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Jaume Boada i
Rafí O.P. - Constantes en la oraci�n
(�ndice)
Ternura
y compromiso
El
amor fuerte como la muerte
Seguimiento
de Cristo en el corazón del Evangelio
El encuentro con el lugar del
propio corazón ha de ser para ti un objetivo, pero
reconocerás que no es el final del camino. En la
senda que has seguido para llegar a tu propio interior has
podido experimentar a Jesús vivo y presente en ti.
Has descubierto que tu "casa interior" es la morada
de la Trinidad. El encuentro con tu vida "de dentro"
te ha permitido descubrir un manantial de vida dentro
de ti mismo que te conducirá al amor y a la entrega,
en la fraternidad y en el compromiso, en la oración
incesante del corazón y en la comunión
solidaria con los hermanos.
Es "tu casa" en la que
tú te revives y te renuevas. Es la "casa
interior" en la que puedes renacer. En ella encuentras
la armonía y la unificación interior que son
imprescindibles para poder vivir y crecer, para poder ser
tú mismo y poderte dar, para vivir en la autoestima y
en la comunión con todos. En ésta "tu casa
de dentro" has de encontrar un manantial de amor, hasta
que llegas a reconocer que sólo es verdad en ti lo
que realmente nace de dentro.
El encuentro con tu propio
corazón te ha invitado a un cambio de mentalidad que
podrías resumir en estas palabras: no es
más feliz el que más tiene, sino el que tiene
más capacidad de dar...
María te ha invitado a
vivir en la ternura. Necesitas la experiencia de la ternura
cuando la vida se te manifiesta con el rostro árido
del desierto, o cuando vives la oración en el
silencio de un Dios al que no ves, ni sientes..., ni
siquiera intuyes. Sólo te queda una inmensa nostalgia
de Él.
Es la ternura que necesitas
cuando el entorno en el que te mueves tiene la dureza de la
piedra o la oscuridad de la noche. Viviendo en esta
situación, desde la ternura, experimentarás
que es verdad aquello que dice Juan de la Cruz: "Donde no
hay amor, pon amor, y nacerá amor".
* * * * * * * * * * * *
Pero todo esto se ha de
manifestar en un compromiso de vida sincero, total y
radical, con el que te propones seguir a Jesús hasta
el final. Y esto supone en ti un auténtico cambio de
mentalidad y de vida: una transformación del
corazón.
Puedes reconocer que el
"corazón" del Evangelio está en el
Sermón del Monte, su alma en las bienaventuranzas...,
pero todo deriva en un planteamiento de vida que te
llevará al seguimiento de Jesús en
manifestaciones bien concretas. Asúmelas.
Guárdalas en tu corazón. Hazlas vida de tu
vida. Verás que en ellas podrás encontrar una
manera de seguir a Jesús "desde dentro", y te
exigirá una tan humilde como sincera
conversión de vida.
Dice Jesús en el
Sermón del Monte:
"... pero yo os
digo: No devolváis a nadie mal por mal. Si alguien
te da en la mejilla derecha, ofrécele
también la otra. Al que quiera ponerte un pleito
para que le des tu vestido, dale también el manto.
Si alguien te obliga a llevar una carga durante un
kilómetro, acompáñale dos. Da a
quien lo necesite..., y no te desentiendas del que te
pide prestado ". (Mt 5,39,42)
Porque percibes en ti la
fuerza de Cristo ya resucitado, y la impetuosidad del viento
del Espíritu, experimentado en Pentecostés,
alienta tu deseo. Porque has experimentado que el amor es
fuerte como la muerte, si quieres vivir tu vida desde el
corazón del Evangelio, si quieres abandonarte,
siguiendo a Jesús hasta el final, te propongo que
releas estas palabras del Señor, y otras semejantes,
y te decidas a emprender este camino del corazón
mínimo:
Propuestas
de camino para la escala espiritual del "NO"
PRIMER
PASO
-
No te singularices en
nada. No busques destacar. Acepta tu lugar, aunque sea el
último. Vive tu opción de seguimiento de
Cristo con la convicción de que has de ser
servidor de todos. Busca voluntariamente el
"último" lugar (Lc 14,10). Vive escondido en Dios.
