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San
Francisco de Sales - Introducci�n a la vida devota
(�ndice)
Primera parte
CAPÍTULO
XI
Meditación
3ª : DE LOS BENEFICIOS DE DIOS
PREPARACIÓN.
1.
Ponte en la presencia de Dios.
2.
Pídele que te ilumine.
CONSIDERACIONES.
1.
Considera las gracias corporales que Dios te ha concedido:
este cuerpo, estas facilidades para sustentarlo, esta salud,
estas satisfacciones lícitas, estos amigos, estos
auxilios. Mas considera esto, comparándote con tantas
otras personas que valen más que tú, las
cuales se ven privadas de estos beneficios: unas son
contrahechas, otras mutiladas, otras caree-en de salud;
otras son objeto de oprobios, de desprecios y de deshonra;
otras están abatidas por la pobreza; y Dios no ha
querido que tú fueses tan desgraciada.
2.
Considera los dones del espíritu: cuantas personas
hay, en el mundo, imbéciles, furiosas, insensatas;
¿y por qué no eres tú una de tantas?
Porque Dios te ha favorecido. ¡Cuántos han sido
criados groseramente y' en la mayor ignorancia, y la
Providencia divina ha hecho que tú fueses educada con
urbanidad y con decoro!
3.
Considera las gracias espirituales: ¡Oh Filotea!,
tú eres hija de la Iglesia; Dios te ha
enseñado a conocerle, desde tu juventud.
¿Cuántas veces te ha dado sus sacramentos?
¿Cuántas veces te ha ayudado, con inspiraciones,
luces interiores y reprensiones, para tu enmienda?
¿Cuántas veces te ha perdonado tus faltas?
¿Cuántas
veces te ha librado de las ocasiones de perderte, a que te
habías expuesto? Y estos años pasados ¿no
te han ofrecido una oportunidad y una facilidad para avanzar
en el bien de tu alma? Examina en sus pormenores,
cuán suave y generoso ha sido Dios contigo.
AFECTOS
Y RESOLUCIONES.
1.
Admira la bondad de Dios.¡ Oh! ¡qué bueno
es Dios para conmigo! ¡Qué bueno es! y tu
Corazón, ¡oh Señor!, ¡cuán
rico es en misericordia y cuán generoso en bondad!
Cantemos eternamente, ¡oh alma!, la multitud de
mercedes que nos ha otorgado.
2.
Admira tu ingratitud. Mas, ¿quién soy yo,
¡oh Señor!, para que hayas pensado en mí?
¡Oh, cuán grande es mi indignidad! ¡Ah! yo
he pisoteado tus beneficios, he deshonrado tus gracias,
convirtiéndolas en objeto de abuso y de menosprecio
de tu soberana bondad; he opuesto el abismo de mi ingratitud
al abismo de tu gracia y de tu favor.
3.
Excítate a agrade cimiento. Arriba, pues ¡oh
corazón mío! ; no quieras ser infiel, ingrato
y desleal con este gran bienhechor. Y ¿cómo mi
alma no estará, de hoy en adelante, sometida a Dios,
que ha obrado, en mí y para mí, tantas gracias
y tantas maravillas?
4.
¡ Ah, por lo tanto, oh Filotea!, aparta tu
corazón de tales y tales placeres; procura tenerlo
sujeto al servicio de Dios, que tanto ha hecho por ti;
dedica tu alma a conocerle y reconocerle más y
más, practicando los ejercicios que para ello se
requieren, y emplea cuidadosamente los auxilios que, para
salvarte y amar a Dios, posee la Iglesia. Sí,
frecuentaré la oración, los sacramentos;
escucharé la divina palabra y pondré en
práctica las inspiraciones y los consejos.
CONCLUSIÓN.
1.
Da gracias a Dios por el conocimiento que te ha dado de tus
deberes y por todos los beneficios que hasta ahora has
recibido.
2.
Ofrécele tu corazón con todas tus
resoluciones.
3.
Pídele que te dé fuerzas, para
practicarlas fielmente, por los
méritos de la muerte de su Hijo: implora la
intercesión de la Virgen y de los santos.
CAPÍTULO
XII
Meditación
4ª: DE LOS PECADOS
PREPARACIÓN.
1.
Ponte en la presencia de Dios.
2.
Pídele que te ilumine.
CONSIDERACIONES.
1.
Piensa en el tiempo que hace comenzaste a pecar y mira como,
desde entonces, has ido multiplicando los pecados en tu
corazón, y como, todos los días, has
añadido otros nuevos contra Dios, contra ti mismo,
contra el prójimo, de obra, de palabra, de deseo, de
pensamiento.
