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Herbert
Alphonso, S.J. -
La Vocaci�n personal
(�ndice)
I
La "elección"
en los Ejercicios ignacianos
Se ha dicho. de palabra y por escrito que los
Ejercicios de San Ignacio, si no van orientados al
discernimiento del "estado de vida", tienen que desembocar
en unos "propósitos" que expresan en concreto la
reforma y transformación que debe verificarse luego
dentro de la situación vital de cada persona. A todos
se nos enseñó e insistió que, si la
transformación ha de ser efectiva, esos
propósitos tienen que ser más bien pocos. muy
concretos, posibles de cumplir, etc.
Pero, hablando con franqueza. ¿qué son estos
así llamados "propósitos"? Son decisiones que
tomo para hacer un esfuerzo resuelto y sostenido sobre
ciertos puntos en que he visto, en mi oración y
reflexión personal, que no ando bien o que requieren
refuerzo. Pueden versar sobre mis relaciones con los
demás, mi trabajo, la disciplina necesaria para la
vida de oración o de estudio, etc
Ahora bien,
para llegar a hacer estos propósitos, ¿hace
falta toda la profunda dinámica de los Ejercicios
ignacianos, con su exigente experiencia de oración
(de cuatro a cinco horas diarias durante treinta
días) y de discernimiento bajo un guía regular
y competente: examen de cada hora de oración,
coloquio con el director, que debe ayudar al ejercitante a
entender su experiencia para luego aceptarla y encontrar
gradualmente lo que Dios le quiere dar a entender por medio
de dicha experiencia? Francamente, no hay proporción.
Como diría el poeta Horacio. "parturiunt montes.
nascetur ridiculus mus": los montes están de parto, y
lo que nace es un ratoncito. ¿No bastaría medio
día o un día de retiro, con su rato de
oración, reflexión, quizá alguna
consulta, para hacer estos "propósitos"?
Lo único que justificaría toda esta
dinámica sería tomar en las manos la vida toda
entera, para entregársela a Dios. Eso es precisamente
la "conversión" en el profundo sentido bíblico
de la palabra: "metanoia", cambio de dirección. Nada
extraño que San Ignacio defina la naturaleza y objeto
de sus Ejercicios como "todo modo de preparar y disponer el
ánima para quitar de sí todas las afecciones
desordenadas y, después de quitadas, para buscar y
hallar la voluntad de Dios en la disposición de su
vida para la salud del ánima" (EE 1). En otras
palabras, la meta de los Ejercicios es la "Elección",
buscar y hallar la voluntad de Dios en el arreglo, orden u
orientación de mi vida (=la disposición de mi
vida) para la salvación.
Ahora bien, una manera como puedo entender "la voluntad
de Dios en el arreglo, orden u orientación de mi vida
para la salvación" es ciertamente el estado de vida a
que Dios me llama. Pero no es la única, ni la
más íntima y radical. Al nivel más
profundo, "la voluntad de Dios en el arreglo, orden u
orientación de mi vida para la salvación" es
mi irrepetible singularidad, el "nombre" que Dios me ha
puesto, esto es, mi "yo" más íntimo y
verdadero, mi "Vocación Personal", como la llamo yo.
El sentido auténtico de la "Elección" en la
dinámica de los Ejercicios ignacianos es un caer en
la cuenta, en una progresiva libertad interior del designio
o plan personal que Dios ha trazado para mí, de
manera que yo lo acepte de veras para vivirlo fiel y
generosamente. Y ahora me pregunto: ¿cuál es -en
su sentido más radical, más radical aún
que mi "estado de vida"- el plan y designio que tiene Dios
para mí si no esa singularidad que me ha conferido,
mi "yo" más íntimo y verdadero, mi
"Vocación Personal"?
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