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An�nimo
ingl�s - La nube del no-saber
(�ndice)
20
Que de un
modo espiritual Dios
todopoderoso
defenderá
a todos los que por su amor no
abandonen
su
contemplación para defenderse a sí
mismos
Pienso que los que se esfuerzan por ser contemplativos no
sólo deberían perdonar a todos los que se
quejan de ellos, sino que han de estar tan ocupados en su
propio trabajo que ni siquiera se den cuenta de lo que se
dice o se hace a su alrededor. Es lo que hizo María
Magdalena, y por eso es nuestro modelo. Si seguimos su
ejemplo, Jesús hará ciertamente por nosotros
lo que hizo por ella.
¿Y qué fue lo que hizo? Recordarás que
Marta urgía a Jesús a que reprendiese a
María; a que le dijera que se levantara y la ayudara
en la faena. Pero nuestro Señor Jesucristo, que
discernía los pensamientos secretos de todos los
corazones, comprendió perfectamente que María
estaba inmersa en una contemplación amorosa de su
divinidad, y por eso se puso de su parte. Con una
cortés delicadeza propia de su bondad,
contestó por ella ya que su amor por él no le
permitía dejarle el tiempo suficiente para
contestarle por si misma. ¿Y qué le dijo? Marta
había apelado a él como a juez, pero él
le contestó más que como juez. Habló
como defensor legal de María puesto que esta le amaba
tanto. «Marta, Marta», le dijo. La llamó
dos veces por su nombre para cerciorarse de que le escuchaba
y se detuvo lo suficiente para que prestara atención
a lo que le iba a decir: «Te ocupas y te turbas por
muchas cosas». Esto indica que las personas activas
están siempre ocupadas e interesadas por un
sinfín de asuntos relativos primeramente a si mismas
y después a sus hermanos cristianos según lo
exige el amor. Quería que Marta se diera cuenta de
que su obra era importante y valiosa para su desarrollo
espiritual. Añadió, sin embargo, para que no
concluyera que era la mejor obra posible: «Una sola
cosa es necesaria». ¿Y qué crees que es
esta sola cosa? Se refería, sin duda, a la obra del
amor y de la alabanza de Dios por si mismo. No hay obra
mayor. Quería, finalmente, que Marta comprendiera que
no es posible dedicarse enteramente a esta obra y a la
acción al mismo tiempo. Las preocupaciones de cada
día y la vida contemplativa no pueden combinarse
adecuadamente aunque puedan unirse de una forma incompleta.
Para aclarar esto, añadió: «María
ha elegido la mejor parte, que no le será
quitada». Pues la obra del perfecto amor que comienza
aquí en la tierra es la misma que el amor que es vida
eterna; son una sola cosa.
-
-
21
- Una
verdadera explicación del pasaje
evangélico:
- «María
ha elegido la mejor parte»
«María ha elegido la mejor parte».
¿Qué significa esto? Siempre que hablamos de lo
mejor, suponemos algo bueno y algo mejor. Lo mejor es el
grado superlativo. ¿Cuáles son, pues, las
opciones de las que María eligió la mejor? No
hay tres formas de vida puesto que la santa Iglesia
sólo habla de dos: la activa y la contemplativa. No,
el significado más profundo del relato
evangélico de san Lucas que acabamos de considerar es
que Marta representa la vida activa y María la
contemplativa, siendo la primera absolutamente necesaria
para la salvación. Por eso, cuando se impone una
opción entre dos, una de ellas no puede llamarse la
mejor.
Con todo, aunque la vida activa y contemplativa son dos
formas de vida dentro de la santa Iglesia, sin embargo,
dentro de ellas tomadas en conjunto, hay tres partes, tres
grados ascendentes. Ya hemos hablado de ellos, pero los
resumiré aquí brevemente. El primer grado o
escalón es la buena y recta vida cristiana en la que
el amor es predominantemente activo en las obras corporales
de misericordia. En el segundo, una persona comienza a
meditar en las verdades espirituales relativas a sus propios
pecados, a la Pasión de Cristo y a los goces de la
eternidad. La primera forma de vida es buena, pero la
segunda es mejor, pues aquí comienzan a converger la
vida activa y la contemplativa. Se mezclan en una especie de
parentesco, llegando a ser hermanas, como Marta y
María. Tanto es así que una persona activa no
puede progresar en la contemplación, excepto en
intervenciones ocasionales de una gracia especial. Y un
contemplativo puede volver a medio camino -pero no
más lejos- para emprender alguna actividad. No lo
debería hacer, sin embargo, a no ser en raras
ocasiones y por exigencia de una gran necesidad.
En el tercer grado o escalón una persona entra en
la oscura nube del no-saber donde en secreto y sola centra
todo su amor en Dios. El primer grado es bueno; el segundo,
mejor, pero el tercero es el mejor. Esta es la mejor parte
correspondiente a María. Ahora resulta claro por
qué nuestro Señor no dijo a Marta:
«María ha elegido la vida mejor».
Sólo hay dos modos de vida y, como dije, cuando una
elección es sólo entre dos, una no puede
llamarse la mejor. Pero nuestro Señor dice:
«María ha elegido la mejor parte, que no le
será quitada».
