En el umbral de la contemplaciónOración contemplativa

Capítulo VII – La espiritualidad en la historia de la Iglesia hasta el siglo XVI (VI)

Santo Domingo con la Virgen y el Niño

Santo Domingo de Guzmán con la Virgen y el Niño

LA ESCUELA DOMINICANA

Su espiritualidad está fundada en la teología dogmática y moral, formando un cuerpo con ellas, y conciliando la oración litúrgica y la contemplación con la acción y el apostolado. En palabras de su fundador, Santo Domingo, (1170-1221), fundador de la Orden de Predicadores: Contemplari et contemplata aliis tradere: contemplar y dar a otros lo contemplado. Alberto Magno, (1206-1280), aplicó el método y los principios aristotélicos al estudio de la teología, siendo uno de los iniciadores del sistema escolástico, que su discípulo Tomás de Aquino había de perfeccionar.

Santo Tomás, el Doctor Angélico (1225-1274) trata de modo extenso todas las cuestiones importantes de ascética y de mística en diversos escritos, especialmente en la Suma Teológica, en los Comentarios a S. Pablo, al Cantar de los Cantares, a los Evangelios, en el opúsculo De perfectione vita spiritualis, y en el Oficio del Santísimo Sacramento, cargados de devoción afectiva. Dice Tomás cuando habla del modo en que el alma tiene conocimiento de las cosas de Dios: El tercer modo de tener la ciencia es por un adoctrinamiento proveniente de una inspiración más divina que la que comúnmente se da en la mayoría, …no sólo recibiendo en el intelecto la ciencia de las cosas divinas, sino también amando, uniéndose a ellas por el afecto (1).

Para santo Tomás, la vida mística es un operar sobrenatural que consiste en el amor, conocimiento y gozo de Dios; se trata de una experiencia de las realidades divinas implicada en la caridad misma. Ésta produce la unión y asimilación del alma y de toda la persona a Dios, permitiendo un juicio recto sobre y desde las razones eternas, que constituyen la esencia misteriosa del mismo Dios. La auténtica sabiduría en el esquema de pensamiento del aquinate consiste en la contemplación de las causas últimas y más elevadas de todas las cosas. Este es un “don”, que le es dado al hombre como un regalo; se cuenta entre los dones del Espíritu Santo, dones que se nos dan con la gracia bautismal. El pleno desarrollo de la gracia implica el ejercicio de los dones, teniendo como el más alto al de sabiduría, refiriéndose a la sabiduría que es “carisma” o gratia gratis data, y que se ordena principalmente a la ayuda a los otros. Si la vida mística está íntimamente relacionada con el ejercicio de los dones, el desarrollo perfecto de la gracia consiste en la vida mística y, por lo tanto, la mística es la “normalidad” para el cristiano (2). Para el santo, la reflexión es simple: El fin de la vida humana es pues la contemplación que brota del amor y que “espira amor”. Toda la vida es como un movimiento que tiene su término o reposo en la contemplación. La contemplación es el verdadero descanso de la mente, pues es fin, donde el movimiento se aquieta no por agotamiento, sino por la consecución del acto o plenitud (3).

Los análisis y consejos que elabora Santo Tomás son de gran actualidad en la vida religiosa, tanto laica como de los ordenados: el reposo de la mente en las cosas divinas es necesario para la salud total del hombre aún desde el punto de vista natural. Una vida que sea pura actividad, aunque no sea sólo actividad técnica sino práctica (moral o política), corre el riesgo de perder lo fundamental, que es el fin de la praxis: la contemplación. Se cae entonces en la “acedia espiritual”, tristeza que se opone al gozo de las cosas divinas (4). Santo Tomás considera la caridad como el más perfecto de los dones, y cuyo estado es el que mide al camino del desarrollo espiritual. Siguiendo el esquema clásico, distingue tres grados principales de crecimiento espiritual: incipiente, proficiente y perfecto: Los diversos grados de la caridad se distinguen según diversos trabajos a los que el hombre es conducido por el aumento de la caridad (5). Juan Pablo II ha resaltado la faceta mística de Santo Tomás, oscurecida generalmente por el fulgor de su inteligencia y su análisis intelectual: el Aquinate quiere mostrar la primacía de aquella sabiduría que es don del Espíritu Santo e introduce en el conocimiento de las realidades divinas. Su teología permite comprender la peculiaridad de la sabiduría en su estrecho vínculo con la fe y el conocimiento de lo divino (6).

 

