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Inicio
El
abandono de la propia voluntad,
camino
de comunión con Dios
I.
Naturaleza
II.
Excelencia
III.
Necesidad
IV.
La voluntad de Dios se manifiesta de dos
maneras
V.
Grados de conformidad con la voluntad de Dios
VI.
Frutos del santo abandono
Fundamentos
del santo abandono, comunión con Dios
I.
El desasimiento
II.
La fe y confianza en el plan divino
III.
El amor de Dios , el amor de Jesús y el ejemplo de
Jesús
Aspectos
que nos ayudan a crecer en abandono y una mayor
unión con Dios
I.
La Cruz y el Sufrimiento
II.
La Oración
El
abandono de la propia
voluntad, camino
de comunión con Dios
El
Santo Abandono es el acto mas perfecto de amor a Dios que un
alma pueda producir... El que da a Dios su voluntad se da
así mismo y da todo... Esta es la manera más
noble, más perfecta y más pura de amar...
Más si el abandono perfecciona las virtudes,
perfecciona también la unión del alma con
Dios... [1]
I.
Naturaleza
Consiste
en una amorosa, entera y entrañable sumisión y
concordia de nuestra voluntad con la de Dios en todo cuanto
disponga o permita de nosotros. Cuando es perfecta se le
conoce como Santo abandono.
[2]
El
abandono en las manos del Señor requiere de
sufrimiento, pero debe ser llevado con amor y la confianza
que Dios nos esta purificando, para unirnos a El. Esta
unión con El no puede darse sino nos despegamos de
nosotros mismos, sino curamos nuestro orgullo y no nos
sometemos a El con espíritu dócil y con
decisión firme a abandonar nuestra voluntad para que
El pueda gobernar nuestra vida.
San
Ambrosio dice, el que tiene por su porción a Dios, no
debe tener otro cuidado que el de aplicarse a él, y
todo cuanto se emplea en otra cosa es un robo que se hace al
servicio y culto que se le debe.
[3]
Este
abandono tiene su fundamento en la caridad.
II.
Excelencia
Lo
que constituye la excelencia del santo abandono es la
incomparable eficacia que posee para remover todos los
obstáculos que impiden la acción de la gracia,
para hacer practicar con perfección las más
excelsas virtudes y para establecer el reinado absoluto de
Dios. [4]
El
Santo abandono es el que después de todo nuestro
crecimiento en la vida de virtud, el que acabará de
purificar y de despegar nuestra alma para dirigirla
completamente a Dios.
III.
Necesidad
La
necesidad de entrar por esta vía puede demostrarse
por una triple razón:
- 1.
El derecho Divino:
- a)
Somos siervos de Dios. No nos pertenecemos a nosotros
mismos, sino a Dios.
- b)
Somos hijos y amigos de Dios. El hijo debe estar sometido
a su Padre, por amor, y la amistad produce la concordia
de voluntades.
2.
Nuestra utilidad: por la gran eficacia santificadora de esta
vía.
3.
El ejemplo de Cristo: Toda la vida de Cristo en la tierra
consistió en cumplir la voluntad del Padre.
[5]
La
perfección consiste en hacer su voluntad, en ser lo
que El quiere que seamos.
[6]
Nuestro
grado de perfección depende del grado de nuestra
conformidad con la voluntad divina. La Fe nos hace conocer a
Dios y nos muestra la bajeza de nuestra condición
humana, más la conformidad a la voluntad de Dios une
aún mas directamente e íntimamente nuestra
voluntad con la de El, poniendo el alma al servicio completo
del Soberano Dueño.
Esta
es la vía que mas glorifica a Dios, la que más
santifica al alma, la menos sujeta a ilusiones, la que
proporciona mayor paz al alma, la que mejor hace practicar
las virtudes, la más a propósito para adquirir
el espíritu de oración, la más parecida
al martirio e inmolación de si mismo y la que asegura
en la hora de la muerte.
[7]
IV.
La voluntad de Dios se manifiesta de dos
maneras
1.
La Voluntad de Signo: los Mandamientos de Dios y de la
Iglesia, los consejos, las inspiraciones de la gracia, y,
por lo que toca a las comunidades, las Constituciones y las
Reglas. [8]
2.
La Voluntad de Beneplácito: Consiste en someterse a
todos los acontecimientos providenciales queridos o
permitidos por Dios para nuestro mayor provecho y
santificación.
[9]
V.
Grados de conformidad con la voluntad de Dios
San
Bernardo distingue tres grados, los correspondientes a la
perfección Cristiana:
1.
El incipiente: Movidos por el temor, lleva la cruz de Cristo
pacientemente
2.
El proficiente: movido por la esperanza, la lleva con cierta
alegría.
3.
El perfecto: consumado en la Caridad, se abraza con ella
ardientemente. [10]
VI.
Frutos del santo abandono
1.
Intimidad con Dios. Es el primer fruto que produce el
abandono, fundada en una confianza llena de humildad en
Dios. Al depositarnos confiadamente como un niño en
las manos de su madre, El no nos abandonará, pues El
mismo lo dijo en (Mt 19, 14): "Dejad que los niños
vengan a mi, y de los que se les asemejan es el reino de los
cielos."
