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Al
Hno. Rafael
- Jesucristo
era tu vida
- en
la paz del Monasterio
- hecho
carne de misterio
- en
la alborada encendida.
-
- Con
ansias de cierva herida
- te
entregaste en cuerpo y alma
- al
éxtasis y a la calma
- de
la oración de
quietud
- siendo
Jesús tu inquietud,
- umbría
de enhiesta palma.
-
- Tu
eres, Jesús, mi
"tesoro"
- y
mi más firme
esperanza
- ya
que en ti mi mente alcanza
- su
más perfecto decoro.
- Yo
te quiero, yo te adoro
- y
mi espíritu te reza
- suplicándote
el perdón
- al
par que mi corazón
- se
llena de tu belleza.
Porfirio
Martínez G.
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4ª
y 5ª CONFERENCIA
- Por
Juan Antonio Martínez
Camino
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En
esta primera conferencia vamos a exponer lo
que pudiéramos llamar: "el esquema del
edificio espiritual del Beato Rafael",
según el P.
Teófilo.
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Ayer
dejamos nuestro itinerario y camino, en el
momento en que, después de tres
años de maduración, Rafael
encuentra la ocasión para tomar la
decisión y pedir al P. abad de San
Isidro, su ingreso en el Monasterio, en
noviembre de 1933.
-
Hemos
visto la génesis remota de su
vocación, de esos dos amores de los
que nos hablaba el P. Teófilo: "el
amor a Jesucristo en su Humanidad, no una
idea arquetípica genérica, sino
la verdadera Humanidad de Jesucristo,
presente en la Eucaristía e Hijo de
María; esos dos amores que surgieron
de la escuela y de la familia; y que
encontraron en aquel carácter suyo,
reflexivo y contemplativo que no se quedaba
en la superficie de las cosas, el lenguaje
para saber expresarse.
-
Rafael,
ya había conocido la vida trapense por
medio del libro "Del campo de batalla a la
Trapa" que estaba traduciendo su tío,
una de esas providencias de Dios en la vida
de los hombres, pero cuando en el ano 1930,
contempla por primera vez a los monjes de San
Isidro, dijo: "Esto es lo
mío
-
Todavía
esperará tres años, pues le
aconsejan que termine la carrera, y cuando
esperaba poder madurar detenidamente su
decisión se encuentra con aquella
peripecia de la pensión del Callao en
Madrid, de la que hemos hablado ayer; de
ahí que encuentre la ocasión,
no la razón, pues la única
razón que Rafael tenía era su
amor, el amor que le llamaba y al que el
quería corresponder.
-
Por
eso huye del mundo, no por cobardía,
sino como dice el justamente, por "dar el
salto" que le exigía el
amor.
-
Dice
Rafael: "Yo considero que si en nuestro
camino, encontramos una gran peña que
nos impide el paso, es señal de
cordura, saltar por encima, en lugar de
perder el tiempo y nuestras fuerzas en querer
quitarla a fuerza de barrenos y
palanquetas... Es mejor y más seguro
encomendarse a Dios, tomar carrerilla y
saltar por encima, que el luchar a brazo
partido con el
obstáculo"...
-
El
amor exige dar un salto, y hay que darlo
cuando hay que darlo, y el lo hace
precisamente en aquel momento, a mitad de la
carrera; da el salto y aceptan su entrada en
San Isidro; este el primer
itinerario.
LUCHA
CON EL "DESTIERRO" Y LA
ENFERMEDAD
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Ahora
nos quedan dos pasos que dar: es
el resto del itinerario. Toda su
vida monástica, que como
saben ustedes fue una vida muy
accidentada, pues tuvo que salir
tres veces del Monasterio, el P.
Teófilo la divide en dos
vertientes, divididas por el 25
de marzo de 1934: es el momento
de la enfermedad, el momento de
"la hora de Dios", así la
llama el P. Teófilo; y si
toda la vida de Rafael
había sido "hora de Dios",
ese día en que tiene que
dejar el monasterio por la
enfermedad, después de
cuatro meses de "luna de miel",
ése día
,según el P.
Teófilo, supuso una
intervención decisiva de
Dios en su vida.
-
Ella
le daría el perfil exacto
y le ayudaría a acelerar
el camino que le llevaría
a la perfección y a la
identificación con Cristo,
muerto y resucitado, realizando
así su función en
la Iglesia y en el mundo.
así como su función
oblativa de amor para los fines
que Dios tenía
previstos.
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-
Toda
la etapa de su vida monástica tiene
esta divisoria: la "hora de Dios" con la
diabetes aguda que se le presenta en mayo de
1934. Esa "hora de Dios", significa el
"destierro", ya que está en "el
paraíso", pues el monasterio
-según la más genuina
tradición de la espiritualidad y
teología monacal, es concebida siempre
como "vita angélica"- es el
paraíso claustral, y en ese momento
tiene que ir al destierro.
-
Ese
destierro, también va a tener su
evolución, en la que el Padre tiene su
momento decisivo, a la hora de encauzar los
puntos de esa orden de Dios sobre Rafael, que
será después de haber estado
fuera desde mayo hasta noviembre de 1934, en
que Rafael pasará por San Isidro de
Dueñas, y allí con la ayuda del
P. Teófilo, encontrará la nueva
orientación de su vocación
cisterciense.
-
Vamos
a ver el camino que lleva hasta noviembre de
1934, hasta la segunda fase del "destierro".
Puede parecer un poco complicado entender
todo esto, pero las Obras Completas nos
ayudan a entender sus escritos.
-
Este
esquema que podemos ver de mano de quien lo
conoció tan bien y que fue el P.
Teófilo, nos puede llevar a precisar,
qué significó todo este camino
de pasos de sufrimiento:
- -
un camino corto pero muy intenso;
- -
y un camino de discernimiento espiritual de
primera mano.
-
Porque
Rafael es un maestro de discernimiento
espiritual, que nos hace ver qué es lo
que pasa en el espíritu, lo que ocurre
en el camino de la
vocación.
-
Hasta
ese punto medio de su "destierro", de su
estar fuera del Monasterio, casi año y
medio, hay tres pasos:
-
Primero,
los cuatro meses de "luna de miel", el
momento de la "hora de Dios" en que tiene que
dejar el Monasterio y luego la primera fase
del "destierro" hasta noviembre en la que
piensa quedarse otra vez.
