- Jaume
Boada i Rafí O.P.
- Sube
al Monte de Dios
- Pautas
para una experiencia de desierto destinadas a hermanos y
hermanas ya iniciados
- Dios
también habla
Cuando pensamos en la oración, siempre lo hacemos
refiriéndonos a nuestras palabras dirigidas a Dios.
Pero Dios también habla: habla en su Palabra, habla
en la vida, y te habla a ti también en la
oración.
Hace tiempo estaba orando y sentía que la voz de
Dios irrumpía con fuerza en mi propia oración.
Pensé que era una llamada del Señor, una
invitación a callar y escuchar. Después, al
cabo de un tiempo, dejé reposar en mi alma estas
palabras del Señor. Sentí que el Señor
me pedía que las transcribiera. Hoy las pronuncio
para ti.
Me dijo el Señor:
Tú, que has decidido
buscarme: mi mano se posa sobre tu frente, y te amo tal y
como eres.
Te amo y te llamo. Me buscas
porque antes te llamé yo.
Mi mano sobre tu frente es
signo de mi amor. Nunca he dejado de amarte ni de hablarte o
llamarte. Alguna vez lo hice en el silencio y la soledad de
tu oración escondida.
En otras ocasiones te
busqué y te hablé cuando estabas junto a otros
hermanos tuyos reunidos en mi nombre.
Muchas veces no has podido
oír mi llamada porque no había en tu vida ni
el silencio ni la actitud de escucha necesarias.
Más de una vez has
percibido mi voz de una forma vaga o confusa, como una
intuición en la que escuchabas que alguien te
invitaba a entrar en tu propia interioridad. Otras veces te
vi dispuesto a darme una respuesta de aceptación a mi
llamada. Pero tu disponibilidad no ha tenido la
perseverancia necesaria para todo amor sincero.
Aún no te has puesto
nunca, definitivamente, de modo total y exclusivo a escuchar
al Amor.
Nuevamente acudo a ti. Quiero
hablarte, quiero tu entrega total. Te quiero a ti, tal y
como eres, con tu pobreza y tu riqueza. LO REPITO: te quiero
de una forma total y exclusiva.
Te hablaré en secreto
confidencialmente, íntimamente. Escucha lo que mis
labios te dirán, con voz tenue, que solo
podrás percibir en el silencio.
Yo soy el Amor. Soy tu
Señor. ¿Quieres entrar en la vida del Amor?,
¿quieres dejarte amar por el Amor?, ¿estás
dispuesto a vivir en el Amor?, ¿quieres llegar a ser
otro diferente del que has sido y eres?
Hijo mío: tú no
has conocido aquello que eres. Aún no te conoces en
verdad. Quiero decir, aún no te conoces
verdaderamente como objeto de mi amor y, en consecuencia,
aún no has conocido lo que eres en mi y la inmensidad
de posibilidades que hay en ti.
¡Despierta!, Tú
conoces tu pobreza, tus límites, tus pecados, tus
idas y venidas. Crees conocer tu historia, tu vida de cada
día. Pero esto no es tu "yo" verdadero, tu ser
más profundo.
Dentro de todo esto,
detrás de todo lo que, aparentemente, constituye tu
vida, en tu pobreza y en tus límites, yo te amo; te
conozco y te amo. Esta es la verdad total.
Escucha: quizás has
pensado que nadie conoce tu ser más verdadero y
más auténtico. Puedes, incluso, sentirte
incomprendido o no conocido en la profundidad de tu
misterio. Yo sí, yo te comprendo, porque siempre te
he mirado con amor de Padre.
¡Podría decir de
ti cosas tan grandes y tan bellas
! Yo solo deseo que
llegues a ser, en plenitud, aquello que ya eres en mi
pensamiento de amor.
Entra en la vida del amor. Ya
sabes: el amor ha recibido un nombre, ha tomado un rostro de
hombre, ha pasado por vuestros caminos, ha vivido vuestras
alegrías y vuestros llantos, ha asumido la pobreza,
el dolor y la muerte para daros vida.
