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Herbert
Alphonso, S.J. -
La Vocaci�n personal
(�ndice)
III
Discernimiento y
confirmación de la "Vocación
Personal"
1.-
Discernimiento
La experiencia me ha enseñado que el modo
privilegiado dc discernir la "vocación
personal" es haciendo los Ejercicios Espirituales
ignacianos. Como ya lo he expuesto en el primer
capítulo de este libro, el sentido más
profundo y radical de la "Elección" ignaciana -objeto
dc los Ejercicios- es el discernimiento de la
"vocación personal".
Es claro -para todo el que haya captado la
dinámica de los Ejercicios- que el ejercitante se
entrega a una profunda y prolongada experiencia de
oración que le lleva a una experiencia de
discernimiento por medio de una dirección espiritual
regular y competente. No es una experiencia de
oración que se deja al azar: su objeto es el proceso
normativo de la historia de la salvación.
Quien quiera salvarse tiene que introducirse, en su modo
propio y único, en ese proceso normativo historia de
la salvación, que no es otro que el desenvolvimiento
histórico del misterio de Cristo, único
Mediador y Salvador. En esa experiencia de oración,
Dios va librando la persona del ejercitante a un nivel cada
vez más profundo: no sólo al nivel manifiesto
de pecado, imperfección y desorden (Primera Semana),
sino más profundamente aún al de los valores y
escalas de valores y criterios de vida del ejercitante
(contemplaciones de la Segunda Semana), y a más
hondura todavía al nivel de las seguridades de la
vida celosamente protegidas y custodiadas por el
ejercitante, primero en los oscuros rincones de la mente
(meditación de "Dos Banderas"), luego en las sutiles
motivaciones de la voluntad ("Tres Binarios"), y finalmente
en los escondidos repliegues del corazón ("Tres
Maneras de Humildad").
Con esta progresiva dinámica de hacer más
honda su libertad interior el ejercitante ha ido
abriéndose más y más a la acción
del Espíritu de Dios y a los retos que contra ella
plantean los malos espíritus. En otras palabras, pasa
por los altibajos de una experiencia espiritual interior,
cuidadosa y diligentemente observados. Reflexionar sobre
esta experiencia tras el haber sido librado al más
profundo nivel existencial (el que he llamado el nivel de
las "seguridades" de la vida) equivale a hacer esta
reflexión con los ojos de Dios y no con la
visión distorsionada con que el ejercitante
empezó los ejercicios. No es extraño que el
ejercitante pueda distinguir, corno en una vista
panorámica de su accidentada experiencia interior,
las constantes de la presencia y acción divinas por
medio de los signos y frutos del Espíritu. Así
es como la línea u orientación consistente
de la llamada de Dios para la salvación es
trazada en la vida irrepetiblemente única, del
ejercitante. Usando la terminología ignaciana que
hemos citado en el primer capítulo sobre la
"Elección", ésta es para la persona del
ejercitante, irrepetiblemente única, "la voluntad de
Dios en la disposición (es decir, el arreglo, orden u
orientación) de su vida para la salud del
ánima" (EE 1). Este es, en otras palabras, el "yo"
más íntimo y verdadero del ejercitante, el
"nombre" único y exclusivo con que Dios le llama, a
saber, su "vocación personal".
No debe sorprendernos que sea así. S el
ejercitante se ha metido, en su modo irrepetiblemente
único, en el proceso normativo de la historia de la
salvación por medio de una experiencia de
oración profunda y prolongada, es seguro que el
Espíritu le conducirá a través de un
proceso de progresiva libertad interior hasta descubrir o
discernir el reflejo de esa línea objetiva,
normativa, de la salvación en su vida personal, en
otras palabras, discernirá su "vocación
personal". Y si recordamos que el proceso objetivo de la
historia de la salvación, es, profundamente
personalizado el desarrollo histórico del misterio
del Único Salvador y Mediador Jesucristo. entonces lo
que el ejercitante termina discerniendo es muy realmente el
"rostro" singularmente único de su Jesús.
2.-
Confirmación
Además de la "confirmación" de la
"Elección" (en nuestro caso "vocación
personal") que tiene lugar. dentro de la dinámica de
los Ejercicios. en lo que Ignacio llama Tercera y Cuarta
Semanas, la experiencia de dirección de ejercicios me
ha enseñado dos líneas muy importantes de
"confirmación" de la vocación personal.
a) Como en estos últimos 26 años he estado
orientando la experiencia de los Ejercicios Espirituales de
San Ignacio al discernimiento de la "vocación
personal", lo que fácilmente se comprenderá a
la luz dc mi profunda convicción sobre el significado
real y radical dc la "Elección" ignaciana, he
terminado por observar unos cuantos rasgos muy consistentes
en la experiencia del ejercitante en el período de
"confirmación" que sigue al del discernimiento.