Sé generoso en el servicio de Dios. Permanece en
la humildad y en la abnegación total como
Jesús, y como María, tantas veces escondida
en las páginas del Evangelio. No desees, ni
busques, ni esperes compensaciones humanas. Que
sólo te mueva ser fiel a Él, y a su
voluntad. No te busques a ti mismo en nada. No caigas en
la tentación de convertirte en centro. Vive en el
olvido de ti mismo. Piensa que cuanto más desasido
estés de ti, con mayor amor y mayor ternura te
cuidará el Señor. Cuanto más
olvidado estés de ti, en disponibilidad de amor
hacia los hermanos, experimentarás con más
fuerza la ayuda y la presencia del
Señor.
-
Vive tu opción
interior por el Evangelio con gratuidad de alma. En todo
caso, ya sabes que "...el Padre que ve en lo secreto
te recompensará". No olvides que estás
en el camino del corazón.
-
Proponte aceptar el
anonimato más total, el camino más
escondido, la humildad de la humillación, la
persecución y la crítica. Acepta
también que no se te reconozca. No lo busques,
porque como suele suceder, la cruz ya viene sola, cuando
menos la esperas.
-
No te alteres cuando tu
pobreza o la de tus hermanos te hagan vivir situaciones
que te provocan sufrimiento. Acepta el sufrimiento en
silencio y con paz. Ofrécelo al
Señor.
-
Ten muy claro en la verdad
de tu corazón, que nunca te permitirás
herir el amor, porque sólo buscas amar y dejarte
amar, y desde tu amor a Cristo quieres dar amor, cueste
lo que cueste..., y aunque nunca se entienda tu obstinado
deseo de amar. No creas que ésta es una actitud
heroica. De hecho lo vives todo con la máxima
sencillez, porque sólo te mueve el Amor de Cristo
Jesús.
-
Vive con alegría y
serenidad las exigencias de tu compromiso con el
Evangelio del que quieres ser testigo.
SEGUNDO
PASO
-
No te pierdas en
distracciones, ni en comentarios. No hables nunca mal de
nadie. No comentes nunca cosas negativas de los hermanos.
Y menos de quien te moleste. No vivas pendiente de "lo
que dicen o lo que hacen", y menos, "de lo que te
dicen o te hacen". Vive para lo único
necesario: Él, Él: sólo Él,
sólo su Amor, sólo el Evangelio,
sólo servirle por Amor en los hermanos y en
aquellos a los que te envía tu propia
vocación: los más pobres y pequeños,
son los privilegiados del Reino.
-
Vive disponible para tu
misión de testigo del amor de Cristo, estés
donde estés. Sé cercano a los que
más lo necesiten, los más débiles,
siempre los más pobres: signo claro de que el
Reino ya está aquí.
-
Sé para todos
sacramento de la misericordia de Jesús. Sé
paciente con las debilidades de los necesitados.
Sé humilde ante las pobrezas de tus hermanos..., y
sé muy consciente de las tuyas. Que la consciencia
de la realidad de tu tierra te ayude a centrarte en el
silencio del corazón.
-
Niégate a ti mismo.
Ofrécete disponible para los hermanos: vives para
el Señor y para los demás. En el
espíritu del Evangelio, como seguidor de
Jesús, eres el servidor de todos. Es la ofrenda de
tu amor. Renuévala cada día, porque cada
día has de ofrecer el don de ti mismo con un amor
creciente y gozosamente fiel.
-
Que lo que tú das
de ti mismo, como compromiso con el Evangelio, sea como
la pequeña moneda que le viuda ofrece en el
templo: es pequeña la moneda, sí.
Quizás el rico que dio una abundante limosna
llegó a pensar que era tan pequeña la
moneda de la viuda que era una gran miseria..., pero la
pobre viuda, dice el evangelista, con su moneda dio todo
lo que tenía para vivir.
-
No te permitas ni la
más pequeña infidelidad al amor. Recuerda
siempre que no te perteneces, renuncia a ser dueño
de tu tiempo, de lo que tienes o de lo que eres. Todo le
pertenece. Tú mismo eres plenamente de Él
como María.
-
No pretendas recuperar
nada de lo que ya diste. Vive creciendo en esta
donación cada vez más sincera, cada vez
más total y más auténtica. En tu
oración acoge el viento del Espíritu que te
alentará hacia un seguimiento de Cristo
Jesús cada vez más radical y más
amoroso, más tierno y más hondamente
sentido y vivido.
