Boletín Informativo 163

 

Al Hno. Rafael

Cubierto con la capucha
nuestro Hermano Rafael
sigue siendo en todo aquel
que por Dios suspira y lucha.
 
Siempre atento y a la escucha
de un dulce silbo interior
que le transporta al amor
y le deja en Dios sumido
con el gozo presentido
de saberse del Señor.
 

Sólo Dios te basta y sobra
y es tu entera plenitud
llenándote de quietud
como vaso que se sobra.
 
Tu espíritu en Dios recobra
la paz que no puede dar
el mundo, y es tu pensar
un pensar de llama ardiente
que se torna viva y fuente
de un continuo borbotar.
Porfirio Martínez G.

 
     No es difícil imaginarse al Hº Rafael escribiendo sus notas y apuntes en el noviciado. Alguien que fue testigo, como compañero suyo me decía, que , sobre todo en la última temporada, al terminar los actos comunitarios, fuera una hora litúrgica, el trabajo o cualquier otra observancia regular:
- iba a la capilla del noviciado para pedir luz al Amo,
- volvía muy recogido a la sala,
- se ponía de rodillas como estaba prescrito, durante breves instantes,
- y comenzaba a escribir sus pensamientos o a dibujar.
      La imagen era ésta: un novicio alto, vestido de blanco; tal vez con la capucha calada para guardar más recogimiento; un crucifijo en la repisa de su pupitre con los signos de la Pasión para imaginárselo más real ; un pequeño cuaderno de papel..., y una pluma entre sus dedos, que él quisiera no fuese de acero, sino espiritual, para transmitir sus ilusiones a lo divino, sus anhelos ardientes y su fuego de volcán.
      Él mismo nos lo dice:
      "Son las siete de la mañana de un claro día del mes de julio.... En el monasterio reina, como siempre, el silencio y los monjes se dedican cada uno a ocupar santamente el tiempo libre que la Regla le permite disponer.. Yo, encomendándome a mi Madre María, he cogido la pluma y el cuaderno, y mirando unas veces al sol que pasa por entre las hojas de la parra, y otras al crucifijo que tengo delante, me dispongo a escribir un ratito".
      Y al comienzo de MI CUADERNO dedicado a su hermano Leopoldo, precisamente al entrar por tercera vez, después del nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo , escribe:
      "Tengo en la Trapa un crucifijo y en el mundo un hermano. Comienzo a escribir este cuaderno teniendo delante el primero, y acordándome del segundo".
      Fue en ese pupitre sencillo y de escuela -que se conserva en la pequeña exposición de la Trapa como reliquia de las más entrañables-, donde el Hº Rafael escribió sus cartas a la familia; sus MEDITACIONES DE UN TRAPENSE, en cuya portada dibujó una gran Cruz, cuya sombra cae sobre las espaldas de un monje arrodillado a su vera, y que es todo un símbolo de la "cruz enfermedad" que Dios había echado sobre sus hombros.
      También escribió MI CUADERNO Y DIOS Y MI ALMA, recogiendo lo que Espíritu Santo iba alentando en su alma.
      Los escritos del Hº Rafael, que salieron tan espontáneamente de su pluma, desvelando su interioridad, son catalogados en literatura como "género biográfico", y en la historia de la espiritualidad como "escritos de testimonio". Son páginas de quienes se han visto precisados a testificar el paso de Dios por sus vidas. Y así tenemos las Confesiones de San Agustín, la Vida y las Moradas de Santa Teresa de Ávila, la Historia de un alma de Santa Teresita del Niño Jesús, los escritos de Carlos de Foucauld, por citar algunos.
      Ahí exactamente se sitúan los escritos del Hº Rafael. Son una especie de "un gran manifiesto" que recuerda a todos aquellos que lean detenidamente sus pensamientos, que el paso de Dios por la vida de los hombres, no es algo trasnochado que hay que retrotraer a recodos oscuros de una historia lejana, sino que ocurre en los rincones geográficos más insospechados, y entre personas las más sorpresivas como Rafael, un joven que no llega a arquitecto, ni a escritos de profesión, ni siquiera a monje trapense en sentido jurídico.
      El mismo en su humildad lo reconoció así:
      "Señor, yo no soy religioso, no soy nada ni nadie.... soy el último de todos... No soy más que una cosa en posesión de Dios"
      Y pocos meses antes de morir, escribía:
      "Me he dado cuenta de mi vocación. No soy religioso (era sólo oblato)..., no soy seglar... ,no soy nada. Bendito Dios , no soy nada más que un alma enamorada de Cristo"
      Y ese mismo día 1 de enero de 1938, hace un voto,"he hecho el voto de amar siempre a Jesús", voto que, según el especialista en espiritualidad don Baldomero Jiménez Duque, no se ha encontrado en ningún otro santo.
      Sin embargo, en plena juventud, sin una preparación teológica que pudiera ayudarle, se ve forzado, desde dentro de si mismo, a decir casi día a día. el tremendo hecho religioso que pasa por él arrasándolo, desbordándolo y transfigurándolo.
