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P.
Bustos, S.J.
La Gracia
I. EN
ÉL TENEMOS EL PERDÓN DE LOS PECADOS (Ef.
1,7)
- 1.
Introducción
- 2. Dos
parábolas
- 3. La gracia
santificante
- 4. La
"justificación" como perdón de los
pecados
- 5. Trento y
Lutero
- 6. La
objeción: peca fuerte y cree más
fuertemente y te salvarás.
-
II. LA VIDA
DEL HOMBRE JUSTIFICADO
- 1. La
inhabitación trinitaria: la gracia
increada:
- templos del
Esp�ritu Santo (1 Cor. 6,19)
- hijos del
Padre (Gál. 4,68; Rom. 8,1516)
- miembros del
cuerpo de Cristo (1 Cor. 12,1231a)
- la
fraternidad: dimensión social de nuestra
incorporación a Cristo
- 2. El hombre
en Cristo: la nueva creatura
- 3. La
experiencia de la gracia
- 4. El
crecimiento de la gracia, los méritos y el
premio
- 5. La vida en
la fe, la esperanza y la caridad
- 6. Caridad,
historia y escatología.
1. EN EL TENEMOS EL
PERDÓN DE LOS PECADOS (Ef. 1,7)
1. Introducción
El hombre es creatura de Dios, llamado desde siempre a la
amistad con El y, como creatura llamada a la amistad con
Dios, ha de referir a Dios toda su existencia y toda la
realidad.
La situación del hombre en este mundo se ha visto
afectada por el pecado. Antes de que cada hombre tome
decisiones libres su existencia está ya influida por
el pecado de los hombres anteriores; nos vemos afectados por
el pecado ya desde el momento mismo de nuestro nacimiento.
Por otra parte, esa situación, la de hallarnos
afectados negativamente por el pecado, a lo largo de la
vida, los hombres, quien más y quien menos, la vamos
ratificando, y la apoyamos con nuestras actuaciones y con
nuestras decisiones.
Dedicaremos estas dos charlas a la gracia. A buen seguro
que "la gracia santificante" es un concepto que los
más viejos del lugar recuerdan de sus años
jóvenes. Sin embargo, creo que estarán de
acuerdo conmigo en que tal concepto no está demasiado
presente hoy en la predicación, en la
homilías, en el discurso habitual en la vida de la
Iglesia. No ocurre lo mismo en la Teología, donde la
gracia no sólo está presente sino que es
ciertamente un concepto central. Es, por decirlo así,
el mismo evangelio.
¿Por qué está tan ausente de la
predicación y de la vida pastoral de la Iglesia?.
Creo que para evitar malentendidos. La impresión que
tengo es que el que predica, el que habla de lo de Dios, el
que realiza una acción pastoral, el que colabora en
un grupo de cristianos tiende a evitar el término
gracia porque es una palabra que con frecuencia conduce a
malentendidos dado el mundo de representaciones que dicho
concepto evoca en la gente. Quizá por eso el concepto
no está muy presente en el discurso evangelizador,
aunque evidentemente la realidad que ese concepto expresa si
lo está. Si no lo estuviera nos habríamos
olvidado del mismo evangelio.
Este tema de la gracia en los planes de estudio de las
Facultades de Teología suele estar dentro de un curso
de antropología teológica. O sea, que estamos
hablando del hombre. Lo que significa que en la
concepción cristiana del hombre éste es, antes
que cualquier otra cosa, un ser agraciado por Dios con su
amistad y agradecido a Dios de haber sido agraciado. Es lo
que vamos a decir a continuación. Así
intentaremos sacar a la luz lo que se esconde tras la
palabra gracia. No vamos a evitar el concepto, sino que
vamos a intentar explicarlo sin que haya lugar a
malentendidos.
2. Dos parábolas
Voy a comenzar recordando dos parábolas del
evangelio que todo el mundo recuerda sin duda alguna. La
primera la tenemos en Mateo 20, 1-15 y es la parábola
de los trabajadores enviados a la viña. La segunda
está en Lucas 18, 9-14 y es la parábola del
fariseo y del publicano. Dos parábolas de la
gracia.
La parábola de los trabajadores enviados a la
viña comienza diciendo: "El reino de los cielos se
parece a..." El "Reino de los Cielos" es Dios. Por tanto,
vamos a traducir un poco más el comienzo de la
parábola: "Dios cuando actúa se parece a un
señor que tiene una viña".., y va contratando
trabajadores para su viña, a primera hora de la
mañana, a media mañana, a mediodía, a
última hora de la tarde. El salario, un denario,
sólo lo ha ajustado con los trabajadores contratados
a primera hora de la mañana. A los demás
promete pagarles lo que sea justo. El dueño de la
viña al final del día da a cada trabajador el
mismo salario, un denario; también a los que
sólo han trabajado una hora.
