|
Inicio
Herbert
Alphonso, S.J. -
La Vocaci�n personal
(�ndice)
IV
Transformación
en profundidad por medio de la vocación
personal
Aunque todo lo dicho hasta ahora sobre la
"vocación personal" ha arrojado ya luz abundante
sobre la profunda transformación vital que se opera
al discernirla y realizarla con fidelidad, quisiera ahora
destacar y desarrollar algunas de las importantes
consecuencias que se siguen en la vida y tarea diarias.
1.- Toma de decisiones
en la vida diaria
No es ningún secreto que el discernimiento
es hoy la palabra de moda en la espiritualidad cristiana. El
estado actual del mundo y de la Iglesia lo hacen necesario y
urgente.
Cuando se habla de discernimiento para la toma de
decisiones, que es, de paso, una de las aportaciones
más originales que ha hecho San Ignacio por medio de
sus Ejercicios a la tradición cristiana de
discernimiento, se dice, y aún se escribe, que el
proceso de discernimiento es demasiado complicado y requiere
demasiado tiempo para aplicarlo a los detalles de la vida
diaria. Lo mejor que podemos hacer, se añade, es usar
un proceso prudencial para llegar a una decisión: un
rápido sopesar los pros y los contras, y tomar el
lado donde se inclina la balanza.
No estoy de acuerdo. Estoy convencido de que la
"vocación personal", una vez discernida, llega a ser
el criterio de discernimiento de toda
decisión, aun en los detalles de la vida diaria. Mi
"vocación personal" es para mí "voluntad de
Dios" en el sentido más profundo de esta socorrida
frase. Por tanto, cuando tengo que elegir entre dos
extremos, es mi "vocación personal la que debe
ayudarme a decidir, por medio del discernimiento,
cual de ellos es la llamada de Dios, la vacación de
Dios para mí. Examinando las dos alternativas
por separado a la luz de la actitud de mi "vocación
personal", que he asumido en profundidad, puedo
"experimentar" interiormente en cuestión de minutos
cual "armoniza" con mi vocación personal y cual
"desentona" con ella. Mi vocación personal constituye
la consolación fundamental de mi vida;
asumiéndola en profundidad me pongo inmediatamente en
contacto con mi Jesús personal. La opción o
alternativa que refuerce y ahonde mi consolación
fundamental es la llamada del Señor en mi caso
personal y único.
En la renovación de la ética y la
teología moral, se habla mucho de una "ética
existencial". Toda opción que me sale al paso es una
llamada a esa persona única que soy. Si las dos
alternativas de la elección que hay que hacer son de
hecho buenas, no estoy moralmente libre para escoger una
cualquiera, eso sería moverse en el Antiguo
Testamento, guiarse por el criterio moral de bueno o malo.
Porque pertenezco al Nuevo Testamento, tengo una llamada al
"amor mayor": a la llamada que me hace, a mí en
concreto, mi Jesús personal. Y el criterio para el
discernimiento de esa llamada única y
específica no es otro que mi "vocación
personal". Si después de hacer mi discernimiento por
medio de mi vocación personal, sigo esa llamada,
estoy viviendo una relación de amor profundamente
personal con el Señor. Si por el contrario elijo
descuidarla e ignorarla, no sólo quebranto una ley
moral, algo así como quebrantar una norma del
tráfico; estoy de hecho haciendo traición a un
amor personal. La calidad y profundidad de
transformación personal que esto supone salta a la
vista: no hay necesidad de exponerlas.
A esta luz he comenzado a captar a un nuevo nivel dc
profundidad lo que San Ignacio quiere decir con su
característico "magis" su "más amar" y "mayor
servicio, alabanza y gloria de su Divina Majestad". El
"más" y "mayor" ignacianos no comportan un elemento o
factor cuantitativo; se refieren a la "singularidad" o
"especificidad" cualitativa de una respuesta personal. Dicho
de otra forma, tiene referencia directa a lo que he llamado
"vocación personal". Asimismo he visto con nueva luz
lo que tan acertadamente nos enseña Ignacio sobre la
primacía de "la ley interna de la caridad y amor que
el Espíritu Santo escribe e imprime en los corazones"
(Const. 134). ¿No se trata de la ley del Nuevo
Testamento que los profetas anunciaron establecería
Dios en nuestros corazones (cf. Jer 31, 31-34: Ez 11, l7-20;
36, 24-28)? ¿Y qué es esa ley personalizada de
"mayor amor" sino la realidad misma de la "vocación
personal"? ¡Qué trascendental es todo esto para
la tónica y cualidad de la vida y servicio
cristianos!
2.- Hallar a Dios en
todas las cosas
La vocación personal es la manera
personalísima y única que cada uno
tiene de ser "cristiano", a saber, como hemos dicho antes,
su manera propia y únic de darse y entregarse en toda
experiencia humana. Lo cual equivale a decir que, cualquiera
que sea la experiencia humana que estemos teniendo, podemos
ponemos en contacto con el Señor de una manera
enteramente personal y única en y por medio de esa
misma experiencia humana. En otras palabras, podemos hallar
a Dios en todas las cosas, o para usar la famosa frase de
Jerónimo Nadal, se puede ser "simul in actione
contemplativus" (contemplativo en la misma
acción).