El ejercitante descubre con entusiasmo que la
"vocación personal" que ha discernido estaba
pasmosamente presente en su vida desde el principio. Es toda
una experiencia ver el entusiasmo con que el ejercitante
rememora la existencia de su propia "vocación
personal" en las sucesivas fases de su vida. Mi respuesta a
este entusiasmo por parte del ejercitante es siempre este
comentario: "¿Te extraña que tu vocación
personal haya estado presente a lo largo de toda tu vida? Si
ésta es de veras tu vocación personal,
entonces tenía que estar presente: no se te ha
dado en estos ejercicios sino "desde el vientre de tu
madre", como dice la Escritura (cf Is 49, 1: 'El
Señor me llamó desde el nacimiento, del
vientre de mi madre me llamó por mi nombre'). Acabas
de descubrirlo, de 'discernirlo', pero te fue dado desde el
principio".
Una línea muy significativa de
"confirmación" de la vocación personal es,
pues, que está escrita en la historia concreta de
una persona y en el dinamismo interno de su vida (es
decir, el movimiento de las fuerzas internas).
Más arriba he expresado mi convicción,
nacida de experiencias concretas, sobre la íntima
relación que existe entre psicología y
espiritualidad. La confirma el hecho de que
tantísimas escuelas de psicología y
consejería psicológica han acabado por
recurrir al método que he descrito para confirmar la
vocación personal. El Análisis Transaccional
habla de "guión de la vida"; Ira Progoff está
enseñando a su gente a descubrir las "líneas
maestras" de su vida escribiendo un diario personal;
más recientemente la "Psicosíntesis" hace a
los suyos averiguar los "modelos de síntesis" de sus
vidas. Pero ¿qué es más fundamental y
radicalmente el "guión de la vida" de una persona, o
su "línea maestra" o su "modelo de síntesis"
que su vocación personal?, podemos preguntarnos
después de lo que he expuesto sobre ésta. Y
nótese bien que el Análisis Transaccional
habla de los muchos "guiones de la vida" de una persona,
Progoff de muchas "líneas maestras", y la
Psicosíntesis de varios "modelos de síntesis",
mientras que la "Vocación Personal" es el
único e irrepetible "guión de vida"
dado por Dios, la única "línea maestra", el
único "modelo de síntesis" de su vida. Lo que
demuestra una vez más que la espiritualidad es el
nivel más profundo el más alto de la
psicología, según se mire.
b) Una pregunta que cabe hacer a! hablar de la
"vocación personal" es esta: ¿sigue siendo la
misma en cada caso o puede cambiar en el curso de la vida?
La respuesta a esta pregunta revela una nueva línea
de confirmación de la vocación personal.
La experiencia me ha enseñado tanto en mi propio
caso como en los de mis dirigidos, que si bien hay un
elemento o aspecto que nunca cambia ni puede cambiar en la
vocación personal, hay otro elemento o aspecto que
cambia con la vida. Ya hemos visto que la vocación
personal es esencialmente un "espíritu" que anima
todos los niveles de la vocación
jerárquicamente estructurada: por ejemplo cada uno de
aquellos diez sacerdotes jesuitas tiene su manera propia de
ser cristiano sacerdote, religioso, jesuita. Esta manera
propia y exclusiva. este "espíritu", no
cambia: ¿cómo podría cambiar siendo
algo dado por Dios como mi singularidad "desde el vientre de
mi madre" para toda la vida? Ahora bien, en la
economía de la Encarnación el espíritu
"puro" no existe: está siempre encarnado, tiene carne
y cuerpo Esa encarnación es la que cambia con las
cambiantes circunstancias de la vida. Y así la
vocación personal recibe un nuevo "aspecto", una
nueva "coloración" una nueva "dimensión"
según se avanza en la vida.
Y ésta es precisamente otra forma más de
confirmar nuestra vocación personal: ese encontrarse
con lo mismo, pero con que no es del todo lo mismo, en la
vocación personal conforme se avanza en la vida y
según cambian las circunstancias. Este
carácter dinámico de la vocación
personal muestra lo profundamente vinculada que está
con la vida y las transformaciones que ésta
experimenta: es una propiedad de todo lo orgánico y
vivo desarrollarse y cambiar, pero manteniéndose
arraigado en una misma identidad fundamental.
Rasgo peculiar de todo "significado" es que dure y
perdure. Nunca nos cansa, y de hecho, en la travesía
de la vida vamos echando por la borda lo que no tiene
sentido o significado, y continuamos aferrados a lo que lo
tiene. Lo que ocurre es que el "significado" se hace cada
vez más "significativo" y relevante. Y si esto ocurre
con el "significado" en general. ¿qué diremos
del significado radical y único que Dios ha conferido
a la vida de una persona, la "vocación
personal"?.
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