Cuando
el hombre está muy penetrado del amor de Dios, y
aspira al Señor con toda la extensión de sus
deseos, no repara en las cosas visibles, y tiene
continuamente delante de los ojos de su alma, de día
y de noche, al acostarse y al levantarse, la imagen de aquel
objeto amado que quiere y desea.
[11] (S.
Juan Crisóstomo)
El
Santo abandono nos hace reconocer nuestra nada y esperarlo
todo de El , dejando que sea El quien conduzca nuestra vida
y El que nos lleve a la santidad.
2.
Sencillez y libertad. El alma que se abandona a la
voluntad de Dios es sencilla, ya este enferma o sana, con
tiempo o este ocupada, sea alagada o humillada, lo recibe
todo venido de las manos de Dios.
Grande
fuerza alcanza el verdadero amor y el que es perfectamente
amado, se apodera de toda la voluntad del amante: nada manda
tanto como la caridad. Nosotros, si de veras amamos a
Cristo, si nos acordamos de que estamos redimidos con su
sangre, ya no debemos querer, ni hacer sino lo que sabemos
que El quiere. [12]
(S. Paulino).
El
alma encuentra su libertad en cumplir y aceptar lo que Dios
le mande. Ya que su libertad consiste en querer todo lo que
Dios quiere, sin inclinarse voluntariamente a otro lado, sin
detenerse a considerar sus propios deseos, consiente de ante
mano en todo lo que le acontezca, de manera que llega un
punto en que su voluntad esta tan unida a la de Dios que
acepta con gran libertad todo lo que es venido de su parte.
El abandono nos libera de los hombres y de nosotros mismos,
deseando complacer sólo a Dios.
3.
Constancia y sinceridad. El que ama verdaderamente a
Dios debe conservar inviolable-mente este amor en cualquier
estado que se halle... Cierto que sería muy poco amor
el que solo durase el tiempo que Dios os colma de toda
especie de beneficios.
[13] (S.
Ambrosio)
Llegando
el alma a confiar tanto en Dios no se engríe si hay
triunfos no se abate si hay derrota, pues teniendo todo como
venido de Dios se lanza con espíritu fuerte a
realizar la voluntad de Dios.
Es
vivir la vida en un auténtico desprendimiento, como
lo dice San Francisco de Sales No pedir nada, ni rehusar
nada.
4.
Paz y alegría. La paz y la alegría
constituyen aquí en la tierra la verdadera felicidad,
y es proporcionada al alma que se abandona completamente a
Dios. El alma al estar conforme a la voluntad de Dios
encuentra reposo, y aunque este pasando por numerosas
pruebas el alma es semejante a un río caudaloso, en
que no se turba por muy dura que sea la prueba pues esta
consciente que todo es venido de las manos de
Dios.
El
hecho de saber el alma que esta cumpliendo la voluntad de
Dios, la llena de mucha paz y alegría que solo el
alma misma puede comprender. El Santo Cura de Ars
decía, "La cruz es quien ha dado la paz al mundo, es
ella quien ha de traerla a nuestros corazones. Todas
nuestras miserias vienen de que no las amamos..."
[14]
5.
Muerte santa y valimiento cerca de Dios. El Santo
abandono nos asegura una buena muerte pues como dice santa
Teresita del Niño Jesús: "Yo no he dado a Dios
sino mi amor. El me devolverá amor. El
cumplirá todos mis deseos en el cielo, porque yo no
he hecho jamás mi voluntad en la tierra."
[15]
El
alma abandonada a la voluntad de Dios espera la muerte como
el momento en que su alma reposará para siempre en
los brazos de su Dueño. Abandonada en Dios acepta
este momento, sin temor de que el Señor la
desamparará.
San
Ignacio de Loyola se derretía en lágrimas cada
vez que pensaba que la muerte le abriría las puertas
del cielo. Tenía tal deseo de unirse a Dios, que, en
su última enfermedad, los médicos le
prohibieron pensar en la muerte; porque este pensamiento le
enardecía tanto, que le hacía palpitar
violentamente su corazón, poniendo en peligro su
vida. [16]
Fundamentos
del santo abandono, comunión con Dios
I.
El desasimiento
San
Gregorio: "Cuando el alma con esforzado ahínco tiende
a Dios, todo lo que hay de amargo en esta vida lo juzga
dulce; todo lo que la aflige tiénelo por descanso, y
desea morir por gozar mas plenamente de la vida."
[17]
El
desasimiento de nuestra voluntad por muy despegada que
esté de nosotras conllevará dolor y
desgarramiento, debido a nuestra condición humana,
pero no hay otro camino para alcanzar un abandono total en
Dios. Para llegar al abandono es necesario un desasimiento
previo de nuestro querer.
San
Jerónimo: "Nada parece duro a los que aman; nada es
difícil cuando se vence por llegar a lo que se desea.
- Amemos a Jesucristo y procuremos con fervor unirnos con
El, y las cosas más difíciles nos
parecerán muy fáciles, y todo lo que ahora es
largo, se nos hará muy corto."
