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Jaume Boada i
Rafí O.P. - Por el camino del
silencio
(�ndice)
Dios tiene un plan de
amor para ti
Teresa de Jesús, en su
conocida poesía Vivo
sin vivir en mí,
nos da una hermosa, sencilla y profunda definición de
la vida contemplativa. Ella dice:
"Porque
vivo en el amor que me quiso para
sí". Y en otra
poesía titulada En
las manos de Dios
dice:
"Pues
por vuestra me ofrecí, ¿qué
mandáis hacer de mí?. Decid, dulce amor,
decid, ¿qué queréis hacer de
mí?".
Hermano, eres de Dios, porque
él te ha llamado. Te has abandonado en sus manos de
Padre. Sientes tu pobreza, tus limitaciones. No dejas de ser
consciente de tus pecados. Pues bien: en medio de esta
pobreza puedes pensar que vives en el amor que te quiso para
sí, o que deseas vivir en el amor que te quiso para
sí. Porque Dios tiene un Plan de Amor para
ti.
Muy pronto, al comenzar mi
interés por el camino de la oración,
descubrí la realidad del Plan de Amor del Padre. No
me atrevía a hablar de él. Me parecía
algo tan profundo y tan difícil de expresar en
palabras que no podía ni escribir, ni decir nada del
Plan de Amor del Padre.
Pero el Señor me lo
hizo conocer poco a poco, a medida que iba entrando en el
camino interior de las almas, consagradas o no.
Dios tiene un plan de Amor
para ti.
¿Qué
es el Plan de Amor?
Voy a intentar responder con
unas palabras sencillas y, créeme, unas palabras
pobres. Siempre quedarán lejos de poder definir y de
poder explicar en su plenitud la realidad del Plan de Amor
del Padre.
Pues bien, el Plan de Amor es
una fuerza interior que invita, atrae y arrastra. Empiezas a
sentir que el Señor te invita a un camino interior.
Después, sientes una fuerte atracción a
realizar la voluntad del Padre, hasta que llega un momento
en que no puedes decir que no. Dices un SÍ
incondicional.
El Plan de Amor es un sello
que marca nuestra vida. Se vive con la convicción de
que solamente respondiendo a este don podrás ser
plenamente fiel y feliz.
El Plan de Amor es una manera
de ser y de entender la vida en Dios. Una sensibilidad
espiritual especial que percibes que es de Dios, que va
definiendo tu vida y orientando las opciones interiores
concretas que la conforman.
El Plan de Amor es un camino
interior que vas haciendo en Dios, hasta que descubres que
es el Señor quien lo hace en ti.
Ya que eres consagrado te
diré que, más que la vocación, el Plan
de Amor es el alma que da sentido a tu
vocación.
Es un Plan de Amor, sí,
concreto, personal, radical que Dios Padre ha pensado, con
amor, perdona la reiteración, lo ha pensado con amor
para ti.
¿Cómo
se manifiesta el Plan de Amor?
Pienso que empieza a
manifestarse como un deseo interior, una sed del alma que te
hace percibir que Dios quiere algo concreto de ti. Se
manifiesta también como una inquietud por buscar: yo,
penosa y calladamente, busco y descubro que es Dios quien me
está buscando a mí, que es Dios quien, con
amor, sembró en mi corazón el deseo de buscar,
de buscarle solo a Él.
A veces, el Plan de Amor se
manifiesta como una luz: veo claro lo que Dios quiere de
mí. Pero en otras ocasiones es, ciertamente, una
noche. Y entonces preguntas, necesitas preguntar:
¿Señor, qué quieres de mí?
¿Porqué no me lo dices con claridad?
¿Dónde estoy? ¿Porqué, Señor,
esto en mi vida? ¿Porqué sembraste este deseo en
mi alma?
Y antes de recibir una
respuesta, te darás cuenta de que no hay luz sin una
entrega previa en la más absoluta
oscuridad.
Se manifiesta también
como algo interior, a veces inexpresable, casi siempre
indecible. Es un misterio de amor en Dios que todos tenemos
y que, en la vida de fraternidad, hemos de
respetar.
Se manifiesta como un camino
de amor en el que experimentas, de verdad, que Dios te ama y
que Dios te ama en la alegría, pero que
también te ama en la cruz: cuando sufres te sientes,
te sabes amado por Dios.
Dios te ama, sí, y
quiere de ti una respuesta concreta de amor.
