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An�nimo
ingl�s - La nube del no-saber
(�ndice)
10
De la
manera que tiene el hombre de
conocer
cuándo
sus pensamientos son
pecaminosos;
de la
diferencia entre pecados mortales y
veniales
Otra cosa son los pensamientos sobre los hombres mortales
y sobre las cosas materiales o mundanas. Es posible que
aparezcan en tu mente sin tu consentimiento pensamientos
relativos a estas cosas. No hay pecado en ello, pues no es
culpa tuya ya que todo esto sucede como resultado del pecado
original. Aunque quedaste limpio del pecado original en el
bautismo, sigues cargado con sus consecuencias. Por lo
mismo, estás obligado a rechazar estos pensamientos
inmediatamente, pues tu naturaleza es débil. Si no lo
haces, te puedes ver arrastrado a amar u odiar según
las reacciones que susciten. Si es un pensamiento agradable
o te recuerda algún placer pasado, podrías
sorprenderte consintiendo al goce del mismo; y si se trata
de un pensamiento desagradable o te trae a la memoria
algún recuerdo doloroso, podrías ceder a un
sentimiento de rencor. Un consentimiento tal puede llegar a
convertirse en pecado grave en el caso de una persona que
vive alejada de Dios y que ha hecho una elección
fundamental en contra del bien. Pero en el caso tuyo como de
cualquier otra persona que sinceramente ha renunciado a las
ataduras mundanas, sólo seria un pecado leve. Al
haber elegido tu modo de vida actual, hiciste una
opción radical por Dios, y esto queda en pie, aunque
tengas algún fallo pasajero. No hay un consentimiento
pleno y por esto, para ti, seria un pecado más leve.
A pesar de todo esto, si permites que tus pensamientos,
faltos de control, lleguen al punto en que consciente y
voluntariamente tú te instalas en ellos, con pleno
consentimiento, caerías en un pecado grave. Pues es
siempre pecado grave, si con plena conciencia y asentimiento
te mantienes pensando en alguna persona o cosa que incitan
tu corazón a uno de los siete pecados capitales.
Si le das vueltas a alguna injusticia pasada o presente,
pronto te torturarán deseos de venganza e ira; y la
ira es pecado. Si engendras desprecio profundo por otra
persona y una especie de odio lleno de rencor y de juicios
prematuros, has sucumbido a la envidia. Si cedes a la
comodidad y a la desgana de hacer el bien, esto se llama
pereza. Si el pensamiento que te viene (o suscitas)
está cargado de engreimiento y te hace presumir de tu
honor, inteligencia, los dones recibidos de la gracia, de tu
estado social, tus talentos o tu belleza, y si
voluntariamente te regocijas en ello, estás cayendo
en el pecado del orgullo. Si se trata de un pensamiento
referido a cosas materiales, es decir, bienestar, posesiones
u otros bienes terrenales que la gente se afana en conseguir
y llamar suyos, y si te mantienes en este pensamiento
suscitando el deseo, esto es codicia. Si sucumbes al deseo
desordenado de comidas y bebidas refinadas o en cualquier
otro de los goces del gusto, el pecado se llama gula. Y
finalmente, el deseo ilícito del goce carnal o de las
caricias y los halagos de otros, esto se llama lujuria.
Si tus errantes pensamientos evocan cualquier placer,
pasado o presente, y si te detienes en él,
dejándole que eche raíces en tu corazón
y que alimente tu deseo carnal, corres el peligro de verte
vencido por el deleite de la pasión. Entonces
pensarás que estás en posesión de todo
lo que pudieras desear y que este placer puede satisfacerte
a la perfección.
-
-
11
- Que el
hombre ha de valorar con
precisión
- sus
pensamientos e inclinaciones y evitar una
actitud
- de
descuido con respecto al pecado
venial
No digo esto porque me preocupe el que tú o
cualquier otra persona de oración se halle realmente
bajo el peso de la culpa de pecados como estos. Mi
intención es poner de relieve la importancia que
tiene para ti el percatarte de tus pensamientos y deseos tan
pronto como surgen, ya que has de aprender a rechazar el
más mínimo de ellos que pudiera conducirte al
pecado. Te prevengo que una persona que no vigila y controla
sus pensamientos, aun cuando no sean pecaminosos en sus
primeros movimientos, terminará por no dar
importancia a los pecados leves. Es imposible evitar todas
las faltas y caídas en esta vida, pero la falta de
cuidado en torno a pequeños pecados deliberados es
algo intolerable para quien busca verdaderamente la
perfección. Pues normalmente la negligencia en los
pecados leves abre la puerta a la probabilidad del pecado
mortal.