2.
Considera tus malas inclinaciones y las muchas veces que has
ido en pos de ellas. Estos dos puntos te
enseñarán que el número de tus culpas
es mayor que el de los cabellos de tu cabeza, tan grande
como el de las arenas del mar.
3.
Considera aparte el pecado de ingratitud para con Dios,
pecado general que abarca todos los demás y los hace
infinitamente más enormes.
Mira
cuántos beneficios te ha hecho Dios y cómo has
abusado de todos ellos contra el Dador; singularmente,
cuántas inspiraciones despreciadas, cuántas
mociones saludables inutilizadas. Y más aún,
¿cuántas veces has recibido los sacramentos y
con qué fruto? ¿Qué se han hecho las
preciosas joyas con que tu amado esposo te había
adornado? Todo ha quedado sepultado bajo tus iniquidades.
¿Con qué preparación los has recibido?
Piensa en esta ingratitud, a saber, que, habiendo corrido
tanto Dios en pos de ti para salvarte, siempre has huido
tú de Él para perderte.
AFECTOS
Y RESOLUCIONES.
1.
Confúndete en tu miseria. ¡Oh Dios mío!,
¿cómo me atrevo a comparecer ante tus ojos?
¡Ah!, yo no soy más que una apostema del mundo y
un albañal. de ingratitud y de iniquidad. ¿Es
posible que haya sido tan desleal, que no haya dejado de
viciar, violar y manchar uno solo de mis sentidos, una sola
de las potencias de mi alma, y que, ni un solo día de
mi vida haya transcurrido sin producir tan malos efectos?
¿Es de esta manera como había de corresponder a
los beneficios de mi Creador y a la sangre de mi Redentor?
2.
Pide perdón y arrójate a los pies del
Señor, como un hijo pródigo, como una
Magdalena, como una esposa que ha profanado el tálamo
nupcial con toda clase de adulterios. ¡Oh
Señor!, misericordia para esta pobre pecadora.
¡Ay de mí! ¡Oh fuente viva de
compasión, ten piedad de esta miserable!
3.
Propón vivir mejor. ¡Oh Señor!
jamás, mediante tu gracia, me entregaré al
pecado. ¡Ay de mí!, demasiado lo he querido. Lo
detesto y me abrazo a Ti, ¡Oh Padre de misericordia!;
quiero vivir y morir en Ti.
4.
Para borrar los pecados pasados, me acusaré de ellos
valerosamente y no dejaré de confesar uno solo.
5.
Haré todo cuanto pueda, para arrancar enteramente las
malas raíces de mi corazón, particularmente
tales y tales, que son especialmente enojosas.
6. Y
para lograrlo, echaré mano de los medios que me
aconsejen, y jamás creeré haber hecho lo
bastante para reparar tan grandes faltas.
CONCLUSIÓN.
1.
Da gracias a Dios, que te ha esperado hasta la hora presente
y te ha comunicado tan buenos afectos.
2.
Ofrécele tu corazón, para llevarlos a la
práctica.
3.
Pide que te robustezca, etc.
CAPÍTULO
XIII
Meditación
5ª: DE LA MUERTE
PREPARACIÓN.
1.
Ponte en la presencia de Dios.
2.
Pídele su gracia.
3.
Imagínate que estás gravemente enferma, en el
lecho de muerte, sin ninguna esperanza de escapar de ella.
CONSIDERACIONES.
1.
Considera la incertidumbre del día de tu muerte.
¡Oh alma mía!, un día saldrás de
este cuerpo. ¿ Cuándo será? ¿
Será en invierno o en verano? ¿En la ciudad o en
el campo? ¿De día o de noche? ¿De repente o
advirtiéndolo? ¿ De enfermedad o de accidente?
¿Con tiempo para confesarte o no? ¿Serás
asistida por tu confesor o padre espiritual? ¡Ah! de
todo esto no sabemos absolutamente nada; únicamente
es cierto que moriremos y siempre mucho antes de lo que
creemos.
2.
Considera que entonces el mundo se acabará para ti;
para ti ya habrá dejado de existir, se
trastornará de arriba abajo delante de tus ojos.
Sí, porque entonces los placeres, las vanidades, los
goces mundanos, los vanos afectos nos parecerán
fantasmas y niebla. ¡Ah desdicha da!, ¿por
qué bagatelas y quimeras he ofendido a mi Dios?
Entonces verás que hemos dejado a Dios por la nada.