Yo creo que sólo entendemos bien esta
parábola cuando nos sentimos escandalizados por la
actuación de Dios, representado aquí en el
dueño de la viña. Solamente ha captado el
mensaje de la parábola quien deja salir desde el
fondo del corazón un ¡no hay derecho! al ver la
"injusticia" de que se pague lo mismo al que ha estado un
rato de la tarde trabajando en la viña que a quien ha
ido desde el alba y ha soportado el peso del día y
del calor del sol.
Y después de haber dejado salir de nuestro
corazón ese grito de "¡no hay derecho!,
¡Dios no es justo!", podemos dar el paso siguiente, que
es caer en la cuenta de que Dios nos regala a todos con su
denario, independientemente de lo que hayamos trabajado.
Entonces estamos empezando a entender cuál es la
actuación de Dios con los hombres. En esto de las
relaciones con Dios, uno no se merece el sueldo que se
cobra. El propietario de la viña responde al
trabajador que protesta: "te pago porque soy bueno"... (v.
15). En resumen, Dios nos pide la disposición de ir a
trabajar a la viña, nos pide la buena
intención, no importa tanto lo que en la viña
se hace. Luego, nos regala el salario, que nuestro trabajo
no ha merecido.
La otra parábola es la del fariseo y del
publicano, que encontramos en el evangelio de Lucas
(18,9-14). El fariseo, de pie, erguido ante Dios, le da
gracias por lo que es: "gracias re doy, Dios mío,
porque no soy como el resto de los hombres, ladrones,
injustos, adúlteros... ayuno dos veces por semana y
pago el diezmo de todo lo que poseo". Mientras que el
publicano, ya lo entendamos como el cobrador de impuestos al
servicio de Roma o como el taquillero que cobra la entrada y
los servicios en una casa de prostitución, colocado
lejos, sin levantar los ojos al cielo sólo puede
musitar que es un pobre pecador.
Jesús nos dice que es el publicano, y no el
fariseo, quien salió justificado; es decir, quien
salió amigo de Dios. De nuevo sólo
entenderemos la parábola si dejamos brotar de nuestro
interior otra vez ese "no hay derecho". El fariseo es el que
ha cumplido los mandamientos, el que ha actuado de acuerdo
con lo mandado. Hasta ayuna y da limosna. Y además da
gracias a Dios. No es interpretación correcta de la
parábola pretender que al fariseo le faltaba una
virtud, la virtud de la humildad, que era la única
que tenía el publicano. No es una parábola
dicha para alabar la humildad como una virtud entre otras.
La parábola apunta a enseñarnos cuál ha
de ser la forma en que uno se coloca ante Dios. Si el
fariseo después de sus limosnas y sus ayunos hubiera
dicho "soy un siervo inútil y sin provecho" (Lc
17,10), es decir, no he hecho nada que merezca la pena,
porque he hecho lo que tenía que hacer, hubiera
salido justificado ante Dios.
¿Qué quiero decir con esto? Que el hombre
religioso puede adoptar ante Dios dos posturas, una postura
es la farisea y otra es la cristiana. Y que conste que
cuando digo fariseo, lo digo en un sentido muy positivo. No
utilizo la palabra fariseo de forma peyorativa. Para
mí el sentido negativo de lo fariseo está en
"farisaico". Fariseo es el hombre religioso que cree que con
su actuación alcanza la amistad con Dios y que si
actúa bien, Dios le quiere más. Por eso se
esfuerza en actuar bien, en cumplir los mandamientos, hacer
obras de caridad, dar limosnas, etc. Al final pasa la
factura a Dios de lo que ha hecho y le dice: Puesto que he
actuado tan bien me tienes que premiar. La postura farisaica
es la de aquel que además de no actuar bien, encima
pretende aparentar que sí lo ha hecho.
Pues bien la actitud cristiana no es una
actitud farisea. El cristiano está encantado de que
al final de la jornada le regalen el denario, sabiendo que
ha trabajado poco. Y sabe que ha trabajado poco aunque haya
ido a primera hora de la mañana. El cristiano es
quien, al acercarse al templo, siempre dice "ten piedad de
mi Señor, porque soy un hombre pecador y no merezco
tu amor, pero lo tengo". Claro que para eso el cristiano ha
de andar convirtiéndose continuamente de fariseo en
verdadero cristiano (1).
3. La gracia santificante
Ya casi está dicho lo fundamental sobre la gracia.
Vamos, sin embargo, a analizar la semántica del
concepto en castellano. Gracia se relaciona
etimológicamente en castellano con estas cuatro
palabras: gratis, agraciado, grato y
agradecido.