-
A
partir del mes de noviembre de 1934, que pasa
por el Monasterio para hablar son el Superior
y el P. Teófilo, se da cuenta, de que
ya no va a ser lo mismo que antes, sino que
su vocación va a ser otra
cosa.
-
Esto
es lo que pasa en la vida; la vida es siempre
distinta y lo propio de un discernidor de
espíritu, es saber ver lo nuevo y
entenderlo a los ojos del camino del
espíritu, a los ojos de lo que Dios
quiere en ese momento. Y esto es lo que hace
Rafael de manera magistral con la ayuda
excepcional, fundamental del P.
Teófilo: ver, interpretar los pasos de
su vida, los sentimientos y circunstancias de
su vida.
-
Los
cuatro meses de "luna de miel" fueron eso.
Llegaron después las Navidades, ,
pasó cuatro meses de novicio, de
cielo, pues aquello era el cielo ya que el
considera la vida monástica como "vida
angélica"; no había estudiado
teología, pero había
leído libros muy buenos, por ejemplo
hemos encontrado en las Clarisas de Avila un
libro que dejó Rafael a la M. Pilar;
el había hablado mucho con ellas sobre
todo con la Abadesa y le regaló un
libro de San Juan de la Cruz muy importante,
ya que está casi todo subrayado por
el.
-
No
había estudiado Teología, pero
sin embargo le deja a su madre una estampa
que dice: "Solo hay un consuelo en la tierra
que es alabar a Dios" Y esto es lo que hacen
los monjes: Alabar a Dios en el coro, como un
anticipo del cielo.
-
Lo
que dice el P. Teófilo es que en estos
cuatro meses, Rafael disfrutó como un
ángel yendo al coro a cantar, haciendo
la vida del noviciado... Algunos textos sobre
esto los escuchamos anoche, preciosamente
cantados.
-
Cuatro
meses disfrutó Rafael de su triunfo,
su acendrado amor a Jesús y su
devoción extraordinaria a la Virgen,
convirtiendo su vida religiosa en un
paraíso anticipado. Nadie pudo saber
si en la vida monástica
encontró Rafael algo desagradable; su
sonrisa desconcertaba a los curiosos que
querían sorprender sus reacciones, la
frágil naturaleza de aquel apuesto
joven. Todos estaban atentos a ver si
aguanta, cómo reacciona, qué
hace..., pero el siempre con la sonrisa,
envuelto en el ambiente opuesto al que
había vivido.
-
Todo
le parecía bien, todo le caía
en gracia, todo le resultaba muy natural y
practicable; por eso, a pesar del rigor
extremo de la vida cisterciense, todo lo
llevaba con garbo y con alegría
sincera y contagiosa.
-
Hay
una carta en la que escribe a sus
padres:"Me he acostumbrado muy bien a la
Regla, que a primera vista y desde fuera,
parece muy dura, pero aquí lo
único duro es la cama... Lo
demás es austero, pero no es inhumano
ni mucho menos.
-
Si
vieras qué paz se respira tan grande;
Esa silenciosa alegría que flota en la
abadía y que no se puede explicar,
porque esa alegría y esa paz, es Dios
que reina en la casa, y El es el único
punto de mira de la vida
monástica.
-
Estoy
muy contento, pues Dios me quiere
mucho."
-
Esta
carta es de enero de 1934. Estos
son los cuatro meses de "luna de
miel que llama el P.
Teófilo. "Quisiera
comunicaros ,dice a sus padres,
mi amor a Dios, para que vierais
que vuestro hijo ha encontrado el
camino verdadero".
-
El
P. Teófilo, como buen
maestro y guía espiritual,
no idealiza las situaciones
haciéndolas irreales, ni
tampoco oculta a los lectores del
Boletín, la lucha que ya
tuvo que sufrir Rafael en
aquellos cuatro meses. Esto no
aparece en sus biografias; lo
dice el P. Teófilo casi
contando los secretos de
confesión.
-
El
secreto de confesión,
cuando ya se es santo, se pueden
decir muchos detalles, por
ejemplo el P. Teófilo nos
dice que Rafael nunca
cometió pecado mortal en
toda su vida, y que veía
de rodillas como extasiado ante
la Eucaristía, pero
también nos habla de
luchas y de algunos defectos en
aquellos cuatro primeros meses de
noviciado.
-
Cuenta
el P. Teófilo que su
carácter bullicioso y
sensible, en ocasiones le jugaba
a Rafael malas pasadas, por
ejemplo : "Padre, me acuso de
haber mirado desde el coro a la
tribuna de los seglares". El P.
Teófilo recuerda
también alguna otra cosa
más seria que la falta de
recogimiento: la de observar a
los demás monjes y
compararse con ellos", y pone en
sus labios esta confesión:
que Rafael llega a la angustia, y
que su fogosa imaginación
abulta y concede más
importancia de la que tiene,
llegando a veces a suscitar en
mi, tentaciones contra la
vocación.
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-
El
P. Teófilo cuenta, que para librarse
Rafael de aquella inquietud de
espíritu, se hacía sus
reflexiones para disculpar a unos y a otros,
pero añade que, advertía la
necesidad de ir más al fondo , a la
raíz de los problemas. Muy
difícil, -le dijo el P.
Teófilo-, será para ti, verte
libre de estas inquietudes, sino tomas tu un
remedio radical, que para ello da nuestro P.
San Benito. Se refería "al dominio de
las pasiones y afecciones humanas.
-
Y
es entonces cuando le habla de San Juan de la
Cruz: "Ya ves, Rafael, escribe el P.
Teófilo en 1954 que ni los placeres de
los sentidos, ni los afectos humanos, te han
de llevar a Dios por si mismos". Y cita a San
Juan de la Cruz: "ni eso, ni esotro en el
camino para ir a Dios. Nada , nada, y en el
monte nada. Déjalo todo y lo
hallarás todo que es Dios . Dios es
espíritu, te dice el divino Maestro y
por lo mismo, los que le adoran, en
espíritu y en verdad deben
adorarle."
-
Y
es aquí donde le llega el golpe de la
gracia, dice el P. Teófilo, en este
mismo año 1954. Rafael hubiera
necesitado mucho tiempo, quizás
años, dado su carácter abierto
y jovial, si hubiera gozado de buena salud,
como en los primeros meses de su noviciado.
