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Enrique
Herp - Directorio de contemplativos
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CAPÍTULO
XLV
- Las
revelaciones de Dios
La atención
se fija en lo que el corazón ama, especialmente si el
amor es agudo y penetrante, que atrae las potencias del alma
hacia Dios. Ocurre con frecuencia que al fijarse la mente en
el Amado recibe el alma muchas ilustraciones de la verdad
divina, porque el amor es la causa principal por la cual los
amigos se comunican sus secretos. A este propósito,
Ricardo dice en el Libro IV de contemplatione:
«De la grandeza del amor depende el modo de la
revelación divina».
Varias
maneras de revelación
Por tanto, quien
está en este grado de amor es arrebatado de repente y
le son reveladas algunas cosas para propia conveniencia o de
los demás. Es instruido con imágenes
corpóreas o semejanzas espirituales. Le son reveladas
a veces algunas cosas del futuro llamadas visiones o
revelaciones, que se manifiestan ordinariamente por figuras
imaginarias. También se tienen visiones intelectuales
o semejanzas en el espíritu, según el
Señor sea servido, con las cuales Dios se graba en el
entendimiento.
Esto puede aun darse
a entender en parte con palabras. En algunas ocasiones el
que ama con impaciencia, al llegar a la concentración
máxima de la mente, aunque no por completo fuera de
sí, se ve arrebatado hacia el conocimiento y gozo de
un bien incomprensible, conforme al Señor le
pluguiere concederlo. Esto no se podrá comprender del
todo, porque Dios aparece fulgurante, con resplandores
espirituales e intelectuales, manifestándose y
desapareciendo repentinamente.
Este fulgor arrebata
el espíritu del hombre en un momento, y luego que
pasa, vuelve a su natural. La operación divina
clarifica sobremanera al amante con luz
intelectual.
A veces, en fin, el
espíritu recibe irradiación de cierta luz.
Entonces el corazón se siente atraído
amorosamente a su encuentro y queda embriagado con torrente
de placer insólito. El corazón, incapaz de
contener tanto deleite, se siente estallar como el vaso
cerrado en que fermenta el vino nuevo.
Júbilo
Las Sagradas
Escrituras lo llaman júbilo. Tanta es la
alegría del corazón, que no puede explicarse
con palabras ni tampoco ocultarse. Hay momentos en que el
hombre interior nada en delicias espirituales, como el pez
en el agua. Dios visita de mil modos al impaciente amador
con gozos y noticias espirituales.
Revelaciones
falsas
Me doy prisa a
prevenir a los corazones embaucados y a los curiosos e
inmortificados amadores, para que no se dejen engañar
con falsas revelaciones. Cuando tales hombres tienen
curiosos deseos de recibir dones interiores, experimentar
dulzuras, revelaciones y cosas semejantes (2 Cor 12), viene
con frecuencia el ángel de tinieblas
transformándose en ángel de luz e infunde
internamente en el corazón, o bien en los sentidos
externos, llenos de vanidad y vacíos de caridad,
cierta luz engañadora, o imágenes o
semejanzas.
También se
introduce en los pensamientos del hombre como si fuese
divina inspiración de cosas futuras, que alguna vez
son verdaderas y la mayoría falsas. Los propensos a
la curiosidad y que no aman de veras reciben tales cosas,
como hombres inexpertos que son, con gran deseo y las
veneran como si viniesen de Dios, complaciéndose en
lo íntimo de sus corazones (Is 5). Se vuelven
presuntuosos, sabios a su parecer, no consienten en ser
instruidos por nadie, tienen por grandes todas sus cosas.
Los devora por dentro la vanagloria. Con tan venenoso
alimento del alma se emponzoña el auténtico
amor de Dios.
El que ama
de verdad
Quien ama de veras se
hace m�s humilde con todos los dones que le vinieren, m�s
agradecido, m�s mortificado en la propia voluntad, m�s diligente en
cumplir el benepl�cito de Dios. No para mientes en los dones, sino
en el dador de todo bien.
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