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Herbert
Alphonso, S.J. -
La Vocaci�n personal
(�ndice)
CONCLUSIÓN
Para concluir debo confesar que no he leído hasta
ahora nada sobre la "vocación personal": no he
encontrado ningún escrito sobre el tema -puede que lo
haya- pero confieso que no lo conozco, ni he oído a
nadie hablar de él en ningún foro. Lo que he
compartido es, en todos sus detalles, mi propia experiencia
y -puedo añadir- la maravillosa experiencia de muchas
personalas a las que he tenido la fortuna de
acompañar en mi ministerio espiritual. Lo que he
expuesto no ofrece otra garantía que la de una
experiencia profundamente vivida, pero siempre
teológicamente respaldada.
No se me oculta que todo lo que he expuesto sobre la
"Vocación Personal" puede ser tachado de
exageradamente individualista, sin tener cuenta alguna del
compromiso y responsabilidades sociales. Por esto tengo una
última palabra que decir, basada asimismo en la
experiencia, y no en teoría alguna.
Hay una diferencia enorme entre "individualismo" y
"personalismo". "Persona" connota necesariamente libertad
abierta a los demás, no cerrada dentro de sí
(que esto es "individualismo"), que cree, se desarrolla y
madura precisamente por medio dc las relaciones
interpersonales que establece. Lo que Carl Rogers
enseña en su "On Becoming A Person" es profundamente
acertado: nos vamos haciendo "personas" precisamente por
medio de las relaciones interpersonales que establecemos.
"Persona" y "comunidad" no son términos que se
excluyen mutuamente, sino íntimamente correlativos.
La "persona" se hace "persona" solamente dentro de la
comunidad, y la comunidad lo es de veras solamente si
está hecha de personas que viven su propia vida y
responsabilidad (en la que sus miembros hacen
responsablemente propios los objetivos y tareas de la
comunidad).
No estará de más recordar, en este
contexto, que la "vocación personal" es precisamente
la manera, irrepetiblemente única, que uno tiene
de darse y entregarse, no de encerrarse dentro de
sí. En otras palabras, la "vocación personal"
es precisamente la manera irrepetiblemente única que
uno tiene de abrirse a la comunidad, a la realidad social,
las responsabilidades sociales, el compromiso social.
Hace poco cayó en mis manos la obra de T. S.
Eliot. "Old Possum's Book of Practical Cats" con su
encantador poema "Poner nombre a los gatos". Tanto me
entusiasmó su lectura, y vi tan claramente que no
estaba escrito sólo "para niños" (como era su
intención cuando lo escribió en los
años 30), sino muy especialmente para adultos, que
suelo concluir mis charlas sobre este tema con este poema.
Con él concluiré también este librito,
reconociendo mi deuda al gran poeta Eliot.
- PONER
NOMBRE A LOS GATOS
-
- No creáis que es cosa
fácil
- poner nombre a vuestro gato.
- Me diréis que estoy chiflado,
- me llamaréis mentecato;
- pero -os digo de verdad-
- los nombres deben ser tres.
- Uno para el uso diario:
- Pedro, Alonso, Augusto, Andrés,
- nombres serios, respetables,
- pero nada originales.
- Hay nombres más divertidos
- para dama o caballero:
- Platón, Electra, Esculapio,
- Florinda, Sansón, Bolero.
-
- Pero a un gato le conviene
- tener un nombre especial,
- uno que a él solo le cuadre,
- un nombre particular.
- ¿Cómo podría, si no,
- mantener la cola erguida,
- atusarse los bigotes,
- cortejar a su querida?
- De estos nombres especiales
- yo guardo todo un muestrario:
- Munkustrap, Quaxo, Alarico,
- Mandolina, Cerulario.
-
- Pero hay un nombre secreto
- que nadie puede acertar,
- que sólo el gato conoce,
- el gato, y ninguno más.
- Cuando le veáis sumido
- en honda meditación,
- es porque está meditando
- en la escondida razón
- del nombre especial que tiene:
- nombre inefable y efable,
- nombre secreto, recóndito,
- profundo, inescudriñable.
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