, carmelita descalza, judía,
filósofa, muerta en el campo de concentración
de Auschwitz el 9 de agosto de 1942, canonizada por Juan
Pablo II el 11 de octubre, en 1998. Había nacido en
Breslau -entonces Alemania-, el 12 de octubre de 1891. En el
Carmelo se llamó Teresa Benedicta de la
Cruz).
Es temprano en la mañana, y la iglesia de la
abadía está aún solitaria. Edith Stein
se sitúa en lo bancos de delante, se arrodilla y
adora en silencio el misterio de la verdad encarnada. Es una
hora muy querida por ella, en la que vive a la expectativa
de un amor que ha colmado su búsqueda apasionada de
la verdad. Está sola con Él, y le basta. Lo
tiene todo. Su sed de verdad ha sido saciada hasta donde
ella no había imaginado.
Lejos quedan, como si de otra vida se tratara, los
trajines e ilusiones de la Universidad, la inmersión
en el fascinante mundo de la filosofía, como camino
para encontrar el sentido último de lo real y de la
vida. "Mi ansia de verdad era una única
oración", dirá más tarde
refiriéndose a estos años.
El encuentro con una original manera de hacer
filosofía, enarbolada por E. Husserl, la
Fenomenología, fascinó su espíritu
noble, ávido de planteamientos sinceros, veraces. Ese
encuentro marcará su manera de percibir la vida. La
fenomenología cuadra perfectamente con su
búsqueda ardiente de la verdad. Se plantea
fundamentalmente el método de análisis de lo
real, con ausencia de prejuicios. Si me acerco a cualquier
parcela de la realidad, he de hacerlo desnudo, tratando lo
más posible de desprenderme de lo que ya conozco, sin
adelantar nada, para acoger la realidad en su genuina
verdad.
Esta virtud o modo de vivir la existencia, es raíz
de una oración madura. No se pide menos al orante que
dejarse interpelar, despertar, sorprender por la verdad de
Dios tal como se quiera mostrar, en infinidad de caras
inimaginables, sin que ninguna le defina y cuadre.
Sólo una actitud honesta de desprendimiento de lo que
esperamos y conocemos captará fielmente el hoy, la
música de lo que se me acerca.
La fenomenología es un eslabón importante
en el caminar de Edith Stein hacia la Verdad con
mayúsculas. El terreno va siendo preparado, para que
cuando Dios se acerque inesperado, ella lo acoja sin
reservas, abierta intelectualmente al misterio (que otro
tiempo rechazaría su razón) y abierta a la
experiencia honda y creciente de este misterio.
Un hecho relacionado con la
oración, muestra de su espíritu sensible, le
sucedió en un viaje a Franckfurt, lo cuenta ella
misma: "Entramos unos minutos en la catedral, mientras
estábamos allí en respetuoso silencio
entró una señora con un cesto del mercado y se
arrodilló profundamente en un banco, para hacer una
breve oración. Esto fue para mi algo totalmente
nuevo. En las sinagogas y en las iglesias protestantes. a
las que había ido, se iba solamente para los oficios
religiosos. Pero aquí llegaba cualquiera en medio de
los trabajos diarios a la iglesia vacía como para un
diálogo confidencial. Esto no lo he podido olvidar"
1.
La fenomenología dejaba, de hecho, una puerta
abierta a lo incomprensible. Muchos de sus compañeros
fenomenólogos acabaron convirtiéndose al
Protestantismo. Edith, por su parte, toparía con la
verdad de un Cristianismo místico, viva experiencia,
en la figura de Teresa de Jesús, la mujer enamorada
de Jesucristo, la mujer maestra de oración y orante
por excelencia.
En ese mismo momento, aquella noche, que de una vez
leyó, sacado casi al azar, el Libro de la Vida de
Santa Teresa, su vida giraría en una sola
dirección: hacia ese Dios, misterio insondable, que
había descubierto en Teresa de Jesús y en
otros descubrimientos relacionados con cristianos vivos, un
Dios todo amor, todo cercanía, fuego abrasador. Es el
vértice de diferentes experiencias que le llevan a
este momento.
