(1) Sor Teresa del Niño Jesús habría debido dejar el noviciado, según la costumbre, de entonces, tres años. después de su Profesión, es decir, en septiembre de 1893. Pero, según una interpretación corriente de las leyes, no se admitía como capitulares a más de dos hermanas de la misma familia. Siendo capitulares la Rvda. Madre Inés de Jesús y Sor Maria del Sagrado Corazón, su joven hermana no ocupó nunca en el Capitulo conventual el lugar que le correspondía de derecho, y no tuvo en él ni voz ni asiento. Encargada de la formación de las novicias, bajo la autoridad de la Madre Maestra titular, permaneció entre ellas como su «decano» hasta la muerte.

(2) Véase en apéndice la nota sobre las conversaciones en el «Belvedere».

(3) Imitación, libro III, cap. XLIX, 7.

(4) Se trata del cántico de «el Ángel del Desierto», en la pieza de la «Huida a Egipto», 21 de enero de 1896.

(5) 2 Corintios 12, 5.

(6) Se comprende claramente que la Santa no pretendía en modo alguno aprobar la aceptación sin combate de las faltas morales, ni aun de las ligeras. Semejante actitud le hubiera parecido atentatoria de los derechos de Dios. Sabido es con qué vigor denunció el error especioso del quietismo. Hubiera aplaudido el firme lenguaje de Su Santidad el Papa Pío XII, el cual deplora en su Mensaje del 23 de diciembre de 1949 que algunos hagan «del pecado una simple debilidad, y de la debilidad hasta una virtud».
          Lo que Teresa subraya muchas veces en 'su «pequeña Doctrina» es la necesidad, fundamental para la criatura, de no creer en su propia fuerza, de no' apoyarse sobre sus propios méritos, sino de contar exclusivamente con la gracia divina, sola capaz de inspirar, de ayudar, de coronar nuestros esfuerzos y de prestar vigor a nuestra buena voluntad.
           Reconocer, aceptar, amar la propia debilidad no es excusar el pecado ni acomodarse a él, sino establecerse en la verdad, perder toda ilusión acerca' de sí mismo y hacer brotar del fondo mismo de una miseria mejor juzgada el grito de confianza apasionada en la infinita Misericordia. Esto vale de lleno para las impotencias, las depresiones, las tentaciones, las pruebas, las imperfecciones, las desgracias que escapan a la fragilidad humana, y ante las cuales sentían tendencia a desasosegarse las novicias a las que la Santa se dirigía.
           Esto vale también, pero con matices importantes -otros textos teresianos, concretamente el conmovedor final del capítulo X de la Historia de un alma, lo evidencian-para la herencia de culpas pasadas, aunque sean abrumadoras como las de la Samaritana, las de la mujer adúltera, las del buen ladrón, las de a pecadora del desierto. A estas culpas no se las puede amar; se las ha de rechazar, y prevenir la recaída. Pero lejos de desesperarse o de enojarse orgullosamente, se ha de sacar partido humildemente de ellas para desconfiar de sí mismo y confiar, tanto más, en el Amor Misericordioso que perdona, que levanta y colma. Teresa se acerca aquí a la célebre frase de san Agustín interpretando y completando a san Pablo: «A los que aman a Dios todo se les vuelve en bien, hasta los pecados».

(7) Vida del Padre José Surín de la Compañía de Jesús, publicada por el P. Marcel Bouix (compendio de la Vida escrita por M. Enrique María Bourdon), París, 1879, pág. 145.

(8) Juan, XXI, 15-16-17.

(9) Lucas, XVIII, 13.

(10) En el original: «Tant que vous serez humble, tant que uous serez hereuse».-(N. del T.)

(11) Lucas 2, 19.

(12) Imitación, lib. II, cap. XI, 4.

(13) Para hacer, por medio de esta actitud de pobreza espiritual, provechosas nuestras caídas: «Mi paz consiste en permanecer pequeña. Así, cuando caigo en el camino, puedo levantarme en seguida. Y Jesús me toma de la mano». (Poesías de Santa Teresa del Niño Jesús: Mi paz y mi alegría, estrofa cuarta), «. . los niños caen muchas veces, pero son demasiado pequeños para hacerse mucho daño». (Novissima Verba)).

(14) Eclesiástico, XI, 12, 13, 21, 23, 24.

(15) BOSSUET, final de su opúsculo sobre la «Manera breve y fácil de hacer oración».

(16) Citados por Juan Wu-Chin-Houng, antiguo ministro de China cerca de la Santa Sede, en el opúsculo «Dom Lou», su vida espiritual; un gran testimonio. Desclée de Brouwer, 1949.

(17) He aquí las referencias: Mateo 19, 14; Marcos 10, 14; Lucas 17, 16; Mateo 18, 10 y 4; Marcos 10, 16.

(18) La familia Lehoux, que, al igual que la familia Martin, vivía en la calle San Blas.

(19) Teresa Lehoux, de cerca de siete años, de la edad de Celina.

(20) La Santa se dirigía a las novicias, que no tenían responsabilidad en los asuntos que debían tratarse, y cuyo deber era desentenderse de ellos. Hubiera usado otro lenguaje con las personas encargadas de resolver y decidir. A aquéllas sólo les aconsejó que no analizasen inútilmente las dificultades.

(21) Por «nuestros regateos» [nos arrangements]. santa Teresa del Niño Jesús hacia alusión al Espíritu de Infancia. Jesús no puede apenarse por faltas involuntarias que escapan a la debilidad y fragilidad de las almas humildes y amantes que confían en El.

(22) Carta a la Madre Leonor de San Gabriel, religiosa carmelita descalza del convento de Sevilla. [Las palabras genuinas del Santo son: «.. .pues lo ha hecho Su Majestad para aprovecharla más; porque cuanto más quiere dar, tanto más hace desear...». Carta XIII, n. 1, en Obras de San Juan de la Cruz, edic. breviario, del R.P. Silverio de Sta. Teresa, Burgos, 1931.-(N del T.)

(23) Historia de un alma, cap. X

(24) Vida de los. Padres de los Desiertos de Oriente con su doctrina espiritual y su disciplina monástica, por el R. P. Miguel Ángel Marín, de la Orden de los Mínimos: Libro IV, cap. XVIII, pp. 392 y sigs.