Otra forma de expresar esto mismo, que emerge desde lo
hondo de la dinámica de los Ejercicios, es que hay
que tener una progresiva libertad interior, un corazón
progresivamente libre para hallar a Dios en todas las cosas,
amarle en todas y a todas en El conforme a su
santísima voluntad. (Cf. la Contemplación para
alcanzar amor como fruto del proceso de ahondar la libertad
interior que se verifica a través de los Ejercicios:
EE 233; cf. también Const. 288). Ahora bien,
el Señor nos ha dotado a cada uno con un secreto
personal para llegar a ser y permanecer "libres"
cualquiera que sea la experiencia que atravesemos: la
"vocación personal" que ha dado a cada uno.
Todo esto arroja nueva y abundante luz sobre lo que San
Ignacio popularizó en sus Ejercicios bajo la forma de
medios muy concretos y específicos para alcanzar
"libertad interior" en el corazón mismo de la vida
real, a saber, el examen de conciencia y el examen
particular.
Bien entendido, el examen de conciencia no es un
ejercicio de pura moralidad sino un ejercicio diario de
discernimiento. Es un ejercicio típico del
Nuevo Testamento por el que procuro ser auténtico
cristiano en y por medio de mi experiencia real diaria.
Porque solamente cuando haya aceptado conscientemente
mi experiencia concreta y real, cualquiera que fuere,
puedo adoptar una actitud cristiana respecto de a
misma, esto es, entregarme y rendirme al Señor, o
hacerme "libre" para Él, en y por medio de mi
experiencia. Y siempre dispongo de mi propio secreto,
único y personal para hacer precisamente esto,
gracias a mi "vocación personal". Nada extraño
que a este ejercicio de discernimiento típicamente
cristiano, se le haya empezado a llamar en inglés
"Consciousness Examen", que podría traducirse por
"examen de consciencia". La re-interpretación
consiste en esto: es, en la oración, una
reorientación del corazón que comienza con una
acción de gracias, y que seguidamente se mueve hacia
un centrarse en el Señor por medio de la propia
experiencia real, conscientemente aceptada. Que existe una
manera personalísima de hacer precisamente
esto es la importancia especial que tiene la
"vocación personal" para el discernimiento
diario.
¿Y qué es el examen particular? Yo no
entendí el sentido auténtico del "examen
panicular" ni cómo podía ser literalmente "el
pulso de la vida espiritual", como los autores
clásicos espirituales lo llamaban, hasta que
recibí la gracia de mi propia vocación
personal y experimenté su poder de
transformación en la vida y trabajo diarios. El
"examen particular" para cada persona es, según he
podido apreciar, el examen peculiar, específico,
característico de esa persona. Por lo mismo. no
difiere en nada de su "vocación personal". Y
así es como se convierte en cl criterio único
dc discernimiento cristiano de esa persona en el remolino de
la experiencia humana, la forma única y
específica de esa persona para disponerse a salir al
encuentro del Señor en toda situación humana,
cualquiera que ella sea. En último análisis,
es la forma personalísima que tiene cada uno para
"hallar a Dios en todas las cosas". ¿Sería, por
lo tanto, disparatado concluir que vivir el "examen
particular" abarca toda la amplitud de la vida espiritual?
Sólo si vivo el significado dado por Dios en
mi vida diaria tengo vida: si no, estoy muerto. ¿No es
esto lo que llamamos "pulso"?.
3.- Formación:
básica y permanente
En materia de formación, educación o
pedagogía, es hoy axiomático afirmar que lo
que en último término forma o educa a una
persona no es lo que le viene de fuera sino el desarrollo de
sus propios recursos internos. La psicología moderna,
especialmente la psicología educativa, lo ha puesto
fuera de duda. La misma raíz etimológica de la
palabra "educar" (del latín educere) sugiere
este proceso de "sacar fuera" las riquezas y recursos que se
ocultan dentro.
Pero cuales son esos más ricos recursos que
residen dentro de la persona si no es su irrepetiblemente
único y más auténtico "yo"? Ayudar a
descubrir o discernir esos recursos internos más
íntimos es, pues, formar o educar en el más
profundo sentido, radical y fundamentalmente. Todo lo
demás que se aporte desde fuera será
verdaderamente formativo solamente en cuanto tenga
relación con ese "significado" personal y
único de la vida. Si falta esta relación, se
arroja junto al camino, para ser pisado y devorado por los
pájaros del cielo" (cf. Lc 8, 5).
Esto demuestra ya el verdadero significado de lo que hoy
acostumbramos llamar "formación permanente".
Esencialmente la formación permanente no consiste en
un programa de "reciclaje", por válido que sea. Los
recursos más íntimos de nuestro ser, el
"significado" irrepetiblemente único de cada persona:
esa es la fuente y el secreto de toda formación
permanente; la "vocación personal" es la antena viva
que está siempre captando de la atmósfera
-toda la ancha gama de la experiencia humana- lo que tiene
"significado" para su desarrollo y formación
permanente. Toda "motivación" fluye de un
"significado". Lo que en el ámbito de su experiencia
no tenga relación con el "significado" en la vida, se
deja de lado; solamente lo que la tiene se va arracimando en
tomo a este significado personal para el desarrollo y
crecimiento ulteriores. Quien, por lo tanto, viva su
vocación personal está en constante
formación permanente, en el más profundo
sentido de la palabra.
Anterior
�ndice
Siguiente
|