Finalmente, te diré que
se manifiesta como un don especial del amor de Dios en
ti.
En todo caso, puedes percibir
que estás respondiendo, que ya estás en el
Plan de Amor del Padre cuando tienes paz de alma y un fuerte
deseo de ser fiel: la paz de alma, la fidelidad son signos
que manifiestan claramente que tu vida está en la
onda del Plan de Amor del Padre.
¿Cuál
es el objetivo del Plan de Amor?
Creo que el objetivo del Plan
de Amor es único y múltiple a la
vez.
La unidad proviene de la
inserción en Cristo, en su misterio salvador, en su
amor por los hombres, en su deseo de hacer cercana y visible
la verdad del amor del Padre. Yo veo resumida esta realidad
en las palabras que ya te cité del Apóstol
Pablo a los Gálatas:
"Estoy
crucificado con Cristo. Vivo yo, más no soy yo. Es
Cristo quien vive en mí".
La unidad, pues, viene de este objetivo, es común
para todos: la inserción en el misterio de Cristo, la
cristificación de cada una de nuestras
vidas.
La diversidad está en
los diferentes caminos y senderos que Dios tiene designados
para cada uno de nosotros, hasta poder llegar a este
objetivo, centro único y radical de toda vida
cristiana y, por lo tanto, de la vida consagrada.
Precisamente, los consagrados
tenemos en la Iglesia un camino muy concreto: el seguimiento
radical y significativo del Señor Jesús. Y
cada Institución de vida consagrada, de acuerdo con
su carisma propio, asume unas connotaciones peculiares.
Dentro de cada familia diremos que cada comunidad debe
buscar su camino concreto hasta poder llegar al camino
personal, único e irrepetible que Dios ha pensado,
con amor, para ti, para mí, para cada uno de nuestros
hermanos.
En este contexto cristiano y
eclesial, el Plan de Amor del Padre queda insertado en el
misterio salvador de Cristo en la Iglesia. Diré
más: es un peldaño necesario -Dios lo dispuso
así- de la Historia de la
Salvación.
Todo ello me hace pensar en la
gran responsabilidad que supone para ti, para mí,
para todos, la fidelidad al Plan de Amor personal que el
Padre pensó para nosotros.
El Apóstol Pablo era
muy consciente de ello y, en una ocasión, dijo:
"Suplo
en mi cuerpo lo que falta a la pasión de
Cristo".
Nuestra fidelidad al
Señor no es cosa nuestra, como si fuera algo
exclusivamente personal que sólo nos compete a cada
uno de nosotros. La fidelidad, nuestra fidelidad, entra a
formar parte del conjunto del Plan Salvador de Dios Padre en
Cristo Jesús.
¿Te das cuenta de la
importancia y de la responsabilidad que tienes a la hora de
conocer y responder al Plan de Amor del Padre?
¿Qué
exigencias comporta?
Yo las resumiría en
estas pocas palabras.
La primera exigencia,
la
cruz. Para Cristo fue
un elemento esencial y el discípulo no es mayor que
el Maestro. María, la Virgen María, Madre del
Silencio, Madre de la Oración, en su fidelidad al
Plan de Amor del Padre vivió fuertes momentos de
cruz. Pablo llega a declarar con fuerza y entusiasmo:
"Lejos
de mí el gloriarme de otra cosa que no sea la Cruz de
Cristo. En Él está la salvación, la
vida, la resurrección. Él nos ha salvado y nos
ha liberado".
La fidelidad al Plan de Amor
se manifestará, se manifiesta siempre -créeme,
es así-, con la presencia de la cruz en la vida: la
presencia de la cruz en el cuerpo o en el alma.
Una segunda exigencia:
la
disponibilidad de vida.
Cuando, entre los consagrados hablamos de disponibilidad,
pensamos muchas veces en la obediencia, esto es, la
disponibilidad para hacer, para ir, para volver, para
obedecer, en una palabra.
El Plan de Amor exige una
disponibilidad radical en la vida, una vida disponible,
plenamente abierta a la voz, a la voluntad de Dios,
plenamente libre para responder al viento del
Espíritu Santo.
Una tercera exigencia:
la
fidelidad. Es una
exigencia fundamental. Se te pide, se nos pide, una
fidelidad total, que se manifestará en las grandes
opciones de la vida y en las pequeñas cosas que la
conforman. A mi entender se trata de una fidelidad sencilla,
fidelidad delicada, fidelidad profunda, fidelidad alegre. Es
importante que sea una fidelidad alegre, pues en la
fidelidad está nuestra felicidad.