      Sin duda que el Hº Rafael pertenece a un típico grupo de escritores de raza. Escritores no publicistas, pues escribe en lo oculto de una Trapa y sin la menor intención de que sus pensamientos alcanzasen notoriedad alguna. Antes al contrario, que tan sólo pudieran aprovechar a quienes iban dirigidos y luego los destruyeran.
      El caso más típico fue el de su tía María, Duquesa de Maqueda, con la que concertó romper las cartas que se escribieran, una vez leídas y contestadas:
      "Cuéntame lo que quieras y como quieras, te comprendo y aunque no merezco lo que esperas de mi, tus cartas serán leídas, contestadas y rotas. Haz tú lo mismo con las mías. ¿Para qué queremos papeles?".
      Y en otra ocasión le recuerda:
      "Bueno, como yo no tengo secretos para ti, ya te iré diciendo.... No sé si haré mal, pero hemos quedado en que romperías mis cartas...."
      Rafael cumplió lo prometido y rompió todas las cartas que le escribió su tía, pero ésta, comprobando la profunda espiritualidad de su sobrino, no rompió ninguna. Con ese sexto sentido que tiene toda mujer, entendió que Rafael era un caso carismático evidente, y que la mirada divina se había posado sobre él con amor especial. De ahí que guardase las cartas del sobrino como un tesoro.
      Cartas preciosas, escritas espontáneamente "al aire de su vuelo", y que al ser autobiográficas, nos revelan intimidades de su alma. De ahí el recelo porque fueran publicadas.
      A pesar de esta pretensión silenciosa, sus escritos han traspasado fronteras y han penetrado en las almas, llevando a la conversión a muchas y, a otras, a la vida religiosa y de entrega a Dios. Son sencillas arrastradas por el viento del Espíritu para posarse en las almas y hacerlas fructificar.
      Esta es la fuerza que uno a uno tienen los escritos del Hº Rafael. Escritos en cierto modo, químicamente puros que se realizan en si mismos. Y compuestos más por necesidad del autor, que por la funcionalidad y servicio. El mismo nos lo aclara:
      "Escribo estas cosas tal como se me ocurren..., quizás no sean pensamientos profundos ni de grandezas, lejos de mí suponerlas tales, lo que sí quiero que sean es el fiel reflejo de lo que pienso , de mi manera de ver y sentir las cosas.
      Cuando cojo la pluma y pienso, un poco antes, lo que voy a decir, al ver que mi único pensamiento es hablar de Dios y siempre de Dios..., me siento tan pequeño, que me dan ganas de cerrar el cuaderno y dejar las páginas en blanco, que así seguramente dirán, más expresivamente que yo, con mis torpes palabras, la grandeza de Dios…
      Mis escritos son al mismo tiempo reflexiones conmigo mismo y oraciones a Dios. Mis impresiones de lo que mis ojos ven por el mundo en donde estoy, están vistas a través del prisma de Dios... No lo puedo ver de otra forma, ni lo quiero tampoco…
      Si me impresiona un paisaje, es porque en él veo a Dios, y los colores, los vientos y el sol, son obras suyas. Alabémosle, pues. En las criaturas, o sea, lo mismo en los hombres que en los seres irracionales, también veo a Dios. En la grandeza de las almas para alabarle, y en las miserias de los cuerpos para implorarle.... En los actos de la vida, también veo a Dios..."
      Es cierto que en un momento concreto, le sorprendemos trenzando hilos de posible publicista, cuando impulsado por un cariño profundo a la Virgen, le dice a su tía María que:
      "He pensado una cosa: cuando esté en la Trapa se lo voy a decir al Padre Abad; seguramente me dejará escribir, y entonces allí, con calma, y a los pies de María, escribo todo lo. que se me ocurra a la Virgen y que se pueda leer... Te mando a ti los borradores, y con la firma de "un cisterciense, hijo de María", se puede publicar si así te parece. Así cumplo dos cosas: seguir ayudándote a ti y publicar las glorias de María, obligación de todo trapense. ¿Te parece bien?"
      El proyecto quedó en puro sueño, y sólo nos quedan los escritos más íntimos, con trazo radical y constitutivo, que se acercan a la esencia de la auténtica literatura espiritual.
      Porque "escrito espiritual", no es precisamente el que habla de temas espirituales, sino aquel que contiene en si mismo el hecho espiritual vivido por el autor.
      En su experiencia religiosa fuerte, no los pensamientos meramente pensados, ni la captación estética de la belleza creada y religiosa. No. Rafael vierte sobre sus páginas, el hecho de su experiencia de Dios: el supremo fascinante. El Dios que se acerca y toca. El omnipotente que avasalla y deja libertad. Con el que se topa en cada momento, que al mismo tiempo de ser Dios real, resulta muy poco cómodo.
      Y, a la vez tenemos un Hermano Rafael, que vive patéticamente el paso de Dios por su vida, por lo mucho que El le quiere… Que se encuentra desconcertado, fascinado, chiflado, desbordado, obligado a decirse todo eso a si mismo sobre el papel, y a la vez, claramente convencido de su incapacidad para decir, para acabar de decir ese hecho indecible, precisamente por eso, porque es indecible…

