|
Inicio
Herbert
Alphonso, S.J. -
La Vocaci�n personal
(�ndice)
Apéndice
II
EL EXAMEN
PARTICULAR
La sola mención del "Examen Particular" despierta
enseguida recuerdos de esfuerzos, generalmente
estériles, de los primeros estadios de la
formación espiritual para mantener una experiencia de
"contabilidad espiritual": o tomábamos u defecto y
apuntábamos día tras día las faltas que
cometíamos, procurando disminuir su número
progresivamente; o elegíamos una virtud y
contábamos los actos que lográbamos realizar a
diario, procurando aumentar su número de un
día a otro.
Si tenemos en cuenta la experiencia de tantas personas
que se formaron en la práctica del "Examen
Particular" así entendida, tendremos que reconocer
que esta clase de "contabilidad espiritual" sencillamente no
funcionaba: muy pronto se abandonaba por "inútil" e
"imposible". Nada menos que el P. Luis de la Palma, el gran
escritor y director espiritual de fines del siglo XVI y
principios del XVII indica que según su experiencia y
la de otros que dirigía, esta manera dc practicar el
"Examen Particular" era por lo general inútil.
Con todo, los autores espirituales clásicos han
calificado el examen particular como "el pulso dc la vida
espiritual". Recuerdo que. siendo novicio,se me
aseguró como de muy buena tinta -si bien hasta la
fecha no he podido verlo documentado- que San Ignacio
confesó haber llevado el "examen particular" los
últimos veinte o veinticinco años de su vida
sobre la vanidad, ambición, vanagloria. Sea como sea,
uno se siente inclinado a tachar de piadosa
exageración las ponderaciones de los autores
espirituales sobre el examen particular como "pulso de la
vida espiritual". Yo lo descarté al comienzo de mi
formación en la Compañía, como tampoco
di crédito al dicho de que San Ignacio llevó
el examen particular sobre la vanidad, la ambición y
la vanagloria los últimos veinte o veinticinco
años de su vida (precisamente los años en que
experimentó las grandes gracias místicas que
Dios le concedía con tanta profusión). "Estos
santos siempre tienen que salir con algo 'piadoso' sobre
sí mismos", recuerdo que fue mi reacción.
¿Quién era de hecho este Ignacio de Loyola
cuando Dios le sorprendió en Pamplona
rompiéndole la pierna de un cañonazo? Nos lo
dice él mismo en las primeras líneas de su
Autobiografía (nn. l; 4-6): su único
sueño era de ganar honra, realizar grandes proezas
por su rey y su dama. Fue entonces cuando Dios le
asió y le dio un giro de 180 grados. Le dijo a
Ignacio: "Estás soñando sobre tu mayor gloria;
¿sabes el significado que he dado a tu vida? No
tu mayor gloria sino mi mayor gloria (la mayor gloria de
Dios )". Yo no tengo duda de que la "vocación
personal" de Ignacio era la mayor gloria de Dios.
Ignacio no lo olvidó jamás; cuanto mayores
eran los dones que Dios le prodigaba, más vigilante
se hacía para emplearlos en la mayor gloria (a la
cual seguía inclinado), pero no la suya sino la de
Dios. ¿Sería sorprendente, si pudiéramos
probarlo, que su examen particular en sus últimos
veinte o veinticinco años versaba sobre la vanidad,
ambición. vanagloria?
Lo que esto, pero sobre todo mi propia experiencia
personal junto con mi ministerios espirituales, me ha
revelado es que el "examen particular" es con toda verdad el
examen "particular", "específico" o "único",
el propio de una persona. ¿Y qué hay más
"particular", "específico" y "único" de una
persona que su "vocación personal"? No deja de ser
significativo que en castellano la palabra "particular" no
es simplemente lo opuesto a "general", como ocurre en
inglés, por ejemplo, sino que muchas veces se emplea
para referirse a un individuo, como cuando se dice: "este
particular me lo dijo".
