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El año que conocí a Teresa

Santa Teresa de Lisieux

Primavera del año 2000. Por aquel entonces me estaba examinando de mis pruebas de selectividad y faltaban unos meses para llegar a mi mayoría de edad: los 18 años que me abrirían la puerta a la facultad, a nuevas expectativas, a nuevos amigos y a otros tantos aprendizajes. Recuerdo que por esa época la película El Gladiador se estaba proyectando en el cine y durante esos días de exámenes pude ir a verla de nuevo. Ya había habido una primera vez, pero en esta ocasión, y por las fechas que eran, me motivó para esa lucha en la arena que tenía que lidiar entre lo que yo podía saber y mis exámenes oficiales. Días más tardes llegaron los resultados y, gracias al esfuerzo que Dios me había permitido hacer, salió según lo esperado.

No fue hasta el 26 de julio cuando una mano amiga, por aquellos entonces, me regaló las obras completas de Teresa de Lisieux. Fue todo un descubrimiento, porque era una santa, bastante cercana a mí por edad, que me abría una nueva visión de lo que podía ser la relación con Dios. Me parecía increíble la historia de una chica joven que ya con sólo 15 años entraba en un convento convencida de que Jesús era su vida. Así, sin más. La alegría de Teresa me maravillaba y sus “cosas mundanas” también. Fue mi primer contacto con santos “normales” que podían ser alegres, agradecidos, con sus crisis y momentos de dulzura. Fue mi gran descubrimiento.

Realmente viví mi contacto con ese libro como si entablara una nueva amistad. Acababan de presentarme a una chica alegre, carmelita por asignación divina y llena de vida a pesar de la enfermedad. Al comenzar a leer sus manuscritos me percaté de que yo también quería la misma vocación de Teresa: la del Amor. Y por aquellos entonces no tenía muy claro por dónde Dios iba a darme la oportunidad de desarrollarla, pero 17 años después, puedo decir que todavía aspiro a esa vocación y quiero decir como ella que mi vocación es el amor y así quiero vivirlo.

Una buena ayuda para ello y que me animó a esta decisión fue la definición de perfección que mi nueva amiga me enseñaba: la perfección consiste en hacer su voluntad; en hacer lo que él quiere que seamos…. Me gustaría compartir desde aquí, mi relación con Teresita, la Santa que se me dio a conocer en un momento concreto de mi vida y cuya amistad quiero preservar hasta el final de la misma.

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