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Enrique Herp - Directorio de contemplativos  (�ndice)

 

CAPÍTULO XXVIII

Tres imágenes que impiden la contemplación. Otras que la favorecen

Hay tres clases de imágenes. Las primeras son nocivas, como las que recibimos con cierto afecto desordenado o complacencia, aunque no sean mortíferas. Estas impiden mucho la acción interna de Dios y contristan al Espíritu Santo; manchan el lecho del Amado con la sordidez de los pecados. Si estas imágenes irrumpen contra nuestra voluntad y nosotros las resistimos fielmente con todas nuestras fuerzas, nos será reputado por martirio espiritual, procurando, claro es, evitar en cuanto sea posible las ocasiones de tenerlas.

Otra clase son las vanas imaginaciones. Muchas veces inciden en la conciencia, pero no van acompañadas de deseos desordenados. No son muy nocivas para quien se contenta con evitar pecados, pero retrasan mucho el aprovechamiento en la perfección si no se les resiste con diligencia. El que quiere de verdad aprovechar en la virtud necesita esforzarse para estar continuamente suspendido en Dios con un amoroso influjo del espíritu. Los rayos solares necesitan estar pendientes del sol; si no, se extinguen. Si alguno no hace esto, es señal de corazón vacío y fervor apagado, porque cuando el corazón está lleno del amor divino no hay cabida para otra cosa. Un clavo no puede ocupar el espacio que otro está llenando.

En tercer lugar están las imágenes buenas y útiles en sí mismas, pero impiden también la verdadera contemplación. Por ejemplo, estar ocupado en negocios temporales, de suyo es licito y meritorio. La preocupación espiritual, como vemos en algunos que son demasiado escrupulosos, tímidos o algo parecido. Igualmente ocuparse en teologías que no son útiles ni encienden en el amor de Dios; por ejemplo, los que quieren indagar curiosamente los misterios divinos de la Santísima Trinidad, de los nueve coros angélicos o cosas parecidas, que pertenecen solamente a la fe, y ellos se empeñan en investigar con razonamientos. Creen que eso es divino y se dedican a ello resueltamente llamándolo vida contemplativa; pero no pasa de mera curiosidad y pasto para alimentar su voluntad inmortificada. De ahí que no aprovechen en la mortificación de si mismos ni en el adelantamiento de las virtudes ni en el amor de Dios.

Imágenes necesarias

El hombre debe tan sólo dejarse impresionar por las imágenes de aquellas cosas que le muevan a dar gracias a Dios, a alabarle, a amarle y a imitarle en cuanto hombre. Déjese de curiosear inútilmente lo que no le va a mejorar. Ejercítese más en actos de amor que en meditaciones, como se dirá luego.

Baste esta breve exposición de los impedimentos para la vida contemplativa, teniendo en cuenta también lo que arriba se dijo, al tratar de las mortificaciones de la vida activa. Continuemos ahora con las que conviene preparar para alcanzar la vida contemplativa. 

 

 

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