Al contrario, la devoción y las buenas obras te
parecerán entonces deseables y dulces. Y, ¿por
qué no he seguido por este tan bello y agradable
camino? Entonces los pecados, que parecían tan
pequeños, parecerán grandes montañas, y
tu devoción muy exigua.
3.
Considera las angustiosas despedidas con que tu alma
abandonará a este feliz mundo: dirá
adiós a las riquezas, a las vanidades y a las vanas
compañías, a los placeres, a los pasatiempos,
a los amigos y a los vecinos, a los padres, a los hijos, al
marido, a la mujer, en una palabra, a todas las criaturas;
y, finalmente, a su cuerpo, al que dejará
pálido, desfigurado, descompuesto, repugnante y mal
oliente.
4.
Considera con qué prisas sacarán fuera el
cuerpo y lo sepultarán, y que, una vez hecho esto, el
mundo ya no pensará más en ti, ni se
acordará más, como tú tampoco has
pensado mucho en los otros. Dios le dé el descanso
eterno, dirán, y aquí se acabará todo.
¡Oh muerte, cuán digna eres de
meditación; cuán implacable eres ¡
5.
Considera que, al salir del cuerpo, el alma emprende su
camino, hacia la derecha o hacia la izquierda. ¡Ah!
¿Hacia dónde irá la tuya?
¿Qué camino emprenderá? No otro que el
que haya comenzado a seguir en este mundo.
AFECTOS
Y RESOLUCIONES.
1.
Ruega a Dios y arrójate en sus brazos. ¡Ah,
Señor!, recíbeme bajo tu protección, en
aquel día espantoso; haz que esta hora sea para
mí dichosa y favorable, y que todas las demás
de mi vida sean tristes y estén llenas de
aflicción.
2.
Desprecia al mundo. Puesto que no sé la hora en que
tendré que dejarte, joh mundo!, no quiero aficionarme
a ti. ¡Oh mis queridos amigos!, mis queridos
compañeros, permitidme que sólo os ame con una
amistad santa que pueda durar eternamente. Porque ¿a
qué vendría unirme con vosotros con lazos que
se han de dejar y romper?
3.
Quiero Prepararme para esta hora y tomar las necesarias
precauciones para dar felizmente este paso; quiero asegurar
el estado de mi conciencia, haciendo todo lo que esté
a mi alcance, y quiero poner remedio a éstos y a
aquellos defectos.
CONCLUSIÓN.
Da
gracias a Dios por estos propósitos que te ha
inspirado; ofrécelos a su divina Majestad;
pídele de nuevo que te conceda una muerte feliz, por
los méritos de la muerte de su Hijo.
Padrenuestro,
etc.
Haz
un ramillete de mirra.
CAPÍTULO
XIV
Meditación
6ª: DEL JUICIO
PREPARACIÓN.
1.
Ponte en la presencia de Dios.
2.
Pídele que te ilumine.
CONSIDERACIONES.
1.
Finalmente, después de transcurrido el tiempo
señalado por Dios a la duración del mundo y
después de una serie de señales y presagios
horribles, que harán temblar a los hombres de espanto
y de terror, el fuego, que caerá como un diluvio,
abrasará y reducirá a cenizas toda la faz de
la tierra, sin que ninguna de las cosas que vernos sobre
ella llegue a escapar.
2.
Después de este diluvio de llamas y rayos, todos los
hombres saldrán del seno de la tierra,
excepción hecha de los que ya hubieren resucitado, y,
a la voz de¡ Arcángel, comparecerán en el
valle de Josafat. ¡Mas, ay, con qué diferencia!
Porque los unos estarán allí con sus cuerpos
gloriosos y resplandecientes y los otros con los cuerpos
feos y espantosos.
3.
Considera la majestad, con la cual el soberano Juez
aparecerá, rodeado de todos los ángeles y
santos, teniendo delante su cruz, más reluciente que
el sol, enseña de gracia para los buenos y de rigor
para los malos.
4.
Este soberano Juez, por terrible mandato suyo, que
será enseguida ejecutado, separará a los
buenos de los malos, poniendo a los unos a su derecha y a
los otros a su izquierda; separación eterna,
después de la cual los dos bandos no se
encontrarán jamás.
5.
Hecha la separación y abiertos los libros de las
conciencias, quedará puesta de manifiesto, con toda
claridad, la malicia de los malos y el desprecio de que
habrán hecho objeto a Dios; y, por otra parte, la
penitencia de los buenos y los efectos de la gracia de Dios
que, en vida, habrán recibido y nada quedará
oculto. ¡ Oh Dios, qué confusión para los
unos y qué consuelo para los otros!