[18]
El
abandono es unión total y conformidad a la voluntad
de Dios hasta el extremo de estar dispuestos de antemano a
dejar todo y recibir con amor todo lo que El mande. Confiar
y esperar tranquilamente los acontecimientos que El ha
destinado para nuestra salvación y luego aceptarlos
con sumisión fiel y amorosa. Dios es Supremo Rey y
como tal tiene autoridad para disponer de nosotros como El
desee. El puede probarnos tanto exteriormente, como
interiormente, por eso es necesario que nuestro ser
esté desapegado de todos estos bienes para que este
pronto a responder conforme a su voluntad.
Para
lograr este desprendimiento es necesaria la obediencia y la
humildad. Es encontrar a Jesús en el olvido total de
nosotros mismos, escucharle, obedecerle y con humildad
adentrarnos en el camino que El ha delineado para nuestra
perfección. Es morir una vez y otra vez a nuestra
voluntad para quedar completamente unidos a El.
El
alma no puede volar con libertad a los brazos de
Jesús si las voluntades están atadas a la
carne, debe cortar todo aquello que le impida volar con
libertad al fin que Dios le tiene deparado y llegar a la
íntima unión con El.
II.
La fe y confianza en el plan divino
La
fe: Es una virtud sobrenatural por la que, con la
inspiración y ayuda de la gracia de Dios, creemos ser
verdadero lo que por El ha sido revelado; no por la
intrínseca verdad de las cosas percibidas por la luz
natural de la razón, sino por la autoridad del mismo
Dios que revela, el cual no puede engañarse ni
engañarnos.
[19]
Obediencia
de la fe: Cuando Dios revela se le debe la obediencia de la
Fe, por la que el hombre se entrega todo él con
libertad a Dios, prestando el pleno homenaje de la
inteligencia y de la voluntad a Dios revelador y dando
voluntariamente su asentimiento a la revelación que
El le hace. [20]
Creer
quiere decir abandonarse en la voluntad de la Palabra misma
del Dios viviente, sabiendo y reconociendo humildemente cuan
insondables son sus designios e incalculables sus caminos.
(Rom. 11,33) [21]
Para
tener comunión con Dios es indispensable tener fe en
lo que El nos pide y dispone para cada uno de nosotros. Los
ejemplos más grandes de fe, de abandono a la voluntad
de Dios y de comunión con Dios son Abraham y la
Santísima Virgen María. "Por la fe de Abraham
se constituye el comienzo de la Nueva Alianza... Por su fe
fue hecho padre de muchas naciones. 'El esperó contra
toda esperanza.' [22]
La
fe de Abraham hacia el plan que Dios había puesto en
sus manos es la que abrió paso a la
preparación de la Nueva Alianza. Abraham fue hecho
padre de la Fe por su abandono a la voluntad de Dios y por
su comunión íntima con Dios.
La
fe es el medio por el cual Dios comunica al hombre su
voluntad y por medio de la cual respondemos y debemos de
perseverar. La Virgen María es el Modelo perfecto del
abandono en las manos del Señor, por su docilidad y
entrega es que el Señor pudo hacer Maravillas en
ella. "La fe de la Santísima Virgen María en
la Anunciación da comienzo a la Nueva Alianza...
María después de haber manifestado su
condición de virgen, creyó que por el poder
del Altísimo, por obra del Espíritu Santo se
convertiría en la Madre del Hijo de Dios."
[23]
Toda
la vida de la Virgen María nos muestra ese completo
abandono a la voluntad del Señor, y la
comunión con su plan. Desde la Anunciación
hasta el Calvario la voluntad de la Virgen estuvo en
completo abandono a la voluntad del Padre. Para ser
colaboradores con el plan de Dios debemos ante todo creer
que El puede hacer maravillas en nosotros; tener
comunión con su voluntad y perseverar en esta
comunión. Todo es imposible si anteponemos nuestro
deseo y voluntad.
Así
como vemos el abandono de Abraham y de la Virgen
María, este mismo ejemplo lo podemos encontrar en la
vida de todos los Santos.
Santa
Teresa de los Andes: "Lo único que quiero para ti es
que cumplas la voluntad de Dios. Abandónate a ella
con sencillez filial y repite siempre esta máxima de
Santa Teresa, aún en las circunstancias mas
difíciles: "Dios sabe y el me ama."
[24]
El
Señor presenta un plan que El desea se lleve a cabo
con nuestra cooperación, solo pide confianza en ese
plan y abandono de la voluntad para llevarlo a cabo. La Fe
es ante todo una adhesión personal del hombre a Dios;
por medio de la cual unimos nuestro entendimiento y voluntad
a todo aquello que Dios revela. Pero, "para dar respuesta de
fe es necesaria la gracia de Dios, que se adelanta y nos
ayuda, junto con el auxilio interior del Espíritu
Santo que mueve el corazón, lo dirige a Dios, abre
los ojos del espíritu y concede a todos gusto en
aceptar y creer la verdad."