La gracia es algo que Dios nos da "gratis". Gratis quiere
decir, sin merecerlo, sin que nos lo de contra la entrega de
un recibo o de una factura,. Gratis es lo que se da porque
si.
Gracia se relaciona también con "agraciado".
Cuando nosotros decimos "la agraciada señorita"
aunque suene un poco cursi, estamos dando a entender que una
determinada persona tiene una serie de cualidades que nos la
hacen grata. El haber recibido la gracia de Dios nos
convierte en agraciados, porque trasforma lo que somos. Y el
ser agraciados nos hace "gratos" a Dios. Es decir,
agradables a Dios. Las personas nos son a veces gratas y
otras veces no. A un embajador se le puede declarar persona
"non grata" con lo que se pone fin a su
representación. Cuando el hombre recibe la gracia de
Dios se convierte en grato ante Dios. Es agradable a Dios.
Dicho de otra manera, Dios le ha hecho amigo suyo y
agradable a si mismo.
Y, por fin, gracia tiene que ver etimológicamente
también con "agradecido". Lo que se da gratis produce
en quien lo recibe agradecimiento. La persona que ha
recibido la gracia de Dios ha de mostrarse agradecido. Tal
como dice el refrán castellano, "es de bien nacidos
ser agradecidos". Lo que se da gratis, lo que se regala,
pide respuesta.
Entonces ¿qué es la gracia santificante?. Es
un regalo de Dios que nos transforma, haciéndonos
agradables a El, es decir "santos", por eso se llama
santificante , y que exige de nuestra parte una respuesta,
una correspondencia al regalo.
¿Esa gracia qué cosa es? La gracia no es
ninguna cosa, sino Dios mismo. No es que Dios nos regale
algo sino que se nos da a Sí mismo. La gracia
santificante es Dios mismo que se nos regala a nosotros,
gratis, sin que hayamos hecho nada para merecerlo, sin que
podamos reclamar tampoco ese regalo, y que nos trasforma en
agradables a El.
4. La "justificación" como perdón de los
pecados
La transformación que la gracia opera en nosotros
tiene dos caras. Por una parte, la gracia nos da el
perdón de los pecados. La gracia nos perdona. Dios,
al darnos su gracia, nos perdona gratis. Utilizando el
término clásico y famoso, ya desde 5. Pablo,
pero, sobre todo, desde la reforma protestante podemos decir
que Dios nos justifica, nos hace justos. Es decir, que nos
perdona los pecados. Esta es una cara; si se quiere, el
envés de la gracia. El haz es que la gracia nos hace
hijos de Dios, hermanos de Jesús, nos da la vida de
Dios.
El tema de la gracia no es un tema teológico junto
a otros, sino que es el centro mismo del evangelio. El
evangelio es la buena noticia de que Dios nos perdona los
pecados gratis, de que gratis nos convierte en sus hijos y
de que como hijos de Dios somos, también gratis,
herederos con Cristo.
En el Nuevo Testamento es precisamente Pablo el
teólogo de la gracia. El concepto de gracia y el
desarrollo de esta teología lo encontramos en las
cartas de Pablo. Los evangelistas y los otros escritores del
Nuevo Testamento lo dicen de otra forma. Probablemente no es
distinto lo que Pablo llama "gracia" en sus cartas de lo que
Juan llama "vida" en su evangelio.
Vamos a leer un pasaje de la Carta de Pablo a los
Romanos (5,12-21), que es uno de los textos clásicos
sobre la gracia. Lo copio en una traducción literal y
marcando las recurrencias del texto:
- 12 Por eso,
- COMO a
través de un solo hombre entró el
pecado en el mundo,
- y por el pecado la
muerte,
- y así la
muerte pasó a todos los hombres,
- porque todos
pecaron;
-
- 13 -14
-
- 15 ¡Pero NO COMO la caída
- ASí fue el
regalo!
-
- PUES SI por la
caída de uno solo los muchos
murieron,
- CUÁNTO
MÁS la gracia de Dios
- y el don en la
gracia de un solo hombre, Jesucristo,
- desbordó
sobre los muchos.
-
- 16 ¡y NO COMO (lo) de uno que
pecó
- fue el don!
-
- pues el juicio,
partiendo de una (ofensa), fue para
condenación;
- el don, de
muchas caídas fue para
justificación.
-
- 17 PUES 51 por la caída de uno
solo,
- la muerte
reinó por uno solo,
- CUÁNTO
MÁS los que reciben la abundancia de la
gracia
- y el don de la
justicia,
- reinarán en
la vida por uno solo Jesucristo.
-
- 18 Así, pues,
- COMO por la
caída de uno
- (el resultado) para
todos los hombres fue condenación,
- ASí
TAMBIÉN por la justicia de uno
- (el resultado) para
todos los hombres fue
justificación.
