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Dios
es amor: El
encuentro oracional se inicia con la viva experiencia del
amor de Dios. El texto de la I Carta de San Juan focaliza
nuestra atención y nos invita a orar para vivir, y
a vivir para encontrar.
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Reedificar
la casa: Se ora en
un entorno que ha de venir a ser "templo". Para ello
hemos de sentirnos invitados a reedificar la casa
interior, a profundizar lo superficializado y a restaurar
lo dañado. Vamos entrando en un clima de paz y de
amor.
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Un
día en el monte de Dios:
Todos, de alguna manera, podemos tener una posibilidad de
vivir en un lugar de silencio, encuentro y oración
en plena naturaleza. Se ofrecen las pautas concretas para
vivir un día de desierto... Es para todos, incluso
para los que no pueden salir de la "ciudad".
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Moisés,
Moisés: En
el desierto, Dios llama al Pueblo de Israel. Pero llama
de una manera especial a quien ha de conducirlo. Y en el
desierto también llama a cada persona que desea
oír su voz. Si la oyes, hermano, no dejes de
responder. Una "oración de las palabras" te
servirá para escuchar y disponerte a dar la
respuesta.
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Es
tierra de Dios: En
el desierto, Yhavé recuerda a Moisés que
está en tierra de Dios. Vive tú tu desierto
como un encuentro con Él que se te da con amor y
que espera tu disponibilidad. El centro meditativo de
este "diálogo" lo haremos orando, de una manera
muy especial, el relato evangélico de la
curación de la hija de la Cananea.
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Levantaos,
no tengáis miedo:
Son las palabras de Jesús a Pedro, Santiago y Juan
que, azorados, acaban de contemplar el rostro del
Señor Transfigurado. Con estas palabras y las
recomendaciones posteriores, el Señor los
envía nuevamente a la ruta del Reino. Así
debe ser en tu vida... estás en el desierto por un
tiempo, por un instante... Todo ha sido una visión
fugaz. Tu tarea, tu templo, tu oración ha de estar
en la vida, con los hermanos, en el "día a
día" que hace creíble la autenticidad de tu
oración.
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Vivir
buscando el rostro de Dios:
Es éste tu camino. En este objetivo has de centrar
tu oración, recuerda siempre que "encontrar" a
Dios en la oración consiste en buscarlo sin cesar
en la vida.
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Consejos
para la oración:
Muchas veces nos preguntamos cómo orar, qué
hacer para orar como conviene. Jesús nos da la
pauta esencial: "Cuando oréis decid: Padre
nuestro..." Siguiendo esta pauta se te proponen maneras
sencillas de concretarla.
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Oración
ante el Señor Transfigurado:
En cada uno de nosotros el Espíritu Santo hace
nacer una oración. Te ofrezco esta pequeña
oración que surge en la contemplación del
rostro del Señor.
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Dios
también habla:
Todo orante puede haber vivido la experiencia de
"escuchar" la voz del Señor en el interior del
corazón habitado por el silencio. En este sentido
has de situar las palabras que se te ofrecen.
Escúchalas... y después, en el silencio de
tu oración encarnada en la vida, podrás
vivenciarlo y seguir escuchando.
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Nunca
dudes de su presencia:
Es un mensaje de hermano, sencillo, humilde, cordial. Si
nunca dudas de la presencia del Señor
podrás comprobar que siempre, en toda
circunstancia y lugar, a la luz radiante del sol, o en la
oscuridad de la noche... podrás orar sin cesar.
Porque él siempre está. Sólo te pide
que vivas abierto al amor.
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Subiendo
al monte de Dios:
Salmos para el camino. En la misma línea de la
ultima parte del disco 3, se te presentan unos salmos en
versión libre para orar con calma. Sigue tú
el mismo camino y ora tus propios salmos para la
vida.
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Parábola:
Es un pequeño relato de un hecho histórico.
Una ancianita da "señales" de que vive. Es todo su
camino de comunicación con sus vecinos. Tu
oración ha de ser siempre expresión de lo
que vives en Dios, y de lo que vives en la vida... No
importa el "signo": pueden ser insignificantes tus
"señales"... Lo que sí importa es la vida
que te alienta en lo más profundo de tu ser. Este
ha de ser tu testimonio orante.
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