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1.-
Peregrino
del silencio:
"¡Qué poco sabemos de Dios!" Esta
exclamación de una contemplativa en la enfermedad
que la llevó al encuentro definitivo con Dios nos
da pie a hablar de Dios como silencio y como palabra, la
Palabra que nos dice en Cristo Jesús. La
búsqueda de la Palabra desde el silencio es el
motivo que justifica la entrega del orante.
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2.-
Adorar:
Ante el misterio de Amor que es Dios el "peregrino
orante" vive en una actitud de acogida reverente, entrega
confiada y abandono amoroso en las manos del Padre. Esta
es la oración de María en sus largos
años de espera en el silencio. El "sí" de
la Anunciación es la manifestación de su
disponibilidad a la voluntad del Padre.
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3.-
Como
incienso en tu presencia:
El "peregrino orante" ha de aprender la lección de
la gratuidad: "Dar por amor, abandonarse por amor...". La
gratuidad de una entrega en la oración culmina en
el abandono en las manos del Padre.
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4.-
Oración
a la Trinidad: Sor
Isabel de la Trinidad, en su oración, expresa la
plenitud de la inhabitación trinitaria. El
peregrino orante puede descubrir, en la oración de
la humilde carmelita, que ha de vivir un camino
interior.
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5.-
Levantando
mis manos hacia ti:
Es imposible describir la oración del peregrino
orante. En todo caso cabe recordar que cada peregrino
tiene su propia oración. Esta oración es de
una sencillez tan grande que un intento de
"descripción" podría profanarla. Y es de
una riqueza y plenitud tales que no cabría en un
libro de mil páginas. Acogemos el viento del
Espíritu para que se "oiga" en el rumor de
nuestras palabras.
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6.-
Contemplación
y silencio: En
realidad el mismo deseo del peregrino orante para vivir
en el silencio se convierte en su mejor oración.
Orar no consiste tanto en "hablar" como en "escuchar" o
acoger la oración del Espíritu en el
silencio. La oración no "se hace", bien al
contrario, se "acoge" y se recibe como un
"don".
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7.-
El
pequeño sendero de cada
día: Son muy
importantes los "tiempos explícitos para Dios" en
la peregrinación orante. Pero es imprescindible
que el orante descubra los pequeños senderos que
la vida diaria le ofrece para vivir plenamente su
oración. No basta con "orar", no es suficiente
"vivir en actitud orante". El objetivo está
cifrado en "ser orante".
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8.-
Carta
de ruta del peregrino:
Cuando emprendemos un viaje largo y no conocemos los
caminos por los que debemos andar, miramos una carta de
ruta. En esta parte de nuestras palabras se ofrecen al
peregrino unos consejos prácticos para su viaje.
Una escucha atenta de los mismos hará posible el
no perderse en el camino.
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9.-
Caminos
de oración:
En la misma línea de la "carta de ruta", con un
sentido más detallista, nos proponemos ofrecer
unos caminos para descubrir la oración de la
propia vida. Orar la propia vida, convertir las
alegrías y las penas, los gozos y las esperanzas,
las inquietudes y todo lo que configura una vida, en
oración, será el alma de nuestro camino...
La vida y los hermanos son la mejor escuela de
oración.
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10.-
Salmo
del corazón pobre:
No es un salmo original. Es una versión libre y
sintética, en lenguaje de nuestros días,
del contenido oracional de los salmos. De hecho, los
salmos de los "pobres de Yhavé" constituyen el
núcleo paradigmático del
Salterio.
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11.-
No
tengas miedo al desierto:
El peregrino orante, en su intento por vivir su escuela
de oración, ha de adentrarse en el "desierto", sin
miedo. Es allí donde le espera el Señor
para "hablarle al corazón y recordar el amor
primero". Entrar en el desierto es la última etapa
del camino. El desierto es el lugar donde se pone a
prueba la fidelidad del peregrino. Pero es también
el lugar del encuentro "cara a cara" con Dios y a rostro
descubierto.
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12.-
Paso
a paso, por el camino del
corazón: Si
se quiere llegar a Dios por el camino del silencio se ha
de vivir "el deseo de Dios" y "lanzar el corazón".
Poco a poco, el peregrino va acercándose al
corazón de Dios. Un día descubre con gozo
que Dios ya está en su corazón. En silencio
acudió a Dios, silenciosamente. El va entrando en
su vida.
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13.-
El
silencio, don del Espíritu
Santo: Jesús
aconseja: "Cuando ores, entra en tu habitación".
Allí Dios te habla a ti, y tú le hablas a
Dios. Allí vives en el Padre, el Hijo y el
Espíritu Santo. Tu solidaridad y tu deseo de
comunión te hacen cercano a la vida y a los
hermanos. El silencio es como la estrella que orienta el
camino del peregrino orante. Dios habla al
corazón. La oración se convierte en
escucha.
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14.-
El
silencio y tus miserias:
Es la gran lección de un maestro: "Permite a
Jesús que viva tu miseria". El peregrino orante
experimenta que para orar ha de tener el corazón
en paz, y el corazón no está en paz cuando
la propia pobreza y la miseria le perturban. El permitir
a Jesús que viva la propia miseria es como la
llave que introduce al peregrino en la hermosa
experiencia de orar desde la propia
indigencia.
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15.-
El
silencio y la renovación de la
interioridad: La
ruta del silencio conduce al orante hacia el reencuentro
con la inagotable riqueza del misterio de Cristo, Pastor,
que le conduce al origen profundo de su vida. El templo
interior del corazón, esa casa de Dios que
quizás fue profanada por el olvido, la
distracción, la superficialidad o el pecado, ha de
ser destruido. Él, el Señor, puede
reedificarlo. Y lo hará, en "tres días",
los tres días de la Pascua sin fin.
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