- 12
- Que en la
contemplación queda destruido el
pecado
- y se
fomenta toda clase de bien
Así, pues, para mantenerte firme y evitar las
trampas, mantente en la senda en que estás. Deja que
tu incesante deseo golpee en la nube del no-saber que se
interpone entre ti y tu Dios. Penetra esa nube con el agudo
dardo de tu amor, rechaza el pensamiento de todo lo que sea
inferior a Dios y no dejes esta obra por nada. La misma obra
contemplativa del amor llegará a curarte de todas las
raíces del pecado. Ayuna cuanto quieras, mantente en
vigilia hasta bien entrada la noche, levántate antes
de la aurora, disciplina tu cuerpo y, si te es permitido
-que no lo es-, sácate los ojos, arráncate la
lengua, tapa tus oídos y nariz y prescinde de tus
miembros; si, castiga tu cuerpo con toda clase de disciplina
y seguirás sin conseguir nada. El deseo y la
tendencia hacia el pecado permanecerían en tu
corazón.
Todavía más, si lloraras en perpetuo llanto
tus pecados y la Pasión de Cristo y ponderaras
incesantemente los goces del cielo, ¿crees que te
haría algún bien? Mucho bien, no me cabe la
menor duda. Estoy seguro de que aprovecharías y
crecerías en la gracia, pero en comparación
con el ciego impulso del amor, todo esto es muy poco. Pues
la obra contemplativa del amor es la mejor parte y pertenece
a María. Es totalmente completa en si misma, mientras
que todas las demás disciplinas y ejercicios son de
poco valor sin ella.
La obra del amor no sólo cura las raíces
del pecado, sino que fomenta la bondad práctica.
Cuando es auténtica verás que eres sensible a
toda necesidad y que respondes con una generosidad
desprovista de toda intención egoísta. Todo lo
que trates de hacer sin este amor será ciertamente
imperfecto, pues es seguro que se echará a perder por
ulteriores motivos.
La bondad auténtica se manifiesta en una manera
habitual de obrar bien y de responder adecuadamente en cada
situación, según se presenta; está
movida siempre por el deseo de agradar a Dios. Solo
él es la fuente pura de todo bien, y si alguna
persona se ve motivada por algo distinto de Dios, aun cuando
Dios sea el primero, entonces su virtud es imperfecta. Esto
es evidente en el caso de dos virtudes en particular, la
humildad y el amor fraterno. Quien adquiere estos
hábitos y actitudes no necesita otros, pues en ellos
poseerá todos los demás.
-
- 13
- De la
naturaleza de la humildad;
- cuándo
es perfecta y cuándo es
imperfecta
Consideremos, pues, la virtud de la humildad de forma que
puedas entender por qué es perfecta cuando Dios solo
es su fuente y por qué es imperfecta cuando surge de
otra fuente aun cuando Dios pudiera ser la principal.
Trataré de explicar primero lo que es la humildad en
si misma y después será más
fácil captar la diferencia.
Un hombre es humilde cuando permanece en la verdad con un
conocimiento y apreciación de sí mismo tal
cual es. Y de hecho, cualquiera que se vea y experimente tal
como real y verdaderamente es, no tendrá dificultad
alguna en ser humilde, pues dos cosas le aparecerán
muy claras. En primer lugar, verá claramente la
degradación, miseria y flaqueza de la
condición humana, fruto del pecado original. De estos
efectos del pecado original el hombre nunca se verá
totalmente libre en esta vida, por santo que llegue a ser.
En segundo lugar, tendrá que reconocer la bondad
trascendente de Dios tal como es en sí mismo y en su
rebosante y superabundante amor hacia el hombre. Ante tan
gran bondad y amor la naturaleza tiembla, los sabios
tartamudean como locos, y los ángeles y santos quedan
cegados por su gloria. Tan abrumadora es la
revelación de la naturaleza de Dios, que si su poder
no los sostuviera, no me atrevo a pensar qué
sucedería.