[25]
Si
no estamos en gracia con Dios nunca podremos escuchar su
voluntad. El estado de gracia es semejante a una ventana
donde los rayos del sol penetran sin encontrar ningún
bloqueo que opaque la luz del sol, penetrando completamente
e iluminando todo el lugar, dándole libertad al
espíritu que nos inunde con su Sabiduría y nos
mueva con diligencia a responder con generosidad al plan de
Dios. Cuando perdemos la gracia los rayos del sol llegan a
la ventana pero no penetran en el cuarto porque hemos puesto
como una cortina que bloquea la luz. Por eso para poder ver
y entender la voluntad de Dios es necesario estar en gracia,
y no rebelarnos a su voluntad.
No
es contrario a nuestra propia dignidad presentar por la fe
la sumisión plena de nuestra inteligencia y voluntad
a Dios y entrar así en íntima comunión
con El. Sin la fe es imposible agradar a Dios. La fe en Dios
puede ser puesta a prueba por la experiencia del mal y del
sufrimiento. Dios prueba nuestro amor y nuestra entrega. Y
es ahí donde nos sentimos débiles donde El
encuentra su mayor gloria. Es en estos momentos de
desolación y de sufrimiento que debemos encontrar en
El la fortaleza y hacer todo para la mayor gloria de El.
Aceptando con paciencia y perseverancia todo lo que El nos
mande, abandonándonos completamente a El. Lo podemos
ver en Cristo, donde Dios manifestó su omnipotencia
de la manera mas misteriosa: en la muerte y
Resurrección de Cristo.
La
Pasión es obra de Dios. Y aún más, es
su obra maestra, pues en ella muestra el extremo de su amor
a los hombres, dando a su único Hijo para la
salvación de la humanidad; y el extremo del amor del
Hijo, hecho obediente a la voluntad del Padre y entregado
hasta el extremo por amor a los hombres.
Dios
utiliza los métodos mas incomprensibles a la
razón humana para atraernos hacia si. Y para hacer
ver que todo es obra de El y que nada podemos sin El.
Jesús no pide grandes cosas, ni acciones
extravagantes para santificarnos, El solo pide abandono,
confianza en su plan y agradecimiento a todo lo que El nos
da. "Porque Dios nos ama mucho, permite que seamos afligidos
en este mundo, con el fin de unirnos más
perfectamente consigo... por el ardiente amor que nos tiene,
cuando para unirnos más estrechamente consigo,
permite que estemos reducidos a la necesidad de recurrir
continuamente a su gracia..." (San Juan Crisóstomo)
[26]
Solo
la fe puede adherirnos a las vías misteriosas de la
omnipotencia de Dios. Esta fe se gloría de nuestras
debilidades con el fin de atraer sobre nosotros el poder de
Cristo. Es unir nuestros deseos y ambiciones a los deseos y
ambiciones que Dios tiene para nosotros, con un
espíritu dócil y deseoso de que se cumpla su
plan en nosotros. Es como dice San Pablo considerar todo
como basura con tal de obtener esa unión con
Cristo.
Dios
anhela esa íntima unión con el hombre y desde
la eternidad Dios lo creó para ese fin, para tener
esa íntima unión con El. Fuimos creados para
amar a Dios y para encontrar en El nuestra plenitud y
nuestro fin. Para alcanzar esa íntima
comunión, Jesús pide un abandono filial en la
Providencia del Padre Celestial que cuida de las más
pequeñas necesidades de sus hijos: "no andéis,
pues preocupados diciendo ¿qué vamos a comer?
¿Qué vamos a beber? ... Buscad primero su Reino
y su Justicia, y todas las cosas se os darán por
añadidura." (Mt 6,31-33).
La
fe nos ayuda a desprendernos de todo aquello que nos aleja
de cumplir la voluntad de Dios ya revelada a nosotros, y
dirige nuestro ser a buscar todo aquello que le da mayor
gloria a Dios, a confiar y esperar en El. La actitud
cristiana justa, consiste en entregarse con confianza en las
manos de la providencia divina aceptando como de sus manos
todo aquello que El nos envía para purificar nuestra
alma y acercarnos a El. Dios da a cada quien conforme lo que
el alma necesita y la va a llevar a la santidad. Pues su
voluntad es que todos sus hijos se salven. Como dice la
Escritura, "Todo coopera para el bien de los que aman a
Dios" (Rm 8,28).
Santa
Catalina de Siena: "a los que se escandalizan y se rebelan
por lo que les sucede: Todo procede del amor, todo esta
ordenado a la salvación del hombre, Dios no hace nada
que no sea con este fin."
[27]
Santo
Tomás Moro poco antes de su martirio, consuela a su
hija diciéndole: "Nada puede pasarme que Dios no
quiera. Y todo lo que EL quiere, por muy malo que nos
parezca, es en realidad lo mejor."
[28]
La
fe es la primera disposición del alma y el cimiento
de la vida sobrenatural, nos hace ver las cosas desde un
punto divino; torna el abandono mas fácil, pues solo
con una Fe viva y arraigada puede el alma elevarse a la vida
unitiva con Dios. "Nada sucede en nuestra vida por
movimientos al acaso, sabedlo bien todo cuanto acontece
contra nuestra voluntad no sucede sino en conformidad con la
voluntad de Dios, según su Providencia y el orden que
El tenía determinado, el consentimiento que El da y
las leyes que ha establecido"
[29]
Dios
al guiar a sus criaturas, no les manifiesta sus designios;
ellas van y vienen cada cual en su camino. El plan del
Señor es diferente para cada uno, pues todos tenemos
necesidades y grado de amor diferente, El utiliza el camino
perfecto para nuestra santificación, y esa debe ser
nuestra confianza, nada de lo que nos sucede esta fuera del
plan de Dios.