El golpe de gracia fue para Rafael la
enfermedad incurable que hizo cambiar
bruscamente el ambiente placentero en que el
joven se desenvolvía, para conducirle
a la soledad, donde el señor le
hablaría al
corazón".
-
También
la enfermedad es un acto de la Providencia
divina. Se necesita visión de fe para
ver esto así, pero el camino de los
santos no hay duda que ha sido así...
Y lo que nos sobra son teorías con
apariencia de fundamentación y de
ciencia , y lo que nos falta es
práctica, y práctica
cristiana.
LA
"HORA DE DIOS" Y "EL DESTIERRO"
-
Aquí
terminan los cuatro meses de "luna de miel".
Y llegó "la hora de Dios"con la
enfermedad que imprime un "viraje de 90
grados" en la vida de aquel joven novicio. El
inesperado asalto de la aguda diabetes que
vino a interrumpir bruscamente el noviciado
de Rafael el 25 de mayo, y que el P.
Teófilo describe como paso para la
salida del "destierro".
-
El
destierro o el desierto: el destierro del
Paraíso que era el Monasterio o el
desierto que era el lugar que
describía Rafael en aquella
parábola, a su tía: "he
encontrado un inmenso valle con inmensos
panoramas, tierras fértiles, sol,
flores, plantas de todas clases.., en fin un
país en el que la mente humana no lo
puede casi imaginar..:' y
ahora...
-
Jesús
vino a quitarle a Rafael incluso los amores
sensibles al Monasterio y a la carrera
monástica normal. El P.
Teófilo, en ese articulo de 1954 dice
que el ya le había entregado todo a
Dios: lo único que amo, de un modo
sensible, que me gusta, que me atrae, es lo
que Jesús promete a los que por su
amor, dejan el mundo y cuanto en el
aman.
-
La
"hora de Dios" le iba a exigir una
"indiferencia" espiritual plena, palabra
clave para la vida cristiana.
-
"Al
saber que Rafael iba a salir del monasterio
para volver a su casa gravísimamente
enfermo. todos fuimos a despedirnos de el y
darle el último abrazo . Al verle tan
flaco y débil, pues en una semana
había perdido más de diez
kilos, quedamos profundamente conmovidos; los
oblatos que le amaban mucho, lloraban a
lágrima viva pensando que ya no
volverían a ver a quien tanto les
quería y alegraba.
-
Despedidos
todos, quedamos en la enfermería
Rafael y yo solos. Sentado el en un
sillón de su habitación,
aparecía agotado, sin fuerzas y
moralmente deprimido. Yo traté de
reanimarle ayudándole a conformarse
con la voluntad de Dios. El reaccionando
responde: "Si solo me quedan pocos
días de vida ¿por qué no
terminarlos aquí en medio de mis
hermanos? ¿Qué dirán en
Oviedo si me ven volver a casa extenuado, a
los cuatro meses de salir de ella, con
admiración y augurándome toda
clase de favores divinos y espiritual
felicidad, a la vez que felicitaban a mi
familia?...
-
Además,
mi venida a la Trapa se publicó en la
prensa de Oviedo y se difundió por
toda la provincia de Asturias. ¿Y
qué pensará ahora la gente de
yerme volver a mi casa? ¡No pienso salir
de aquí, aunque venga mi padre con una
pareja de guardias de asalto!
-
Yo
traté de devolverle el ánimo y
la serenidad asegurándole que se
trataba sólo de una dura prueba de
Dios, pero que la Santísima virgen de
la que era tan devoto, se las
arreglaría para que volviera otra vez
a la Trapa: "Ahora conviene que vayas con tu
padre, pues nuestros superiores no deben
asumir la responsabilidad de dejarte morir
sin poner los medios conducentes para
recobrar la salud".
-
Seguimos
hablando largo rato en íntimo coloquio
espiritual, y recordando algunas cosas que no
mucho antes habíamos tratado sobre el
desprendimiento de todo afecto puramente
humano que impidiera la entrega total a la
divina voluntad de Dios. También el
afecto al monasterio, al coro, al
hábito a la misa, todo afecto humano,
aunque sea de lo divino."
-
Rafael
escuchaba con atención, pero hablaba
muy poco. Una de las cosas que recordamos fue
lo de las "nadas" de San Juan de la Cruz:
"Ay, Padre, exclamó entonces, Rafael;
ahora comprendo lo que me dijo el otro
día: aquello de nada, nada, y
en el monte nada... como enseña
San Juan de la Cruz."
-
Esta
interesante narración, la ha dejado el
P. Teófilo consignada en varios
Boletines Informativos: "La noche avanzaba,
ya los religiosos se habían retirado a
descansar en el dormitorio. Rafael y yo
quedábamos solos en la
enfermería y salimos a la
galería para tomar el aire suave de
una noche templada de primavera. Era el 25 de
mayo y el cielo estaba tachonado de
estrellas.
-
Quedamos
durante un poco de tiempo contemplando en
silencio el atrayente espectáculo
nocturno. Pero pronto sentimos la necesidad
de acudir a la Reina de los cielos, y
comenzamos a rezar muy pausadamente el Santo
Rosario. Al recordar los misterios, tratamos
de acomodarlos a la situación
presente.
-
Como
María al recibir el anuncio de la
encarnación del Hijo de Dios en sus
virginales entrañas, aceptó
plenamente el oficio de madre con todas sus
dolorosas consecuencias, declarándose
la esclava del Señor, así
nosotros debemos aceptar humildemente las
pruebas dolorosas a que Dios nos someta. Como
Jesús al recibir de mano del
ángel el cáliz de la
pasión, también nosotros
debemos aceptar el amargo cáliz de la
dolorosa enfermedad que nos purifica y
santifica.
-
Duró
el rezo del Rosario más de una hora,
nos sentimos consolados y confortados con la
segura protección de la que es llamada
"Salud de los enfermos", y tranquilos nos
retiramos cada uno a nuestra celda, esperando
llegar el día de la partida de
Rafael.
-
Apenas
pudo conciliar el sueño, al pensar que
a la mañana próxima se
vería privado de su querido
hábito, aunque ambos
abrigábamos la seguridad de que tarde
o temprano lo volvería a poner... El
P. Abad le permitió se lo
llevara.