La humildad engendrada por este conocimiento experimental
de la bondad y del amor de Dios la llamo perfecta, porque es
una actitud que el hombre mantendrá incluso en la
eternidad. Pero la humildad que surge de una
comprensión realista de la condición humana la
considero imperfecta, porque no sólo
desaparecerá en la muerte juntamente con su causa,
sino que en esta misma vida no siempre será
operativa. Pues a veces las personas muy avanzadas en la
vida contemplativa pueden recibir de Dios tal gracia que de
repente se sientan totalmente fuera de si mismas y sin
pensar o preocuparse por si son santas o pecadoras. Los
contemplativos ya adelantados pueden experimentar esto con
mayor o menor frecuencia, según la sabiduría
de Dios, pero en cualquier caso, a mi juicio, es un
fenómeno pasajero. Durante este tiempo, sin embargo,
aunque pueden perder todo interés o
preocupación por sus pecados o virtudes, no pierden
el sentido del inmenso amor y bondad de Dios y por tanto,
tienen humildad perfecta. Por otra parte, sí el
primer motivo es operativo, aunque sea de modo secundario,
sólo tienen humildad imperfecta. No estoy sugiriendo,
sin embargo, que se dé de lado el primer motivo. No
quiera Dios que me entiendas mal, pues estoy convencido de
que las dos cosas son provechosas y necesarias en esta
vida.
-
-
14
- Que en
esta vida la humildad imperfecta
- ha de
preceder a la perfecta
Si hablo de la humildad imperfecta no lo hago porque
dé poca importancia al verdadero autoconocimiento.
Aunque se juntaran todos los ángeles y santos del
cielo con todos los miembros de la Iglesia en la tierra,
situados en todos los grados de la santidad cristiana, y
rogaran por mi crecimiento en la humildad, estoy cierto que
no me aprovecharía tanto ni me llevaría tan
rápido a la perfección de esta virtud, como un
poco de autoconocimiento. Ciertamente, es imposible llegar a
la perfecta humildad sin él.
Por tanto, no huyas del sudor y de la fatiga que supone
el conseguir un verdadero autoconocimiento, pues estoy
seguro de que cuando lo hayas adquirido llegarás muy
pronto al conocimiento experiencial de la bondad y del amor
de Dios. No un conocimiento completo, naturalmente, pues eso
no es posible al hombre; ni siquiera tan completo al que
poseerás en la alegría de la eternidad, pero
si un conocimiento tan completo como es posible al hombre en
esta vida.
Mi propósito al explicar los dos tipos de humildad
no es ponerte en seguimiento de la perfecta con desprecio de
la imperfecta. No, y confío en que nunca harás
esto. Mi intención es simplemente ayudarte a apreciar
la excelsa dignidad de la obra contemplativa del amor, en
comparación con cualquier otra posible con la ayuda
de la gracia. Pues el amor secreto de un corazón puro
que presiona sobre esa nube oscura del no-saber que
está entre ti y tu Dios de una manera oculta pero
cierta incluye en si mismo la perfecta humildad sin ayuda de
ideas concretas o claras. Quería además que
apreciaras la excelencia de la humildad perfecta de forma
que la mantuvieras ante tu corazón como un acicate a
tu amor.
Esto es importante para nosotros dos. Y finalmente, me he
esforzado por explicar todo esto porque creo que un
conocimiento pleno sobre la perfecta humildad por si mismo
te hará más humilde. Pues pienso a menudo que
la ignorancia de los dos grados de humildad ocasiona una
buena dosis de orgullo. Es muy posible que un poco de gusto
de lo que he llamado humildad imperfecta pudiera llevarte a
creer que ya eres humilde a la perfección. Te
engañarías a ti mismo y lo que es más,
habrías caído en el fétido cieno de la
presunción. Esfuérzate, pues, por conseguir
esta virtud en toda su perfección. Cuando una persona
la experimenta no pecará ni entonces ni durante mucho
tiempo.