Nunca
debemos poner en duda el plan que Dios ha trazado para cada
uno. Creamos sin dudar en la infinita Sabiduría de
Dios, en su poder. Por numerosas y difíciles que sean
las pruebas hagamos siempre lo que la Providencia de Dios
desea, abandonémonos confiados en el plan que El ha
trazado para nosotros, pues lo único que haría
fracasar los designios por los cuales Dios desea
santificarnos serían nuestra falta de confianza y
nuestra falta de sumisión, pues El nunca
obrará en contra de nuestra voluntad.
III.
El amor de Dios , el amor de Jesús y el ejemplo de
Jesús
El
amor es el vínculo que une a la criatura con Dios y
con las demás criaturas, solo por medio del amor, de
sentirnos realmente amadas por Dios y el amarlo a El es que
nuestra alma logrará llegar al Santo abandono, pues
el que vive del amor, vivirá también del
abandono.
El
abandono es un continuo morir de nosotros mismos, por tanto
requiere de un amor ardiente a su voluntad. Sólo por
el amor logra el alma darse hasta el extremo, sin
división ni reservas. Dice Santa Teresa: "Tal es la
fuerza del amor cuando es perfecto; llega a olvidar toda
ventaja y todo placer personal para no pensar sino en
satisfacer a Aquel que nos ama."
San
Francisco de Sales:" Si es únicamente a mi Salvador a
quien amo, ¿Por qué no he de amar tanto el
Calvario como el Tabor, puesto que se
halla tan realmente en uno como en el otro?"
[30]
Toda
la vida de Jesús es una ofrenda al Padre. "Mi
alimento es hacer la voluntad del Padre"
[31]
en virtud de esta voluntad del Padre
cumplida a totalidad por Cristo, es que fuimos santificados.
Desde el primer instante de la Encarnación
Jesús acepta libremente el amor redentivo del Padre
llevándolo en su Corazón; amó a los
hombres hasta el extremo y nos hizo saber lo infinito de su
amor, al dar su vida por nosotros. "Nadie tiene mayor amor
que el que da la vida por sus amigos."
[32]
Tanto en su pasión como en su muerte, su humanidad se
hizo el instrumento libre y perfecto de
su amor divino que quiere la salvación de los
hombres.
Este
deseo de aceptar el designio del amor redentor del Padre
anima toda la vida de Jesús. "Servir y dar su vida en
rescate por muchos."
[33] "Después
que el Señor dijo de sí mismo: Yo no vine a
hacer mi voluntad, sino solamente la de mi Padre; es muy
peligroso hacer su propia voluntad, aun en las cosas
menores..." (San Basilio)
[34]
Para
lograr abandonarnos a la voluntad de Dios y despojarnos de
nuestra propia voluntad debemos aceptar con ánimo lo
que el Señor pide, y bajo este ánimo por
cumplir su voluntad encontrar la fuerza para serle fiel. Es
ver en la voluntad de Dios un designio mayor de lo que en
realidad para nosotros conlleva el llevarlo a cabo, Dios
utiliza nuestra docilidad en la aceptación de su plan
para sacar bienes mayores. Con esto no quiere decir que
muchas veces el abandonarnos en las manos del Señor
no será doloroso, pero al mismo tiempo lleno de gozo
porque estamos cumpliendo su voluntad y es lo único
que nos llevará a una mayor comunión con
El.
La
agonía de Jesús en el huerto nos presenta la
totalidad del abandono de Jesús y su completa
comunión con la voluntad del Padre. "Padre
mío, si es posible, que pase de mi este
cáliz...pero no se haga mi voluntad, sino la Tuya."
[35] Cristo
no hubiera podido realizar el plan de salvación sino
hubiera unido su voluntad a la del Padre.
Todo
lo que vivió Cristo hace que podamos vivirlo en El y
que El lo viva en nosotros. Debemos continuar y cumplir en
nosotros los estados y misterios de Jesús, y pedirle
con frecuencia que los realice y los lleve a la plenitud en
nosotros y en toda la Iglesia. Cristo es nuestro ejemplo a
seguir, y la plenitud a la que el Padre nos quiere llevar,
pero para esto debemos abandonar nuestra voluntad y
abrazarla a la de El para que adquiramos esta
comunión a la que todo ser humano esta llamado a
tener con Dios. Es pura misericordia de Dios el querer
unirnos a El y el hacernos partícipes de su
plan.
La
docilidad de corazón y la completa apertura a su plan
es lo que hace que florezca esa intimidad con Dios. Es como
si nosotros deseáramos ayudar a una persona en algo,
pero cada vez que esa persona nos pide algo nosotros
deseemos imponer nuestra voluntad y la manera en como debe
ser realizado, sin dejar que las cosas se realicen como ya
ella lo tenía estipulado. Lógicamente que
hará mas difícil el poderlo realizar, que si
con una actitud sumisa nos sometemos simplemente a ayudar a
la persona cumpliendo lo que ella desee, entrando en
comunión con su plan.