-
Y
amaneció el día 26 de mayo,
día triste y desolador para el Hermano
Rafael, en que debía despojarse del
santo hábito...
-
Hacia
media mañana, me llama Rafael y me
pide que le ayude a bajar la escalera de la
enfermería, pues el solo no
podía bajarla, por inseguridad en sus
piernas. Al ver a Rafael con los ojos
humedecidos y el traje, que cuando vino al
Monasterio le caía tan bien a su
esbelta figura y ahora parecía que
estaba colgado de sus hombros como de una
percha, me quedé de una pieza, pues no
esperaba tan triste
espectáculo.
-
Nos
acercamos a la barandilla de la escalera,
sobre la cual apoyó su mano derecha,
mientras la izquierda la colocó sobre
mi hombro; y así fuimos bajando
lentamente todos los peldaños hasta
llegar al claustro. Aquí nos agarramos
del brazo y seguimos avanzando hacia la
portería del monasterio.
-
Después
de abrir la puerta de esta y al tratar de
despedirme de Rafael, para volverme a la
enfermería, se abrazó a mi
cuello y sollozando me dice que el no
quisiera salir del monasterio, que
preferiría acabar en mis
brazos.
-
Así
quedó algún tiempo hasta que
bajó la escalera de la
hospedería el Padre Enfermero y
separándole de mis hombros, le
llevó hacia la ventana para que se
enjugara las lágrimas y se serenara
antes de presentarse a su padre que le
esperaba en la hospedería.
-
Yo
me di la vuelta para el claustro con el
corazón angustiado, pensando que
humanamente había pocas posibilidades
de volver a ver por la Trapa al Hermano
Rafael... Durante varios días
seguía yo pensando: "qué
pasará con "mi
Rafael"?
-
Esta
primera fase del "destierro" abre el momento
decisivo para la evolución espiritual
del Hermano Rafael. Se va a Oviedo y
está en su casa desde Mayo, se
está recuperando. En un primer momento
la recuperación fue bastante
rápida y pensó que pronto iba a
poder reanudar su noviciado y continuar de un
modo más o menos normal el curso
habitual de la carrera
monástica.
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-
El
15 de septiembre escribe una
carta al P. Francisco, Submaestro
de novicios y le dice: "Cada vez
estoy mejor, y según el
médico ya estoy curado de
"diabetes". Hace ya días
que no tomo medicación
ninguna, y ahora lo único
que hago es ir
acostumbrándome a la
comida del Monasterio. El otro
día me tomé un gran
plato de judías blancas y
me hice el análisis y nada
de azúcar".
-
Más
adelante le diría a su
profesor de dibujo, Eugenio
Tamayo: "Como voy a estar todo el
verano en casa, no quiero perder
tiempo, y es muy posible que vaya
a seguir dibujando con
usted.
-
Un
alto en el camino de su vida
monacal, o sea unas vacaciones de
verano fuera del Monasterio, ya
que después del verano
quería regresar al
monasterio:
-
"Yo
estoy, gracias a Dios, casi bueno
del todo, había escrito al
P. Maestro el 22 de julio del 34,
será cuestión de
dos o tres meses más, que
a mi se me hacen siglos..., para
poder seguir luego mi vida
ininterrumpida, al lado del
Sagrario de la Trapa, junto a mis
buenos hermanos".
|
-
Esta
fase termina en octubre, y en octubre llega
la revolución de Asturias, y pilla a
Rafael en Oviedo. Su madre dice que fue quien
les libró de la muerte: Dios lo hace
todo bien, nos trajo a nuestro ángel
trapense a casa para que nos
salvara.
-
La
revolución duró diez
días, desde el 5 de octubre hasta el
15, a sangre y fuego, quemando, derribando el
Palacio Episcopal, el Seminario... fueron
diez días de caos total, no
podían salir a compra nada, metidos en
sótanos húmedos y sin comida
alguna: ... sobre nuestras cabezas, -escribe
Dña. Mercedes-, los espantosos
cañonazos que rompían cristales
y destrozaban cuanto encontraban, oyendo caer
los cascotes y viendo el momento que todo se
hundiría y quedaríamos
sepultados...
-
¡Seis
horas horribles"
-
Aquello
posiblemente fue el motivo de la
evolución positiva de su enfermedad,
se truncara y se rompiera.
-
En
cuanto terminó la revolución de
octubre, esto lo cuenta Dña. Mercedes
en una carta a su propia madre, ya puede
salir de Oviedo yendo a vivir con sus
tíos en Burgos. Desde allí hace
un viaje Toro y a Ávila a visitar a su
familia, pasando por San Isidro pero sin
entrar en el Monasterio.
-
Fue
el último día cuando se iba ya
para Oviedo, paró en Venta de
Baños para ver al P. Abad.
LA
VUELTA AL MONASTERIO COMO OBLATO
-
Este
alto en el Monasterio, que efectivamente hizo
el día 21 de noviembre de 1934, iba a
ser decisivo para el futuro. De momento las
cosas estaban poco claras, y de aquellas
entrevistas con los superiores captó
que no podía volver al monasterio, que
le daban largas por no decirle que no, que
esperara por más tiempo a ver si su
salud se robustecía.
-
Rafael
corrió a contárselo a su
confesor y guía, y es el P.
Teófilo quien nos dice: "Esta
determinación de los Superiores
ocasionó a Rafael un profunda
angustia" "El resultado de la entrevista le
causó mucha pena y vino a contarme la
desilusión que se había
llevado."
-
¿Y
qué le dice el P. Teófilo? "A
ti que te gusta tanto la Regla de San Benito,
busca un lugar donde el régimen
alimenticio no sea tan rígido como en
la Trapa y que pueda compaginarse con tu vida
delicada.
-
Pero
a esta proposición respondió
Rafael, que donde quiera que fuera se
vería precisado a manifestar su estado
de salud y pedir alguna dispensa a la
observancia, lo cual no se avenía con
su carácter, y que para el era
preferible quedarse en San Isidro, aunque
fuese en un rincón".
-
El
P. Teófilo se arriesgó a
sugerirle a Rafael a su vuelta como "oblato".
