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Enrique Herp - Directorio de contemplativos  (�ndice)

 

CAPÍTULO XXXI

La vida mística. Circunstancias que la favorecen

Consta también el hombre de substancia y naturaleza espiritual, cuyo objeto es todo aquello que excede el alcance de los sentidos. La razón lo comprende y la fe lo contempla. Lleva el Señor por esta segunda vía a determinadas personas, en particular a los de temperamento sosegado y entendimiento tranquilo, o bien sencillos y no muy capaces, llenos, sin embargo, de un natural y amoroso afecto y alegres de corazón. Estos, en su conversión a Dios, no se muestran activos por el ejercicio de sus potencias intelectuales, pero se sienten más inclinados y dispuestos a ejercitarse en el deseo del bien. En él se inflaman al instante, con un ardiente amor de Dios. Apenas el hombre conoce este camino puede ejercitarse en él y recorrerlo.

Operación de la gracia

La gracia actúa comúnmente según la disposición de la naturaleza, en el plan de llevarla hasta la perfección. Puede, además, la gracia de Dios operar conforme a la disposición que han logrado nuestros actos. El Señor da gracia a cada uno, según que se prepare y muestre idóneo para recibirla y usarla.

Vía fácil y nobilísima

Esta vía es divina y oculta a toda humana sabiduría. Dios la enseña inmediatamente a los pequeños, humildes y verdaderos amadores; como dijo Nuestro Señor: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios y prudentes, y se las has revelado a los pequeños» (Mt 11,25).

Esta vía es mucho más útil y noble, porque Dios es el Maestro de toda perfección, de suerte que si El llama a un hombre rudo o una viejecita cualquiera, y sigue por este camino, en breve tiempo podrá recibir conocimiento experimental de Dios, de las verdaderas virtudes y de todas las cosas pertinentes a la salvación eterna. Mejor que los doctores del mundo entero pudieran conseguirlo con su sabiduría natural o ciencia adquirida.

Esta vía es más breve para alcanzar la perfección y se adquiere con mayor facilidad, pues no requiere gran ingenio y sutileza del entendimiento. Todo este negocio tiene lugar en la voluntad y no en el entendimiento. El amor está tan encendido y las potencias del alma tan saturadas de espiritual riqueza, que brota un puro y simple conocimiento con ilustración de claridad divina. Su inteligencia se eleva sobre el conocimiento natural como el sol excede a la luna en claridad. David nos exhorta a entrar por este camino, cuando dice: «Gustad y ved qué bueno es Yahvé; dichoso el hombre que se cobija en El» (Sal 33,9).

Instrumento de contemplación

Queda ya dicho en los comienzos la semejanza del arco en construcción. Cuando alguien ha levantado el arco equivale a decir: adquirió un amor divino diligente e impulsivo, regalado por gracia de Dios. Entonces tendrá un medio espiritual con que operar en la vía de la contemplación, que se llama amor y gracia operante. Actúa mucho y apremia al hombre a realizar todas las cosas que parecen ser del agrado de Dios. Se llama también gracia o amor sensible, porque es muy delicioso al sentido. Es, pues, verdadero instrumento de progreso espiritual en ambos caminos, para aquellos que lo deben usar convenientemente. ¡Ay de aquellos que abusan! Nadie, pues, debe presumir o engreírse de haberlo adquirido.

Podría conseguirse también mediante los ejercicios que provienen de la naturaleza pura y el poseedor quedaría en estado de condenación. Se debe atender con diligencia a las obras realizadas con este medio. Si se hallare a si mismo estudioso y solicito para la mortificación y el santo abandono de la voluntad en el beneplácito divino, según que arriba dije, es señal de que dicho instrumento obedece a la gracia de Dios. Por el contrario, aun suponiendo que siete veces al día fuera arrebatado en espíritu, permanece en el dominio estrictamente natural y abusa de la gracia de Dios para su condenación, si no cuida mucho de progresar en la mortificación y abnegación de sí mismo, y en el crecimiento de las virtudes. Cuánto más si lo hace para entregarse al descanso en la sabrosa y sensible dulzura. Es más diligente para satisfacer su gula espiritual que para seguir el beneplácito de Dios. El instrumento que empuja y apremia se llama gracia y amor. Usamos de él en ambos caminos; en el primero precede el entendimiento, buscando materia de amor que ofrecer a la voluntad, como la abeja que vuela sobre las flores para libar miel. Sigue la voluntad gustando el alimento que el entendimiento la presenta.

En la segunda, el afecto va delante, mientras que el entendimiento sigue de lejos. El afecto no se para a meditar en la vida eterna, los �ngeles, ni aun en el mismo Dios, por muy nobles que sean tales pensamientos; por ejemplo, su inmensa grandeza, majestad, bondad, clemencia, misericordia, amabilidad y cosas semejantes. Lo hace mejor en simplicidad de afecto, por ejemplo, con aspiraciones, que son deseos estimulantes, apremiantes, deseos de unirse a Dios. Podremos sentir la nobleza de esta aspiraci�n en el hombre perfecto, pero es indescriptible. Procurar� ahora declarar como mejor pueda la manera de aplicarse a progresar en esta v�a y llegar a la vida contemplativa. 

 

 

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