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Enrique Herp - Directorio de contemplativos  (�ndice)

 

TRATADO SEGUNDO: ORNATO DE LA VIDA ACTIVA

 

CAPÍTULO XIX

Las virtudes morales, ornato de la vida activa

Vamos ahora a considerar lo pertinente al ornato de la vida activa en el hombre. Son las virtudes morales propiamente el ornato de la vida activa. Cualquiera las puede adquirir sin ayuda de la gracia santificante. Filósofos paganos hubo tan mortificados y enriquecidos con las pasiones naturales, que en esto apenas puede decirse hayan sido inferiores a los santos, por cuanto podemos reconocer. Virtudes manifiestas, por ejemplo, en Diógenes respecto al desprecio de los bienes temporales y deseo de pobreza, cuando estaba sentado en la tinaja y arrojaba su escudilla, porque pensaba que con su mano podría sacar el agua.

Virtudes morales

De igual modo el filósofo Sabbon en la paciencia, y así de las demás virtudes morales. Es cierto que ninguna virtud natural, sin la gracia santificante, merece la salvación. Sin embargo, es igualmente cierto que nadie puede hacer uso provechoso de la gracia divina sin las virtudes morales. Es, pues, necesario que el hombre, al principio, se proponga adquirir virtudes morales y pida a Dios su gracia para que sean del agrado divino. Por tanto, en estos tres estados debemos principalmente empeñarnos en adquirir el mayor número posible de virtudes. Claro que esto requiere gran esfuerzo, diligencia y oración. Nada de extraño, ya que las virtudes son lo más noble que existe fuera de Dios, pues nos hacen semejantes a El. Mejor dicho: hacen a los hombres dioses, esto es, deiformes. Ellas solas, en cuanto se puede decir de nuestra parte, nos unen a Dios sin medio alguno aquí en gracia y luego en gloria. Primeramente, pues, debemos poner el sólido fundamento de la humildad, de donde todas las virtudes toman su origen para poder agradar a Dios. 

 

 

 

 

 

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