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Jaume Boada i
Rafí O.P. - Constantes en la oraci�n
(�ndice)
Nómada
de Dios en el silencio
Después del camino ya
recorrido en nuestro peregrinar hacia las altas cumbres del
Amor total, que deseábamos vivir a partir del lugar
del corazón, ya podemos decir ahora que nos sentimos
nómadas del Amor en el silencio. Sí, el
nómada es un peregrino que camina porque sabe que no
está en su "patria". Se sentirá nómada
hasta que no llegue. Mientras tanto es sólo un
humilde peregrino, con unas ansias irreprimibles en el
corazón.
Salió de la humilde
"patria" del propio corazón, la tierra profunda del
alma. Y en el silencio y en la humildad va haciendo camino
hacia la que él mismo ha escogido como su
única "patria": el corazón de Dios. Y es
nómada en el silencio. Todo en su alma es quietud, un
algo que aletea, un Alguien que le atrae con fuerza, que le
cubre con la sombra del Espíritu y se apodera de
él.
Desearías que fuera una
brisa que te abrazara, o un huracán que te
arrebatara. Sabes que es Vida que te fecunda. Y sientes el
atractivo irresistible del Amor.
Tu pregunta ansiosa es clara:
¿Quién eres? ¿Qué eres? ¿A
qué vienes?...
Sólo sabes que todo en
tu alma es quietud y silencio. Es la verdad de la tierra
pequeña, pero de horizontes inmensos, del lugar de tu
corazón. Parece que no se mueve nada en la apacible
calma de esa morada tuya, que has convertido en casa de
Dios. Todo parece un rumor imperceptible de trascendencia e
infinitud. Es Él..., sí, es Él, que en
el hondón de tu ser te llama. Lo ves con claridad,
aunque pueda parecer una penumbra transparente.
Siempre viene a ti como Luz,
la Luz del Amor... Es un "toque" divino querencioso y
suave. Sientes que Él no sólo te ama, sino que
ha depositado en ti su amor..., y amas..., amas..., amas...
Es la inefable noticia de que Él, que es la "patria",
que te hace sentir nómada y peregrino, ya anuncia su
cercanía, y experimentas su respirar sereno que
acaricia tu piel.
¿Qué dices a mi
alma? ¿Y qué toque me hiere? ¿Qué
fuego me rodea? Si eres Tú, ¿por qué no
quemas? Si me heriste, ¿por qué no
acabas?...
Todo en mi alma es quietud,
ansia de intimidad serena. Y sientes que debes exclamar:
¡Intimidad!, ¡ábreme tu secreto!...
¡Me pertenece!... Tu silencio te hace percibir ese algo
que aletea, y a ese Alguien que te cubre y se apodera. Todo
en tu alma es quietud. Es la espera. Es el Amor que te
espera. Es tu corazón que lo espera. Esperar a quien
amas es una hermosa manera de amar. Y más cuando
sabes que, aunque no lo veas o no lo sientas,
¡está cerca!, ¡está en ti!
¡está dentro..., muy dentro..., en el lugar del
corazón! Sí, es así de hermoso y
sencillo, de transparente y claro.
Quizás en algún
momento habrás podido pensar que tu seguimiento de
Cristo es exigente, y lo es, pero es también tan
hermoso que te hace vivir en una plenitud que no
cambiarías por nada. Has de tener muy claro que ser
nómada será para ti un compromiso de vivir en
Él, y para el Amor, mientras vas sembrando en tu
entorno semillas de amor y de verdad... ¡Semillas de
vida!
El
amor radical que te lleva a la cruz
"Si alguien quiere
seguirme, dice Jesús, que se niegue a sí
mismo, que cargue con la cruz de cada día y que me
siga". (Mt 16,24)
Es evidente que en el
seguimiento de Cristo, que te has propuesto vivir con amor y
con ternura plenificantes, no te llevan a caer en
negativismos innecesarios. ¡Bastantes sacrificios
comporta la vida! Jesús habla de la "cruz de cada
día".
Tampoco puedes dejarte llevar
por pesimismos o por una visión excesivamente
parcializante y "dolorista" de las cosas. El amor te
llevará a vivir en la apertura y en la libertad de
hijo, y también en la generosidad amorosa de tu
entrega.
