(1) Un domingo de 1888, desde el púlpito el señor canónigo Rohée, arcipreste de la Catedral, había señalado la suma de 10.000 francos, suficiente entonces, así lo creía él, para comprar un nuevo altar. El señor Martin aportó en seguida el dinero, exigiendo el secreto, que fue tan bien guardado que nadie en la parroquia conoció el nombre del donante. Sin embargo, la cosa no se le pudo tener oculta al Sr. Guérin.
 
(2) Cfr. Santo Tomás: En el cielo cada uno de los elegidos se gozará de la felicidad de todos los demás. (Summa Theologica, Suppl., 9, 71, art. 1).
La Santa había leído, en una obra particularmente saboreada por ella (Fin de la vida presente y Misterios de la vida futura, del abate ARMINJON), el pasaje siguiente: «Los elegidos no tendrán entre si más que un corazón... Cada uno será rico con la riqueza de todos, cada uno se alegrará de la felicidad de todos» (7ª conferencia: «De la bienaventuranza eterna y de la visión sobrenatural de Dios»).
 
(3) Glosa a lo divino. Los versos del Santo son:
«Hace tal obra el amor
después que le conocí,
que, si hay bien o mal en mi,
todo lo hace de un sabor... »
 
(4) En el original: «marchande des quatre saisons».
 
(5) Imitación, lib. III, cap. IV, 4.
 
(6) Por no comprender el latín la Santa no podía prestar habitualmente una atención literal al texto, pero comprendía algunos pasajes leídos fuera del Oficio, en algunas traducciones.
 
(7) La religiosa designada cada semana para desempeñar en la recitación coral del Oficio divino el papel de preste.
 
(8) Historia de un alma, cap. XI.
 
(9) Sor Genoveva hizo estas copias estando aún en el mundo, cuando Teresa la dejó para entrar en el Carmelo. Se sirvió para este trabajo, en primer lugar de una Biblia que pertenecía a su tío, el señor Guérin. Era una obra de lujo, de gran tamaño, ilustrada por Gustavo Doré, traducción de Bourassé y Janvier. Prefirió luego utilizar un libro más manejable, y continué su trabajo en la Biblia traducida por Lemaistre de Sacy, editada en 1864 en la casa Fume y Compañía, de París.
El cuaderno manuscrito copiado por Sor Genoveva contiene pasajes de los Libros siguientes (por el orden en que están copiados): Cantar de los Cantares, Eclesiastés, Sabiduría, Proverbios, Isaías, Tobías, Eclesiástico, Ezequiel, Oseas, Habacuc, Sofonías, Malaquías, Joel, Amós, Miqueas, Zacarías.
Después de su entrada en el Carmelo, 14 de septiembre de 1894, Sor Genoveva dio este pequeño cuaderno a santa Teresa del Niño Jesús, que se sirvió de él para sus meditaciones y lecturas. Fue allí, según toda probabilidad, donde leyó la frase que tanto le gustaba: «Si alguno es pequeñito, que venga a mí» (Proverbios, IX, 4, citada en la Historia de un alma, c. IX).
 
(10) Como las Hermanas jóvenes no estaban autorizadas para leer una Biblia completa, santa Teresa del Niño Jesús no tenía ningún ejemplar a su disposición. Pero, a falta del Antiguo Testamento completo, ella leyó, además del cuadernito de Sor Genoveva, traducciones del Salterio, concretamente la edición de Glaire, los Libros de los Profetas y, sobre todo, el Nuevo Testamento. Este lo leyó en el Manual del Cristiano, que contiene los Salmos, el Nuevo Testamento, la Imitación de Cristo, todo esto precedido del Ordinario de la Misa, de las Vísperas y de las Completas. (Edición aprobada por el señor Arzobispo de Tours; Mame e Hijos, editores. Tours, 1864. Sin nombre de Traductor). «Salmos traducidos del hebreo». Además de. los ejemplares de la Sagrada Escritura propiamente dicha, santa Teresa tenía a su disposición obras que traen largos extractos de la misma, como la traducción del Breviario, leída todos los días a la Comunidad en el refectorio, la Semana Santa en latín y francés, los Feligreses, y otros libros que contienen numerosas citas escriturísticas, tales como el Año Litúrgico de Dom GUERANGER, las Obras de san JUAN DE LA CRUZ, etc... El examen de las citas del Antiguo y Nuevo Testamento hechas por la Santa prueban que las sacó, en efecto, de diversas fuentes.
 
(11) Un condenado a muerte, cuya conversión había ella obtenido in extremis en agosto de 1887 (véase Historia de un alma, cap. V).
 
(12) Este decreto está fechado el 17 de diciembre de 1890. He aquí el pasaje esencial: «En lo que concierne al permiso o a la prohibición de acercarse a la sagrada Mesa, el Santísimo Padre decreta que estos permisos o prohibiciones estén reservados solamente al Confesor ordinario, sin que los Superiores tengan autoridad alguna para ingerirse en este asunto...; quien haya obtenido del Confesor la autorización para comulgar con más frecuencia, o aun diariamente, estará obligado a advertir de ello al Superior.» El Capellán del Carmelo de Lisieux, el señor abate Youf, no cambió, prácticamente, los usos establecidos, salvo durante el período de la gripe (diciembre de 1891 - enero de 1892), en que Santa Teresa del Niño Jesús pudo comulgar todos los días (véase: Historia de un alma, cap. VIII).
 
(13) El señor abate Youf murió algunos días después que la Santa, y su sucesor, el señor abate Hodierne, ajustándose al decreto de León XIII, introdujo en el Carmelo de Lisieux el uso de la comunión diaria.
 
(14) Celina habla dado algunas lecciones a Teresa seis meses antes de que ésta entrara en el Carmelo.
 
(15) Se trata del Crucifijo que cada Carmelita lleva consigo.
 
(16) Esta estatua es de yeso y mide 90 centímetros.