      Vemos un ejemplo como detalle. Ha salido por tercera vez del Monasterio. Se encuentra en el pueblo burgalés de Villasandino y desde allí escribe a su tío Leopoldo, Duque de Maqueda, y entre otras cosas le dice:
      "Querido hermano, no sé para qué he cogido la pluma y me he puesto a escribir... Solamente hay una razón... el deseo de hablar de Él. Nadie en el mundo escucha con paciencia las locuras que se le pueden ocurrir al que, vislumbrando un poquito la grandeza de Dios, se atonta, y dando de lado la nada y vanidad de las cosas de la tierra, se le ocurra gritar: necios, insensatos... ¿qué buscáis? daros prisa… Sólo Dios, ¿qué hay fuera de El? ¿Cómo es posible que nos podamos ocupar en tantas cosas, en reír, en hablar, en llorar, en discutir, y en cambio ,de Dios nada?
      …Y tú te pones a pensar un poco; primero, muy despacio y después muy deprisa, sólo Dios..., sólo Dios, hasta que de repente notes que también te has vuelto loco, y tengas el corazón muy alegre, y no sepas qué hacer, ni qué decir, y te rías mucho, mucho, como un tonto, de tanto que amas a Dios. Y lo mismo te dé todo. Y cuando alguien te diga algo, contestes, sí, sí, es verdad, tienes razón, pero allá adentro muy adentro, te digas a ti mismo... sólo Dios, sólo Dios.
      Y luego un día , también cojas un papel y una pluma y te pongas a decir todas las locuras que se te ocurran y se las mandas a quien se te ocurra, o a lo mejor te chiflas tanto, que se te olvida escribir
      No sé decir mas..., me he cortado, y con la pluma en la mano y mirando este cielo tan claro de Castilla, me he quedado pensando..., sólo Dios..., sólo Dios..., sólo Dios"
      He aquí el hecho radical que confiere unidad y continuidad a los escritos del Hº Rafael, a modo de gran sinfonía en torno a un secreto y diminuto motivo melódico como es el nombre de cuatro letras: DIOS.
      Ante su cuaderno, el Hº Rafael tiene que quedar solo -no como islote incomunicado, sino como testigo directo, inconfundible, incontaminado; citado ante "el hecho religioso"; por él convocado a hablar de Dios y de su paso por la propia vida; algo que ningún otro autor podría ayudarle a decir.
      Y a este hecho frontal y determinado, se debe el desarrollo de su producción como escritor espiritual:
- se adentra en el buceo de su propio misterio,
- pasa a hablar de Dios y con Dios,
- para terminar hablando de Dios a los lectores.
      Lo primero que hace es: leer el propio misterio, su vocación, su pulsión de trascendencia, su condición de antena receptora de las ondas que lo sacuden, lo barrenan, lo dejan en constante tensión de proyecto inacabado, siempre a tiro de los dones de Dios. No sé lo que me pasa...me vuelvo loco...,vivo sin vivir en mí... no sé lo que digo... quisiera dar gritos..., en silencio te gritare.
      Lo que dice en esas páginas es de una inmediatez imparable y, a la vez, de un imprevisto remoto y desconcertante. Para el teólogo, esas páginas en que Rafael habla así, son un "test" de teología espiritual en vivo. Y para el lector sencillo, se trata de un corte transversal sobre el tejido mismo de la vida cristiana.
      Lo segundo que hace Rafael es colocarse más allá: como en la Biblia, un hombre ante Dios, ante Cristo, ante la Virgen María, "la Señora", como él la llamaba.
      Comienza hablando de Dios, y al menor descuido, casi insensiblemente, pasa a hablar con Dios, a intimar con El de corazón a corazón, como un amigo con otro amigo. No hay truco literario en sus páginas, ni efectismo de luces y sonido. Rafael no hace literatura, ni teología. No lima ni revisa. El borrador es definitivo; testifica y vive a la par.
      Y viene un tercer momento, que es el de comunicar la superabundancia de los que vive. Y escribe cartas, no importa a quien, desde las familiares a sus padres y tíos, hasta a personas tan poco conocidas como tía Ropi (Rosa Calvo) administradora de Lotería en Toro (Zamora), y hasta a Marino del Hierro, que entró en la vida del Hº Rafael de forma puramente accidental.
      Y cuando no pueda escribir cartas por estar en el Monasterio, ya que según los USOS de entonces "debían ser pocas y con permiso del Padre Abad o Padre Maestro", entonces desbordará sus vivencias en pequeños tratados como: MEDITACIONES DE UN TRAPENSE, MI CUADERNO y ya en la enfermería DIOS Y MI ALMA, cuaderno guardado en una carpeta donde el mismo Rafael había escrito con tinta china y cuidada caligrafía, "notas de conciencia, reservado".
      Es precisamente en MI CUADERNO donde redacta, el 4 de enero de 1937, su escrito titulado SOLO DIOS Y YO. Ejemplo poético y de lo más sublime que se ha escrito, pues llega a sintetizar toda su historia y su vida en una sola palabra: ¡DIOS!
      Aunque está redactado en prosa, es pura, poesía tridimensional, por su altura, su anchura y su profundidad, y suena así:
Silencio en los labios
cantares en el corazón;
alma que vive de amores,
de sueños y de esperanzas...
alma que vive de Dios.
 