-
- 19 Pues COMO, por la desobediencia de un
hombre,
- los muchos
fueron constituidos pecadores,
- ASí
TAMBIÉN, por la obediencia de uno,
- los muchos
serán constituidos justos.
-
- 20
-
- 21 para que COMO reinó el pecado en la
muerte,
- ASí
TAMBIÉN la gracia reinará por la
justicia
- para (llevarnos) a
la vida eterna por Jesucristo Nuestro
Señor.
Aquí Pablo compara la obra del primer Adán
con la del segundo Adán, o sea Cristo. Pablo hace
hincapié en la solidaridad de toda la humanidad tanto
en lo malo, el pecado de Adán, como en lo bueno, la
gracia de Cristo. He subrayado en negrita la
contraposición que hace Pablo entre un sólo
hombre y todos los hombres o "los muchos". Los muchos
significa la humanidad. Pablo juega con el paralelismo
existente entre la ruptura de la amistad con Dios que tiene
lugar en Adán y la recuperación de la amistad
con Dios por parte de toda la humanidad que tiene lugar en
Cristo. Pero en el centro, (vv. 15-16), Pablo rompe
también ese paralelismo porque el regalo no fue como
la caída. No fue el don de la justicia como el
pecado, porque las caídas se iniciaron en Adán
y las hemos multiplicado todos, mientras que la justicia de
uno sólo, Jesucristo, se ha desbordado sobre "los
muchos", sobre toda la humanidad.
Un aspecto más es preciso subrayar. Todo eso ha
sido un regalo: (vv. 15-16).
Hasta aquí hemos puesto de relieve que todo esto
nos lo concede Dios gratis. La pregunta en este momento es:
¿cómo lo alcanzamos?, ¿cómo lo
recibimos de Dios?, ¿qué es lo que nosotros
tenemos que hacer?. De nuevo podemos hallar la respuesta en
Pablo. En la carta a los Romanos (5,12) por citar uno texto
entre los muchos de Pablo que se podrían aducir Pablo
nos dice que ese don, ese regalo lo recibimos por la fe y
sólo por la fe: "Justificados por la fe, estamos en
paz con Dios por medio de Nuestro Señor Jesucristo,
por quien hemos obtenido, gracias a la fe, el acceso a esta
gracia en la que nos hallamos, y nos gloriamos en la
esperanza de la gloria de Dios".
Así, pues, nos hacemos amigos de Dios, somos
agraciados con su gracia, solamente gracias a la fe. El
único camino para alcanzar la amistad con Dios, o
mejor dicho, para recibir al amistad de Dios , que El nos
ofrece gratis, es la fe.
Santo Tomás de Aquino. y con él la
teología escolástica, distinguía entre
la "fides qua creditur" y la "fídes quae creditur".
Esto es "la fe con la que creemos" y "la fe que creemos"
respectivamente. La fe que creemos es el conjunto de
verdades de nuestra fe. Es el credo. Pero está
también la. "fides qua creditur", es decir "la fe con
la que creemos". No es el conjunto de verdades, sino mi
relación con Dios. Sólo podemos creer a las
personas. Quizá mejor, sólo podemos creer en
las personas. Cuando decimos "yo creo en ti", establecemos
una relación de confianza con esa persona, de
aceptación. En el caso de Dios, esta confianza es la
aceptación de su regalo, que es El mismo, nos abrimos
a El. Esta es la actitud del publicano de la parábola
de Lucas, o en el caso de la parábola de los
jornaleros, el hecho de ir a trabajar a la viña. El
abrir nuestro corazón a dejar que Dios se apodere de
nosotros y actúe en nosotros. Lo contrario de la fe
es la "jactancia". Así es como lo llama Pablo en sus
cartas. Jactarse ante Dios de la propia actuación. La
fe es reconocerse "siervo inútil y sin provecho". La
fe es reconocernos como somos, que nos falta tanto y siempre
nos faltará tanto para ser dignos hijos del amor de
Dios. Y en ese reconocimiento está dado gratis el
perdón de los pecados y nuestra salvación.
En esto consistió estrictamente la
conversión de Pablo. A veces tenemos la
impresión que convertirse es pasar de ser socio del
Real Madrid a ser socio del Barcelona. Pablo antes era
judío y ahora es cristiano. Y no se sabe muy bien en
qué consiste la conversión. ¿Quién
era Pablo antes y quién era Pablo después de
la conversión.. No hay más que una diferencia
entre el antes y el después de Pablo. Es precisamente
esto. Pablo antes de la conversión creía
merecer a Dios y trabajaba para merecerlo. Después de
la conversión Pablo sabe que a Dios no le merece y
que a Dios lo tiene absolutamente gratis, sin merecerlo,
porque Dios se nos ha regalado en la vida y misterio de
Jesús de Nazaret.
