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Jaume Boada i Rafí O.P.

En el Corazón de la Trinidad

  • 1.- Pausas mínimas: Una experiencia de desierto requiere una disponibilidad especial para el encuentro "cara a cara" con el Señor. Se han de descalzar los pies en el silencio, serenar el corazón en la calma y la paz. Entrar en el corazón de la Trinidad con María. No se "huye" de la vida. Se ha de tomar distancia para ver la vida en Dios.
  • 2.- Permanece en oración: La oración no es una actividad más. Es una manera de ser y de plantear tu seguimiento de Cristo. La fidelidad a tu oración será el signo de la verdad de tu entrega al Señor y al Evangelio.
  • 3.- El segundo paso: Iniciar la ruta del desierto es sencillo. Pronto aparecen las dificultades y la aridez del camino. Recordar el sentido y las motivaciones que te impulsaron a comenzar te ha de empujar a seguir en la búsqueda del rostro del Señor.
  • 4.- "Sal de tu tierra...": Es el mandato del Señor a Abraham. Tú también debes seguirlo, has de salir de todo aquello que te lleva a aferrarte a tus propias seguridades. Para encontrar al Señor debes "lanzar el corazón" y abandonarte en confianza.
  • 5.- Tu rostro, Señor, es mi única patria: Estas palabras de Santa Teresa del Niño Jesús definen el objetivo fundamental de la ardorosa experiencia del desierto. Encontrar el rostro del Señor. La lectura del Libro del Éxodo, que va acompañando la experiencia, te ayuda a ver las dificultades del camino. También te reconocerás en las infidelidades del pueblo de Israel.
  • 6.- La soledad te despoja de tus seguridades: La experiencia de desierto no sólo debe ser vivida en silencio, es también necesaria la soledad, aunque se esté "físicamente" rodeado de personas. Esta soledad te va despojando de tus seguridades. Es necesario vivir este despojo para encontrar al Señor. Tu oración consistirá en abandonarte en confianza: como María, que vive plenamente disponible al plan de amor del Padre. En esta parte se invita a vivir una oración concreta "en la noche".
  • 7.- El misterio que transforma: Has emprendido el camino hacia el desierto para encontrarte con el Señor. Él es el Padre cercano, comprensivo y amoroso. Pero también es misterio de fe. El desierto te ha enfrentado con este misterio, vive a fondo tu encuentro con el Señor. Después..., ya no podrás perderte ni lo podrás perder. Se te propone una experiencia explícita de oración y de silencio. Que el silencio sea la llave que te abra el inmenso corazón de Dios. Junto a María aprendes a "observar, guardar y meditar" en el corazón.
  • 8.- "Y a Mí buscarme has en ti...": La conocida poesía de Santa Teresa de Jesús, titulada por ella "Buscando a Dios", nos conduce hacia el verdadero núcleo de todo desierto: el propio corazón, la interioridad personal. Las palabras de Jesús nos certifican la gran verdad del cristiano: la Trinidad habita en cada uno de nosotros, "si amamos al Señor y cumplimos sus mandatos".
  • 9.- "En la palma de sus manos": Isaías recibe una hermosa palabra del Señor: "Mira, te tengo tatuada en la palma de mis manos" (Is 49, 16). Es bueno que reconozcas los "signos" de tu infidelidad a Dios. Toda experiencia de desierto te exigirá una profunda conversión.
  • 10.- Encuentro festivo con la palabra: En esta ruta solitaria tienes ocasión de recordar y revivir los textos bíblicos que han tenido un especial significado a lo largo de tu vida. Es un encuentro festivo.
  • 11.- ¿De dónde vienes?: Es la primera pregunta con la que te encontrarás al volver a tu vida de cada día. En realidad, la mejor palabra que podrás decir sobre Dios para explicar tu encuentro con Él será tu silencio. Ya hablará tu serenidad y tu paz, la caridad y la entrega con las que asumes el compromiso cristiano en la vida. Al finalizar tu experiencia de desierto percibes en toda su amplitud, profundidad y belleza, el camino recorrido. En el desierto, desde el corazón de la Trinidad con María, te has sentido más que nunca Iglesia y has escuchado más insistentemente que nunca la pregunta de Dios Padre: ¿Dónde está tu hermano.
  • 12.- La parábola del hermano: El desierto te ha exigido caminar en soledad. Pero siempre has de contar con tu hermano. El menor de ellos, el más inexperto, podrá tener una palabra de vida para ti. La idea de esta parábola me la sugirió el texto de Elena Yanútolo en sus "Cartas desde el silencio" (PPC)
  • 13.- Betsaida: preparando el paso del desierto a la vida: En Betsaida se realiza el milagro de la curación del ciego. Jesús quiere curarlo a solas. Después de la curación, le pide que vaya a su casa antes de volver al pueblo. El episodio evangélico nos da pie para meditar sobre el compromiso en la vida que ha de nacer de toda experiencia de oración.
  • 14.- El desierto es también comunidad: Todo encuentro con el Señor vivo e intenso ha de llevarnos a orar con los hermanos y desde un "tú a tú" con el Señor, que necesariamente ha de convertirse en un "nosotros" comunitario. En "Dalmanutá" (Mc 8, 35) haces explícita tu oración comunitaria. La oración del Señor, el "Padre nuestro" orado en el desierto, adquiere una nueva sonoridad en la vida. Te recuerda que pierdes buena parte de tus derechos de llamar a Dios Padre si olvidas a tus hermanos, si no lo vives en verdad como "Padre nuestro".
  • 15.- Emaús: última etapa en la vida del desierto: Buscando el rostro del Señor en soledad y silencio, lo buscaste en la oscuridad del misterio de fe. En el desierto te encuentras con Él, resucitado y vivo, cercano, como el apóstol Tomás o como los discípulos de Emaús que lo reconocieron al partir el pan.