-
Para nada te puedes
permitir la más mínima palabra de
crítica a los hermanos. No caigas nunca en la
murmuración. Renuncia a juzgar a tus hermanos,
aunque te parezca creer que eres muy consciente de lo que
son y de cómo actúan. Míralos
siempre con una comprensión total. Renueva tu
confianza insistente en ellos. Tu entorno fraterno o
familiar ha de ser sacramento del Evangelio de
Jesús. Todo lo que para ti ha de ser una escala
espiritual del "no" tendrá que revertir en un gran
bien para tus hermanos.
TERCER
PASO
-
No tengas nunca un "no"
para lo que la vida te presente, ni para la obediencia,
ni un "no" para los hermanos, ni un "no" para el amor, ni
un "no" para el Señor. Vive plenamente abierto y
disponible al don de Dios que se te manifestará en
el Espíritu. Vive abandonado realmente en las
manos del Padre. Sin palabras, sin miedo, confiadamente.
Y siempre con una gran alegría. Es el gozo que
nace de la paz de saber que estás en lo que
Él quiere de ti. Deja que el Amor, que el
Espíritu ha derramado en tu corazón, te
vaya llevando a un abandono cada vez más real,
cada vez más total y más verdadero en tu
vida.
-
No pidas nunca nada, no
rehúses nunca nada, no tengas puertas cerradas
para el Amor. Ábrete al soplo del viento del
Espíritu. Sí, siempre abierto al don de
Dios y atento al clamor de la vida. Es el grito de los
pobres. Es tu manera de vivir tu opción por
Cristo. No te instales, ni te acomodes... El seguimiento
de Cristo te lleva a estar siempre "en camino", con
paz..., con serenidad, "dejándote llevar y
dejándote amar por Él..., en el amor
insondable de la Encarnación..., dejándote
enamorar por su Amor". Porque pronto
comprenderás que no puedes convertir ésta,
que llamamos "escala del no", ni en un drama ni en una
heroicidad, sino en una cuestión de Amor fiel, o
de respuesta fiel a su Amor y a la presencia y a la
acción del Espíritu en ti.
-
Confía para
discernir la autenticidad de lo que vives en la voz
interior del Espíritu, en la palabra de tus
hermanos, en la fidelidad a lo que la vida te presente en
cada momento y en lo que te diga la Palabra de Dios. Que
en esta escala espiritual del "no" aprendas la obediencia
ilimitada a todo lo que te llegue como voluntad de Dios
para ti. No te apartes para nada de lo que el
Espíritu te haga comprender que es la voluntad de
Dios. No caigas en los escrúpulos, pero no te
permitas ni la más leve desviación de la
voluntad de Dios. Reconoce que en esta obediencia
interior al Espíritu nunca te equivocas, porque no
obedeces por respetos humanos, ni por temor, sino
sólo porque sabes que Dios te lo pide.
-
Escucha atentamente la
"voz" del Señor en tu corazón...
¡Cuántas veces te hablará por medio de
esa "primera intuición" del
corazón...! Aprende a escuchar los latidos del
corazón en los que Él te habla. Vive como
María una vida en la que el "fiat" de
Nazareth marcará toda su vida de renuncia y de
entrega de amor.
CUARTO
PASO
-
No antepongas nada al Amor
de Cristo. Reconoce que su amor es fuerte como la muerte.
Ábrele siempre las puertas de tu corazón y
las de tu vida. No vivas nunca la Eucaristía
superficialmente. No te acerques a la confesión
sin deseo interior sincero de convertirte. Vive el
misterio de tu Amor en Él..., en el silencio
más total y absoluto. Es el "secreto del Rey". Es
el don de su amor. ¡Abandónate! Y tu abandono
sincero y real ya será el mejor estímulo
para tus hermanos.
-
Vívelo todo sin
hacerte notar, serenamente, sencillamente, gozosamente.
Con una sonrisa en los labios siempre. Es la paz que nace
de la consciencia del Amor de Dios en ti. Sabiendo que
para ti el presente que Él te da es el
"tiempo del amor". Que tu amor a Cristo, al que no
antepones nada, ni siquiera tus intereses o tu persona,
te haga ser siempre disponible para todos, especialmente
para los más pequeños: son los elegidos de
su amor. Y entre las personas que te rodean siempre
podrás encontrar "pequeños" a quienes
atender.