Mientras Pablo vive no existe todavía la iglesia
cristiana como cosa distinta del judaísmo. Son los
momentos fundacionales y el cristianismo es una secta del
judaísmo. Ahora bien, es una secta con una
peculiaridad tan importante que en unos pocos años
será una religión distinta del
judaísmo. Esa peculiaridad es que a Dios no lo
merecemos, sino que se nos ha regalado en Cristo. Pablo
probablemente era apóstol antes de la
conversión, pero apóstol del judaísmo,
es decir, que era un predicador ambulante del
judaísmo (cf. Gál. 5,11). Iba de un sitio para
otro predicando que hay que ser buenos para merecer el amor
de Dios. En su conversión cayó en la cuenta de
que todo su esfuerzo apostólico había estado
mal orientado. Más que derribado del caballo, en el
libro de los Hechos no se habla de ningún caballo en
el camino de Damasco Pablo "se cayó del burro". Es
decir, cayó en la cuenta de que a Dios no se le
merece, vio claro que, hagas lo que hagas, no consigues la
amistad con Dios porque no la puedes conseguir.
¿Significa eso que el hombre está abocado a la
desesperación?. No. Significa sencillamente que Dios
te ha regalado con su amistad aunque no hagas nada, con tal
de que aceptes esa amistad, es decir te acojas a su
bondad.
Leamos un texto autobiográfico de Pablo en la
carta a los Filipenses (3, 4-10):
"Yo tengo razones para confiar incluso en la
carne; si algún otro cree que puede confiar en la
carne, ¡yo más! Circuncidado a los ocho
días de nacer; del linaje de Israel, de la tribu
de Benjamín; hebreo, hijo de hebreos; respecto a
la ley, fariseo; respecto a fervor, perseguidor de la
Iglesia; respecto a la exactitud en observar la ley,
intachable. Pero lo que para mí eran ganancias,
las he juzgado una pérdida a causa de Cristo; y
más aún, juzgo que todo es una
pérdida ante la sublimidad del conocimiento de
Cristo Jesús mi Señor, por quien
perdí todas las cosas y las tengo por basura para
ganar a Cristo y existir en El, sin poseer una justicia
mía, la que viene del cumplimiento de la ley, sino
la que viene mediante la fe en Cristo, la justicia que
procede de Dios, basada en la fe..."
Tres puntos quiero hacer notar en este pasaje. Pablo,
antes de su conversión es un fariseo, intachable en
el cumplimiento de la ley. Tras su conversión
considera que todo su esfuerzo por merecer ante Dios, todos
sus merecimientos son basura, en comparación con el
hecho de acogerse al amor de Dios que nos otorga
gratuitamente su amistad y con ella la justificación
de los pecados. Por fin, ese don nos es otorgado en el
conocimiento de Cristo.
5. Trento y Lutero
Probablemente a estas alturas de la charla todo el mundo
tiene en la mente dos grandes objeciones a lo que estoy
diciendo. Supongo que esas objeciones son las siguientes:
Primera, ¿esto no es lo que en el colegio me
enseñaron que decía Lutero?. Siempre nos han
enseñado que ésta es la doctrina de los
protestantes. Segunda objeción: si esto es
así, aquí paz y después gloria. No hay
ningún motivo ni ninguna razón para esforzarme
en la vida cristiana. En el fondo, toda la
predicación que oímos los domingos en las
homilías, que, dicho sea de paso, es desgraciadamente
moralizante en exceso, porque ¡qué poco se nos
predica la buena noticia de que Dios nos quiere y
cuánto se nos predica lo que tenemos que hacer
nosotros! , resulta, digo, que no sabemos para qué lo
predican. Porque si la amistad con Dios se nos da gratis y
además nunca la merecemos...
Es verdad que lo dicho hasta aquí lo dice Lutero.
Pero lo dice también el concilio de Trento y
también Sto. Tomás de Aquino. En su comentario
a la primera carta a Timoteo, (1,8), dice Sto. Tomás:
"Así pues, no está en ellas (en las obras) la
esperanza de la justificación, sino únicamente
en la fe". En el comentario a la carta a los Romanos (3,22)
el mismo Sto. Tomás escribe: "Hay que decir que la
justificación viene de Dios por la fe en Jesucristo,
no en el sentido de que nosotros merezcamos por la fe ser
justificados, sino en el sentido de que en este
acontecimiento de la justificación en el que somos
justificados por Dios, nuestro primer movimiento de la mente
hacia Dios acontece por la fe". O sea, que Sto. Tomás
de Aquino además de decirnos que la
justificación se obtiene sólo por la fe, nos
pone en guardia por si alguien entiende la fe como una obra,
incluso como una obra especialmente relevante. Como si la fe
fuera la única obra que nos mereciera la
justificación. Para Sto. Tomás de Aquino la
misma fe es gracia de Dios, es regalo de Dios. No es que la
fe nos merezca la amistad con Dios, sino que la misma fe es
haber empezado a recibir la amistad con Dios.
