Inicio

Enrique Herp - Directorio de contemplativos  (�ndice)

 

CAPÍTULO XXX

Los dos caminos del amor: el humano y el místico

El hombre se compone de alma y cuerpo, cada cual con función diferente en orden a conocer y participar de Dios, que es la verdad eterna. Se pueden, pues, indicar dos modos de contemplación por donde, como por doble vía, se llegue al fervor de una caridad perfecta. Conviene, por tanto, que el espiritual prepare dos pies para recorrer el camino de la contemplación.

La vida humana tiende a Dios por las criaturas

Consta el hombre ante todo de substancia y naturaleza corpóreas. Dios le ha puesto delante todas las cosas que se pueden conocer por los sentidos exteriores. Porque la naturaleza del hombre no le permite entender más que a través de los sentidos. Estos, como el entendimiento, están frecuentemente entenebrecidos y el corazón se hace egoísta. Resultan, pues, incapaces para sentir la bondad divina y la verdad, tal como son en sí. A través de las criaturas sensibles, en cambio, pueden contemplar la inmensa majestad, sabiduría, armonía, hermosura, suavidad y amor del creador invisible.

Este es el único modo y camino de llegar a la vida contemplativa, o sea, cuando el hombre, al contacto de las obras de la creación, considera la grandeza, belleza, sutileza, orden, nobleza y suavidad de las criaturas y descubre en todas la inmensidad que Dios les ha conferido. Consiguientemente, se da cuenta del propio egoísmo, ingratitud y malicia que muestra para con Dios, y cómo Dios, infinito, se ha dignado tomar naturaleza humana. Nos ha librado con una muerte cruel, desconcertante, con su preciosa sangre.

Como primera medida hay que ejercitarse en estas verdades al principio de la vida contemplativa. Después de haberlas practicado por algún tiempo, quedará impresa en el alma cierta admiración de la inmensidad divina por la consideración de las criaturas. Más aún, devoción llena de confianza, considerando la dignación que Dios ha tenido con nosotros, viles pecadores, asumiendo nuestra humanidad. Por último, con desbordamiento de alegría, llena de amor, considerando que su caridad hacia nosotros le ha obligado a padecer tal muerte.

Las tres cosas dichas, si procuramos avivar el amor, introducen al hombre exterior en la interioridad del alma, y desde allí lo levantan adonde gradualmente se instruye más y más en ellas. El entendimiento precede a las tres y lleva consigo el afecto hacia el interior, donde el amor se vigoriza tanto que concentra todas las fuerzas, poniéndolas a su servicio. No le será necesario empezar desde los cimientos cada vez que quiera ejercitarse. Siempre estarán preparadas las tres cosas dichas como fundamento sobre el que se coloquen los ejercicios de la vida contemplativa siguiendo la llamada del Espíritu Santo.

Su primer tarea consistir� en poner el fuego del amor. como quien va a encender un horno. Dios, operario que tiene el amor por instrumento, asociar� inmediatamente su gracia. Pero el amor adquirido por esta v�a no es tan activo, vigoroso e impulsivo que no permita al entendimiento ir por delante. Aqu� precede siempre el entendimiento. Por eso no progresan tanto en la vida contemplativa o en las virtudes o en la mortificaci�n a s� mismos, como el amor adquirido por otra v�a. Queda as� preparado el pie del afecto para caminar por esta v�a, que es la m�s frecuentada, especialmente por los m�s sutiles de ingenio y los m�s activos. 

 

 

Anterior          �ndice          Siguiente

 

www.abandono.com - [email protected]