Pero es cierto que, si te has
propuesto seguir a Jesús, se te pide una vida de
negación de ti mismo, y una gran capacidad de amor
alegre y desasido, para cargar la cruz: la tuya, la de los
hermanos, y las que estés dispuesto a aceptar...
¡Hay tantas en la vida! San Juan de la Cruz dice que si
quieres conseguirlo "todo" es necesario que aceptes pasar
por el camino de la "nada". En tu vida de
opción por Cristo, si quieres vivir plenamente en El,
tendrás que aceptar muchos "no" que, a la hora
de la verdad, compruebas que te ayudan a crecer.
Te quiero proponer una serie
de ellos, para que después, cuando se presenten,
reconozcas su rostro. Son los "no" que te ayudan a
crecer
-
Aprende a decir siempre un
"sí" generoso y decidido a todo lo que se te pida
en nombre del Señor, o en nombre de tu servicio
disponible a los hermanos, por el Evangelio, y en una
donación plena. Y con la misma paz con la que
tú has dicho siempre que "sí", acepta que
cuando tú pidas algo, se te diga que
"no"... ¡Tantas veces los "no" que te
han dicho los hermanos, o la misma vida, te han ayudado a
crecer!.
-
Di siempre que "no"
a la precipitación, al activismo, a la
superficialidad, al actuar a la "ligera". Por supuesto,
di siempre que "no" a lo que sea un simple capricho tuyo,
o un buscarte a ti mismo. Comprenderás que los
"no" que sabes decirte a ti mismo también
te ayudan a crecer. Y... estos "no", ¡son tan
fáciles de olvidar!...
-
Acepta que no se te
reconozca, ni se valore lo que haces. Acepta que los
demás no siempre te comprendan en tu manera de ser
o de actuar. Acepta que los otros no siempre vean las
cosas como tú las ves. Ten paz cuando se te dice
que "no" a algo que tú crees que es justo.
Ya verás cómo un día el Señor
te ayudará a comprender que estos "no" que
has recibido, que te duelen, y que probablemente son
injustos..., también te ayudaron a crecer en tu
camino hacia Él.
-
Si quieres crecer en el
seguimiento radical de Cristo reconoce que las cosas que
te han hecho sufrir en determinado momento han sido los
medios que Señor ha empleado para ir guiando tu
vida hasta convertirla en una historia de amor y de
fidelidad. Para comprender lo que quiero decirte
sólo te hará falta recordar las rupturas
que la vida te ha hecho vivir. Probablemente las
habrás vivido con lágrimas en los ojos o en
el alma... Después Él te hace entender que
te han ayudado a crecer.
-
Por supuesto hay unos
"no" que has de tener muy claros a la hora de
decir o de decirte. Me explico: has de ser muy pronto a
decir "no" a la murmuración, a la
crítica, a los comentarios negativos, a las
acusaciones y recusaciones, al ambiente negativo con el
que a veces rodeamos a determinadas personas del entorno.
Si eres claro en estos "no", comprenderás
que ayudas a crecer a la comunidad, y también
crecerás tú en amor. Y que María, la
virgen del "sí"..., te ayude siempre a crecer en
disponibilidad.
-
Piensa también que
Él no quiere que le sigas por inercia, o porque ya
estás en ello..., sino que espera que tú te
comprometas a seguirlo de verdad con la radicalidad de
toda una vida. Eres nómada de Dios, peregrino del
Amor, en el silencio sencillo y escondido de quien ha
encontrado el lugar del corazón.
-
Ama, déjate amar...
Sigue a Jesús, pero síguelo hasta el final.
No tengas miedo, abandónate. ¡Que el
sí de tu amor sea un sí tan generoso como
eficaz!
Liberado
para amar y ser testigo del amor
Tu opción por
Jesús te llevará a convertir tu vida en un
anuncio esencial: el testimonio explícito del
Señor Jesús. Quizás tú,
después de tantos años de convivir con
Él, tu Señor, puedes decir con toda la verdad
de tu vida: "tengo sus ojos grabados en mi
corazón", como afirmaba Juan de la Cruz. O, si lo
prefieres, puedes escoger el decir del mismo santo
carmelita, que habla: "de esa mirada, de estos ojos que
tengo en mis entrañas dibujados". De hecho, este
no es un ideal inalcanzable para ti, sobre todo si te
atreves a soñar:
- "Sueño"
- Igual que un
niño pequeño,
- balbuceando y a
gatas,
- llegué a
sentarme en TUS ALAS.