Aquel descubrimiento no había sido logro de su
solo afán. Había sucedido algo sorprendente y
maravilloso para ella, había empezado a entender que
el Cristianismo es un inmenso Don, un gran regalo. Algunos
dirán el don de la conversión, pero mejor
diremos el Don de un Amor capaz de esclarecer los rincones
más insatisfechos del intelecto, sobre todo, capaz de
dar calor, aliento, luz a las raíces de todo su ser.
De modo que esa semilla, caída en una tierra
dispuesta, hambrienta de verdad, cansada de pequeñas
verdades, hastiada de huecas palabras, esa tierra que era
todo su ser tendiendo y clamando a lo desconocido,
quedó sembrada de aquel único Amor que es la
Vida.
Sobre ella había llegado el don de un Amor mayor
que cualquier descubrimiento imaginable. La semilla
caída sería abonada, completada paso a paso:
el bautismo, la Comunión...
La oración silenciosa y la liturgia se convierten
poco a poco en dos ámbitos para calmar la herida
sufrida, su hambre de verdad ahora encaminada.
En la primavera de 1928 el padre Przywara le aconseja que
vaya a las celebraciones de Semana Santa y Pascua a la
abadía benedictina de Beuron. Ahora puede calmar su
sed de larga oración. Horas y horas de silencio en la
iglesia de la abadía, centrada en El... Horas de
silencio y largas vigilias en la iglesia del convento de
Espira...
Mucha oración en silencio. Edith tiene que seguir
dando conferencias, clases, charlas, escribiendo... pero el
silencio de sus largas horas de oración permanece en
lo secreto de su corazón.
La liturgia seguida con devoción admirable en la
abadía benedictina... La oración silenciosa,
desnuda, al mejor estilo del Carmelo Teresiano. Ambas
fuentes dan a su espíritu cristiano una profundidad y
madurez que se manifiestan en toda su vida y sus escritos a
partir de aquí. Sin alardes, con elegancia callada,
serena, centrada...
Nos lo dice alguien que la conocía muy bien, el
abad Rafael Walzer, a propósito de su talante orante:
"Ella quería sencillamente
estar ahí, junto a Dios, tener delante de silos
grandes misterios, cosa que no le podían dar ni la
naturaleza libre fuera del recoleto ámbito sagrado ni
una callada celda. No creo que en su meditación y
oración se sirviera de muchos textos
escriturísticos o hiciera exégesis
bíblica o excogitara conferencias espirituales, que
continuamente le pedían... Lo mismo que su actitud
externa se mantenía casi rígida, así
también su interior permanecía en la paz de
una dichosa contemplación y gozo ante Dios. Conversa
agradecida y dichosa de encontrarse en el hogar de su Madre,
la Iglesia, uniéndose a la salmodia del coro monacal,
confesaba a la gran Iglesia orante. Comprendía en
toda su hondura la amonestación de Cristo 'orad sin
interrupción', y de ahí que ningún acto
litúrgico se le hiciera demasiado prolijo, y
ningún esfuerzo excesivo" 2.
Ya convertida no tendrá reparo en acompañar
a su madre en algunas ocasiones a la sinagoga, donde los
salmos de un pueblo milenario, de una fe que dio origen a la
Biblia, los salmos rebosantes de súplicas, alabanzas,
bendiciones, acciones de gracias, etc., tenían ahora
para ella el pleno sentido en Jesús, Palabra
definitiva del Padre. Ella, expresando una comunión
en la oración más allá de toda
religión, oraba con su madre los salmos de todos los
tiempos, que le sabían al Dios de Israel
definitivamente descubierto en Cristo vivo.
El último eslabón para
enfocar toda su vivencia orante tiene el sello y la firma de
la cruz. Uno de los factores que habían impresionado
profundamente su espíritu fue la actitud con que una
mujer cristiana acepta la muerte de su marido, tirando por
tierra todos sus esquemas. La viuda de A. Reinach
asumía la muerte de su marido como parte de la cruz
del Señor, es decir, como un triunfo, y eso era lo
que reflejaba su ser. "Fue el momento en que se
quebró mi incredulidad, palideció el
judaísmo y apareció Cristo. Cristo en el
misterio de la Cruz" (declaraciones de Edith, antes de
morir, a un sacerdote) 3.
