Inicio

Enrique Herp - Directorio de contemplativos  (�ndice)

 

CAPÍTULO LXIV

Operación del Hijo en el entendimiento

En segundo lugar, el Hijo actúa con su atracción en la facultad del entendimiento. Esta operación fue significada en Moisés, cuando lo llamaba el Señor por segunda vez para subir más arriba en el Monte (Ex 24,2). Josué, puesto en pie, dijo a los demás que le esperasen allí, y él subió a lo alto del Monte. Esperaron Moisés y Josué la llamada del Señor. Luego, Josué quedó en el valle, mientras Moisés subió a las tinieblas, donde permaneció seis días él solo, antes de ser nuevamente llamado por Dios (Éx 24,2).

Especulación

Este ascenso significa la espiritual acción y atracción del entendimiento, atribuida al Hijo. Se llama propiamente especulación, que quiere decir ver en espejo. El espíritu humano se ha transformado ya en su vivo espejo espiritual, con el cual Dios forma el espíritu de verdad. Dios mismo habita en él por la plenitud de su gracia. Se manifestó también Dios en aquel espejo vivo, no como es en su esencia, sino con imágenes relevantes y muy nobles. Iluminado y elevado el entendimiento, sin ningún error, reconoce claramente con imágenes intelectuales todas las cosas que pudo oir acerca de Dios, de la fe y de toda verdad secreta. Cómo Dios es la majestad suma, la verdad, la bondad, la sabiduría, la misericordia, la justicia y el amor. Después, cómo se hace la distinción de personas y que cada una de ellas es Dios omnipotente. Conoce también la unidad de la naturaleza divina en la Santísima Trinidad y la Trinidad en la unidad de la naturaleza y que cada una de las personas es Dios en la unidad de esencia.

Conoce, además, que hay fecundidad en la naturaleza divina y simple ociosidad en su esencia. El entendimiento, así sublimado y clarificado por el espíritu de la verdad, ve a Dios en el propio espejo de tantas maneras, formas e imágenes como se pueda pensar o desear ver. Sin embargo, el entendimiento elevado busca siempre ver qué es Dios en sí mismo. La imagen esencial de Dios es propuesta al entendimiento elevado y clarificado. No puede comprenderla o contemplarla por la inmensa claridad con que el ojo intelectual es deslumbrado y se oscurece. Esta es propiamente la oscuridad o sombra, bajo la cual el alma se gloría de estar sentada, cuando dice: «A su sombra apetecida estoy sentada» (Cant 2,3).

Amar sin entender

Hasta aquí anduvo Josué con Moisés, es decir, el entendimiento con la voluntad; pero ahora tiene que detenerse el entendimiento y avanzar sola la voluntad. Se requiere más unión que contemplación.

El alma se introduce en la claridad incomprensible, en que el entendimiento elevado se oscurece como se deslumbra el ojo ante la excesiva claridad del sol. Recibe entonces un ojo simple, abierto en la voluntad, que intuye con simple mirada en claridad divina todo lo que Dios es.

Resulta imposible explicar lo que pasa entonces por el espíritu humano y lo que éste conoce. Ni él lo sabe con claridad después que vuelve en sí. El ojo intelectual a veces sigue al ojo simple, y desea conocer e investigar, a la misma luz, qué es-y quién es Dios. Pero es necesario que allí desfallezca toda inteligencia y consideración. El ojo simple guía simplemente la voluntad atraída por Dios, sin que la mente advierta su salida. Sucede esto tantas veces cuantas el sol de justicia atrae hacia si nuestra simple mirada, hacia su inmensa claridad. Allí contemplamos a Dios y todas sus criaturas sin diferenciar ni consideración particular, con simple mirada en divina claridad. 

 

 

Anterior          �ndice          Siguiente

 

www.abandono.com - [email protected]