-
-
15
- Una prueba
de que los que piensan que el
motivo
- más
perfecto de la humildad es la
comprensión
- de la
bajeza del hombre están en un
error
Créeme cuando te digo que existe la humildad
perfecta y que con la gracia de Dios puede ser tuya en esta
vida. Insisto en esto porque algunos enseñan
erróneamente que no existe mayor humildad que la
ocasionada por el pensamiento de la desdichada
condición humana y el recuerdo de la vida pecadora
del pasado.
Concedo de grado que para los que están habituados
al pecado (como yo mismo he estado) esto es muy cierto. Y
hasta que el gran orín del pecado mortal sea
raído en el sacramento de la Penitencia, nada es
más necesario y valioso en la enseñanza de la
humildad que el pensamiento de nuestro miserable estado y de
nuestros pecados pasados. Pero esta actitud no es
auténtica para quienes nunca han pecado gravemente,
con pleno conocimiento y consentimiento. Son como
niños inocentes que sólo han caído por
fragilidad e ignorancia. Pero incluso estos inocentes,
especialmente si están iniciados en el camino de la
oración contemplativa, tienen motivos para ser
humildes. También nosotros, después de haber
satisfecho adecuadamente y de habernos arrepentido de
nuestros pecados en la confesión y habiendo sido
arrastrados por la gracia a la oración contemplativa,
tenemos motivos para ser humildes. Algo que va mucho
más lejos del motivo imperfecto que mencioné
más arriba nos mantendrá humildes. Pues la
bondad y el amor de Dios es una razón tan por encima
del propio conocimiento como la vida de nuestra
Señora está por encima de la vida del
penitente más pecador en la santa Iglesia; o como la
vida de Cristo está por encima de cualquier otro ser
humano; o la vida de un ángel, que no puede
experimentar la debilidad humana, está por encima de
la vida del hombre más débil de la tierra.
Si no hubiera otra razón para la humildad
más que la pobreza de la condición humana,
entonces me preguntaría por qué los que nunca
han experimentado la corrupción del pecado
habrían de ser humildes. Pues, con toda seguridad,
nuestro Señor Jesucristo, nuestra Señora, los
santos y los ángeles del cielo están para
siempre libres del pecado y de sus efectos. Sin embargo,
nuestro Señor Jesucristo mismo nos llama a la
perfección de toda virtud en el Evangelio cuando dice
que debemos ser perfectos por gracia como él lo es
por naturaleza. Y así este llamamiento ha de incluir
la virtud de la humildad.
-
-
16
- Que un
pecador verdaderamente
convertido
- y llamado
a la contemplación llega a la
perfección
- del modo
más rápido a través de la
contemplación;
- que este
es el camino más seguro para
obtener
- de Dios el
perdón del pecado
No importa que el hombre haya pecado mucho, ya que puede
arrepentirse y enmendar su vida. Y si siente que la gracia
de Dios le arrastra a la vida contemplativa (habiendo
seguido fielmente la dirección de su padre y
consejero espiritual), que nadie se atreva a llamarle
presuntuoso por querer alcanzar a Dios en la oscuridad de
esa nube del no-saber con el humilde deseo de su amor.
¿No dijo nuestro Señor a María, que
representa a todos los pecadores arrepentidos llamados a la
contemplación: «tus pecados te son
perdonados»?. ¿Piensas que dijo esto sólo
porque ella se acordaba siempre de sus pecados pasados?
¿O por la humildad que sentía a la vista de su
miseria? ¿Q porque su dolor era grande? No, fue porque
«amó mucho».
Graba bien esto. Pues en ello puedes ver lo poderoso que
es con la ayuda de Dios ese secreto amor contemplativo. Es
más poderoso, te lo aseguro, que cualquier otra cosa.
Pero, al mismo tiempo, María estaba llena de
remordimiento, lloró mucho sus pecados pasados y
estaba profundamente humillada ante el pensamiento de su
vileza. En el mismo sentido, nosotros que hemos sido tan
miserables y habituales pecadores durante toda nuestra vida
deberíamos lamentar nuestro pasado y ser totalmente
humildes al recordar nuestro infeliz estado.
