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TRATADO
TERCERO: PROGRESO DE LA VIDA ACTIVA
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CAPÍTULO
XXII
- Aprovechamiento
o consurrección de la vida activa por la fe, el
amor y la esperanza
Más
importante es lo tercero, el tema que ahora vamos a tratar:
cómo el hombre debe progresar en la vida activa y
levantarse en la perfección al encuentro con Dios,
diciendo con la Esposa: «Me levantaré, pues, y
recorreré la Ciudad. Por las calles y plazas
buscaré al Amado de mi alma» (Cant
3,2).
La
vía mística
Hay dos modos en
esta consurrección. El primero es místico u
oculto, que Dionisio llama Teología Mística,
porque es una sabiduría recóndita, comunicada
por Dios directamente al hombre en lo más hondo de su
alma. Son mortales los maestros que enseñan las otras
ciencias. Esta se inscribe en el corazón por
iluminación divina como energía celestial
proyectada sobre el alma. Ningún hombre puede
enseñar con perfección ciencia tan excelente y
sabiduría tan noble, que excede todo entendimiento.
Cualquier persona, sin embargo, por simple e iletrada que
fuere, con tal que frecuente la escuela divina, es decir,
las virtudes y prácticas piadosas, podrá
recibirla inmediatamente de Dios, mediante amorosos afectos
y elevaciones hacia El.
Este es un modo de
consurrección que se logra por el apetito
concupiscible. Nada se ha dicho a este respecto en lo que
precede, pero luego se expondrá con amplitud. La
Teología Mística debe ejercitarse en todos los
grados de la vida proficiente, a medida que se avanza en
perfección.
Vía
escolástica
El segundo modo de
consurrección es el método escolástico,
por vía de erudición, de lo cual vamos a
hablar ahora, porque tiene lugar comúnmente en la
vía activa.
En el Cielo, el alma
se une con Dios en espiritual desposorio por tres dones, que
recibe de Dios y posee como dotes: clara visión, amor
puro y gozo perpetuo. Así, mientras estamos en este
mundo, pregustando la gloria de la bienaventuranza eterna,
nos acercamos a Dios por el ejercicio de las virtudes
teologales, que corresponden a las tres dotes del alma. El
hombre, por las tres virtudes, merece recibir en la gloria
los tres mencionados dones. Por ellas también en este
tiempo nos unimos a Dios en la vida activa y en la
contemplativa. Pero de modo muy distinto, como luego se
dirá.
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