El
completo abandono de Jesús a la voluntad del Padre es
lo que nos hace a nosotros partícipes de la
salvación. Cristo por el mismo amor que lo
movía a entregarlo todo, todo lo hizo perfectamente y
sin queja alguna, sino siempre viendo lo que mayor fruto
podía producir en las almas y lo que mayor gloria
daba al Padre. "Cristo reservó algunas gotas de su
preciosa sangre para derramarla después de haber
entregado su Espíritu, y manifestar así que su
amor era mas fuerte que la muerte. Salió agua y
sangre de su costado; Sangre: precio de la redención
y símbolo de la Eucaristía; Agua:
símbolo de regeneración y Bautismo."
[36]
¿Que
hubiera sido de nosotros si Jesús se hubiera
resistido a cumplir el plan de Dios? ¿Que hubiera sido
de nosotros si El en medio de su sufrimiento se hubiera
reservado el dolor que iba a padecer en la Eucaristía
al verse de igual manera que en su Pasión,
despreciado, olvidado e incluso ultrajado? OH Jesús
que prueba de amor tan grande encierra el traspaso de tu
Sagrado Corazón, que abismo de misericordia, que
prueba de abandono a la voluntad del Padre. Es en el
traspaso de tu Corazón donde esta la fuente infinita
de tu amor en donde nos demuestras que para llegar a amar
hay que dar hasta la última gota, no reservarse nada
para si.
Cristo
padeció por nosotros, no solo su pasión, sino
que después de muerto sigue padeciendo por toda
nuestra frialdad e indiferencia. Al conocer esto es que
debemos determinarnos a amarlo, Jesús anhela nuestro
amor y nuestro abandono en El. Esta sediento de nuestro
amor, de que lo amemos sin medida para saciar su sed y para
que nosotros logremos unirnos a El de una manera
íntima. Jesús desea nuestro corazón
libre de todo lo que lo separe de El.
Por eso como dice San Alfonso: "Cuando
un corazón está lleno de tierra, el amor de
Dios no encuentra lugar; y cuanto más permanezca
pegado a la tierra, menos reinará en él el
amor divino, porque Jesucristo quiere poseer todo nuestro
corazón y no toleraría ningún rival. En
fin, el amor de Dios es un amable ladrón que nos
despoja de todas las cosas terrenas."
[37]
Uno
de los pasajes que narra explícitamente la sed que el
Señor tiene de nuestro amor es el pasaje de la
Samaritana donde El le pide de beber(Jn 4,7). El
Corazón del Señor palpita en estos tiempos
diciéndonos tengo sed de tu amor, pon tu confianza en
Mi que soy la fuente de agua viva.
El
abandono en las manos del Señor, nos llevará a
dejarlo todo por alcanzar esta íntima
participación de amor con El, y el buscar con anhelo
el padecer por saciar su sed. Todo hombre que se abre al
amor, debe abrirse al sufrimiento no hay otro camino pues es
el marcado por nuestro Maestro que nos llama
diciéndonos: "quien quiera venir en pos de mi,
niéguese a si mismo, cargue su Cruz y
sígame."
Jesús
nos dice que todo aquel que quiera seguirle debe cargar su
Cruz, pero esta cruz tiene una particularidad, no la
elegimos nosotros, es Dios mismo quien la elige y nos la
diseña según nuestra capacidad y según
hayamos crecido en nuestro abandono en El, no es sólo
cargar la cruz, sino también el negarnos nuestros
deseos, nuestros proyectos, y anteponer ante todo esto el
plan que Dios tiene para cada uno aceptándolo con
amor y deseándolo igual que El.
No
podemos crecer en amor a El si no aceptamos nuestras cruces,
si no nos abandonamos, y no nos abrimos a amarla. Dios nos
prueba pero al mismo tiempo nos da la fuerza para sobre
llevarla. Dios no desea otro camino para nuestra
santificación que el de padecer y sufrir, pero el
amor dulcifica el padecimiento y hasta lo busca y lo desea.
La voluntad de Dios es que en nuestra vida seamos otro
Cristo para eso vino El al mundo, para Redimirlo y para que
el hombre tuviera como una guía de la perfecta
entrega. Por medio de la Divinidad de Cristo es por donde
nuestra alma puede penetrar en los grandes misterios de Dios
ya que El siendo Cabeza comunica la vida a nosotros que
somos el cuerpo. Debemos seguir su ejemplo en todo, aprender
a vivir como el vivió y desear esa unidad de
espíritu que El tuvo con el Padre durante su vida
aquí en la tierra y tiene ahora en el cielo,
cumpliendo la voluntad del Padre, quedándose como
alimento vivo en la Eucaristía donde muchas veces no
apreciamos su presencia. Es este el abandono que El nos pide
el que el vivió por nuestra redención y El que
aún vive a expensas del hombre en la
Eucaristía. Donde nos muestra el abandono total por
amor, y el deseo de redimir y de atraer mayor cantidad de
almas hacia sí.