Alma que mira a lo lejos…
lejos, muy lejos del mundo,
pasando la vida en silencio...,
cantando en el corazón.
 
Una Trapa…,
un monasterio...,
     hombre…
            ¡sólo Dios y yo!
 
Pasan rápidos los días, en ellos se va la vida…, soñamos en lo pasado, esperamos lo que ha de llegar.
El alma mira a lo lejos buscando la única vida, Y que espera sea mejor.
 
Una Trapa.., cantares a Dios.
¿Qué importan los hombres?
¿Qué importan las nieblas o el sol...?
¿Qué importa lo que nos rodea?
Todo es nada,
y la nada no merece nuestra atención.
 
Busca el alma lo que aquí no encuentra...
Busca en las alturas sus ansias de Dios,
y cuando a ella llegan los rayos de luz
que Cristo la envía...
¿qué importan los hombres, las nieblas o el sol?
 
Y cantan en silencio murmullos de amores,
y busca sus consuelos en la paz tranquila,
quieta y sosegada del que nada espera,
y pasa su vida sin mirar al mundo,
que ignora lo que es oración.
 
Pasan serenos los días,
en la dulce calma del amor que espera.
El alma comprende,
que nada en el mundo la puede llenar…
 
- la tierra es de barro
- los hombres son pobres,
- la vida muy corta,
- todo es muy pequeño, frágil y caduco,
 
y el alma está ansiosa
de verse en el cielo
mirando a la Virgen,
contemplando a Dios.
 
Monasterio de hombres..., casa de un día;
monjes penitentes…
aves de paso que vuelan cantando.
 
- Flores y espinas.
- Llantos y cruces.
- Vientos y hielos.
- Himnos de alegría.
- Momentos de angustia.
- Campañas... incienso…
 
Todo lo que vibra,
todo lo que al alma en la vida rodea
todo es flor de un día,
que ahora viene y luego se va.
 
Nada le interesa que no sea Cristo,
nada la conmueve que no sea Dios,
y esconde muy hondo
            sus ansias,
            sus penas,
            sus cruces,
            su amor.
 
Ya todo la cansa,
no busca en los hombres
lo que jamás podrá dar.
Para ella, no existen ni cielo ni tierra,
ni hombres ni bestias…
ni mundo, que es polvo mortal.
 
Sólo tiene el alma una ocupación
que llena su vida entera...,
un ansia grande de cielo
y un Dios a quien adorar.
 
En el monasterio, pasan los días…
¿qué importa? Sólo Dios y yo...
Vivo aún en la tierra, rodeado de hombres,
¿qué importa? Sólo Dios y yo…
Y al mirar al mundo no veo grandezas,
no veo miserias
no veo las nieblas,
no distingo el sol...
 