Oblato es: estar en el monasterio, pero un
poco por libre; en todo lo posible como los
demás pero sin estar obligado a la
Regla de manera estricta; tampoco se pueden
hacer los votos ni se tienen los derechos de
los monjes; es una especie de asociado al
Monasterio, pero sin ser jurídicamente
monje.
-
Rafael
se agarró a esta alternativa como a un
anda de salvación y fue inmediatamente
a consultarlo con los Superiores, quienes
aceptaron la propuesta, tal vez un poco
extrañados ya que no pensaban que un
hombre joven, con su gran formación,
con amplia capacidad para los estudios
quisiese aceptar esa postura.
-
A
partir de aquí, Rafael se vuelve a
Oviedo con una nueva posibilidad de volver al
Monasterio aunque como oblato..., gracias al
P. Teófilo. La espera se
prolongó casi un año, hasta que
el 9 de octubre de 1935 se decide a escribir
al P. Abad solicitando formalmente su
readmisión y recordándole su
compromiso de admitirle como
"oblato".
HACIA
EL DESPOJO TOTAL
-
Hemos
dejado al Hermano Rafael volviendo a Oviedo,
después de aquella entrevista con los
Superiores del Monasterio y con el P.
Teófilo que le abrió el camino
para su empeño de seguir como
cisterciense; aquella vida que había
comenzado hacía menos de un
año, en enero del 34 y que de nuevo se
le abren perspectivas para regresar como
"Oblato", es decir, renunciando a la carrera
monástica, ya que no puede guardar el
régimen de la comunidad, ni ir al coro
ni al trabajo; es un hombre enfermo, pero un
hombre que quiere seguir su
vocación.
-
La
clave se la da el P. Teófilo: "ven
como oblato"...; una cosa que a nadie se le
había ocurrido, tratándose de
un joven como Rafael, pues el oblatado era
más bien para gente mayor o no apta
para los estudios. Le tenemos pues, volviendo
a Oviedo con esta idea en la cabeza; era el
21 de noviembre de 1934.
-
Pero
las ideas hay que asimilarías y
acomodarlas al espíritu para esta
novedad que suponía para el una nueva
vocación cisterciense. Aún le
quedaban bastantes meses para ingresar de
nuevo, desde noviembre del 34 hasta enero del
36, o sea, todo el año 35, que es lo
que llamamos la segunda fase del "destierro",
o sea, el "despojo total".
-
Y
esta fase, tiene a su vez varias etapas; es
muy interesante, porque es cuando Rafael
camina por la senda que le va a llevar a la
oblación completa de su vida, para
volver al monasterio por última vez en
diciembre del año 37, y que el P.
Teófilo lo llamaría, volver al
monasterio a morir.
-
Todo
comienza con los llamados "túneles
navideños", -así los llama el
P. Teófilo-. Estamos en noviembre y la
Navidad la pasa en Oviedo. Aquel año
34, Rafael ni escribe a nadie, ni felicita
las Navidades a nadie. Estaba el hombre
diciéndose: "Pero esto cómo
es"... Y le vemos aquí, es
interesante, como un auténtico maestro
de discernimiento; maestro de saber y
entender lo que pasa por el alma con los
distintos estadios de ánimo, haciendo
un discernimiento ejemplar.
-
Vuelve,
pensando que tiene que renunciar a los votos,
a cantar misa... ¡Volver a la Trapa!...
tiene que pensarlo bien, aún le queda
un año. En aquel entonces un confesor
le dijo que tenía un desequilibrio
nervioso achacándolo a la
revolución de Asturias; puede ser,
dice Rafael, pero yo no nunca lo creí.
Entraba en una iglesia y no podía
estar, todo me irritaba, y alguna vez iba a
confesarme llorando, porque no sabia hacer el
examen de conciencia y me veía muy
pecador.
-
¿Sabe
lo que me convenció de que no
había nerviosismo físico. Todo
esto me pasaba en lo tocante a Dios y a la
religión, pues para todo lo
demás no me ponía nervioso. El
confesor no acertó, lo vi
enseguida.
-
Un
año después escribe a su
tía María, en el otoño
del 35,época ya de mucho avance porque
ya había decidido entrar como oblato,
una carta en que le dice lo que le
había pasado en Oviedo, al volver de
la Trapa , de haber hablado y enfocado todo
con el P. Teófilo.
-
Es
un auténtico misterio, dentro de lo
que se llama desolación espiritual.
Porque la desolación espiritual no es
un estado deprimido, no es tener una crisis
nerviosa. Se puede tener desolación
espiritual y estar eufórico
psicológicamente. La desolación
espiritual es no encontrar el camino para la
vida espiritual, para hacer
oración.
-
Y
le dice a su tía: "Mira, no te vayas a
engañar, ¿no te puedes dominar?
Yo creo que si; haz la prueba una, dos,
veinte veces; ya verás como pasa"...
Ya verás como pasa esa
situación de no poder hacer
oración... Pasó como pasa todo,
que llega hasta donde Dios quiere y
permite...
-
Aquellos
días no eran un simple estado nervioso
porque estaba enfermo, porque no mejoraba;
eso también estaba ahí, pero lo
más importante , y así se lo
cuenta es: cómo lo veo yo desde la fe,
a dónde me lleva esto etc., esa era la
cuestión; no era el nerviosismo, sino
la desolación, pues lo que estaba
pasando no era un lenguaje de Dios, no
procedía de Dios, ya que el lenguaje
de Dios es la consolación, la paz
espiritual.
-
Pero
también esa dificultad es un modo por
el que Dios nos lleva a El, y ahí era
donde Rafael no veía con claridad, y
le aconsejaba su tío porque el
había pasado por ello.
-
Un
segundo momento de aquella fase, fue cuando
llegando la primavera, se fueron a Madrid con
su madre, ya que su hermana Merceditas
padecía tuberculosis.
-
Es
una fase más tranquila, de mucho
tiempo de paseo por Torrelodones, de
oración, de ir a la iglesia, de
ponerse ante la Virgen en su santuario; en
esta fase se le abre una luz nueva que
expresa en una oración escrita ante el
Sagrario, en la iglesia de Los Dolores y que
resume este momento espiritual
importantísimo. Esta es la
oración:
-
"Señor,
cada día que pasa voy viendo mejor lo
que tengo que hacer para santificarme; antes
creía que era yo, desgraciado de mi,
el que ponía la virtud y que si algo
bueno hacia también lo hacia yo, y no,
¡Señor!, no es eso. Todo lo pones
Tu; no he puesto más que pecado en mi
vida; por tanto, Señor, lo mejor
será dejaros hacer en mi; yo me
entrego del todo a Vos, no quiero nada;
quiero ser todo vuestro".