-
Que el amor de Cristo te
aliente en el deseo de crecer sin cesar en la fidelidad a
tu opción de seguimiento de Cristo. Los hermanos
necesitan tu fidelidad, aunque tú seas muy
consciente de tus pobrezas. La Iglesia quiere que
tú, en la pequeñez de tu camino y de tu
vida puedas responder con una fidelidad creciente y
generosa y seas testimonio claro del Evangelio de
Jesús.
-
Este amor de Cristo al que
no antepones nada te ha de llevar a una auténtica
donación ilimitada e incondicional.
Buscarás complacer al Señor en todo.
Desearás volcar en Él toda tu ternura y
toda tu capacidad de amar. Hablarás de este amor
con la alegría de tus ojos y de tu
vida.
-
Sí..., la escala
espiritual del "no" no es un camino triste, sino un
camino de amor. Y si es un camino de amor, es
también un camino de alegría.
QUINTO
PASO
-
No te permitas la
más mínima falta de amor a los
demás, ni a los hermanos de tu comunidad, o del
entorno en el que te mueves. Piensa que cada día
será más evidente que la vida
llevará a los seguidores de Jesús a
dedicarnos a los que "nadie quiere", o a los
países del tercer mundo, porque la sociedad del
bienestar ya irá cuidando a aquellos que le
interesan. Y el reconocimiento de esta realidad te
llevará a un planteamiento de vida personal muy
concreto.
-
Por ejemplo,
acostúmbrate a no discutir nunca con ira, no
pretendas tener la razón, no te defiendas nunca.
Acepta las humillaciones en silencio, acepta las
críticas injustas sin protestar, acepta todo lo
que más te cueste. Acéptalo con paz.
Únete de esta manera a Cristo Jesús que por
conseguir tu amor pasó por todo esto, y aún
por más.
-
Carga sobre tus hombros la
cruz de los "sin voz". Tú callas no porque
no tengas nada para decir, ni motivos para hablar, sino
porque de este modo tan peculiar, te solidarizas con
tantos y tantos hermanos que no pueden "ni decir, ni
decirse"... Y vívelo sin que nadie pueda notar
que te cuesta dominarte. Porque el camino del
corazón que te has propuesto vivir en Él te
ha de llevar a una vida sin apariencias, todo sincero,
todo profundo, "de dentro", con paz y
alegría serenas. La fuerza de tu "anuncio"
evangélico siempre estará en la
autenticidad de lo que vives.
-
Con el mismo sosiego
profundo del alma, pero con la fuerza que tienes al
reconocer que sólo te mueve Él, ofrece tu
voz y tu palabra cuando se trate de defender a los
más pequeños, o a los excluidos y
olvidados. Y de una manera especial cuando veas que con
tu "hablar" vives el compromiso sincero con la
verdad.
Nunca olvides el lema: "Caridad,
sí... pero también claridad".
-
Para poder vivir en esta
quinta etapa de la escala espiritual del "no"
tendrás que reconocer que, a partir de tu
experiencia de Dios, todo lo debes vivir desde un
perdón total: nadie te debe nada..., y tú
no puedes deber nada a nadie. Todo ha sido lavado y
purificado por el silencio y el perdón. Vive
gozoso y alegre, como María: el perdón
siempre te devuelve la alegría.
Palabras
para el camino
Él ha hecho alianza
contigo: es una alianza en el Amor fiel del Señor. La
fidelidad del Señor te compromete a ser fiel
tú.
Vive tu fidelidad siempre
nueva: lo fiel tiene su fuerza en ser seno fecundo,
esperanza humilde, intuición labrada en lo que va a
venir.
No te obsesiones con tu
fidelidad. Ábrete a la fidelidad de Dios. Cree en su
fuerza, y, por amor, síguelo hasta el final. Aunque
en ello te vaya la vida.
«Si el grano
de trigo que cae en la tierra no muere queda solo,
sólo si muere da mucho fruto...» (Jn 12,
24)
«Sé fuerte y
valiente, no temas, no te acobardes, que el Señor,
tu Dios, avanza a tu lado..., ni te dejará, ni te
abandonará»" (Dt 31, 6)
Te invito a decir la
oración que San Francisco de Asís
enseñaba a sus hermanos: "Te suplico, oh
Señor, que la ardiente y dulce fuerza de tu amor
arrebate mi mente de cuantas cosas hay bajo los cielos, a
fin de que yo muera por amor del amor tuyo, como Tú
te dignaste morir por amor del amor
mío".
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