Yo soy el Amor, y me he
manifestado plenamente en Jesús. Él es el Hijo
del Dios Amor. Mi Hijo amado en quien tengo puesta mi
complacencia. Él se ha hecho uno de vosotros sin
dejar de ser, divinamente, Él mismo: Jesús
Amor.
Si contemplas en tu silencio
el ser de Dios, podrás comprobar que yo soy el Amor,
un amor sin límites. Si llegas a descubrirme como
Amor, podrás experimentar en tu vida que no puedes
vivir sin mi.
Yo seré para ti lo
primero de tu vida, seré tu vida. Llegará un
momento en el que podrás decir que soy la Vida.
Vivirás porque yo vivo, y solo de pensar que existo y
que vivo en ti, tu alma se llenará de
alegría.
Yo seré tu gran
nostalgia, tu única nostalgia, y te sentirás
tan lleno de amor que tu vida cambiará plenamente, y
tu actitud esencial única será el
Amor.
Te sentirás llamado a
hacer de tu propio interior un lugar donde mi presencia es
constante, y tú siempre estarás en mí y
yo estaré en ti.
El recuerdo de mi amor te
acompañará siempre y te dará paz y
alegría. Tu oración será constante
porque vives en el Amor. Tu amor será total y
llegará a todos y a todo, porque me tendrás a
mi como fuente incesante de tu amor.
Tú estarás en mi
y yo en ti. La unión de amor y de comunión
será tan plena que nunca podrás dejar de orar.
Entonces tu oración será muy simple: te
bastará con mirarme, amarme, desearme o estar
conmigo. Y toda esta experiencia viva de mi amor no te
alejará de la vida, ni de los demás hermanos
que caminan contigo, más bien sentirás en tu
alma un deseo de amor y de entrega que se manifestará
en las cosas más pequeñas, en las actitudes
fundamentales de la vid.
Tu corazón será
más cercano, más amigo, más amable,
más humano, porque será un corazón que
ha conocido el amor, y sentirá la necesidad
inexcusable de anunciarlo y darlo a conocer. Piensa que no
siempre lo harás con palabras, será suficiente
tu mirada de paz y de felicidad, aunque algunas veces
sentirás una fuerza interior que te llama a
proclamar, gritar y ser anuncio vivo de mi amor.
Te llamaré al encuentro
silencioso y en soledad conmigo, te invitaré al
desierto para hablarte al corazón y recordar nuestro
amor primero, y verás que tu oración ya es
hermosa por el solo hecho de ser un tiempo para estar
conmigo, en mi presencia y en mi amor. Ya no pedirás
nada, porque te sabes en mi amor y lo esperas
todo.
Yo soy el Amor. No es
necesario que me sientas como amor. Te bastará con
que lo creas, y a partir de esta fe desnuda, verás
que no es necesario que pidas nada o que pienses nada. Solo
te bastará creer en mi, que soy el Amor, y creer que
estás en mis manos amorosas de Padre, y
vivirás de la fe, la esperanza y el amor.
Por ello yo te pido que, desde
mi amor, te metas de lleno en la vida, en la entrega diaria,
en tu responsabilidad y en tu trabajo humano. Vive en una
actitud de cercanía y bondad en relación con
los hermanos, ámalos y haz de tu vida un gesto
concreto y claro de amor. Procura hacerlo todo bien y por
amor. Hazlo todo por mí, que soy el Amor.
Que el amor te lleve a orar tu
propia vida y, al mismo tiempo, a hacer una oración
viva en la que todo tu ser, tu alma y tu cuerpo se abandonen
en mi.
Busca mi rostro y mi presencia
en todo: en la vida, en los acontecimientos de tu propia
historia, en la creación y en el rostro de tus
hermanos. Recuérdalo: en todos ellos estoy yo, que
soy el Amor. Yo estoy en todos ellos y ellos están en
mi, pues mi corazón de Padre se hace amor acogedor
para todos. Por esto, cuando quieras hablar de mi, cuando
desees darme a conocer y convertirte en testigo de mi amor,
te bastará con que digas: "Hermano, Dios,
Dios-Amor, te conoce y te ama, y espera que tú le
reconozcas presente en tu vida
amándote".