El mundo entero se reduce a un punto…
En el punto, hay un monasterio,
Y en el monasterio... "¡SOLO DIOS Y YO!"
      Expresión de auténtico enamorado: ¡Sólo Dios y yo!. Es el anhelo cumplido de la esposa del cantar de los cantares : "Mi amado es para mi y yo para mi amado". Es el deseo de Cristo: " El que no me prefiere a mí, no es digno de mí".
      En otro soliloquio anterior había escrito: Sólo Tú, dibujando al final una banderola en la que ponía la frase de Santa Teresa: Sólo Dios basta.
      Toda persona, sea hombre o mujer, posee un secreto interior, un lugar que ha sido creado para el amor, un paraíso íntimo, un huerto cerrado y una fuente sellada.
      Lo único necesario en la vida, es que esa cámara no se encuentre vacía, y en el Hº Rafael había una urgencia de amor, que quiso y consiguió llenarla de Dios:
      "Dios...., he aquí lo único que anima; la única razón de mi vida monástica.... Dios para milo es todo, en todo está y en todo lo veo. ¿Qué interesa la criatura? ¿ Y yo mismo? Qué loco estoy cuando de mi me ocupo, y qué vanidad es ocuparse en lo que no es Dios. Y, sin embargo, con cuanta facilidad nos olvidamos del verdadero motivo de vivir, y cuántas veces vivimos sin motivo.
      Tiempo perdido son los minutos, las horas, los días o los años que no hemos vivido para Dios"
      Y su escrito se convierte en oración:
      "Señor, Dios mío, ¿qué me interesa nada que no seas Tú? ¿Qué saco de ocuparme tanto de la criatura"… Verdaderamente todo es vanidad. Sólo Tú eres lo que debe ocupar mi vida. Sólo Tú llenar mi corazón... Sólo Tú ser mi único pensamiento".
      Ante este escrito, nace espontánea una pregunta: ¿De verdad que no le interesaban a Rafael las criaturas?. Interrogante que es necesario aclarar con toda transparencia para poder entenderle como verdadero pregonero del Absoluto, y profeta solitario que se eleva en medio de nuestra sociedad, instándole con urgencia a que despierte de su ilusión de autosuficiencia y entienda que no hay más absoluto que Dios.
      Si con atención nos paramos ante los escritos y el arte del Hº Rafael, notaremos sin esfuerzo, que el joven oblato trapense ,se distinguió siempre por su sensibilidad a la belleza de la creación:
      "Yo veo la creación muy hermosa... El sol brilla, me gustan las flores, los pájaros, los niños. Todo es un motivo de alabanza al Creador las estrellas, la noche y los campos llenos de luz... Es alegre y dichoso ver la bondad reflejada en las criaturas"
      En varias ocasiones, nos cuenta su afición a contemplar la naturaleza para que desde ella, nos elevemos hasta Dios. Unas veces será el mar, y otras los espléndidos panoramas de Asturias, donde pasaba las horas rumiando los dichos de San Juan de la cruz, y que plasmó en sus cuadros. Rafael siempre amó la belleza de la creación y su función mediadora en la elevación del alma al Absoluto.
      "¡Cuánto gozaba mi alma, viendo la inmensidad de Dios, reflejada en los profundo de los valles, y en las escarpadas cimas de las sierras y de los montes! ¡Cuántos ratos me tengo pasados viendo los mares de nieblas y escuchando el silencio solemne de una naturaleza donde pocas veces llega el hombre!"
      Eso lo decía de esos mares de niebla de los montes asturianos vistos desde las cumbres, encajonados en los profundos valles. Pero la misma experiencia tendría contemplando los interminables horizontes de su Castilla natal:
      "En mis ansias de horizontes recorría las llanuras de Castilla, llenándome los ojos de la luz de sus cielos, inundando mi alma de la paz de sus campos, gozando de la austeridad de sus paisajes y amando esa tierra que es mi tierra"
      No cabe la menor duda de que la contemplación de Dios en la naturaleza y en los seres en general, tanto racionales como irracionales, ocupó un lugar importante en la vida del Hº Rafael. Tuvo la capacidad de descubrir siempre en la creación, la presencia inmanente de Dios que todo lo llena, y que acaba, imponiéndose a su mirada orante:
      "Al ver ese mar tan grande, pensaba en Dios... Y después pensaba: ¡Qué pequeño es el mare El mar tiene un límite, y cuando nos hundimos de veras en EL.., entonces no vemos nada, le vemos a El en todo, todo lo es El"
      La sensibilidad estética y espiritual del Hº Rafael, le hacía sentir una profunda atracción por las grandezas naturales, ante las que experimentaba su propia pequeñez, y en las que veía reflejada la grandeza infinitamente mayor de Dios
      Sin embargo, es claro también, que para él la criatura no tiene sentido alguno en si misma. Ante la Belleza de Dios , la maravillosa belleza de la creación, le resulta infinitamente pequeña.
- La inmensidad del mar, como acabamos de ver, y sus horizontes aparentemente ilimitados, palidecen ante la inmensidad sin límites de Dios-Todo e inabarcable.
- Los más grandes y hermosos paisajes del mundo, nada son, ante la pequeñez del Sagrario.
      Por otra parte, en su canto de Sólo Dios y yo, subraya la fragilidad y fugacidad de las criaturas:
- La tierra es de barro, la vida muy corta.
- el monasterio es casa de un día.
- Los monjes.... aves de paso.
- Todo es flor de un día que ahora viene y luego se va.
      Por eso ora en su soliloquio:
      "Señor, admirable eres en tus criaturas. Por medio de ellas te manifiestas a mi alma, pero no permitas que en ellas me quede. Hermoso es el cielo, la tierra y sus moradores, pero no son Tú y a Ti quiero llegar a través de todo y de todos".
      La contemplación de Dios en la naturaleza, no es más que un inicio para sacar al alma principiante de su sueño y despertarla al sentido del absoluto. Pero Rafael está convencido de que es preciso dar pasos hasta la posesión o invasión de Dios. De ahí que nos ponga con sencillez, esta imagen aclaratoria:
      Contemplar a Dios en las criaturas, es como mirar un paisaje a través de la niebla. Las criaturas son esa niebla.. Es cierto que en todo está Dios, pero está como detrás: detrás de lo que los sentidos perciben, los sentimientos sienten y las ilusiones sueñan. Detrás del insecto o el sol, de la flor o del árbol frondoso, del trozo de música o del paisaje grandioso. El verdadero paisaje es Dios en Si mismo. Para contemplarlo hay que disipar la niebla creatural y descender a la completa soledad del espíritu.
      Quien lea detenidamente los escritos del Hº Rafael, percibirá con claridad e inmediatez, que la clave estructural de fondo, y aquello que constituye el motor fundamental de su tensión religiosa , es : el anhelo insaciable de Dios.
      Ya desde su misma petición de entrada en la Trapa, escribía al P. Abad con toda sencillez:

