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Enrique Herp - Directorio de contemplativos  (�ndice)

 

CAPÍTULO LII

Elevación del entendimiento a la luz divina

Arroyo del entendimiento

El arroyo que corre por el entendimiento, segunda facultad, es como una aparición interior del Señor Un entender que fluye de Dios, conserva nuestra interioridad abierta a toda influencia divina y eleva el entendimiento a conocer los más profundos arcanos de la Sagrada Escritura. Excede todo natural conocimiento. Se eleva hasta percibir el susurro interior y ver muchas luces intelectuales, ocultas hasta ahora. Con ellas siempre se levanta más y más sobre sí y profundiza en el abismo de Dios.

Contemplación de San Francisco

Sirva de ejemplo San Francisco, hombre sencillo. Estaba algunas veces en contemplación y hablaba con Dios, oyéndolo Fray León. Decía: «¿Quién eres Tú, dulcísimo Jesús, y quién soy yo, el más vil de tus gusanillos?» Le preguntaba después Fray León qué quería decir con estas palabras. Respondió el santo diciendo que se le habían descubierto dos luces para conocer.

Dos luces

La primera es de la incomprensible inmensidad de Dios en grandeza, majestad, sabiduría, bondad, misericordia y atributos divinos. La segunda luz intelectual fue la noticia de su profunda vileza. Con estos dos focos crecían en él el amor de Dios y el desprecio de sí mismo. De igual modo estos hombres son arrebatados al conocimiento de los divinos arcanos. Incomprensible para quienes no lo hayan experimentado.

Divinas noticias

Aquellos que levantan los ojos del entendimiento a la excelsa naturaleza divina, de ordinario reciben primero conocimientos de Dios; por ejemplo, que Dios es incomprensible, simple pureza, inescrutable en su esencia, profundidad inaccesible, altura inalcanzable, eterna anchura, longitud tranquila y silenciosa, pacífica tiniebla, ancha y dilatada soledad, descanso eterno de los santos, común disfrute de sí mismo y de todos los santos. Y muchas cosas más que pueden verse en el piélago insondable de la divinidad. Nadie entenderá el sentido pleno de estas palabras, mientras no lo experimente. Sepan, sin embargo, que el entendimiento de quienes andan con frecuencia en estos senderos, en tal medida se levanta a la admiración, que desea seguirlo con todas sus fuerzas, con la operación consiguiente de dar gracias a Dios, de honrarle y amarle. El hombre se siente elevado en todas sus potencias.

Fecundidad divina

Prosiguiendo ahora acerca de esta noticia, en segundo lugar el entendimiento es elevado e instruido sobre la Santísima Trinidad. Cómo el Hijo es engendrado eternamente por el Padre. Cómo el Espíritu procede del Padre y del Hijo. Cómo aquellas tres divinas personas son un solo Dios .y una esencia, de igual potencia, sabiduría y bondad. Cómo todo lo atribuido a Dios conviene por igual a las tres divinas personas, distintas tan sólo en cuanto personas. Pero es de notar en este grado de consurrección que tales noticias y aspiraciones se dan únicamente en imágenes espirituales y semejanzas. No esencialmente. Sobre la visión de la esencia trataremos al final. No obstante, esta noticia también es inaccesible, porque nadie la puede alcanzar por esfuerzo propio o sutileza de ingenio. Necesita el entendimiento ser elevado por Dios, dilatarse, ser clarificado sobre toda luz natural, como se da a entender en el símil de la aurora, que se transforma en día. Entonces finalmente podrá ser instruido en el entendimiento, para conocer las propiedades que son atribuidas a las tres personas.

El Padre

El Padre es majestad inmensa y omnipotente. Creador, conservador, motor, principio, causa primera y origen de todo lo creado.

El Hijo

El Hijo unigénito es la sabiduría insondable y la verdad, la vida y ejemplar de todas las criaturas, la regla o medida infalible en el arte del Padre, el ojo de la divinidad que ve lo más recóndito, el esplendor de la gloria del Padre, que ilustra a los elegidos según sus méritos individuales.

El Espíritu Santo

El Espíritu Santo es incomprensible largueza de caridad, misericordia de piedad incalculable, piélago profundo de inmensa bondad, torrente impetuoso, que embriaga la sociedad celeste con placer incomprensible, llama de fuego que derrite en la misericordia divina a todos los espíritus amantes, lazo y abrazo del Padre y del Hijo y de todos los espíritus bienaventurados. El los une para disfrutar de las inmensas delicias y riquezas de Dios. Y así infinidad de cosas que se imprimen en' el alma con imágenes o semejanzas. Entonces actúa en el entendimiento el espíritu de Dios, del cual dice San Pablo: «Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios» (Rom 8,14).

Tales noticias levantan el alma a la admiración de las obras divinas. Una cosa sobre todo deja atónito al hombre: la generosa comunicación de la naturaleza divina. Se ofrece liberalmente para que todas las criaturas la disfruten, cada una según su propia disposición y aptitudes, principalmente, claro está, los espíritus bienaventurados por el gozo de su gloria y de su gracia. De esta admiración nace especial confianza en la bondad divina y cierto gozo íntimo, que penetra todas las potencias del alma, hasta allí donde se unen en espíritu. 

 

 

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