Su identificación con Cristo la lleva a vivir en
su vida el morir de Cristo, la sabiduría de la cruz
hasta las últimas consecuencias. Vive la cruz unida
al destino de su pueblo, en una época de
sinrazón. Hasta la hora en que su vida quede
entregada definitivamente con su gente en aquella
cámara de gas de Auschwitz, su vida fue una
identificación cada vez más plena con Cristo
crucificado. Su oración y toda su existencia se
abandonaron a El, para que Él fuera en ella vida y
luz, misteriosamente fecunda en su morir.
El itinerario que hemos marcado a muy grandes rasgos de
su actitud orante seria:
- "Sin prejuicios". Abiertos, desnudos ante la verdad
desconocida.
- La oración es un Don, regalo. El Don de su
Amor.
- La liturgia: oración de la Iglesia.
- La oración silenciosa: el Carmelo Teresiano.
- Esposa del Crucificado. Oración de abandono y
aceptación del morir como entrega.
Este seguimiento escueto de la actitud, de los pasos
orantes en la vida de Edith Stein se queda muy empobrecido
sin la aportación de sus propios escritos sobre la
oración, donde vierte, sin duda, su vivencia, de la
que apenas nos habla en primera persona. Por eso me permito
recomendar algunos de sus escritos más
específicamente de oración, como son "La
oración de la Iglesia" o "Los caminos del silencio
interior" unidos a otros escritos de espiritualidad.
En "Los caminos del silencio interior", se plantea
pistas para ayudar a encontrar momentos de tranquilidad,
indicaciones sobre cómo organizar el día para
dar cabida a la gracia de Dios. Cómo orar a lo largo
de una jornada ajetreada (la suya sirve de modelo).
Se pregunta al comienzo:
"¿Cómo puedo sobrellevar tantas cosas en un
solo día? ¿ Cuándo podré hacer
esto o aquello? ¿ Cómo puedo solucionar tal o
cual problema? (...) Pero lo realmente importante es no
dejarse turbar en ese momento. Mi primera hora de la
mañana le pertenece al Señor. Hoy quiero
ocuparme de las obras que el Señor quiere
encomendarme y Él me dará la fuerza para
realizarlas" 4. Es un
planteamiento que nos estimula a no dejarnos atropellar por
las actividades, consejos muy válidos para el orante
actual embarcado muchas veces en un ritmo frenético,
poco admirador.
En alguna ocasión invita a servirse de los medios
necesarios para que la oración sea viva, atendiendo a
mis circunstancias, estado de ánimo, etc. Un criterio
que nos recordaba San Juan de la Cruz: "Lo que más os
despertare a amar, eso haced".
Y como expresión de su
pensamiento y fin de este capítulo os brindo este
párrafo, digno de un comentario aparte: "Lo que
nosotros podemos y tenemos que hacer es: abrirnos a la
gracia. Eso significa renunciar totalmente a nuestra propia
voluntad, para entregarnos totalmente a la voluntad divina,
poniendo nuestra alma, dispuesta a recibirle y a dejarse
modelar por Él, en las manos de Dios. Este es el
contexto primario que nos permite vaciarnos de nosotros
mismos y alcanzar un estado de paz interior" 5.
Nos regala la esencia de toda oración, como
vacío de si y apertura a Dios. Ese es el camino de la
verdad.
1 Edith Stein, Estrella
amarilla, EDE, Madrid, 1992, 2ª ed., p. 370.
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2 Teresa Renata, Edith Stein.
Una gran mujer de nuestro siglo, Ed. Dinar, San
Sebartián, 1960, 2ª ed., p. 165 ss.
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3 Ib., p. 71
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4 Edith STEIN, Los caminos del
silencio interior, EDE, Madrid, 1988, p.88.
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5 Ib., p. 87-88.
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