      "Dios nuestro Señor, ha obrado en mi de tal manera, que me he formado el propósito decidido de entregarme a él con todo mi corazón y de cuerpo y alma... Por tanto, mi reverendo Padre, si me recibe en la comunidad con sus hijos, tenga la seguridad de que recibe solamente un corazón muy alegre con mucho amor a Dios"
      Su máxima convencida fue ésta:
      "El que busca a Dios lo encuentra"
      Y nos da este consejo, que para él fue un propósito de por vida:
      "Acompañadme y ved que es verdad que os digo: Buscad a Dios y lo encontraréis, y una vez hallado, tened la seguridad de que nada ni nadie os hará dejarle".
      Buscar a Dios es buscar el amor y la vida, que no aparece al final como el encuentro de un objeto, sino como el rostro vivo que alumbra desde siempre por doquier, pero que hay que tener ojos nuevos para verle. Por eso recomienda el salmista: Buscad al Señor y vivirá vuestro corazón.
      Todo lo que no sea Dios, no tiene ni poder último , ni consistencia. Sólo Dios es ser y sustancia, lugar irremovible no exiliable por los poderes, o destructible por los elementos que anonadan.
      Buscar a Dios, no es perseguir un deseo nacido de nuestras carencias, sino ir tras su rostro que nos ha fascinado y sin cuya contemplación el alma no puede vivir.
      Por eso, buscar su faz, es la expresión permanente para demostrar que Él es alguien con semblante y mirada, con ojos que identifican, desvelan, enclavan y retan. Búsqueda que no cesa, y encuentro que no cansa. Porque la relación de intimidad con El, es perennemente innovadora de vida y acrecentadora de gozo.
      No es una fantasía, ni una mera utopía el impulso que nos lleva a buscar a Dios y a desear encontrarlo. Responde a una necesidad honda grabada de forma indeleble en el corazón de toda persona sea hombre o mujer. Cuando nos dejamos llevar por el amor que procede de Dios, y que ha dejado impreso en todo corazón humano, sólo El es la respuesta que no puede defraudar jamás y la calma gozosa de nuestras expectativas y esperanzas.
      Buscar a Dios, para descansar en su posesión, es la tarea más sublime y más cualificada de cuantas nos es dado realizar en esta tierra de peregrinación.
      Cuando el corazón humano digamos la persona con su conocimiento y voluntad ' alcanza a percibir o sentir a Dios, como su objeto propio, experimentándolo como el bien total ,y absoluto a que espontáneamente aspira, irremisiblemente se adhiere a El. Diríamos que inevitablemente se enamora de El.
      Es entonces cuando el corazón hecho amor y deseo, se convierte en buscador ardiente del Rostro divino, que llega a resultarle por su fuerza de atracción, del todo absorbente.
      Rafael, maestro espiritual en este tema, nos dirá cómo debemos hacerlo, ya que lo vivió en su propia persona con ansias y sed ardiente.
      Para ello usa verbos en sentido ascendente, cada vez más concretos y comprometedores, hasta llegar a la unidad de espíritu, de una radical intimidad, dedicación y consagración.
      El primer verbo es buscar.
• Él está convencido de que: "el que busca a Dios lo encuentra" (34,94), y por eso lanza el consejo a todos y cada uno :"Busca el corazón de Dios que es insondable, húndete en él, y no busques otra cosa" (421). Y ya en el monasterio: "No hay que buscar la trapa, sino al Dios de la Trapa" (638)
"Callemos los cistercienses, pues vinimos al Monasterio a buscar a Dios en el silencio de nuestras almas.... Guardemos silencio, pues en él hallaremos, si sabemos buscarlo, nuestro tesoro que es Dios" ( 695)
"El mundo se busca a si mismo y a sí mismo se encuentra; el corazón que busca a Cristo, ama la soledad de todo y de todos. Es en esa soledad dónde Dios busca a las almas" (764).
"Un alma sedienta de horizonte infinitos, sólo encuentra lo que busca, en la grandeza e inmensidad de Dios" (790)
"Sólo Dios .... Sólo Dios, gritará con berridos nuestro corazón, ya que los labios no pueden abrirse para gritar por las calles y plazas sus maravillas, su grandezas, su misericordia y amor. Sólo Dios....no busques otra cosa" ( 926)
• Y en sus últimos días, aún se preguntaba: "¿Qué vine yo a buscar a la Trapa? No a los hombres, Dios mío..., no... Sólo a Ti... queriéndote a Ti y suspirando por Ti" (1061)
• Y termina convencido: "Sólo en Dios encuentro lo que busco" (1142)
      Pero hay que buscar a Dios , -y éste es el segundo verbo- "deprisa", corriendo"
      Comenta San Juan de la Cruz:" Cuando el ciervo está herido, vase con gran priesa a buscar refrigerio a las aguas frías (CB. 13,9)
      Como eco de esta frase, el Hermano Rafael nos habla en intimidad de si mismo, de su pulsión de trascendencia, y nos dice que "pica muy alto", que "no sabe lo que le pasa" que "vivo sin vivir en mí", y, concluye con un consejo: "Hay que darse prisa para ser santos" (406)
      Y un día, sin fecha fija, -tal vez el 9 de diciembre de 1936- traza un dibujo que tiene por fondo la Cruz ,que es Cristo, y saltando fuertes fronteras, la silueta de un ciervo veloz, figura de sus propias ansias y anhelos.
      Y reza más que escribe: "Señor, Señor.... murmuran los labios: como el ciervo desea las fuentes (Sal, 41,2) como el cervatillo sediento olfatea el aire buscando con qué mitigar sus sed, así mi alma suspira de sed de vida.... Vida eterna, vida de espacio y luz, vida en la cual, esa centellica que tengo dentro se dilatará, y a la vista de tu Rostro, dará más luz que el sol....
      Señor, Señor, como el ciervo desea las fuentes, así está mi alma." (757)
      Y cierra estas prisas San Juan de la Cruz diciéndonos:
      "Cuando el Amado envía al alma el olor de sus ungüentos, le hace correr hacia Él, que son sus divinas inspiraciones y toques " (Can. 1,34; LB. 3,28)
      En el octavo grado de la "Secreta escala del amor" que el místico español nos trae en la "Noche Oscura", ocurre el encuentro de fusión por el que "hace el alma unir y apretar. sin soltar al Amado, tal como lo recuerda el Cantar de los Cantares: "Encontré al Amor de mi alma, lo agarré y no lo soltaré". (CC.3,4; N 2,20,3)