- ¡Ay!
¡Qué belleza de
sueño!
Por ello, con la seguridad de
vivir en un auténtico compromiso de fe y de entrega,
pero con la serenidad que te da el vivirlo, consciente
también de que no te está prohibido
soñar, te voy a invitar a dar un paso más en
tu camino de crecimiento en la experiencia oracional de
Él, que estás viviendo desde la sencillez
íntima y serena del lugar del
corazón.
El objetivo de tu vida no es
otro que configurarte con Cristo, reconociendo el bien
supremo que es "conocerlo" y experimentar el poder de su
resurrección en ti (Flp 3,10). Él es tu
Señor. Por Él lo das todo..., por Él lo
vives todo. Él ha resucitado y quiere vivir en ti.
Quiere que tú seas testigo vivo de Él:
¡anuncio visual de su amor!... Si lo haces con
fuerza contagiarás la plenitud de Él, en quien
vives. Por eso siempre serás un nómada del
Amor.
Configurarte con Cristo...,
revestirte de Él (Rm 6,3), ser una sola cosa en
Él y con Él..., vivir en Él..., ser
testigo de su amor para con los hermanos..., éste es
el plan de amor del Padre para ti. Podrás ser
"anuncio" del Señor, por contagio.
El Espíritu Santo te
irá conduciendo por los caminos de la vocación
interior que el Padre pensó con amor para ti. El
Espíritu te lleva a un conocimiento íntimo del
Señor Jesús. Su mirada es invitación y
gracia; sus ojos suplicantes expresión de un
corazón decidido a hacer la voluntad del Padre; esa
mirada y esos ojos que tú también
podrás decir: "tengo en mis entrañas
dibujados", serán para ti un atractivo fuerte e
irresistible para entrar en el plan de Amor del Padre,
configurándote con Él, tu Señor. Porque
ya te recordé al comenzar que "no buscarías
el rostro de Cristo en la oración, si no hubieras
sentido ya su mirada posarse en ti".
Es la mirada de Cristo, fuego
de Amor. Es la mirada del Señor que te invita a la
entrega. Verás que el Espíritu Santo hace
nacer en ti un amor de fuego. Un amor que tú pronto
percibes que no es tuyo, que es más fuerte que
tú, pero que te hace arder en un amor-nostalgia-deseo
extraordinario de Cristo. Es el amor que te hizo convertir
en peregrino de su Rostro con la convicción de que es
tu única patria.
Vas descubriendo que tu vida
sólo tiene sentido en Él y por Él.
Él es todo en ti. Todo lo puedes en aquel que te
conforta, en Él, que es tu fuerza y tu vida. Por
Él te entregas cada día en un trabajo
evangelizador abnegado, junto a la gente sencilla y
pequeña, cerca de las personas olvidadas o solas,
viviendo en gratuidad..., con la confianza del sembrador que
echa la semilla en el surco, seguro de que tarde o temprano,
a su tiempo, germinará.
Te das cuenta de que Él
va tomando el protagonismo total en tu existencia. Él
invade todo tu ser, alma y cuerpo. El va
adueñándose de tu vida: todo va siendo de
Él y como Él lo quiere de ti. Serán
verdad en tu vida aquellas palabras que Catalina de Siena,
recibe del Señor en sus Diálogos: "hazte
tú capacidad, y yo seré un torrente de Amor en
ti". Tú aceptas gozoso la transformación
de tu vida en Él, cuando te dejas amar.
En algún momento
incluso te concederá la gracia de percibir su
presencia en la luz serena y en la paz del alma, en un
encuentro sincero y claro de oración. Irás
viviendo en un amor total a Él, cada vez más
real, cada vez más comprometido y más
concreto, porque lo vivirás en el camino de cada
día.
Desearás orar, lo
necesitarás, la oración será el
alimento de tu vida, la respiración de tu alma, la
inevitable fuente de paz y motivación última
de tu entrega, porque la oración silenciosa te pone
en contacto íntimo con El. Hambrearás la
eucaristía porque es el sacramento de la Presencia y
de la unión íntima con Él.
Buscarás integrar la oración en tu vida, y la
vida en tu oración. Vivirás la
contemplación en la vida, y la vida que
germinará en contemplación.
