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Qué es la Cuaresma para mí

Cruces junto al mar

Fotografía: Wonderlane (Creative Commons)

Mis queridos hermanos:

¡Empezamos la Cuaresma! Para mí es un tiempo de ilusión, de puertas abiertas. Es un tiempo en que todo mi corazón se convierte en una gran promesa al Señor de que haré todo lo posible (todo lo que desde mi inmensa nada es posible) para que sea el tiempo de mi conversión definitiva.

Me conozco lo suficiente como para saber que el año próximo (si Él quiere) le estaré prometiendo lo mismo, pero eso no aminora ni un ápice la inmensa ilusión con la que HOY hago esta declaración de amor al Señor.

Recuerda, hermano, que una de las claves del santo Abandono es vivir con intensidad EL TIEMPO PRESENTE, hoy, en el convencimiento profundo de que el mañana corresponde al Señor, a su Divina Providencia y que, a lo mejor, mañana ya no estamos aquí, sino en los brazos del Padre para siempre. Por eso quiero poner en esta promesa de hoy toda mi ilusión, mi honesta ilusión.

Sé que la Cuaresma en un tiempo de andar, de hacer camino, de dirigirnos a lo que es el sentido más profundo de nuestra creencia de católicos: la Pascua. Y en este camino hay polvo, piedras, ríos que hay que vadear. Y este camino hemos de hacerlo con espíritu de mortificación. Y por “mortificación” hemos de entender alegría en todos los avatares, en todos los disgustos, en todas las sorpresas que la vida nos depara mientras dura.

Cuaresma para mí es un tiempo que se presta, de un modo especial, a multiplicar mi amor por el Señor, a aceptar con sencillez ( ¡¡cuánto nos cuesta!! ) que todo en Él es gratuidad, perdón, amor, entrega… a cambio de nada. ¡Tan solo porque nos ama, porque está loquito por nosotros.!

¡Cuánto nos cuesta aceptar, desde nuestro espíritu mercantilista, que nos da su amor, su Amor a cambio de nada! ¡Cuánto nos cuesta aceptar que Dios lo único que “necesita” de nosotros es que nos dejemos amar!.

Cuaresma… ilusión, promesa, deseos inmensos de ser fiel, de intentarlo, de, al menos, “intentar intentarlo”, de dejarnos hacer.

Hermano: cada mañana ofrece un besito al Señor, un gesto, un recuerdo, un piropo, un estrecharlo con fuerza entre los brazos de tu alma para que durante la Pasión el recuerdo de estos detallitos tuyos con Él le den fuerzas para morir por nosotros, por ti, por mí.

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