Inicio

Enrique Herp - Directorio de contemplativos  (�ndice)

 

CAPÍTULO XLI

La embriaguez espiritual, segundo grado de consurrección

El segundo grado de esta consurrección se caracteriza por el deleite de los bienes espirituales. Un torrente de gozo divino inunda el corazón y las potencias sensitivas. Apenas deja el Señor sentir su suavidad. El alma siente que Dios le envuelve estrechamente con inefable abrazo.

Delicias espirituales

Los deleites espirituales superan todos los placeres del mundo juntos, aun el supuesto de que un solo hombre fuera capaz de gozarlos. Cuando Dios visita en gozo infunde igualmente sus dones al corazón así afectado y le inflama con el gran ardor de si mismo. Lleva consigo tanto sabor de suavidad y alegría espiritual que hace al alma desbordarse en gozo melifluo. No puede contenerse sin estallar jubilosa.

De repente, brota la embriaguez de que habla Nuestro Señor en el Cantar de los Cantares: «¡Comed, amigos; bebed, oh queridos, embriagaos!» (Cant 5,1). Esta embriaguez es grande, como si un campesino se hubiese emborrachado, por falta de costumbre en la bebida.

Embriaguez espiritual

La embriaguez espiritual es más fecunda en el corazón, más sabrosa y regocijante en el interior que cuanto el corazón mismo podría desear y gustar. Con tal ímpetu de amor de Dios y deseo de fruición divina se inflama vigorosamente el corazón y se dilata. Arterias y poros se abren. Parece empequeñecerse el pecho y hacerse más estrecho. La afluencia del espíritu lo llena como un volcán que fuera a estallar.

Obliga a que la llama de amor, fomentada con la gran abundancia del gozo, se manifieste con signos exteriores, quiéralo o no el alma. ímpetu tan fuerte conmueve al hombre entero, como el caso de los Apóstoles con la venida del Espíritu Santo (Hch 2,2), que parecían estar ebrios de mosto (Hch 2,13). Este fervor infundido en corazones inexpertos, no habituados a tanto amor, hace que no puedan contenerse sin prorrumpir en gestos desacostumbrados, notorios al exterior. El vino nuevo necesariamente hierve en el momento de escanciarlo. Luego cesa toda operación y hervor. Así también esta gracia superabundante se derrama visiblemente de varios modos: con gestos externos en algunos, en otros con cánticos divinos y júbilo; a veces con lágrimas copiosas y gemidos. Casos hay de voces o sonidos desarticulados, como Fray Maseo.

Fray Maseo. Fray Bernardo

En su alborozo no decía más que v. v. v. a. Algunos sienten cierto temblor por todo el cuerpo o están tan inquietos que no pueden menos de correr, como leemos de Fray Bernardo, primer hijo espiritual de San Francisco: corría muchos días por montes y valles. Otros necesitan saltar, palmotear. Hay quien se consume de gozo internamente. Temen algunos que la abundancia de felicidad les va a hacer estallar como vasos sin respiradero, llenos de mosto. En fin, miles de maneras con que se manifiesta la abundancia del espíritu.

Esta es la vida más delicada que podemos recibir a través de las potencias inferiores del alma, concentradas en unidad. 

 

 

Anterior          �ndice          Siguiente

 

www.abandono.com - [email protected]