El decreto sobre la justificación del Concilio de
Trento es un texto largo y precioso, recocido hoy como una
de las piezas más logradas y equilibras del concilio,
redactado probablemente por el Cardenal Cervini, que luego
fue papa con el nombre de Marcelo II.
Voy a leer solamente los cánones primero y segundo
del decreto sobre la justificación. El primero dice:
"Si alguno dijere que el hombre puede justificarse delante
de Dios por sus obras que se realizan por las fuerzas de la
naturaleza humana o por la doctrina de la ley, sin la gracia
divina por Cristo Jesús, sea anatema" (DS 1551). Y el
segundo: "Si alguno dijere que la gracia divina se da por
medio de Cristo Jesús sólo a fin de que el
hombre pueda más fácilmente vivir justamente y
merecer la vida eterna, como si una y otra cosa las pudiera
por medio del libre albedrío, sin la gracia, si bien
con trabajo y dificultad, sea anatema" (DS 1552).
Entonces ¿dónde está la diferencia
entre Lutero y el concilio de Trento? ¿O es que fue
todo un gran malentendido? Es verdad que hubo, en cierta
medida, malentendidos entre una y otra parte y muchas
complicaciones de tipo político y eclesial. Cuando el
concilio de Trento se abrió ya era demasiado tarde
para una reconciliación y para buscar los puntos de
convergencia. Sin embargo creo que hay una diferencia
importante entre Lutero y la doctrina católica. Esa
diferencia fundamental, pasando por alto, quizá,
algunos matices, está en lo siguiente.
Para la teología católica el recibir la
gracia de Dios nos transforma, nos hace distintos, nos hace
mejores. Mientras que para Lutero no es así. Lutero
es un pesimista. Lutero considera al hombre "simul iustus et
peccator". O sea, al mismo tiempo justo y pecador. Quiere
decir, que el hombre es pecador de por sí, y que la
gracia de Dios no le convierte en bueno realmente.
Sólo hace que Dios le vea como si fuera justo. En el
"como si fuera justo" está el centro de la
cuestión. Mientras que para la fe católica el
hombre es transformado gratuitamente por Dios. Para Lutero
el hombre ha sido corrompido de tal manera por el pecado
original que no puede obrar el bien. Al revés, todo
lo que el hombre hace es malo. El hombre no es libre para
obrar el bien, sino que cuando el hombre actúa con su
libertad obra necesariamente el mal.
Vamos a leer una de las tesis de Lutero
escritas para la controversia de Heidelberg (1518). En la
tesis 13 dice Lutero: "El libre albedrío,
después de la caída, no es más que un
simple nombre, y peca mortalmente en tanto en cuanto hace lo
que de él depende"(2)
Para Lutero toda actuación humana es pecado y no hay
ninguna actuación humana que no lo sea. Porque para
él la gracia de Dios consiste en que Dios no ve
nuestro pecado, pero no consiste en que de verdad nuestro
pecado deje de existir porque seamos trasformados. De tal
manera que de las palabras con las que antes he desarrollado
el concepto de gracia santificante: gratis, agraciado, grato
y agradecido, podemos decir que Lutero se queda solamente
con la primera: gratis. No somos agraciados, en el sentido
de que la gracia de Dios no nos transforma. Y gratos tampoco
lo somos en realidad. Dios hace "como si" lo
fuéramos.
Podríamos leer muchos textos de
Lutero. En los famosos "artículos de Schmalkalda",
que Lutero escribió como guión para los
teólogos protestantes que iban a ir al concilio de
Trento, encontramos la misma idea. De hecho, no hubo
teólogos protestantes que acudieran al concilio, de
manera que tales artículos no se discutieron. Pues
bien, en ellos se dice, entre otras cosas: "No es más
que error y ceguedad lo que los escolásticos han
enseñado acerca de este artículo. Es decir: 1.
Que después de la caída de Adán las
facultades naturales del hombre quedaron íntegras e
incorruptas, y que el hombre, por naturaleza, goza de recta
razón y de una voluntad buena, como enseñan
los filósofos. 2. ítem: que el hombre goza de
libre albedrío para hacer el bien y abstenerse de
hacer el mal y, viceversa, para abstenerse del bien y obrar
el mal"(3).