Podemos
notar también aquí el ejemplo del silencio en
el abandono, Jesús durante su pasión no dijo
ni una sola palabra que pusiera en evidencia lo que El
padecía, no buscó nunca su defensa, su deseo
era cumplir la voluntad del Padre. En la Eucaristía
vemos como El en medio del silencio de su dolor por la
humanidad enriquece nuestras almas y nos transmite ese amor
que nos tiene.
Viendo
el amor que Dios nos tiene, el que nos tiene Jesús y
el ejemplo que El nos da debemos abrir nuestro
corazón para aceptar todo lo que El nos mande pues es
la manera como nos unimos a El y que su voluntad se puede
cumplir en nosotros, el amor es la llave que hace que
depositemos nuestra confianza en su plan y el único
medio para alcanzar una unión íntima con
El.
"Un
día Nuestro Señor muestra a Santa Gema Galgani
sus cinco llagas abiertas, y le dice: Mira, hija mía,
y aprende a amar. ¿Ves esta cruz, estas espinas y estos
clavos, estas carnes lívidas y estas heridas y
llagas? Todo es obra del amor y de un amor infinito. Hasta
este punto te he amado. ¿Quieres tú amarme de
verdad? Aprende ante todo a sufrir; es el sufrimiento quien
enseña a amar."
[38]
Así
como en Cristo la obediencia y abandono en el Padre
están fundamentados en el amor, así nuestro
abandono y obediencia en su plan deben estar fundamentados
en el amor a Cristo. Llegar a tal punto de amor que nos una
de una manera que todo lo que El pasó lo deseemos
pasar también nosotros.
El
ejemplo de Cristo es el mayor libro que tenemos para
aprender a despojarnos de nosotros mismos para acatar la
voluntad de Dios al extremo y de hacerla a la
perfección.
Aspectos
que nos ayudan a crecer en abandono y una mayor unión
con Dios
I.
La cruz y el sufrimiento
El
sufrimiento, en efecto, es siempre una prueba a la que es
sometida toda la humanidad... Quienes participan en los
sufrimientos de Cristo tienen ante los ojos el misterio
pascual de la cruz y de la resurrección....
[39]
Que
extraña ilusión sufrimos: no queremos
sacrificarnos porque nos parece que, si hacemos esos
sacrificios perdemos nuestra felicidad; y sin embargo sucede
todo lo contrario; sacrificándonos para alcanzar el
amor de Dios, encontraremos la única felicidad.
[40]
El
sacrificio es una de las formas como podemos consolar a
Nuestro Señor participando de sus dolores internos,
cosa propia del espíritu de Cruz. Una vez que el alma
a crecido en este santo abandono permanece
íntimamente unida a todo lo que desea, sufre y anhela
el Corazón de Jesús y se hace fiel reparador
de sus sufrimientos internos.
No
podremos consolarlo a plenitud si nuestra voluntad no es
dócil a todo lo que El nos pide, pues una vez
despegados de nuestros deseos nuestras facultades
estarán al servicio de Su Corazón. Por tanto
la mayor prueba de nuestro perfecto abandono son los
momentos de Cruz. Podemos decir con esto que:
-
La
Cruz purifica, es el primer nivel de los efectos que hace
la cruz en el alma que la abraza con
paciencia.
-
La
cruz ilumina, a fuerza de cruces es como nuestro
espíritu llega a iluminarse.
-
La
cruz une solo en la Cruz es donde realmente encontramos a
Cristo. Este camino de unión es duro, sembrado de
espinas, pero es por ahí donde el alma llega al
palacio del gran Rey.
-
La
cruz transforma, después de la unión con
Dios el alma debe poco a poco semejarse a Cristo. El
dolor transforma, y al participar de los dolores de El
nos vamos asemejando más y más a El. Pues
como hemos dicho antes el dolor unido al de Cristo redime
y el alma que participa ofreciéndole al
Señor todos sus malestares por el bien de otros,
actúa en similitud a Cristo, coopera con el
misterio de la Redención. Participando de los
dolores internos de Su Corazón.
Siempre
debemos tener presente durante nuestros momentos
difíciles que no estamos solos que todo lo que
sufrimos lo sufrimos en unión con Cristo. El sufre
junto con nosotros. Jesús lleva en su corazón
todos los dolores del mundo junto con todos los pecados de
los hombres. El dolor del Corazón de Jesús es
infinito pero más infinito es su amor. Al analizar
esto nuestra alma debe disponerse a desear ayudarle a
aliviar, mitigar el dolor que El padece y ver en El un
ejemplo para sufrir y padecer por la humanidad.
El
dolor une, y el ver el sufrimiento de otro conmueve el alma
y la lleva a brindarse en ayuda, auxilio de los
demás. Que más cuando tomamos conciencia de lo
que este Corazón, infinito en amor, pero lleno
también de dolor nos pide que le ayudemos a mitigar
su dolor. El alma abandonada en la Voluntad de Dios no solo
acepta lo que El mande, sino que ella misma desea y busca
sufrir por amor a El. Y se hace tan perceptivo ese amor y
unión que la lleva a conocer por qué sufre el
Señor. Aprende a escuchar los latidos del dolor
interno de Su Corazón.