-
Y
dice el P. Teófilo que recoge esta
oración en uno de sus artículos
del Boletín, que el fallo en la
construcción estaba en la primera
planta que es: "niéguese a si mismo,
tome su cruz y sígame".
-
Cierto
que Rafael trabajaba por la mayor gloria de
Dios, pero no excluía su propio
provecho y consuelo espiritual: "yo pensaba
que era yo el que buscaba las cosas buenas" y
eso da una satisfacción, una
alegría; y ese egocentrismo espiritual
también hay que superarlo.
-
Dice
el P. Teófilo que Rafael en este
momento pasa del egocentrismo al
Cristocentrismo, poniendo a Cristo como
centro de su vida.
-
¿Qué
pasa a los cristianos que no apetecemos el
consuelo espiritual y preferimos el
masoquismo, el sufrimiento por el
sufrimiento?
-
No
es que sea así, pero estos maestros de
vida espiritual nos ayudan a entender como se
consigue realmente el consuelo, la paz por el
camino de la Cruz. El buscar el propio
consuelo, la propia satisfacción no es
el camino para encontrar la felicidad y la
paz.
-
El
que busca directamente la felicidad, no la
encuentra; este es el misterio de la Cruz
cristiana, que no es un amor al sufrimiento,
sino un amor al camino único para
encontrar la paz verdadera: que es el camino
de la renuncia por amor, el pagar un
precio.
-
Esto
es lo que descubre Rafael en esta
oración. Si vas a ver los escritos
anteriores, se perciben atisbos de esta
vía, pero aquí la descubre
existencialmente. Es preciso pasar por las
cosas que han pasado otros para que nos
puedan ayudar.
-
Paso
siguiente. De Torrelodones escribe Rafael a
su Padre que está en Oviedo y le dice
que quiere ir a Ávila. El padre accede
y pasa junto con su madre y su hermana un mes
en Ávila. En octubre vuelve a
Madrid.
-
En
Ávila, habla con la abadesa de las
Clarisas, Sor Pilar, que le anima a seguir su
nueva vocación, la de "oblato". Fue a
ella a quien le dejó el libro de San
Juan de la Cruz.
-
Se
lo recuerda al P. Abad en la carta que le
escribe el 9 de octubre de 1935, carta que es
verdaderamente antológica. Dice entre
otras cosas: "El otro día me
decía una monjita muy santa a quien
fui a consultar sobre mi
determinación, que el Señor me
daría mucho más en este camino
que en el que seguía siendo novicio de
coro, y también recuerdo que su
reverencia me dijo al entrar yo en el
monasterio, que Dios me pagaría
aún en este mundo, el sacrificio que
hacía... Pues ahora, bien sabe Dios
que no sigo a Dios por nada de eso... Amo a
Dios por que si, y nada más. Aun amor
a Dios muy poco, pero mi amor no es
mercenario, se que El me quiere y me
basta."
-
Esta
la es la indiferencia, la gracia a una
respuesta; aunque a uno le vayan mal las
cosas, aunque tenga la enfermedad, aunque no
pueda ir al coro..., ahora no es por nada de
eso.
-
Esta
carta es una joya, le cuenta al Abad todo lo
que le ha pasado en aquellos meses de
"destierro", y lo que pasa es que hay que
entender todo este contorno y circunstancias
para sacar jugo a esta carta.
-
Y
de allí se va a Oviedo con su hermana
y su madre a finales de octubre del 35, y es
en Oviedo aquel otoño desde donde
escribe cerca de cuarenta cartas a sus
tíos, hasta enero del 36, en que
vuelve otra vez al Monasterio.
-
Ha
tomado esta decisión. Está
contento de haber respondido a la
vocación con entrega completa a Dios
en la vida monástica. Esto es lo que
dice a sus tíos en un epistolario
sumamente interesante.
-
Es
el momento de: "no coger las flores ni temer
las fieras"; usa mucho este lenguaje de San
Juan de la Cruz y lo plasma en una estampa,
pintando flores y fieras, con lo que
quería decir que no hay que buscar
recompensas ni temer las fieras, o sea: no
temer lo que me va a pasar en el monasterio,
porque no son tan fieras como las pintan; y
las flores no son tan flores, ni duran tanto
como parece su color y aroma, pues se acaban
y pasan. Significa en el fondo, la
indiferencia ante todo lo que no sea el amor
de dios; es la línea conductora de
toda su correspondencia con su tío
Polín y su tía
María.
-
Y
estamos de nuevo en el monasterio. Termina
esta entreplanta entre dos pisos; los dos
pisos que describe el P. Teófilo como
el edificio de Rafael.
-
Un
edificio de dos pisos con una entreplanta
maravillosa y fuerte que es esta época
de "destierro", donde toma todas estas
decisiones, entre el primer piso que eran los
cuatro meses de luna de miel en el noviciado,
y el segundo que es el resto de su vida
monástica. Este es el esquema que se
saca de los escritos del P.
Teófilo.
-
El
11 de enero de 1936, tenemos de nuevo al
Hermano Rafael en la Abadía de San
Isidro . Ya está en la
portería, y mientras su padre y su
hermano Leopoldo están hablando con el
P. Abad, él se va a poner el
hábito : "Rafael deseoso de vestirse
el hábito, pidió permiso al P.
Abad para ello, a lo que accedió
gustoso y le dijo que luego en el noviciado,
le darían la misma capa de novicio que
había dejado cuando salió para
su casa".
-
Una
cosa extraña, entra como "oblato" y le
van a dar la capa de novicio. Se habla de que
su padre le va a pagar una pensión,
pero no hay constancia de ello.
