- (1)
La Santa
sacó esta frase de una anécdota, que. le
era familiar, acerca de un soldado que exponía su
vida para apoderarse de una bandera.
(2)
Evidentemente,
Sor Teresa, tan mortificada, no se refería
aquí más que a las enfermedades graves,
pues, más que ninguna otra, ella se hacía
propia la recomendación de nuestra Madre santa
Teresa: «Que no se debe importunar a las enfermeras
cuando el mal no es grave». [En muchos pasajes
de sus Obras habla la Santa de Ávila sobre este tema.
Véase, especialmente, el capítulo XI del
Camino de Perfección.-N. del
T.]
(3)
Tres años
después de la Profesión las novicias abandonan
el noviciado, se equiparan a las demás Hermanas, y no
están ya obligadas a estas sujeciones. Por eso, las
novicias piden sus permisos cada semana, mientras. que las
demás Hermanas lo hacen cada mes. Santa Teresa del
Niño Jesús, habiendo sobrepasado ya los tres
años que siguen a la Profesión y
desempeñando un cargo cerca de las novicias, hubiera
podido desembarazarse de estos lazos, pero se guardó
bien de hacerlo.
(4)
Sería
desconocer el espíritu de santa libertad de hija de
Dios que animaba a Sor Teresa del Niño Jesús
erigir en axioma válido para todos y en todas las
condiciones «que no hay que concederse a si mismo
ninguna holgura», toda vez que aquí, en este
caso particular, se trata de un detalle acerca de la amorosa
fidelidad con que las carmelitas deben observar las menores
prescripciones de la vida religiosa.
(5)
Reloj de arena
de las Carmelitas.
(6)
Estos consejos
son dados a una novicia que no tenía por qué
preocuparse del rendimiento exterior, y a la que era
necesario formar en la vida espiritual. No deben, pues,
tomarlos al pie de la letra todas las. almas. A otra
novicia, mucho menos inclinada a buscar lo acabado, lo
perfecto, le recomendaba que procurase hacerlo todo con gran
cuidado por amor de Dios.
(7)
Fórmula
entonces en uso antes de emitir los Votos.
(8)
Su prima, Maria
Guérin.
(9)
A través
de los grandes velos que llevaban las religiosas.
(10)
En el original:
dragées de baptéme.-N. del
T.
- (11)
La Santa supo
a qué atenerse acerca de cuando habiendo llevado
una crucecita de hierro durante mucho tiempo, se
sintió enferma. La Reverenda Madre Inés de
Jesús ha testimoniado en el Proceso
canónico (cfr. Sum. § 630) que
«durante el reposo que la Santa hubo de guardar a
consecuencia de ello, Dios le hizo comprender que si
había caído enferma (por tan poca cosa) era
señal de que no estaba ahí su camino ni el
de las «almas pequeñas» que hablan de
seguir sus huellas por el mismo camino de
infancia, en el que nada se sale de lo
ordinario».
-
Véase también, en las Últimas
Conversaciones, el 3 le agosto de 1897, cómo
Teresa pone en guardia a su «Madrecita» contra
las excesivas penitencias corporales. (Novissima
Verba, pág. 110 [ed.
Francesa]).
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