Una nueva exigencia:
la
entrega. Es la
oblación total de tu vida al Padre en Cristo
Jesús. Una oblación que, en algunos casos,
Dios hace ver que quiere que sea un ofrecimiento victimal.
Pero en todo caso, esta oblación te lleva a no
anteponer nada al amor de Cristo, como manda San Benito en
su Regla monástica.
Otra exigencia:
la
pobreza, la pobreza de
alma, de la que te hablé. En palabras de los
místicos, sin embargo, la pobreza como exigencia del
Plan de Amor del Padre es el abismo de la pobreza, o el
despojo, que es una obra de Dios en nosotros. Es una pobreza
que tú no puedes conseguir con tus propios medios por
mucho interés que tengas en desposeerte de todo o en
desposeerte de ti mismo. Es el abismo de la pobreza, es la
pobreza obra de Dios en ti cuando te despoja de todos y de
todo.
Y, finalmente, como exigencia,
repito e insisto: el
abandono. El Plan de
Amor del Padre te exige que vivas el abandono con amor, pero
que lo vivas con gozo y con confianza porque sabes que
Él te ama.
Por ello, pones con
ilusión todas tus cosas, tus deseos, tus esperanzas,
tus proyectos, la cruz y el gozo de tu vida de cada
día, en una palabra todo, absolutamente todo, lo
pones en las manos del Padre porque sabes que así
está, estás tú mismo, en las mejores
manos.
¿Qué
actitudes comporta?
La actitud radical del Plan de
Amor del Padre pide que vivas el silencio y la escucha. No
el silencio exterior ni el silencio-acto, sino la actitud de
silencio y la actitud de escucha desde una vida de
oración y de encuentro contemplativo con el
Señor. Cada uno de nosotros tendrá que
intentar descubrir cuál es la voluntad de Dios
concreta sobre su vida.
Piensa, ahora que estás
haciendo este camino del silencio, cuál es la
voluntad de Dios concreta para ti, qué es lo que
espera el Señor de ti. Tendrás que hacer, que
suplicar, con el profeta:
"Habla,
Señor, que tu siervo escucha".
La actitud básica
será la búsqueda llena de esperanza, pero
también con una pacífica inquietud; sí,
es importante que vivas en una actitud de deseo de
responder, pero ha de ser una inquietud con paz. No tengas
prisa, pero tampoco te detengas en el camino.
Ten en cuenta también
que toda búsqueda comporta, al mismo tiempo, una
aceptación, por adelantado y sin condiciones, del
Plan de Amor del Padre, de lo que Dios quiera para ti: antes
de entrar en este camino del Plan de Amor del Padre has de
estar dispuesto a asumir y aceptar por adelantado todo lo
que Dios te pueda pedir o todo lo que Dios te vaya a pedir,
porque sabes bien que pide, pide como un mendigo, como dice
San Agustín, pero pide.
La actitud que comporta el
Plan de Amor del Padre también es la actitud de
disponibilidad, pero la disponibilidad de vivir el Plan de
Amor del Padre hasta las últimas consecuencias. Pero
piensa que esto no es posible sin una actitud orante en la
vida. El que quiera ser fiel al Plan de Amor del Padre no
puede contentarse con hacer oración: ha de ir
viviendo la vida en una actitud orante, contemplativa. Se
tendría que poder decir de él que es un
orante, un contemplativo. Todo consagrado, por su
vocación, yo diría como una exigencia de su
virginidad, ha de ser orante, ha de ser
contemplativo.
El Plan de Amor de Dios para
nosotros presupone una vida de constante comunión con
Él, un vivirlo todo en Dios y, al mismo tiempo, este
Plan de Amor, pasa a ser el elemento esencial del encuentro,
del diálogo, de la comunión y de la vida en
Dios. Y por esto podrás comprender la gran verdad de
las palabras de Teresa de Jesús:
Porque
vivo en el amor que me quiso para
sí.
Pienso que Dios Padre te
manifestará el Plan de Amor del Padre cuando
encuentre en tu vida un corazón sencillo y amante, un
corazón pobre y disponible.
En todo caso quiero recordarte
que ni el Plan de Amor, ni el poderlo conocer, ni el
intentarlo vivir puede ser obra nuestra. Es siempre un don
de la gracia del Padre en Cristo Jesús.
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