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Jaume Boada i Rafí O.P. - Peregrino del silencio  (�ndice)

 

 

Paso a paso, por el camino del corazón

¿Dónde está la ruta del silencio? En tu corazón. El desierto está dentro, y uno se siente sumergido para siempre en el silencio de Dios.

Caminante del silencio: tendrás que vivir el aprendizaje interior de tu ruta intentando convertir tu propio corazón en un lugar de plegaria y en un templo donde se ora sin interrupción.

El peregrino orante, discípulo entusiasta del silencio, siente que ha de hacer un proceso de interiorización para llegar a transformar el propio corazón en un desierto, lugar donde la comunión y el amor a Dios y a los hermanos es cuidado con esmero, más aún, es el clima y el ambiente en que se vive.

Interiorizar te exigirá reconstruir y profundizar las bases humanas deterioradas o superficializadas. Crear en tu vida, con la ayuda del Espíritu Santo, las mejores condiciones de una espiritualidad liberadora de tu conciencia, orientarlo todo en tu vida a la oración, al silencio, a la relación profunda contigo mismo, con Dios y con los hermanos; reconstruir la casa de oración, levantar de nuevo la tienda caída.

Así habla Yavéh Sebaot, dice el profeta Ageo: Tened en cuenta vuestra experiencia. Subid a la montaña, traed madera y reedificar la casa para que yo puede habitar en ella y ser alabado, dice Yavéh.

Esta tarea depende de ti, de tu atención, de tu deseo, paso a paso. No creas que depende también de tu esfuerzo, porque es obra del Espíritu Santo. Por tu parte, trabaja en la purificación del corazón. Limpia tu interior de ruidos, impaciencias, melancolías, tristezas, preocupaciones, evasiones… todo lo que te hace huir de la realidad y también te aleja de Dios.

Sube a la cumbre del silencio. Allí, desde la distancia, descubrirás la auténtica perspectiva de las cosas desde Dios. Sí, en Dios, que te espera en su silencio.

El objetivo es claro: vivir el encuentro dialogante, amoroso, cercano y sereno con Dios, contigo mismo y con los hermanos.

Desde tu ruta orante te encuentras con el silencio-amor-presencia de Dios y comienzas a orar.

La soledad en comunión y silencio y el arraigo en la experiencia vital de cada día son los dos pilares sobre los que se asientan tus pasos por el camino del silencio.

Arriésgate, hermano, peregrino orante: entra en la luminosidad del silencio, busca ardorosamente el rostro de Dios, déjate guiar por el Espíritu Santo, ahonda las raíces de tu vida en el misterio de Cristo y en el corazón del Padre.

Vive en la vida, descubre el silencio y orarás sin cesar. Todo es cuestión de lanzar el corazón y echar a andar.

Confía, hijo, Dios te llama. No tengas miedo. ¡Camina!. El viento del Espíritu te empuja. ¡Camina! ¡Cristo te acompaña!. ¡Camina! ¡Vives en comunión con los hermanos!.

¿Has hecho alguna vez una experiencia larga de silencio? ¿Porqué no lo intentas? Dios te mostrará sus riquezas, sus peligros, y si eres pobre de alma te llevará a descubrir su rostro de amor.

No tengas prisa, nunca te inquietes, ten paz.

Un ermitaño con una larga experiencia de oración, nos daba este testimonio:

"Yo solo soy un pobre ermitaño. Mi barba ya se hizo larga y blanca. Busqué a Dios y me lancé en sus brazos de Padre a cielo abierto. He experimentado muchas veces la debilidad, la falta de fuerza. Acudí al hermano que me guiaba; le pedí la limosna del pan, el pan de hacerme ver el camino que me llevase, lo más rápidamente posible a Dios. Su respuesta fue sencilla y clara, como el agua cristalina de la fuente cercana: Hermano, si quieres llegar a Dios en silencio, crece en deseo, ansía con toda tu alma su amor y su presencia, lanza tu corazón como el pájaro que, apoyado en la rama, mira con ojos abiertos el cielo azul. Y después calla y ora, ora y calla, paso a paso… Poco a poco te vas acercando al corazón de Dios. Un día verás con gozo que Dios ya está en tu corazón. Porque orar no es cuestión de prisas, sino de constancia y paciencia en el paso de amor de cada día. En silencio acudes a Dios y en silencio Él va entrando en tu vida."

 

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