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Jaume Boada i
Rafí O.P. - Constantes en la oraci�n
(�ndice)
Diez
criterios para discernir cómo está tu nivel de
silencio interior
PRIMERO:
Observa si queda algo por
perdonar en ti, o en tu vida. En tu pasado más remoto
o más cercano. Mira si hay algún recuerdo que
perturba tu alma. No puedes olvidar que la búsqueda
del lugar del propio corazón, tu unificación
interior, y el hecho de tener que ser "anuncio
evangelizador" en tu
vida, exigen una plena paz de alma. Y te animan a buscar el
lugar del corazón, para establecer en él un
ámbito de comunión y de encuentro.
Para poder hacer este camino
hacia el corazón, has de vivir en una pureza total de
la memoria, del pensamiento y de la imaginación, y
acoger en ti la presencia vitalizadora de Cristo.
Has de ser capaz de amar y de
dejarte amar. Vivirás en la transparencia total para
poder ser "luz". No pretendas iluminar. Que tu primer
objetivo sea vivir en la iluminación
interior.
SEGUNDO:
Observa si en tu vida
puedes decir que has hecho de manera tan eficaz, que se
pueda notar, el don
absoluto de tu amor total
a Dios y a los hermanos. Mira si en tu manera de vivir se ve
que para ti "nada
vale la pena en comparación con el supremo bien de
conocer a Jesucristo, mi Señor"
(Fil 3,8). El resucitado vive en ti y quiere establecerse en
tu interior.
Busca "ese" lugar interior en
el que Él vive: es el corazón centro de todo
lo que vives y sientes. Haz el camino con paz, sin prisas...
sin nerviosismos, ni precipitaciones. Date el tiempo
necesario para llegar. De momento busca el silencio. Te
bastará "estar" serenamente contigo mismo.
TERCERO:
Observa si te desestabilizan interiormente, o
anímicamente, tus limitaciones y pobrezas, o las de
tus hermanos..., o por el contrario si vives en la paz de
reconocerlas sinceramente para superarlas
aceptándolas. ¿Te dejas llevar fácilmente
por los "nervios"?...
Recuerda: Cristo que vive en
ti siempre te dice:
¡Ten paz, no tengas miedo...!.
Pero tú mismo has de vivir en esta paz... que siempre
supone la ausencia del temor y de la duda. Porque te has
abandonado en confianza.
CUARTO:
Observa si alguna vez, o muchas veces, comienzas el
día cansado o sin ilusión de servir y de
entregarte.
Mira si lo que predomina en ti
es el cansancio o la ilusión, la consideración
de las cosas que te cuestan o el ánimo con el que te
enfrentas a las cosas que podrías hacer, porque
forman parte de tu compromiso con la vida.
¿Te sientes feliz y en
paz en tu camino?... ¿Eres feliz? La felicidad que nace
en el hondón de tu alma será una señal
evidente de que vives en la iluminación interior.
Verás que siempre es una felicidad llena de paz,
alejada de los "fuegos de artificio" volátiles y
pasajeros.
QUINTO:
Observa si Él ocupa o no, siempre, directa o
indirectamente, tu pensamiento, tu corazón y tu
vida.
Pregúntate si esta
consciencia de Él en ti, es un estímulo para
tu vida. Observa si predominan en ti los criterios que
vienen de la fe en Jesús que habla claramente en su
Evangelio.
Observa si los hermanos
están realmente en el horizonte de tu vida.
Pregúntate si tu opción por Jesús es
manifestación de esta fe intensa en Él, al que
anuncias. Piensa que el Cristo que anuncias es ¡el
Señor que vive! Y vivirá en ti, cuando lo
acojas en lo más profundo del propio
corazón... cuando percibas que Él es el "todo"
en tu alma y en tu vida.
SEXTO:
Observa si pierdes fácilmente la paz porque no te
vives unificado interiormente y vives distraído o
disperso. Pregúntate qué es lo que te altera
con más facilidad. ¿Actualmente hay
algo
que te intranquiliza? ¿Estás en paz contigo
mismo? ¿Él vive en ti...?. Es verdaderamente el
centro
que da sentido a todo?...
SÉPTIMO:
Observa si vives o no a Jesús como la opción
esencial de tu vida que te ayuda a vivir en la
unificación y en la armonía
interior.
Pregúntate si la
presencia del Señor en ti es vivida
con
claridad, alegría y fuerza.
O aceptas, de hecho, un planteamiento de vida conformista y
adormecedor que no te ayuda a crecer, ni a darte siempre y
más radicalmente al Señor y al hermano. Nunca
olvides que el Señor Resucitado siempre camina entre
los hermanos.
OCTAVO:
Observa si caes en la tentación de aceptar vivir y
caminar solo, "a tu aire", o te arreglas tú la vida
por tu propia cuenta, prescindiendo de la comunidad de los
hermanos, y de tu deber de ser testigo del Señor en
la Iglesia y en el mundo.
Observa si, por el contrario,
asumes con responsabilidad el compromiso de reconocer tu
papel en la vida y lo que la comunidad puede esperar de
ti.
Ten en cuenta los dones que
Dios ha puesto en tus manos. ¿Ofreces el don de ti
mismo a los demás y te entregas a ellos como signo de
que quieres darlo todo y darte del todo?...
NOVENO:
Observa si te conformas tranquilamente con la actitud de no
esperar contra toda esperanza ..., o por el contrario eres
capaz de vivir y comunicar tu amor radical por el
Señor y la alegría de tener la vida en tus
manos para ser capaz de darla con esperanza
renovada.
¿Eres optimista o
pesimista?.
DÉCIMO:
Observa si consciente o inconscientemente salen de tu boca
expresiones como éstas: "Yo
ya no"... "Conmigo que ya no cuenten" .... "Yo ya estoy bien
así?"... "A mí ya nadie me cambia"... "Ya
nunca jamás volveré a ceder"... "Ya estoy
harto de..."!
Observa si se dan en ti
actitudes cerradas, intolerantes, de juicio negativo
precipitado. Observa, sobre todo, si te dejas llevar por la
negatividad. Piensa en esta revisión de tu vida que
Dios es siempre positivo: «no
apaga la mecha que aún humea ni rompe la caña
agrietada».
¡Ora, y reconoce la
verdad ante Dios!
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