Erasmo escribió un libro titulado "De libero
arbitrio", contra Lutero. Es decir, "La libertad libre". Y
Lutero contestó a Erasmo con su libro "De servo
arbitrio", es decir "La libertad esclava" al tiempo que
confesaba que Erasmo era el único que verdaderamente
le había entendido. Mientras que los teólogos
escolásticos que criticaban su postura con las
indulgencias o en otros problemas no estaban respondiendo a
lo verdaderamente nuclear en la mente de Lutero. Lutero
concluye su "De servo artbitrio" diciendo:
"Si aceptamos que Dios lo sabe
y lo ordena todo de antemano, y que su saber y sus
decisiones no pueden errar ni ser impedidas; si aceptamos
además que no ocurre nada, sino porque Dios lo
quiere, (cosa que la misma razón nos obliga a
reconocer), entonces la misma razón humana es
testigo de que no puede haber libertad ni en el hombre ni
en el ángel ni en ninguna otra creatura. Si
creemos además que Satán es el
Príncipe de este mundo, que lucha constantemente
contra el Reino de Cristo y se opone con todas sus
fuerzas a que los hombres salgan de la cautividad, (a
menos que el Espíritu de Dios le fuerce a lo
contrario), entonces se vuelve evidente que no puede
haber libertad. Finalmente, si creemos en el pecado
original por el que nos hemos perdido... entonces no
queda sino decir, que en el espíritu humano no hay
nada que pueda tender hacia el bien, sino sólo
hacia el mal. (4)
Muchos de ustedes conocerán, sin duda, el libro
"El miedo a la libertad" Eric Fromm. Es un estudio
psicológico del protestantismo y del propio Lutero.
El título es bien significativo. Lo que hay en Lutero
es miedo a la libertad. Para Lutero el hombre no es libre y
el hombre no pude ser transformado por la gracia de
Dios.
Hay quizá otro aspecto importante de la
controversia entre Lutero y Trento, en torno a la
justificación y es que para Lutero la fe es
probablemente una fe "fiducial", es decir, la mera confianza
en que Dios nos salvará. No es la apertura real de
nuestro corazón y de nuestro ser a la
salvación de Dios.
En resumen. La gracia de Dios, la
amistad con Dios y en consecuencia la salvación es
algo que nosotros recibimos en la fe gratis. No porque lo
merezcamos. Esto es así para Lutero y para nosotros.
La diferencia está en que para la teología
católica el hombre que recibe la gracia puede actuar
bien y puede hacer el bien. Para Lutero el hombre no es
transformado. Para él la naturaleza humana ha sido
corrompida por el pecado original de tal manera que el
hombre no puede ya obrar el bien. Todo lo que hace es malo.
No obstante, Dios le salva gratis "como si" de verdad
hubiera sido transformado.(5)
6. La objeción: peca fuerte y cree más
fuertemente y te salvarás.
Vamos ahora a la segunda objeción que podemos
formular así: entonces todo da igual. Si la
salvación la recibimos de Dios gratis, sin que la
merezcamos, ¿qué razón hay para
esforzarnos en la vida cristiana? En una carta que Lutero
escribe a su discípulo Melanchton el 1 de agosto de
1521 le dice "peca fuertemente y cree más fuertemente
y te salvarás". Evidentemente no hay que pensar que
Lutero fuera un malvado. Lo que pasa es que Lutero es una
persona que escribe apasionadamente y empleando la paradoja
como recurso literario. Ahora ya somos capaces de entender
bien por qué Lutero puede escribir en su carta a
Melanchton lo siguiente:
"Sé pecador y peca
fuerte, pero confía y alégrate más
fuertemente aún en Cristo, vencedor del pecado, de
la muerte y del mundo. Hay que pecar mientras vivamos
aquí. Esta vida no es la morada de la justicia,
sino que, como dice Pedro, estamos a la espera de cielos
nuevos, de una tierra nueva en la que habite la
justicia". (6)
Y finaliza la carta escribiendo: "Reza fuerte aunque seas
un pecador fortísimo". Como ven la frase "peca fuerte
y cree más fuertemente y te salvarás" que
tanto utilizó la apologética católica
para desprestigiar a Lutero tiene su contexto y su sentido
precisamente en lo que estamos diciendo, que, según
Lutero, todo lo que el hombre hace es pecado, porque no es
libre. Por tanto peca fuerte, ya que hagas lo que hagas,
todo será pecado.
Estamos pues en el núcleo de esta segunda
objeción. Es una objeción que también
le pusieron a Pablo y que contesta en tres pasajes de su
carta a los Romanos. En 3,8, dice Pablo: "¿entonces
tendremos que hacer el mal para que venga el bien como
algunos nos calumnian y como otros cuya condenación
es justa dicen que decimos?". Es decir, que si la gracia es
gratis no hay que pagar por ella, y si no hay que pagar por
ella, ¿qué razón tenemos para esforzarnos
por el bien?. La respuesta (le Pablo en la carta a los
Gálatas (5,6) es que "la fe actúa por
caridad".