      He aquí la meta de toda alma buscadora de Dios: la de llegar y asir al Amado. Y no es porque no se le poseyera antes, pues sabemos que por gracia somos auténticos "theóforos". portadores de Dios, sino porque en este estado, se vive de manera experimental, tangible e indecible.
      La contemplación mantenida y alimentada, es siempre camino de posesión; pero cuando se sorprende entre los brazos al Amado, los deseos irrumpen en ansias de transformación, y ni los labios saben decir, ni la pluma escribir, a no ser expresiones de misterio.
      Por eso, como en aquella escena de los "nabos"," Las piruetas de los nabos" que él titula ,cuando se hizo luz en su alma, de haberse dejado llevar de sus impulsos interiores, hubiera comenzado a hacer verdadera filigranas malabares con los nabos, la navaja y el mandil; así, ahora, que se sabe poseedor de Dios, "No sabe lo qué decir
      Nos lo recuerda precisamente en la oración espontánea de un martes santo, cuando le quedaban tan sólo catorce días de vida "Jesús mío, a pesar de lo que soy, cuánto te quiero, y te querré siempre.... y me agarraré a ti, y no te soltaré no sé lo que iba a decir". (1170)
      Este "no saber decir" lo ha repetido muchas veces al hablarnos de que "no sabe lo que le pasa", que "desbarra", que "está chiflado y loco", y así nos dice:
      "Ni el mundo puede comprender, ni tampoco es necesario, la locura del que ama a Cristo. La locura si, no tiene otra palabra, la locura de la cruz, que hace que el alma desbarre, que las palabras se hagan torpes de tanto querer decir y no poder decir nada. La locura sostenida únicamente por esa "camisa de fuerza" que consiste en unirse a la voluntad de Dios, y que nos hace callar cuando quisiéramos gritar, que nos hace prudentes cuando el alma se desata y desea.... no sé....Que nos hace serena la espera cuando el ansia de Cristo palpita impaciente dentro del corazón.
      La locura de Cristo .... no se comprende, es natural, y hay que ocultarla; ocultarla dentro, muy dentro. Que sólo El ,la vea y que nadie, y si fuera posible ni aún uno mismo , se enterara de que se está dominado por ella.
      "Bueno, no me hagas caso -escribe a su tía, la Duquesa de Maqueda-, ya te he explicado el motivo de todas estas palabras torpemente escritas, como ves, es muy sencillo: estoy loco y nada más" (916)
      Pero la vehemencia más profunda es, cuando "loco por Dios" usa verbos de total "absorbimiento" , y así dice que quiere "abismarse", "desaparecer" , ser "absorbido".
      "Quiero vivir en esta vida oculta y humilde de mi Trapa, en que olvidado de los hombres me entregue a Dios de lleno... A veces me veo muy solo y muy pequeño.... ¿ qué podré hacer, Señor" Quisiera abismarme y desaparecer (372)
      "En la vida espiritual, en la vida interior, no hay principio ni fin,,,, no hay más que Dios ... Ese sentimiento, ante el cual la palabra enmudece, quisiera el alma no verse, desaparecer, no ser ni existir y solamente la grandeza de Dios ... En fin , me pierdo" ( 650)
      ¿Hay algo más profundo en las ansias y anhelos de este Oblato trapense?. Hemos de reconocer y recordar que el Hº Rafael es un caso carismático evidente; la mirada de Dios se posó sobre él con amor especial, y él supo encontrarse con esa mirada y responder a sus exigencias amplia, generosa y heroicamente.
      La "pasión de Dios" le consumió de ahí que los estudiosos de la espiritualidad tendrán que profundizar despacio; porque Rafael, dentro de la vida contemplativa,
• es torbellino
• es contagio y contagioso
• ojo huracán que arrastra con fuerza de espíritu
• remolino absorbente para meter a Dios
• vértigo vertiginoso
      Los anhelos y ansias más vehemente fueron como los de San Pablo: "dissolvi et esse cum Cristo", o como Santa Teresa :" Vivo sin vivir en mi" ; por eso, no encontrando en el léxico una palabra más fuerte de unión transformativa con Dios, habla de que quiere "disolverse
* * *
      Es tan solo un símbolo y casi una parábola. Me encontraba yo lejos de España, como capellán, en una Comunidad de monjas contemplativas de nuestra Orden, en el Monasterio del Encuentro, en ciudad Hidalgo, Michoacán, México.
      Al entrar por primera vez en el templo, me impresionó de verdad su lectura arquitectónica:
• La iglesia era circular;
• el altar, así como su base, eran redondos;
• el sagrario con su lamparilla también eran redondos
• los candelabros eran circulares
• y circular era también el coro y la sillería, siguiendo la línea de la iglesia.
      Una hechura tan original, no sólo contribuía a la unión de voces y resonancias en la liturgia de las monjas, sino que invitaba y casi impelía a poner los ojos en otro centro invisible en el que , en teofanía velada, aparecía la voz de Cristo alabando al Padre, en medio de aquellas voces femeninas.
      Al tener que dirigirlas la palabra por primera vez, la conferencia versó sobre la "O" de Dios, que era lo que a mí me parecía el coro, con todas aquellas formas y detalles circulares.
      Porque:
• DiOs tiene una "O"
• CristO tiene una "O"
• El hOmbre tiene una "O", y también la mujer pues Dios al sacarla del hombre, la llamó "viragO" o "varOna". (Gen. 2,23)
      Y yo creo que es la definición mejor que yo puedo dar sobre la vida contemplativa, la cual consiste nada más y nada menos que esconder nuestra "O" de hombres y mujeres en la "O" grande de DiOs y de CristO, y que, en realidad, no es otra cosa que el grito extático de San Pablo: "Vivo yo, más no yo, es Cristo quien vive en mi. (Gal. 2,20)
      Más tarde, consultando a San Juan de la Cruz, he quedado sorprendido de que también él nos habla de la "O" de Dios, o sea, de la "figura circular esférica", cuando comenta que escondidos en los misterios de Dios, que son las cavernas insondables de Cristo:
 
