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Jaume Boada i
Rafí O.P. - Peregrino del silencio
(�ndice)
El
silencio, don del
Espíritu Santo
Jesús aconseja: "Cuando ores, entra en tu
habitación".
Sí, entra. No te olvides de abrirle la puerta
hasta lo más interior, allí donde está
tu miseria. No has de buscar otras rutas de silencio orante:
entra en tu interior y deja entrar al Señor.
Comprenderás que el silencio verdadero, el silencio
interior, el del corazón, es un don del
Espíritu Santo.
Dispón tu alma para recibir este don.
¿cómo lo harás? Ama el silencio,
añóralo, pídelo y espera. Permanece
sentado a la puerta del templo del Señor hasta que
Él quiera abrir la puerta para mostrarte la claridad
de su rostro. Lo que resta ya es obra del Espíritu
Santo. Sólo se te pide que desees vivir en verdad la
oración.
No basta cuando te contentas con hacer oración,
como si se tratara de algo accidental en tu vida, un acto
más de los consignados en tu horario.
Si quieres hacer la ruta del silencio que te introduce en
la escuela de la oración, has de tener muy claro que
solo se te pide que puedas decir que amas al Señor,
que experimentas que Él te ama, y que estás
dispuesto a dar todo lo que tienes y eres para abandonarte
de corazón en las manos del Padre. Y vivirás
para siempre en la presencia del amor inagotable de la
Trinidad en tu vida.
Vives en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Los tres moran en el gozo inefable de la comunión de
amor. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo salen a
tu encuentro como peregrinos, ofreciendo la
participación en la comunión de amor que es su
vida.
Entrar a sentarte en la mesa de la comunión, es
disponer tu propia vida a recibir del Espíritu Santo
la invitación irresistible a corresponder al amor de
su llamada. Él está a la puerta y llama.
Mira, puedes leer en el libro del Apocalipsis,
estoy a la puerta y llamo. Si alguien escucha mi voz y
abra la puerta, entraré en su casa, cenaré con
él y él conmigo.
Él espera de ti el silencio que te dispone a
oír su voz para entrar en Dios mientras Él va
invadiendo tu vida. Ya no eres tú: es Él en
ti. Tú y Él una sola cosa. Unidad de fe y de
amor. Comunión.
Vive intensamente este camino de silencio. Vívelo
a fondo. Él, el Señor, quiere que el silencio
sea como la estrella que orienta tu ruta. Escucha con calma
y paz las palabras que siguen. Yo, simplemente, presto mi
voz al Señor. Escúchalas como si fuera
Él mismo quien las pronunciara.
¡Ábrete al amor! Deja que te empape y te
envuelva, como a la esponja el mar.
Más que amarme a mí, deja que yo te ame
a ti. Abandónate a mi amor.
Conozco tu miseria, los combates y tribulaciones de tu
alma, la debilidad y flaqueza de tu cuerpo. Sé de tu
cobardía y de tus pecados. Conozco tus
desfallecimientos y, con todo, yo te pido: hazme la ofrenda
de tu corazón y ámame tal y como eres.
Si esperas ser un ángel para entregarte al
amor, nunca me llegarías a amar. Incluso, cuando una
y otra vez caes en las faltas que preferirías no
conocer.
Incluso si eres débil en tu virtud, no te puedo
permitir que no me ames.
Ámame tal y como eres. Quiero el amor de tu
corazón indigente.
Si para amarme esperas ser perfecto, no me
amarás nunca.
¿No tengo poder para convertir un grano de arena
en un ángel?.
¿Acaso no puedo, con un solo gesto de mi
voluntad, hacer surgir de la nada miles de santos mil veces
más perfectos y más amantes de mi voluntad que
los que he creado?.
¿No soy el Todopoderoso?.
¿No puedo convertir estas piedras en hijos de
Abraham?.
¿Y si es mi voluntad dejar para siempre en la
nada todos esos seres maravillosos y preferir tu pobre
amor?.
Hijo mío: déjame amarte. Yo quiero tu
corazón. Te voy a transformar con mi amor pero,
mientras tanto, te amo ya como eres y deseo que tú
hagas lo mismo. Deseo ver subir, desde la profundidad de tu
miseria, tu amor. Amo en ti hasta tu debilidad. Amo el amor
de los pobres. Quiero que, desde la indigencia, se eleve
continuamente este grito: "Señor, ¡¡ te amo
!!".
Lo que importa es el canto de tu corazón.
¿Crees acaso que necesito tu inteligencia o tus
talentos? No son virtudes lo que pido. Más
aún, sé que si te las diera, eres tan
débil, que enseguida las mezclarías con tu
amor propio.
No te inquietes por ello. Te podría haber
destinado a grandes cosas. No. Tú serás el
servidor inútil. Te quitaré, incluso, lo poco
que tienes, porque te he creado para el amor. ¡Ama! El
amor hará lo que falta sin que tú tengas que
inquietarte. Procura sólo llenar el momento presente
de tu amor.
Hoy permanezco junto a tu puerta como un mendigo, yo,
el Señor de los señores. Llamo y espero. No
tardes en abrir. No pongas tu miseria como excusa: si
conocieras plenamente tu indigencia, morirías de
dolor. A mí lo único que me podría
doler sería tu duda, y que no me tuvieras
confianza.
Quiero que pienses en mi cada hora del día y de
la noche. No quiero que hagas ni la cosa más
insignificante sin que tenga, como único motivo, el
amor.
Cuando tengas que sufrir, yo te daré la fuerza.
Tú me has dado tu amor, yo te concederé amar
mucho más de lo que podrías haber
soñado. Pero recuerda: ámame tal y como eres.
No esperes ser un santo para abandonarte al amor.
Fíate de mi amor.
Ríe, canta, ama, pues estoy en ti.
Ama a tus hermanos, dales tu amor, diles de mi amor.
La verdad de tu amor a los hermanos testificará que
tú vives en mi amor.
Te amo tal y como eres.
Amo tu oración porque, desde el silencio, nace
de lo más profundo de tu ser.
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