- Pedro
Finkler
Orar
(Capítulo
11 de su libro "Buscad al Señor con
alegría)
1.
Necesidad de orar
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"Recurrid
a Yavé y a su potencia, buscad su rostro
siempre (Sal 105,4).
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El cristiano
y, sobre todo, el religioso son personas que oran. Hasta tal
punto es verdadera esta afirmación que el cristiano y
el religioso no son tales si no oran. Para ellos el rezar es
como el respirar para la vida orgánica. La persona
que no respira no tiene vida. El cristiano y el religioso
que no oran no tienen vida espiritual. Tienen vida
biológica, como el animal y la planta. Pero
espiritualmente están muertos.
El hombre se
define como un ser que no puede vivir en equilibrio
psicológico si no ama y no es amado. El amar y el ser
amado son para su vida psicológica tan indispensables
como el respirar para su vida biológica. El hombre es
el más perfecto de los seres creados. Participa al
mismo tiempo de la vida vegetativa de las plantas (el hombre
físico), de los animales (el hombre orgánico),
de los seres racionales (el hombre psicológico) y de
la vida espiritual de Dios. Es un ser
físico-orgánico-psicológico-espiritual.
Retirad de él todas las sustancias químicas, y
ya no existe. Si le quitaseis todas sus funciones
orgánicas, se reduciría a materia inerte. El
hombre privado de sus funciones psicológicas es
semejante a un animal. Privadlo de sus funciones
espirituales, y no pasará de ser un animal
racional.
El hombre es
plenamente humano en la medida en que manifiesta por lo
menos estos cuatro aspectos de su ser ontológico:
vida física, vida orgánica, vida
psicológica y vida espiritual. La vida espiritual
existe y se manifiesta por medio de la oración. En la
oración es donde se manifiesta la fe viva y el amor a
Dios. Esas son las condiciones de vida del cristiano y del
religioso. El religioso o el cristiano que no reza
está espiritualmente muerto. Porque la oración
es vida, es respiración espiritual, es alimento de la
vida del espíritu. Es amar a Dios y ser amado por
él; es amar a los hombres y ser amado por
ellos.
Sin la
respiración y sin la alimentación
física no hay vida biológica. Sin la
relación interpersonal de amor no hay vida
psicológica. Sin la oración no hay vida
religiosa o espiritual. Orar es relacionarse amorosamente
con Dios que nos ama. Sólo saben hablar bien de Dios
aquellos a los que Dios habla. Para oír hablar a Dios
es necesario saber escucharlo. Nuestros modos de
relacionarnos con Dios y con los demás están
recíprocamente condicionados. Las buenas relaciones
humanas facilitan la relación con Dios, y viceversa.
El que no ama a los hombres no puede amar a Dios. El que ama
mucho a Dios no puede menos de amar también a los
hombres. Por eso mismo la dificultad de orar tiene muchas
veces su causa más profunda en unas malas relaciones
interpersonales. Estas constituyen un obstáculo
importante para la oración.
La caridad
fraterna ayuda extraordinariamente a orar de verdad, con
total sinceridad. La persona egoísta, encerrada
dentro de si misma, incapaz de dialogar, de aceptar una
crítica, de darse, incapaz de amistad, siempre tiene
muchas dificultades para abrirse a Cristo en una
oración auténtica. El que confía en los
demás acoge y acepta ser acogido en una
relación de amistad; y de este modo tiene capacidad
para establecer una relación vital con el
Señor. Es que la oración es ante todo una
relación personal con Dios. Por eso nuestra capacidad
de orar está en proporción con nuestra
capacidad de darnos al Señor.
Donde
predomina la mentalidad utilitarista y el eficientismo es
difícil que pueda darse una verdadera oración.
No existe clima favorable para ella. Acoger gratuitamente a
la persona del otro por lo que es, saber escucharlo, estar
en unión con él, ofrecerle nuestro tiempo y
nuestros talentos son actitudes que facilitan el encuentro
gratuito con Dios en la oración. El autosuficiente,
aquel que no siente la necesidad del otro, tampoco siente la
necesidad de Dios. Sólo el verdaderamente pobre de
espíritu puede realizar un encuentro intimo con el
Señor. La oración es como el amor: un arte que
se está siempre aprendiendo...
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