-
Aquí
viene la prueba del oblatado, y es cuando
empieza a escribir sus "Meditaciones de un
trapense". Al principio se encuentra bien,
puede ir al campo, pero bien pronto se
percató que "el panorama familiar del
claustro respecto a su persona había
cambiado". A su soledad de la
enfermería, se añadían
las reticencias de algunos sobre su
condición de "pensionista". Es
conocida la dureza del trato que le dio otro
enfermo veterano, el P. Pío, que se
oponía a que se le administrara a
Rafael un régimen alimenticio especial
y que le mortificaba con sus
invectivas.
-
Fue
entonces cuando según nos cuenta el
mismo P. Teófilo "para probar la
sinceridad de la vocación cisterciense
de Rafael, le propuso que si no se
sentía satisfecho de la Comunidad que
se trasladase a los benedictinos negros o a
otros Institutos religiosos que sin duda,
dadas las aptitudes intelectuales y la buena
formación de Rafael, le
recibirían con gusto".
-
A
todas estas propuestas Rafael contestó
con una negativa: "Yo no podré
ingresar en ningún noviciado sino con
un régimen de excepción, que en
ningún caso resultará
edificante para los novicios. Prefiero
quedarme donde estoy, y como el P. Abad me ha
admitido, juzgo que esta es la voluntad de
Dios".
-
En
septiembre del 36, sale unos meses a Burgos a
alistarse, había empezado la guerra,
le hacen la revisión y le dan por
inútil a causa de su
diabetes.
-
Vuelve
con la prueba de la inutilidad y de la
soledad, cada vez más pruebas...; no
puede ir a trabajar al campo, el abad le dice
que no vaya al coro, y allí entre las
columnas, el se ve como un desterrado,
exclaustrado. Todo quedó consignado en
"Mi cuaderno", escrito por estas fechas y que
terminó poco antes de la última
salida de Rafael del Monasterio y poco antes
de relatar la historia de los nabos:
"¿Qué hago yo aquí, Dios
mío, pelando nabos, sin poder siquiera
estar en la Comunidad?"
-
Con
esto termina la primera fase del momento
final, cuando sale por última vez a
Villasandino casi por una año entero,
desde el 7 de febrero hasta el 15 de
diciembre de 1937.
-
Es
un periodo de maduración del "Fiat"
pronunciado al abandonar San Isidro, que le
llevará a tomar la sorprendente
decisión de volver al Monasterio en
circunstancias verdaderamente heroicas. Para
el P. Teófilo este tiempo no
tendría otro significado especial que
este: el de una nueva prueba de
preparación para la asombrosa
consumación de la
oblación.
-
Apenas
habla de este tiempo, sino es desde este
punto de vista, es decir, desde la sorpresa
que supuso para el verle aparecer de nuevo en
el monasterio. Nos lo cuenta
así:
-
"Antes
del oficio de Vísperas, estaba yo al
extremo del claustro y al ver de lejos a un
joven alto, esbelto, con paso decidido, que
se acercaba a mi, quedé muy
sorprendido porque en esa fecha toda la
juventud de la comunidad estaba en el
ejército luchando por Dios y por la
patria.
-
Ya
mas cerca, le reconocí y
después de un fuerte abrazo, le
pregunté: ¿cómo tu por
aquí? No te esperábamos hasta
el fin de la guerra. Ya ves en que
desolación está el
monasterio.
-
A
este requerimiento contestó el joven
con firmeza espartana: "vengo por
última vez, para no salir más,
aquí moriré". Las
circunstancias eran muy extremas; sin embargo
son los caminos de Dios.
-
Al
día siguiente 16 de diciembre Rafael
comienza a escribir "Dios y mi alma", y
allí dice los distintos motivos por
los que viene:
- 1º.-
por creer cumplir en el monasterio mejor mi
vocación de amar a Dios en el Cruz y
en el sacrificio;
- 2º.-
por estar España en guerra y ayudar a
combatir a mis hermanos;
- 3º.-
para aprovechar el tiempo que Dios me da de
vida y darme prisa a aprender a amar su
Cruz.
-
Dos
semanas antes de la muerte de Rafael, sucede
un incidente que cuenta el P. Teófilo.
Providencialmente vino a parar a mi
confesionario, y fue entonces cuando me
enteré de lo que le estaba pasando;
todo lo que escribió en "Dios y mi
alma", su amor de sacrificio llevado hasta el
final... Eso es lo que le acababa de decir,
que el se consideraba como un cirio que se
estaba consumiendo delante del
altar.
-
A
partir de aquí, el P.
Teófilo interpreta toda la
existencia de Rafael como una
providencia de Dios con su vida,
para convertirla en ofrenda.
Rafael ha hecho esa ofrenda paso
a paso en pocos años, cada
vez en circunstancias nuevas,
manteniéndola siempre
pasara lo que pasara,
ofreciéndola además
como víctima, dando la
vida..., pues va a morir: es una
ofrenda martirial.
-
Entiende
además el P.
Teófilo, que Dios
había escogido a Rafael en
el contexto dramático de
la guerra, de este siglo lleno de
odios y enemistades, para ser
víctima de amor a
semejanza como lo fue
Jesucristo.
-
No
sabemos si Rafael lo
entendería así,
pues aquí hay una
cuestión que se
podría matizar, pero el
siempre había ansiado el
martirio como algo deseable y
posible para
él.
-
"Siento
muy dentro de mi alma, -escribe
Rafael al Hermano Tescelino en
una carta del 1 de noviembre del
37-, muy dentro de mi alma esa
dulce mirada de Jesús;
siento que nada del mundo me
llena, que sólo Dios es el
único "diario" de mi
alma".
|

|
-
"Suponte
que tu estás en tu casa enfermo, lleno
de cuidados y atenciones, casi tullido,
inútil..., incapaz de valerte, en una
palabra. Pero un día vieras pasar
debajo de tu ventana a
Jesús...
-
Si
vieras que a Jesús le seguía un
turba de pecadores, de pobres, de enfermos,
de leprosos, y que te llamaba y te
daba un puesto en su séquito y
te mirase con esos ojos divinos que
desprendían amor, ternura,
perdón y te dijese: ¿por
qué no me sigues?... ¿Tu
qué harías? ¿A caso le
ibas a responder... Señor, te
seguiría si me dieras un enfermero, si
medieras medios para seguirte con
comodidad y sin peligro de mi salud...
Te seguiría si estuviera sano y fuerte
para poderme valer?...