La
cruz es el momento donde probamos que tan desprendida
está nuestra voluntad de nuestros deseos y proyectos,
y al mismo tiempo es el momento para unirnos mas y mas a su
Voluntad. "Seamos hostias de alabanza a la Santísima
Trinidad, ¿Cómo? Cumpliendo en cada instante la
voluntad de Dios"
[41]
II.
La oración
San
Juan Damasceno:"La oración es la elevación del
alma a Dios" [42]
Esta elevación es una expresión de nuestra
adoración a Dios, donde le reconocemos como Supremo
Rey y es una condición indispensable para poder
obedecer los mandamientos de Dios. Es preciso orar sin
desfallecer. (Lucas 18,11)
La
oración es una relación de alianza entre Dios
y el hombre en Cristo, brota del Espíritu Santo y de
nosotros. La vida de oración se caracteriza por que
el alma esta habitualmente en la presencia de Dios y en
comunión con El. La oración es regalo de Dios,
pues es iniciativa de El y respuesta del hombre.
Una
ves decidido el corazón a convertirse, aprende a orar
en la fe, buscándolo en el silencio de su
corazón, escuchándole y obedeciéndole.
Por medio de la oración es que el Señor nos va
enriqueciendo con su Sabiduría y va uniendo el alma
hacia El.
Por
medio de la oración podemos descubrir cual es la
voluntad de Dios y obtener constancia para cumplirla, como
nos enseña Jesús durante toda su vida se
mantuvo en oración, siempre se retiraba a orar lo
podemos leer en muchos de los pasajes de la Escritura. Por
la oración es donde escuchamos la voluntad del Padre
y dispone el alma a cumplirla.
Obra
de las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús
y María
http://www.corazones.org
[1]
El Santo abandono, Lehodey, pág. 508-509.
VOLVER
[2]
Royo Marín Teo. De la Perfección Cristiana.
pág. 768 VOLVER
[3]
Sentencias de los Santos Padres tomo I pág.78
VOLVER
[4]
Teo. De la Perfección Cristiana Royo Marín
pág. 771 VOLVER
[5]
Teo. De la Perfección Cristiana Royo Marín
pág. 771 VOLVER
[6]
Santa Teresa del Niño Jesús Historia de un
Alma, pág. 15 cap. I
VOLVER
[7]
Royo Marín Teo. de la Perfección Cristiana.
pág 771 VOLVER
[8]
Compendio de la Teología Ascética y
Mística Ad. Tanquerey pág. 260
VOLVER
[9]
Compendio de la Teología Ascética y
Mística Ad. Tanquerey pág. 263
VOLVER
[10]
Compendio de la Teología Ascética y
Mística Ad. Tanquerey pág. 267
VOLVER
[11]
Sentencias de los Santos Padres tomo I pág.10
VOLVER
[12]
Sentencias de los Santos Padres tomo I pág.31
VOLVER
[13]
Sentencias de los Santos Padres tomo I pág.30
VOLVER
[14]
El Santo abandono, Lehodey, pág 533
VOLVER
[15]
El Santo abandono, Lehodey, pág 544
VOLVER
[16]
Teología de la Salvación, Royo Marín.
pág. 267 VOLVER
[17]
Ejercicio de perfección y virtudes Cristianas P.
Alfonso Rodríguez pág. 503.
VOLVER
[18]
Sentencias de los Santos Padres tomo I pág.30
VOLVER
[19]
Concilio Vaticano I
VOLVER
[20]
Concilio Vaticano II, Const. Dogm. Dei Verbum, núm.
5. VOLVER
[21]
Juan Pablo II, Redemptoris Mater, 14.
VOLVER
[22]
Juan Pablo II, Redemptoris Mater, 14.
VOLVER
[23]
Juan Pablo II, Redemptoris Mater, 14.
VOLVER
[24]
Así Pensaba Santa Teresa de los Andes pág.
61-142 VOLVER
[25]
Catecismo de la Iglesia Católica 153
VOLVER
[26]
Sentencias de los Santos Padres tomo I pág.32
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[27]
Santa Catalina de Siena, Dialoghi, 4,138
VOLVER
[28]
Santo Tomás Moro, Carta de prisión; cf.
Liturgia de las Horas, III, Oficio de lectura 22 junio.
VOLVER
[29]
San Agustín, Enarr. In . Psalmis, 148, 12.
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[30]
Lehodey, El Santo Abandono, pág. 138
VOLVER
[31]
Jn 6,38 VOLVER
[32]
Jn15,13 VOLVER
[33]
Mc 10,45 VOLVER
[34]
Sentencias de los Santos Padres tomo I pág.76
VOLVER
[35]
Mt 26,39 VOLVER
[36]
Fulton Sheen Vida de Cristo, Pág. 441
VOLVER
[37]
El Santo Abandono, Lehodey, pág. 506
VOLVER
[38]
El Santo Abandono, Lehodey. Pág 149.
VOLVER
[39]
Salvifici Doloris 23 Juan Pablo II
VOLVER
[40]
Vida interior del Corazón de Jesús pág.
228 VOLVER
[41]
Así pensaba Teresa de los Andes pág. 57
VOLVER
[42]
Teo. de la perfección Cristiana pág. 627 Royo
Marín. VOLVER
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