Pero, ¿cómo? Sin duda el camino de
María es el mejor. Ciertamente nunca cesó de
sentir un constante dolor por sus pecados y durante toda su
vida los llevó como una gran carga secreta en su
corazón. Sin embargo, la Escritura testifica que su
más hondo dolor no fue tanto por sus malas obras como
por su falta de amor. Si, y por esto desfallecía con
un ansia y tristeza transidas de dolor que le llevaban casi
al trance de la muerte, pues aunque su amor era muy grande a
ella le parecía muy pequeño. No has de
sorprenderte por esto. Es el estilo de todos los verdaderos
amantes. Cuanto más aman, más desean amar. En
su corazón conocía con absoluta certeza que
era el más miserable de todos los pecadores. Se daba
cuenta de que sus malas obras le habían separado del
Dios a quien tanto amaba y por eso mismo desfallecía
ahora, enferma como estaba por su falta de amor. ¿Y
qué hizo? ¿Piensas que entonces bajó
desde las alturas de su gran deseo a lo hondo de su mala
vida buceando en ese fétido cieno y en el lodazal de
sus pecados, examinándolos uno a uno en sus
mínimos detalles a fin de medir su dolor y sus
lágrimas más eficazmente? No, ciertamente.
¿Por qué? Porque Dios mismo, en las
profundidades de su espíritu, le enseñó
con su gracia la inutilidad de esta actitud. Con las solas
lágrimas podría haberse despertado más
pronto a nuevos pecados que a un perdón seguro de su
pasado.
Por eso, dirigió apresuradamente su amor y deseo
hacia esa nube del no-saber y aprendió a amarle, sin
verle a la clara luz de la razón ni sentir su
presencia en el goce sensible de la devoción. Tan
absorta estaba en el amor que con frecuencia olvidaba si
había sido pecadora o inocente. Si, pienso que se
enamoró tanto de la divinidad del Señor que
apenas se daba cuenta de la belleza de su presencia humana
cuando estaba sentado junto a ella, hablando y
enseñando. Por el relato evangélico se
diría que llegó a olvidarse de todo, tanto de
lo material como de lo espiritual.
-
-
17
- Que un
verdadero contemplativo no ha de
mezclarse
- en la vida
activa ni preocuparse de lo que
está
- a su
alrededor ni siquiera defenderse
- contra los
que le critican
En el Evangelio de san Lucas leemos que nuestro
Señor entró a casa de Marta, y mientras ella
se puso inmediatamente a prepararle la comida, su hermana
María no hizo otra cosa que estar sentada a sus pies.
Estaba tan embelesada escuchándole que no prestaba
atención a lo que hacía Marta. Ciertamente las
tareas de Marta eran santas e importantes. (Son, en efecto,
las obras del primer grado de la vida activa). Pero
María no les daba importancia. Ni se daba cuenta
tampoco del aspecto humano de nuestro Señor, de la
belleza de su cuerpo mortal, o de la dulzura de su voz y
conversación humanas, si bien esta podría
haber sido una obra más santa y mejor. (Representa el
segundo grado de la vida activa y el primero de la vida
contemplativa). Pero se olvidó de todo esto y estaba
totalmente absorta en la altísima sabiduría de
Dios oculta en la oscuridad de su humanidad.
María se volvió a Jesús con todo el
amor de su corazón, inmóvil ante lo que
veía u oía hablar y hacer en torno a ella. Se
sentó en perfecta calma, con el amor gozoso y secreto
de su corazón disparado, hacia esa nube del no-saber
entre ella y su Dios. Pues, como he dicho antes, nunca hubo
ni habrá criatura tan pura o tan profundamente
inmersa en la amorosa contemplación de Dios que no se
acerque a él en esta vida a través de esta
suave y maravillosa nube del no-saber. Y fue esta misma nube
donde María dirigió el oculto anhelo de su
amante corazón. ¿Por qué? Porque es la
parte mejor y más santa de la vida contemplativa que
es posible al hombre y no la hubiera cambiado por nada de
esta tierra. Aun cuando Marta se quejara a Jesús,
regañándole por no ordenarle que se levantase
y la ayudase en la tarea, María permanecía
allí muy quieta e imperturbable, sin mostrar el
más mínimo resentimiento contra Marta por su
regaño. Pero esto en realidad no ha de sorprendernos,
pues estaba totalmente absorta en otra actividad, totalmente
desconocida para María, y no tenía tiempo de
comunicárselo a su hermana o de defenderse.