-
No,
seguro que si hubieras visto la dulzura de
los ojos de Jesús, nada de eso le
hubieras dicho, sino que te hubieras
levantado de tu lecho, sin pensar en tus
cuidados, sin pensar en ti para nada, te
hubieras unido, aunque hubieras sido el
último..., fíjate bien
el último, a la comitiva de
Jesús, y le hubieras dicho: Voy,
Señor, , no me importan mis dolencias,
ni la muerte, ni comer ni dormir, si Tu me
admites, voy..." Y como le admitieron pues se
fue.
-
Esto
quiere decir que fue el amor a ese Dios de
dulce mirada, del que se sentía
amargamente separado en el mundo, el que le
pidió la entrega completa de su vida,
en sus circunstancias concretas de idas y
venidas, con su enfermedad, su familia,
ahí le pidió la entrega
completa de su vida.
-
Que
la entrega tuviera lugar, condicionada por
las circunstancias de la guerra, es
importante, y el P. Teófilo lo
relacionó muchísimo, pero la
ofrenda del Beato Rafael, hecha por amor, fue
toda una primicia de fe y esperanza; por eso
la víctima ha tenido sus frutos y los
sigue teniendo de tanta gente que gracias a
el, encuentra luz y camino para su camino; la
entrega de Rafael es una primicia segura de
fe y esperanza para este siglo XXI que
comenzamos.
|
|
|
-
Consultando
el archivo de la Secretaría, se ha
dado con una carta escrita por el
Marqués de San Miguel de Grox,
tío abuelo del Hermano Rafael,
dirigida al P. Abad de aquel entonces, Dom
Buenaventura Ramos Caballero, con fecha 26 de
junio de 1942, y que decía lo
siguiente.
-
Rvdo.
P. Abad Mitrado de Cistercienses de San
Isidro de Dueñas. Venta de
Baños.
-
Rvdo.
Padre: En mi poder uno de los recordatorios
de mi sobrino Rafael, en religión Fray
Maria Rafael, emocionado con su lectura de la
que se desprende el proyecto de incoar
expediente de beatificación, he
sentido en mi la necesidad, aún a
trueque de molestar su atención, de
enviarle la adjunta carta, único dato
que poseo, por si pudiera servir, a pesar de
ser un documento familiar, al objeto que se
propone, pasando a explicarle el origen de
ella.
-
Con
ocasión de que mi hermana Fernanda,
abuela de Rafael, comentando conmigo los
achaques de la vejez, me pidiera algo
descriptivo de lo que es aquella, yo en mi
deseo constante de complacerla,
escribí y entregué a mi hermana
un pequeño articulo, del que no
conservo copia, al que no concedí la
menor importancia, porque como mío, no
la tenía, ni pude presumir que la
excesiva bondad de mi sobrino se la diera.
Esas son las cuartillas a las que alude en la
carta, que casi pudiera llamar
meditación, que le remito.
-
No
hacía yo en ellas mas que describir la
amargura del viejo, que volviendo el rostro
atrás solo mira el recuerdo del placer
perdido, y lamenta que la falta de actitudes
fisicas le prive de ellas, acabando con la
frase, ¡qué triste es la
vejez!
-
Mas
como yo no la sentía bajo este punto
de vista, seguí analizando el porvenir
dirigiendo la mirada a lo externo, para
hacerme la ilusión, que pida a Dios
convierta en realidad, de encontrarme
algún día, pronto o tarde,
cuando El quiera, adorando a su Divina
Majestad amparado con el manto protector de
la Santísima Virgen, de cuya
intervención tanto necesito y de la
que todo lo espero; y terminaba
diciendo:¡qué alegre es la
vejez!.
-
Tales
son en síntesis Sr. Abad, mis pobres
cuartillas, pobres por su expresión,
pobres porque nada nuevo enseñan al
que es cristiano de verdad, y que solo a un
Santo han podido inspirar las hermosas frases
con que me alienta, dándolas un valor
que, como de quien viene, no dudo de
calificar de sobrenatural, porque la
unción con que las analiza, habla solo
al espíritu, y lo eleva hasta el mismo
Dios como único fin del
hombre.
-
Siempre
pensé conservar en mi poder, durante
el tiempo que me quede de vida, que no
será mucho, pues cuento ya 87
años, la carta original que le remito,
ya que es para mi, la más preciada
reliquia, pero, ¿qué importa el
sacrificio de renunciar a la posesión
de objeto tan querido, si con ello aumento
los datos que se desean, y contribuyo
así, siquiera sea en una
pequeñísima parte, a facilitar
lo que en su día, puede ser para mayor
gloria de Dios?
|

|
-
Vuestra
Reverencia podrá apreciar
su utilidad y hacer el uso que
mejor estime; yo me abstengo de
todo comentario, como me abstengo
también del que pudieran
tener estas líneas, que
escritas en la misma carta, me
dedica su madre al
enviármela; se ve en ellas
la suma de todos los sentimientos
fervorosos de la madre, es mi
sobrina cariñosa como ve,
y es al mismo tiempo madre, que
llora emocionada, y esa misma
emoción la hace recordar
sus otros hijos, y nombra al que
está en el frente
defendiendo a España; a
todos los estrecha en un abrazo.
Es madre y ante esta palabra
huelgan los
comentarios.
-
Solo
me resta decirle, que
contesté a Rafael, mas
como mi contestación no
tiene valor alguno no se la
envío; sin embargo, si
para completar la historia a que
se refiere, lo juzga oportuno,
pídamela, y tendré
mucho gusto en enviársela,
pues me quedé con copia
para mi recuerdo.
-
Perdone,
Sr. Abad, la libertad que me he
tomado, y admita el ruego de que
a toda esta familia la tenga
presente en sus oraciones, como
se lo pide su affmo en
Cristo
- Leopoldo
Torres
- Toro
(Zamora)
|
A
PROPÓSITO DE LA VEJEZ...
-
Ave
- María
-
Hace
unos días tuve ocasión de leer
unas cuartillas de un viejo cristiano; vi en
ellas la prudencia que dan los años, y
la paz serena, del que nada del mundo espera,
porque todo lo espera únicamente de
Dios.
-
Terminaba
sus reflexiones diciendo... ¡ qué
feliz es la vejez!
-
Qué
bien suena esa exclamación en los
| |