ESCUELA FRANCISCANA

S. Francisco de Asís, (1181-1226) fue una figura singular, poeta del amor a Dios y de la pobreza, que surge en un tiempo de agitación: se había concluido hacía poco la revuelta albigense y se producían en toda Europa reacciones en forma de agitación popular contra el clero, que vivía en la opulencia y alejado de la realidad. La característica más importante de la espiritualidad franciscana es la pobreza. No sólo la pobreza de no tener, sino un tipo especial de esta virtud, por lo que suprimió la propiedad comunitaria -casas, tierras, rentas- para que sus religiosos viviesen de limosna como los mendigos. La pobreza no era practicada por su valor ascético, sino por su poder apologético. Ser pobre como Cristo, que no tenía dónde reclinar su cabeza, erigir a la Dama Pobreza en ideal casi abstracto, despojarse completamente de todo, hasta casi encontrar la simplicidad paradisíaca, tal fue el ideal del Poverello de Asís, no tanto por mortificación, sino como un bien espiritual en sí. Otro rasgo peculiar de la escuela franciscana fue el simplificar y hacer asequible a todas las capas de la sociedad cristiana la vida mística. Para ello profundizó en el estudio de métodos de oración y de meditación, así como en intentar concretar las realidades difícilmente expresables de la vida interior por medio de imágenes, conceptos lógicos y categorías humanas; lo que se pretende es excitar las potencias afectivas del hombre, para hacerle amar al Señor, y así entregársele a cumplir su ley. La tendencia afectiva trae como resultado la creación de un nuevo concepto de “devoción”, diferente del tradicional. Para los monjes de los siglos anteriores, devotio significaba la entrega, la consagración a Dios y a su servicio. Desde la época franciscana, por influencia de San Buenaventura, entre otros, la misma palabra pasa a expresar la entrega afectiva y, poco a poco, el “sentimiento de piedad”. No tardará mucho en aparecer el adjetivo “devoto”, con el cual se califican las prácticas de piedad que más excitan el sentimiento religioso, y a llamarse “devociones” a esas prácticas. De este modo la espiritualidad franciscana realiza la conexión entre la escuela de San Bernardo y nuestra piedad actual, tan dependiente de la devotio moderna.

 

ESCUELA MÍSTICA FLAMENCA

Fundada por Juan Ruysbroeck, (1293-1381) uno de los principales doctores místicos, profundo y afectuoso, cuyo lenguaje, a veces oscuro, precisa de interpretación para su correcta lectura. Podemos considerar como discípulos suyos a los Hermanos de la vida común y a los Canónigos regulares de Windesheim, monjes especulativos, pero más prácticos y claros que el maestro. Es mundialmente conocido Tomás de Kempis (1380-1471), al que la mayor parte de los autores atribuyen la paternidad de la Imitación de Cristo, atribuido anteriormente a Gerson. Es uno de los libros de vida interior que han sido y son más leídos. Fray Luis de Granada, dice en el prólogo a su traducción castellana: Hallamos en este libro el remedio para todos los males del alma… la ciencia de la salvación que nos induce a vivir y morir como verdaderos cristianos. Se compone de cuatro libros, que aunque pueden ser leídos de modo independiente, forman un todo orientado a la dirección espiritual. Su enseñanza es eminentemente práctica, de modo que pueda ser leído por cualquiera, aunque no faltan pasajes que aluden a alta elevación mística.

 

ESCUELA CARTUSIANA

En la escuela Cartusiana destacan Hugo de Balma o de Palma (¿-1305) , que es muy probablemente es el autor de la Theologia mystica atribuida durante mucho tiempo a S. Buenaventura; Ludolfo de Sajonia o el Cartujano, (1300-1370), compuso una Vida de Nuestro Señor que influyó sobremanera en la piedad cristiana; es un libro de meditación lleno de referencias a los Padres de la Iglesia; Dionisio Cartujano, el “Doctor extático”, (1402-1471) escribió incansablemente siendo muy extensa su producción literaria. Destacan, entre otros, los tratados ascéticos y místicos: De contemplatione, De discretione spirituum, siendo muy notable sus Comentarios sobre S. Dionisio.

 

OTROS AUTORES

Fuera de las anteriores escuelas se encuentra Gerson, (1363-1429), al que se atribuyó durante mucho tiempo la Imitación de Cristo, y que escribió de casi todas las cuestiones ascéticas y místicas en El libro de la vida espiritual del alma, La oración y El Monte de la contemplación. En sus obras Gerson divide la espiritualidad en una parte negativa y otra positiva; en la primera declara y refuta los errores de diversas escuelas y líneas de pensamiento, como el agnosticismo, que niega cualquier conocimiento racional de las cosas de Dios. Muestra cuales son las señales del auténtico espiritual, y enseña mediante ellas a discriminar sobre la bondad de las experiencias. En la parte positiva, elabora una definición precisa de la mística, a la que llama el conocimiento experimental de Dios, y la distingue de la teología científica, que usa abstracciones. Emplea también diversos términos para describir la experiencia mística: arrobamiento, licuefacción del alma, júbilo interior, y otros similares. Tomás de Villanueva (1488-1555), del ámbito agustiniano se inspira en Ricardo de S. Víctor y escribe un excelente tratado sobre la oración.

Así se configura adecuadamente el escenario para el florecimiento de la primavera mística española de cuyos antecedentes inmediatos y figuras principales hemos hablado en los primeros capítulos. En esta primavera surgirá la más alta mística cristiana, con Juan de la Cruz y Teresa de Jesus, sublimes maestros de espiritualidad.

 

FIN DE LA OBRA

“Nada te turbe, nada te espante.
Todo se pasa. Dios no se muda.
La paciencia todo lo alcanza.
Quien a Dios tiene, nada le falta.
Sólo Dios basta.


(1) ANDEREGGEN, I. La metafísica de Santo Tomás en la Exposición al De Divinis Nominibus de Dionisio Areopagita, EDUCA, Buenos Aires, 1989.
(2) Pensamiento tradicional en la escuela dominicana. Cf. ARINTERO, JG en R. GARRIGOU-LAGRANGE, Las tres edades de la vida interior. (2 tomos). Palabra, Madrid 1986
(3) Cf. GONZÁLEZ-ARINTERO, JG. La verdadera mística tradicional. Fides, Salamanca2 1980
(4) Summa Theologiae II-II q. 35.
(5) Ibíd. II-II q. 24 a. 9 in c:
(6) J PABLO II. Fides et Ratio 44
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