El silencio interior te
unificará en el amor. Vivirás amando, desde el
Señor..., siendo para todos un pan para compartir.
Por Él, por su amor, serás capaz de todo,
hasta el final..., hasta las cumbres del amor
total.
Y todo ello plasmado en la
sencillez de una vida, del cada día, vivida con
ilusión. También con paz... La paz que te da
el saber que tienes en tus manos la posibilidad de dar del
amor que Él te da. En ocasiones será
sólo un saber ceder, o callar "por el bien de la
paz". ¡Hay tantas maneras de amar!...
Del
"Tú y yo, una sola cosa, en el amor" al amor fraterno
concreto
Un buen amigo sacerdote y
poeta, expresaba con esta oración lo que él
señalaba como el gran objetivo de su vida, que no era
otro que el poder decir:
- "Señor, ya
no soy yo, eres tú en
mí.
- Tú y yo
una sola cosa en el amor.
- Plenitud de fe y
de vida, amor, comunión.
- No me pertenezco,
tú en mí y yo en ti,
- fundidas tu vida
y mi vida en el amor".
Pero comprenderás que
todo esto no puede quedar en un "amor de
sueño", y menos en un "amor de
ensueño", sino en un amor hecho gesto visible y
concreto. Por ello, y para no soñar, y "pisar
tierra", te propongo que como compromiso de amor y como
manera de plasmar tu fascinación en el amor por
Cristo, ofrezcas a tus hermanos el don de estos
pequeños gestos:
- la disponibilidad para el
servicio - la capacidad de escucha...
- la paz al asumir
conscientemente tus propios límites,
- la serena y amorosa
paciencia con los límites de los demás,
- la capacidad de dar
alegría,
- el deseo concreto de
compartir,
- la bondad, la amabilidad,
la serenidad, la dulzura, como gestos de
amor,
- el don gratuito y
necesario del respeto del misterio del
"otro",
- la renuncia a contagiar
tus posibles motivos de tristeza,
- la renuncia al "no"
como primera respuesta a lo que se te pide,
- el vivir el optimismo para
poderlo comunicar,
- el vivir la esperanza de
forma contagiosa,
- el ofrecer al hermano la
confianza en sus posibilidades,
- la auténtica
corrección fraterna,
- la sinceridad que ayuda a
crecer,
- el renunciar a la
vergüenza de dar, cuando es poco, lo que
tienes
- el valorar la sencillez y
la importancia de lo que ya das en el "día a
día",
- la verdad, siempre la
verdad, entre nosotros,
- el suprimir el libro de
"cuentas pendientes",
- "la caridad... y la
claridad", vividas como hermanas gemelas,
- la humildad como
"sacramento" de la verdad de tu vida,
- la autenticidad, la
sencillez, la transparencia,
- la cercanía con el
que sufre o lo pasa mal,
- el arte de la palabra
oportuna y alentadora,
- el arte de decir la verdad
sin "herir", y sin impertinencias,
- el arte de aflojar
tensiones,
- la capacidad de no
limitarte a dar "de" lo que tienes, sino a dar "lo" que
tienes,
- el don de ti mismo que
haces en tu vida,
- el deseo de colaborar
siempre con alegría desasida,
- la compasión y la
misericordia tan sinceras que hablan de
Él,
- la magnanimidad, la
comprensión, la cordialidad,
- la fidelidad en el
amor,
- el respeto a la
confidencia compartida y a lo vivido "en
casa",
- la cortesía y la
educación como "gestos de caridad",
- el tenerlo siempre
presente a Él, y que ello te motive para el amor
concreto,
- el pequeño gran
esfuerzo de la fidelidad del cada día,
- el "arte" de
sonreír siempre.
Y vívelo todo
consciente de la verdad de las palabras de
Casaldáliga:
- "Dos son los
problemas, dos:
- los demás
y yo.
- El difícil
otro y el difícil yo,
- el duro nosotros
de la comunicación".
Y no lo olvides: ¡nunca
es tarde para volver a comenzar!
- "Es tarde, pero
es nuestra hora.
- Es tarde, pero es
todo el tiempo
- que tenemos en
nuestras manos
- para construir el
futuro.
- Es tarde, pero es
un amanecer,
- si todavía
estamos dispuestos a insistir"
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