Pongo un ejemplo: Una madre tiene dos hijos. Uno es el
hijo bueno, trabaja mucho, está haciendo bien la
carrera, se porta bien y es la delicia de su madre. El otro
hijo es un desaprensivo, se droga, roza la delincuencia, es
violento en casa, etc. De acuerdo con la conepción
farisea de Dios esta madre sólo querría al
hijo bueno y odiaría al hijo malo, porque sólo
el hijo bueno ha merecido el amor de la madre. En la
concepción cristiana la madre quiere a los dos igual.
Más aún, probablemente quiere más al
hijo malo porque sabe que le necesita más. Pues bien,
Dios quiere a todo los hombres, independientemente de lo que
hagan, todo lo que puede. Más aún,
probablemente quiere más a los pecadores porque
tienen más necesidad de él. Ese es el mensaje
de las parábolas de la oveja perdida y de la dracma
(Lc. 15,3-10). Desde otra perspectiva esa concepción
está también en la parábola del hijo
pródigo (Lc. 15,11-32).
Entonces, ¿da lo mismo lo uno que lo otro?. Al
contrario, no da lo mismo; y eso por dos razones. Primera,
porque al malo no le importa matar a la madre de un
disgusto. Es decir, porque el hijo malo de la
parábola que les he puesto, no es agradecido con el
amor gratuito de la madre. Y segundo porque la vida honesta
que lleva el hijo bueno es, por sí misma, buena para
él. Si Dios nos regala con todo su amor ¿que
razones tengo para actuar bien? Esas dos, que al final son
la misma. Primero, que el hombre ha de corresponder a la
gracia de Dios, a su regalo, con su agradecimiento. Segundo,
que obrar el bien es bueno en sí mismo y es bueno
para mí. La buena obra no necesita justificarse por
un premio ulterior, sino que se justifica sencillamente
porque es bueno. Porque es bueno para el hombre y esa es su
realización.
Desde el punto de vista de la teología
católica, el actuar bien es la señal de que
hemos sido trasformados, y por tanto la señal de
nuestra real apertura a Dios en la fe. Fíjense lo que
dice la carta de Santiago en la polémica postpaulina
establecida en el primitivo cristianismo a este respecto:
¿basta la fe sola para ser cristiano? o
¿cómo hay que entender la fe que sola basta? El
autor de la carta de Santiago (2,18) dice: "Muéstrame
tu fe sin obras y yo, por las obras te mostraré mi
fe". De alguna manera la fe es algo constatable. Algo de lo
que se puede tener experiencia. Y se tiene experiencia de la
fe si es operativa por la caridad.
Dos frases que resumen lo que acabo de
decir. Una de San Agustín: "No trabajó Pablo
para recibir la gracia, sino que recibió la gracia
para trabajar" (7).
La otra de la primera carta de Juan (4,10-11). Aunque en
el tratamiento del tema de la gracia nos ha guiado Pablo, un
pensamiento análogo tenemos en la teología
joánica: "En esto consiste el amor, no en que
nosotros hayamos amado a Dios, sino en que El nos amó
y envió a su Hijo como expiación por nuestros
pecados. Queridos, si así nos amó Dios,
entonces nosotros debemos amarnos mutuamente". Es decir, que
a Dios corresponde la iniciativa. El nos ha amado antes de
que y sin que nosotros lo hayamos merecido. A nosotros toca
corresponder agradecidos a lo que gratis se nos ha dado.
(1)
J. A. García. Así es Dios, tan bueno.
Parábola al fariseo que habita en nuestro
corazón. Sal Terrae, 78 (1990), 133147. volver
(2)
Cf. Lutero. Obras. Edición preparada por T.
Egido, Salamanca, 1977, p. 80 volver
(3)
Cf. Lutero. Obras Edición preparada por T.
Egido, Salamanca 1977, p. 345. volver
(4)
Citado por J.L. González Faus, Proyecto de
hermano, Santander 1987 p 611 volver
(5)
Desde el libro de Hans Kung, La
justificación, donde compara la doctrina de la
justificación en el Concilio de Trento y K. Barth
está bastante admitido que no hay especiales
diferencias a este respecto entre católicos y
protestantes. Entre o tras cosas porque también el
protestantismo posterior a Lutero ha corregido a éste
en gran medida, especialmente en lo que la
justificación tiene en Lutero de mera no
imputación forense". Sin embargo, hay otros puntos
importantes en los que Lutero se separa de ¡a doctrina
católica. Por ejemplo, Lutero no considera a ¡a
Iglesia una mediación autoritativa de la
revelación como sí la consideramos los
católicos. volver
(6)
Lutero. Obras. Edición de T.
Egido, p. 387 volver
(7)
De gestis Pelag. 14,36 volver
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