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Enrique
Herp - Directorio de contemplativos
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TRATADO
TERCERO:
PROGRESO
DE LA VIDA CONTEMPLATIVA
ESPIRITUAL
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- CAPÍTULO
XXXIX
- Consurrección
y provecho de la vida contemplativa espiritual conforme a
las tres partes del hombre
Tratemos ahora de
ver cómo aprovechar y levantarse hasta la
perfección en la vida contemplativa espiritual. Nadie
puede alcanzar verdadero provecho en la vida contemplativa
si no se esfuerza con diligente perseverancia en mantener el
ejercicio de la vida interior. ¡Qué pena! Hay
muchos hombres devotos, de intención recta y simple,
que, distraídos por llamadas de los sentidos, se
entretienen y olvidan del hombre interior para entregarse a
ocupaciones externas menos útiles o necesarias, y aun
superfluas e inútiles.
Extroversión
Cuando la falta de
cautela sobre si mismos los ha distraído, comienzan a
desbarrar, van de mal en peor por la disipación del
corazón y no cuidan más de entrar en
sí, como antes acostumbraban. Entonces crece de nuevo
en ellos el desorden del hombre inferior, porque más
rápidamente caen y se enredan como pájaros
enligados. Por ejemplo, en conversaciones, rumores,
tertulias, disipación de los sentidos, afectos
desordenados y cosas semejantes. El resultado es que se
comienza a perder el gusto por las cosas espirituales, el
entusiasmo y diligencia espiritual empiezan a entibiarse y a
aflojar en los ejercicios. Cuando quieren de nuevo
reconcentrarse, no hallan descanso en el corazón, se
encuentran entenebrecidos, distraídos, muy alejados
de la intimidad con Dios. ¡Oh, qué poquita cosa
basta para contristar al Espíritu Santo e impedir su
operación en el alma! Principalmente después
de haber sido llamados a la mayor intimidad y gozo
espiritual.
Santa
Clara
De una santa
religiosa llamada Clara se cuenta que, después del
llamamiento divino a la vida interior, llamada que capacita
y enriquece, se vio privada durante quince años de
esta afluencia de luz divina y suavidad porque en cierta
ocasión tuvo un pequeño movimiento de
complacencia vanidosa.
Abstracción
de la mente
Le conviene, pues,
al hombre desprenderse de toda criatura, ocupación y
distracción. De todos los pensamientos y afectos
vanos y de las pasiones naturales. Que no quede cosa alguna
entre Dios y el alma enamorada. Entonces podrá
emprender con plena confianza el camino de la vida
contemplativa espiritual.
Finalmente, se debe
notar aquí que esta consurrección tiene lugar
de acuerdo con la triple capacidad humana: potencias
inferiores del alma, las superiores que llamamos
intelectivas o espirituales y finalmente la esencia del
alma.
Cada una de ellas
necesita unirse a Dios según su naturaleza y
propiedades. A esto se endereza la vida
contemplativa.
Perfección
de las potencias inferiores
La perfección
de las potencias inferiores consiste en que el apetito
concupiscible nada desee fuera de Dios. Que
únicamente en él halle descanso y constante
comunicación amorosa, diciendo con David: «Por
la noche tiendo mi mano sin descanso, mi alma el consuelo
rehúsa», el consuelo de las criaturas. «De
Dios me acuerdo y gimo» (Sal 77,3). Consiguientemente,
el apetito irascible no está pendiente de la
tribulación que causan las cosas. Pare mientes tan
sólo en irradiar paciencia y perdonar las ofensas
amigablemente.
Esta práctica
vendrá a ser para el alma que ama de verdad una
deliciosa almohada sobre la que Dios gustará de
reclinar su cabeza.
Por último,
el conocimiento racional necesita elevarse sobre toda
impresión, multiplicidad, escrupulosidad y cosas
semejantes. En simple unidad de conocimiento, elévese
el entendimiento a Dios o las cosas celestiales,
según diremos a continuación. Asimismo, que
las facultades superiores del amor y la misma esencia del
alma, cada cual a su modo, sean elevadas y unidas con el
Señor de suerte que el hombre entero quede
ennoblecido y glorificado por la unión con Dios,
hasta donde ha tenido la dicha de ser llamado.
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