¿No ves, amigo mío, que todo este incidente
relativo a Jesús y a las dos hermanas era una
lección para las personas activas y contemplativas de
la Iglesia de todos los tiempos? María representa la
vida contemplativa, y todos los contemplativos
deberían modelar sus vidas en la suya. Marta
representa la vida activa, y todas las personas activas
deberían tomarla como su guía.
-
-
18
- Cómo
hasta el presente las personas activas
critican
- a las
contemplativas por ignorancia, lo
mismo
- que Marta
criticó a María
Así como Marta se quejó de María, de
la misma manera en todo tiempo las personas activas se han
quejado de las contemplativas. Sucede con mucha frecuencia
que la gracia de la contemplación surge en personas
de todo estado y condición de vida, tanto religiosos
como seglares. Pero cuando después de bucear en su
propia conciencia y buscar un consejo seguro deciden
consagrarse de lleno a la contemplación, su familia y
sus amigos descargan sobre ellos una tormenta furiosa de
crítica tachándolos severamente de vagos.
Estas personas desenterrarán toda clase de chismes
horribles, verdaderos o falsos, en torno a aquellos que
emprendieron esta forma de vida y acabaron en terribles
males. Con toda seguridad, no tienen nada bueno que
contar.
Es cierto que muchos que aparentemente habían
dejado las vanidades mundanas siguieron después malos
caminos. Existe siempre este peligro. Estas personas que
deberían haber entrado al servicio de Dios como sus
contemplativos terminaron siendo esclavos del demonio y
contemplativos del diablo porque rehusaron escuchar el
consejo de los auténticos guías espirituales.
Se convirtieron en hipócritas o herejes y cayeron en
delirios y otras perversidades que les llevaron a difamar la
santa Iglesia. Dudo si proseguir en torno a esto ahora, por
miedo a oscurecer nuestro tema. Pero después, Dios
mediante, si veo que es necesario, te diré algunas de
las causas y circunstancias de su caída. Dejemos por
el momento el tema y sigamos con nuestro argumento.
-
-
19
- Breve
defensa del autor en que
enseña
- que los
contemplativos han de excusar
- a las
personas activas que se quejan de
ellos
Quizá pienses que he insultado a Marta, uno de los
amigos especiales de Dios, comparándola con las
personas mundanas que critican a los contemplativos, o por
haberlos comparado con ella. En realidad, no quería
ofender a ninguno de ellos. No permita Dios que yo diga algo
en este libro que condene a alguno de los amigos de Dios en
cualquier grado de santidad en que se encuentre, ni a uno
solo de sus santos. Pues creo en verdad que debemos excusar
a Marta por quejarse, teniendo en cuenta el tiempo y las
circunstancias del incidente. No se daba cuenta entonces de
lo que María estaba haciendo. Tampoco ha de
sorprender, pues dudo que hubiera oído hablar alguna
vez de la posibilidad de tal perfección.
Además, fue cortés y breve en su queja, y por
eso creo que debe quedar completamente excusada.
Pienso igualmente que los críticos con mentalidad
mundana que encuentran faltas a los contemplativos han de
ser también perdonados en atención a su
ignorancia, aun cuando a veces son también
desconsiderados. Así como Marta era ignorante de lo
que decía cuando protestaba ante el Señor, de
la misma manera estas personas entienden poco o nada sobre
la vida contemplativa. Les exaspera el ardor de los
jóvenes que buscan a Dios. No pueden comprender
cómo estos jóvenes pueden abandonar su carrera
y oportunidades y aprestarse con sencillez y sinceridad de
corazón a ser amigos de Dios. Estoy seguro de que si
algo de esto tuviera sentido para ellos, no se
comportarían como lo hacen. Y por lo mismo, creo que
debemos excusarlos. Sólo han experimentado una forma
de vida -la suya propia- y no pueden imaginar otra. Por otra
parte, cuando recuerdo los caminos en que he fracasado por
ignorancia, pienso que debo ejercer una amable tolerancia
hacia los demás. De lo contrario no los
trataría como yo quiero que me traten.
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