 
"Allí nos entraremos,
y el mosto de las granadas gustaremos"
 
      "Y notamos aquí la figura circular esférica de la granada", dice el Santo, porque cada granada entendemos aquí por cualquier virtud y atributo de Dios, o sea, Dios mismo; el cual es significado por la figura circular esférica, porque no tiene principio ni fin", (CB. 37.7)
      De este modo, todo nuestro empeño, no sólo teórico., sino vital, como personas consagradas, debe consistir en meternos, escondernos, desaparecer tan de verdad en la "O" de Dios, que, cuando intentaran encontrarnos, sólo pudieran hallarnos en lo "escondido de Dios"

Interior de la Iglesia de San Sebastián de Bonn (Alemania)

     Un logotipo en la simplicidad de su confección simbólica lo decía todo: el arco elíptico como letra "O" estilizada, significaba la gran asamblea o la Comunidad mundial de las Iglesias; la persona de Cristo estaba representada por la Cruz, y en el fondo las agujas de la catedral de Colonia indicadas por una estrella, significaban el lugar de adoración, ya que en su slogan condensaba el fin de la Jornada: "venimos a adorarle".
      Como auténtico profeta, Juan Pablo II invitó a los jóvenes en el Downsview Park de Toronto, Canadá, a un nuevo encuentro, con estas palabras: "Deseo anunciar oficialmente que la próxima Jornada Mundial de la Juventud, se celebrará el año 2005 en Colonia, Alemania. Cristo os espera allí. Que la Virgen María Madre nuestra, os acompañe en la peregrinación de la fe".
      Los jóvenes acogieron con entusiasmo la invitación, y del 16 al 21 de agosto, miles y miles de jóvenes llegados de todas partes, convirtieron a Colonia, en la capital de la Juventud Católica Mundial durante toda una semana. Las diócesis de Ávila, Burgos, León, Palencia Salamanca, Valladolid y Zamora no podían faltar.
      Los feligreses de la Parroquia del Beato Rafael, junto con la Delegación de Juventud, presentaron a los asistentes a la Jornada Mundial una glosa de tres horas sobre el monje trapense en la parroquia de San Sebastián de Bonn el día 17 de agosto de las 6,30 a 9,30 de la tarde, teniendo como objeto resaltar la figura humilde, atractiva y asombrosa de este joven místico de nuestro tiempo, para que sea conocida en el mundo entero: la radicalidad de su entrega, la profundidad de su renuncia, la delicadeza de sus sentimientos, la heroica aceptación de su cruz, y la alegría de saber esperar.
      Aunque no pocos jóvenes emprendieron su marcha mucho antes de la Jornada oficial, peregrinando por tierras de España, Francia, Suiza hasta llegar a Alemania, el encuentro de palentinos y Burgaleses fue el 17 por la mañana en la capilla de Marien-Hospital de Dusseldorf. Antes de la misa, se dio lugar a al sacramento de la