Como exigencia que nace en la
contemplación de mi rostro, te sentirás
llamado a ser testigo de mi amor. Habla con las palabras
pero, sobre todo, habla con tu paz, habla con tu
alegría y con la serenidad con la que lo asumes todo
y aceptas tu propio camino.
Di a tus hermanos desde tu
experiencia contemplativa: "Apareció la ternura y
el amor de Dios" y quiero que todos sepan que mi amor
tiene unas manifestaciones muy concretas, tanto para ti como
para todos tus hermanos los hombres.
Piensa en silencio estas
palabras que te digo y os digo:
- Si nadie te ama, mi
alegría es amarte.
- Si lloras o sufres, estoy
deseando consolarte.
- Si te sientes
débil, yo seré para ti fuerza y
energía.
- Si nadie te necesita, yo
busco tu amor, lo deseo.
- Si alguien te hace sentir
inútil, yo no puedo prescindir de ti.
- Si te sientes
vacío, sin nada, con las manos tendidas
suplicantes, mi amor te colmará.
- Si estás cansado o
te pesa la vida, te llevo sobre mis hombros como el Buen
Pastor lleva a la oveja herida.
- Si estás dispuesto
a caminar, yo lo haré contigo.
- Si me llamas, acudo
siempre.
- Si te pierdes, yo no
duermo hasta encontrarte.
- Si estás abatido,
yo soy tu serenidad y tu reposo.
- Si pecas, no sólo
te perdono, sino que quiero ser tu
perdón.
- Si me hablas,
trátame de tú, con la confianza y el amor
con la que hablarías a tu padre.
- Si me pides, soy don par
ti.
- Si me necesitas, haz
silencio y oirás mi voz que te dice: "Estoy
aquí, sí, estoy aquí, estoy dentro
de ti".
- Si te resistes, no quiero
que hagas nada a la fuerza.
- Si estás a oscuras,
soy lámpara para tus pasos.
- Si tienes hambre, soy Pan
de Vida para ti.
- Si eres infiel, ten la
seguridad de que yo soy y seré siempre
fiel.
- Si quieres conversar, yo
te escucho siempre.
- Si me miras, verás
la verdad de mi amor por ti.
- Si te sientes manchado, no
quiero que salves las apariencias, porque te amo como
eres, con tu mancha.
- Si quieres ver mi rostro,
mira una flor, una fuente, un niño, un rostro de
paz y me verás.
- Si te sientes excluido,
recuerda que yo soy tu aliado.
- Si todos te olvidan, mis
entrañas se estremecen
recordándote.
- Si crees no tener a nadie,
me tienes a mi.
- Si te sientes
pequeño, piensa que yo te amo gratuitamente,
generosamente, entrañablemente.
- Si eres feliz, yo soy el
alma de tu felicidad.
- Si estás alegre, yo
río y canto contigo.
- Si me esperas, yo entro en
tu vida, vengo a ti con pasos de amigo, unas veces con
palabras y otras con silencios.
- Si necesitas sentirte
amado, yo soy Amor.
- Si estás sediento,
yo estoy sentado en el brocal de tu pozo
pidiéndote de beber.
- Si te comprometes a ayudar
a los que necesitan, yo me siento ayudado por ti. Yo
mismo doy fuerza a tus manos cansadas.
- Si te comprometes por la
justicia, yo te daré la herencia del
Reino.
- Si consuelas al
desconsolado, o enjugas las lágrimas de quien
llora, recuerda que yo siempre estoy con aquel que
sufre.
- Si estás decidido a
optar por mi, no olvides que yo puse un día mi
mano sobre tu frente.
- Si eres silencio, mi
palabra habitará en tu corazón.
Por todo esto verás que
mi presencia en tu vida es sencilla y amplia; de cada
día, en todo y siempre, llena de amor.
Por esto espero de ti una
oración simple, en la que es tanto lo que sientes
necesidad de decir, que prefieres dejar las palabras y orar
en silencio.
Limítate a vivir en mi,
pues ya sabes que te amo tal y como eres.
