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Enrique
Herp - Directorio de contemplativos
(�ndice)
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CAPÍTULO
XVI
- Variedad
y eficacia de las meditaciones. Seis grados de
oración
Para distinguir los
ejercicios de la vida activa, conviene tener en cuenta una
doble finalidad en estas meditaciones, a saber: el temor y
el amor. Sea el temor servil, que siente sobrecogimiento por
los sufrimientos del Purgatorio o el castigo del Infierno; o
bien el temor filial con que se horroriza de ofender a Dios
o serle ingrato. Las meditaciones disminuyen mérito a
medida que se aproximan al temor servil. Cuanto más
cerca estuvieren del temor filial o del amor, tanto
más aceptas serán a Dios y de mayor
mérito; purifican mucho más el alma de sus
pecados y ayudan a la vida de perfección.
Meditaciones
Por tanto, se
consideran de menor mérito aquellas meditaciones que
infunden solamente temor, como son las meditaciones de la
muerte, juicio, purgatorio, infierno y cosas por el estilo.
Hay meditaciones sobre la vida eterna que, en el hombre
incipiente, se orientan más a la conveniencia y
provecho propios que al honor y beneplácito divinos.
En cambio, los ejercicios de vida eterna en el hombre
proficiente y perfecto son mucho más nobles y
ventajosos en gracia y méritos. Además de
éstas, hay meditaciones sobre la contrición y
pesar de los pecados, de la vergüenza ante Dios, de la
aversión al pecado y al mundo. Cosas que provienen de
recordar las culpas pasadas con amargura del corazón,
como decía el rey Ezequías: «Te
glorificaré todos mis años, a pesar de la
amargura de mi alma» (Is 38,15).
En esta
contrición y amargura, el hombre debe ponderar la
deformación de los pecados, la indignación
causada a Dios y la pérdida de la gracia y la gloria,
más que el propio menoscabo, confusión,
peligro, pérdida de bienes temporales y cosas
semejantes.
Grados en
la meditación de la Pasión de
Cristo
Además de
estas meditaciones, en cuarto lugar están los
ejercicios de la Pasión del Señor para sentir
compasión. San Bernardo, en el Sermón del
Miércoles después de las Palmas, distingue
tres grados en el ejercicio de la Pasión del
Señor analizando el hecho, el modo y la
causa.
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El hecho
El primer grado
consiste en pensar la historia de la Pasión,
moviéndose a compasión para hacernos
partícipes de sus divinos sufrimientos y gloria. Esto
dice relación con los hombres activos e
incipientes.
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El modo
El segundo grado
está en meditar el modo de su Pasión, es
decir, con qué profunda humildad, paciencia,
mansedumbre y deseo ha padecido. De este modo, en su
Pasión podemos hallar la perfección de todas
las virtudes que debemos considerar en ella, para imitar al
Señor, especialmente aquellos que van aprovechando.
Esto ya sería más bien materia para el quinto
grado de meditación, o sea: ejercitar las virtudes
para asimilarías y practicarlas.
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La causa
El tercer grado es
pensar detenidamente en la causa por la cual Cristo
sufrió, esto es: la inmensa bondad que quiso
demostrarnos. Debemos meditar en ello para inflamarnos
vigorosamente en su amor. Esto es ya propio de los
perfectos; sin embargo, conviene ejercitarlo en los grados
dichos si realmente se quiere aprovechar en la vida
divina.
El modo de ejercitarse
en la Pasi�n del Se�or est� incluido en el sexto y supremo grado de
meditaciones, que consiste en que, al meditar, se ejerciten en amor
de Dios. Quedan otros ejercicios m�s sublimes de amor puro, seg�n se
dir� m�s adelante.
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