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CONSAGRARSE
Consagrarse es más que
sacrificarse, es más que darse, es aún algo más que
abandonarse a Dios. Consagrarse, en fin, es morir a
todos y a sí mismo, no ocuparse ya de mi yo, más que
para mantenerlo siempre vuelto hacia Dios.
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Consagrarse
es, también, no buscarse en nada, ni para
lo espiritual, ni para lo corporal, es decir, no
buscar ya la satisfacción propia, sino
únicamente complacer a
Dios.
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Hay que añadir que consagrarse incluye también este
espíritu de desprendimiento que no se apega a nada, ni a
las personas, ni a las cosas, ni a los lugares. Es
adherirse a todo, aceptar todo, someterse a todo.
Entregarse es más que dedicarse, es más que darse, es
incluso más que abandonarse a Dios... Entregarse, en
definitiva, es morir a todo y a sí mismo, no ocuparse
del yo más que para tenerlo siempre vuelto hacia Dios...
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Entregarse es, además, no buscarse en
nada ni para lo espiritual ni para lo corporal,
es decir, no buscar ya satisfacción
propia sino únicamente la voluntad
divina. Hay que añadir que entregarse es
también ese espíritu de desapego
que no se aferra a nada, ni a las personas, ni a
los momentos, ni a los lugares. Es adherirse a
todo, aceptarlo todo, someterse a todo.
(Santa
Teresa Courderc)
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