Que sea una oración que
tienda hacia la simplicidad, pues vives siempre en el
inestimable sacramento de mi presencia.
Que sea una oración
constante y silenciosa, de atención amorosa y cordial
de mi presencia.
No busques las
fórmulas, despójate de "las oraciones",
pues yo prefiero tu amor humilde y fiel y tu abandono pleno
y total en mis manos de Padre.
Despojaré tu
oración de apoyos sensibles, de razonamientos
intelectuales y de métodos superfluos. Tu camino
hacia la contemplación se ha de hacer en la actitud
del pobre que espera en silencio.
Verás como, poco a
poco, tu única oración será
JESÚS y comprobarás que esta
simplificación de tu plegaria no se realiza en ti por
tu propia decisión, sino bajo la acción del
Espíritu Santo.
Verás también
cómo tu oración no puede reducirse a los
límites de un tempo determinado, sino que será
la expresión de toda tu vida, como si fuera la
respiración de los pulmones de tu alma.
Por ello quiero recordarte las
palabras de Jesús que invitan a sus seguidores a orar
sin cesar. Tu contemplación será una respuesta
a la conciencia de la inhabitación del
Espíritu Santo en tu propia alma. Él
creará en tu vida una comunión de amor
perpetua e ininterrumpida contigo.
Yo soy el Amor, y me doy a ti,
y me daré siempre.
No te asustes si tu
oración es un combate. Tendrás que luchar con
tus propias impaciencias, con tu indolencia espiritual, con
tu afán de autonomía.
Recuerda que yo quiero hacer
el camino de la vida contigo. Yo quiero ser, por amor, no
por dominio, coprotagonista de tu propia
historia.
Nunca olvides, hijo
mío, la presencia de la cruz. La cruz, el dolor, el
sufrimiento, la obediencia abnegada a mi voluntad fueron la
máxima expresión de amor de Jesús, que
murió por ti, por amor de tu amor, para salvarte y
liberarte, para ser la salvación de todos tus
hermanos los hombres.
Acepta la cruz cuando acuda a
tu vida. No lo hagas por resignación forzada, sino
por amor. Yo estoy más cerca de ti cuando sientes la
cruz en tus espaldas y en tu vida. Yo estoy cerca de todo el
que sufre. En tu vida de solidaridad encontrarás la
bondad de mi rostro.
Camina hacia la
contemplación y experimentarás también
mi silencio y, más de una vez, tendrás la
impresión de que yo estoy lejos, o que es de noche.
Podrás experimentar la sequedad y la desgana en la
oración.
Se fiel, búscame
siempre en el silencio y en la aridez. Persevera. Yo estoy
contigo. Que las nubes en tu oración no te hagan
olvidar que yo soy el sol de la presencia de amor que me
oculto tras ellas. No lo hago ni para probarte ni para
hacerte sufrir. Más bien espero la
purificación de tu amor y de tu fidelidad al camino
contemplativo.
Nunca te sientas perdido. Yo
estoy contigo. Ofrece en tu oración tu silencio, tu
deseo, tu espera y tu perseverancia, pues en tu peregrinar
hacia la contemplación sólo debes buscarme a
mi.
Yo quiero ser tu deseo
esencial, la gran esperanza de tu vida, el amor
total.
Percibirás que, a
medida que avances en tu oración, la irás
viviendo como un simple, sencillo, pobre y desnudo acto de
fe, de esperanza y de amor.
Si estás dispuesto a
hacer el camino de la contemplación has de asumir,
antes de tu partida, todo lo que esconda la ruta.
Acéptalo por adelantado y vívelo cuando
corresponda.
Ten una gran confianza, pues
soy yo quien te dice, por medio del profeta Isaías,
"No temas, yo te he rescatado, te he llamado por tu
nombre. Tú eres mío. Si pasas por las aguas,
yo estoy contigo; si cruzas los ríos, no te
anegarán; si pasas por el fuego no te quemarás
ni la llama prenderá en ti; porque yo soy
Yavé, tu Dios, el santo de Israel, tu salvador. Eres
precioso a mis ojos. Yo te amo. No tengas miedo, que yo
estoy contigo".
|