El "examen particular" no es, pues, algo diferente de la
"vocación personal". En este sentido más
profundo, no hay muchos temas de "examen particular"; cada
persona tiene sólo uno, y no es otro que su
"vocación personal". No es extraño que el
"examen particular" llegue a ser el criterio exclusivo de
discernimiento de una: persona para toda la gama de la
experiencia humana, su manera propia y específica de
disponerse a encontrar al Señor en la
situación en que se halle. En resumen, es su manera
personal y exclusiva de "hallar a Dios en todas las cosas",
de ser "contemplativo en la acción". De esta forma,
la práctica del "examen particular" abarca toda la
vida espiritual. ¿Sería una exageración
decir que el "examen particular" es de verdad "el pulso de
la vida espiritual"? Porque no se puede decir que uno
está espiritualmente vivo si no vive el
significado que Dios le ha conferido en la vida; pues en
tal caso, puede decirse que está muerto.
Práctica del
Examen Particular
He hecho antes referencia al Padre Luis de la Palma y su
magistral comentario de los Ejercicios Espirituales, "Camino
Espiritual". Yo lo leí siendo joven estudiante de
Filosofía en Barcelona (1952-1955). Lo que este
ilustre director de espíritu enseña sobre la
práctica del "examen particular" me resultó ya
entonces esclarecedor y aun liberador.
Dejando de lado los métodos que he calificado de
"contabilidad espiritual", la Palma ofrece otra manera de
practicar el "examen particular", aun cuando su idea de
"examen particular" está todavía atada a
concentrarse en una zona particular (positiva o
negativa) de nuestra vida diaria real. Su sugerencia puede
parecer engañosamente sencilla; de hecho responde a
una profunda intuición de la naturaleza de la vida
espiritual cristiana y de su desarrollo.
La práctica del "examen particular", dice la
Palma, consiste en elegir algunos momentos muy concretos del
día -momentos bien determinados y ciertos, aunque
sean pocos- y en ellos ponerse en la actitud del
punto escogido como tema para el "examen particular" Nada de
hacer sumas de cuántas veces he faltado o dejado de
faltar (el caso de una zona "negativa") o las veces que he
practicado una virtud (zona "positiva"); todo lo que hay que
hacer es comprobar si hemos sido fieles al número
fijo de momentos escogidos para ponernos en la actitud
respectiva.
¿Engañosamente sencillo, verdad? Y. sin
embargo, contiene la profunda intuición de que la
libertad humana no tiene otro papel que desempeñar en
la vida espiritual sino disponerse activamente para
recibir a Dios, que es quien hace el resto. A Él
pertenece la iniciativa y la primacía de la
acción: Dios es el que está siempre
viniendo a nuestras vidas para salvarlas y redimirlas
("Viene, viene, siempre viene", como cantó nuestro
gran poeta laureado Rabindranath Tagore en su
Gitanjali.). Si nuestros corazones están
"dispuestos" para Dios, experimentaremos la unión con
el Señor. En concreto, lo que la Palma sugiere no es
otra cosa que un "disponerse" regularmente a ser o hacer lo
que uno fija como tema de su "examen particular". Si lo
hacemos fielmente en los momentos determinados, tendremos
todas las probabilidades de que no seamos cogidos de
improviso: seremos o haremos lo que cuidadosa y
diligentemente hayamos decidido ser o hacer.
Hasta aquí La Palma. Después de recibir la
gracia no sólo de discernir mi propia
"vocación personal" sino de experimentar su poderoso
influjo para mi vida y trabajo, he captado más
radicalmente aún lo que es la práctica
auténtica del "examen particular". Si, como he
explicado, el "examen particular" no es diferente de la
"vocación personal", si la "vocación personal"
es la manera irrepetiblemente única y propia
mía de disponerme para el Señor,
entonces la forma más relevante para mí de
practicar el "examen particular" es asumir en profundidad la
actitud de mi "vocación personal" en esos momentos
concretos que he escogido en mi vida diaria. Esto mismo me
dispone como ninguna otra cosa podría disponerme para
salir al encuentro del Señor en las personas,
acontecimientos y circunstancias de tiempo, lugar y
actividad de la vida diaria. Es, en último
análisis, mi manera exclusiva y personal de "hallar a
Dios en todas las cosas".
Anterior
�ndice
|