6.
Considera la última sentencia de los malos. «Id
malditos al fuego eterno, preparado para el diablo y sus
compañeros». Pondera estas palabras tan graves.
«Id», les dice. Es una palabra de abandono eterno,
con que Dios deja a estos desgraciados y los aleja para
siempre de su faz. Les llama « malditos ». ¡
Oh alma mía, qué maldición!
Maldición general, que abarca todos los males;
maldición irrevocable, que comprende todos los
tiempos y toda la eternidad. Y añade «al fuego
eterno». Mira, ¡oh corazón mío! esta
gran eternidad. ¡Oh eterna eternidad de las penas,
qué espantosa eres!
7.
Considera la sentencia contraria de los buenos:
«Venid», dice el Juez. ¡Ah!, es la agradable
palabra de salvación, por la que Dios nos atrae hacia
sí y nos recibe en el seno de su bondad;
«benditos de mi Padre»: ¡oh hermosa
bendición, que encierra todas las bendiciones!
«tomad posesión del reino que tenéis
preparado desde la creación del mundo».
¡Oh, Dios mío, qué gracia, porque este
reino jamás tendrá fin!
AFECTOS
Y RESOLUCIONES.
1.
Tiembla, ¡oh alma mía!, ante este recuerdo.
¿Quién podrá, ¡oh Dios mío!,
darme seguridad para aquel día, en el cual
temblarán de pavor las columnas del firmamento?
2.
Detesta tus pecados, pues sólo ellos pueden perderte
en aquel día temible.
3.
¡Ah!, quiero juzgarme a mí mismo ahora, para no
ser juzgado después. Quiero examinar mi conciencia y
condenarme, acusarme y corregirme, para que el Juez no me
condene e aquel día terrible: me confesaré y
haré caso de los avisos necesarios, etc.
CONCLUSIÓN.
1.
Da gracias a Dios, que te ha dado los medios de asegurarte
para aquel día, y tiempo para hacer penitencia.
2.
Ofrécele tu corazón para hacerla.
3.
Pídele que te dé su gracia para llevarla a la
práctica.
Padrenuestro,
etc.
Haz
el ramillete espiritual.
CAPÍTULO
XV
Meditación
7ª : DEL INFIERNO
PREPARACIÓN.
1.
Ponte en la presencia de Dios.
2.
Humíllate y pídele su auxilio.
3.
Imagínate que estás en una ciudad envuelta en
tinieblas, abrasada de azufre y pez pestilente, llena de
ciudadanos que no pueden salir de ella.
CONSIDERACIONES.
1.
Los condenados están dentro del abismo infernal como
en una ciudad infortunada, en la cual padecen tormentos
indecibles, en todos sus sentidos y en todos sus miembros,
pues, por haberlos empleado en pecar, han de padecer en
ellos las penas debidas al pecado: los ojos, en castigo de
sus ilícitas y perniciosas miradas, tendrán
que soportar la horrible visión de los demonios y del
infierno; los oídos, por haberse complacido en malas
conversaciones, no oirán sino llantos, lamentos de
desesperación y así todos los demás
sentidos.
2.
Además de todos estos tormentos, todavía hay
otro mayor, que es la privación y la pérdida
de la gloria de Dios, que jamás podrán
contemplar. Si a Absalón, la privación de la
amable faz de su padre le pareció más
intolerable que el mismo destierro, ¡oh Dios
mío, qué pesar, el verse privado para siempre
de la visión de tu dulce y suave rostro!
3.
Considera, sobre todo, la eternidad de las llamas, que, por
sí sola hace intolerable el infierno. ¡ Ah!, si
un mosquito en la oreja, si el calor de una ligera fiebre es
causa de que nos parezca larga y pesada una noche corta,
¡cuán espantosa será la noche de la
eternidad, en medio de tantos tormentos! De esta eternidad
nace la desesperación eterna, las blasfemias y la
rabia infinita.
AFECTOS
Y RESOLUCIONES.
1.
Espanta a tu alma con estas palabras de Job: «Ah, alma
mía, ¿podrías vivir eternamente en estos
ardores eternos y en este fuego devorador?»
¿Quieres dejar a Dios para siempre?
2.
Confiesa que los has merecido y ¡cuántas veces!
Pero, de ahora en adelante, quiero andar por la senda
contraria; ¿ por qué he de descender a este
abismo?
3.
Haré, pues, estos y aquellos esfuerzos para evitar el
pecado, que es la única cosa que puedo darme la
muerte eterna.
Da
gracias, ofrece, ruega.
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