Las partes primera y segunda son buenas y santas pero
desaparecerán con el paso de esta vida mortal. Pues
en la eternidad no habrá necesidad de obras de
misericordia como la hay ahora. La gente no tendrá
hambre ni sed, ni morirá de frío o de
enfermedad, sin hogar o cautiva. Nadie necesitará una
sepultura cristiana, pues no morirá nadie. En el
cielo ya no habrá que lamentarse por nuestros pecados
o por la Pasión de Cristo. Por eso, si la gracia te
llama a elegir la tercera parte, elígela con
María. Q, más bien, déjame que te
muestre el camino. Si Dios te llama a la tercera parte,
trata de alcanzarla; trabaja por conseguirla con todo tu
corazón. Nunca se te quitará, pues no
tendrá fin. Aunque comienza en la tierra, es
eterna.
Replicaré con las palabras del Señor a las
personas activas que se quejan de nosotros. Que hable
él por nosotros como lo hizo por María cuando
dijo: «Marta, Marta». Dice: «Oíd,
todos los que vivís la vida activa: sed diligentes en
las obras de la primera y segunda parte, trabajando ora en
una, ora en otra. Y si os sentís inclinados, acometed
intrépidamente las dos. Pero no os metáis con
mis amigos contemplativos, pues no entendéis lo que
les aflige. No les recriminéis el ocio de la tercera
y mejor parte que es la de María»
-
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22
- Del
maravilloso amor que Cristo
- tuvo por
María Magdalena, que
representa
- a todos
los pecadores verdaderamente
arrepentidos
- y llamados
a la contemplación
Dulce fue el amor entre María y Jesús.
¡Cómo le amaba! ¡Y cuánto más
la amaba él! No tomes el relato evangélico a
la ligera como si fuera un cuento superficial. Describe su
mutua relación con toda verdad. Al leerlo,
¿quién no ve que ella le amaba intensamente, sin
reservarse nada de su amor y rechazando a cambio toda
comodidad que no fuera la de su amor? Es la misma
María que le buscó llorando ante la tumba
aquella primera mañana de Pascua. Los ángeles
le hablaron entonces suavemente: «No llores,
María», le dijeron. «Pues el Señor a
quien buscas ha resucitado, como dijo. Va delante de
vosotros a Galilea. Allí le veréis con sus
discípulos, como os prometió». Pero los
mismos ángeles fueron incapaces de tranquilizarla o
de detener sus lágrimas. Difícilmente
podían los ángeles confortar a quien
había salido al encuentro del Rey de los
ángeles.
¿Debo continuar? Sin duda, cualquiera que estudie la
Escritura encontrará muchos ejemplos del amor total
de María hacia Cristo registrados allí para
nuestro provecho. Ellos confirmarán lo que vengo
diciendo. De hecho, podría pensarse que fueron
escritos especialmente para los contemplativos. Y así
lo fueron para todo aquel que tenga el suficiente
discernimiento para ver. Cualquiera que reconozca en el amor
hermoso y personal de nuestro Señor hacia
María Magdalena el amor maravilloso e incomparable
que tiene por todos los pecadores arrepentidos y dedicados
sinceramente a la contemplación, habrá de
reconocer por qué no pudo tolerar que ninguno -ni
siquiera su hermana- hablara contra ella sin salir él
mismo en su defensa. Si, y todavía hizo más.
Pues en otra ocasión increpó a su
huésped, Simón el Leproso, en su misma casa,
por el simple hecho de haber pensado mal de ella. Grande en
verdad fue su amor; ciertamente no fue superado.
-
-
23
- Que en el
camino espiritual Dios
contestará
- por y
cuidará de todos aquellos que no
abandonan
- su
contemplación para responder
por
- y cuidarse
de sí mismos
Te aseguro que si con la gracia de Dios y un consejo
fiable nos esforzamos con toda el alma en modelar nuestro
amor y nuestra vida a imagen de los de María.
Magdalena, nuestro Señor nos defenderá como
la defendió a ella. Todo el que piense o hable contra
nosotros sentirá el reproche del Señor en lo
secreto de su conciencia. Esto no quiere decir que no
tendremos nada que aguantar. Tendremos que sufrir mucho,
como María. Pero digo que si no prestamos
atención a ello y proseguimos pacíficamente
nuestra obra contemplativa a pesar de las criticas, como
ella lo hizo, nuestro Señor reprenderá a los
que nos hieren en lo profundo de sus corazones. Si son
personas sinceras y abiertas, no dudarán en sentirse
avergonzadas de sus pensamientos y palabras en pocos
días.
Y así como él vendrá en nuestra
ayuda espiritual, de la misma manera incitará a otros
a procurarnos comida y vestido y satisfará las
necesidades de la vida cuando vea que no dejamos la obra del
amor para atender a tales cosas por nosotros mismos. Digo
esto especialmente para refutar a los que
erróneamente sostienen que nadie se puede dedicar a
la vida contemplativa sin haber provisto antes a todas sus
necesidades materiales. Dicen: «Dios envía la
vaca, pero no por el cuerno». Pero interpretan
falsamente a Dios y ellos lo saben. Pues Dios nunca defrauda
a los que verdaderamente abandonan los intereses mundanos
para dedicarse a él. Puedes estar cierto de esto:
él proporcionará una de las dos cosas a sus
amigos. Q recibirán en abundancia todo lo que
necesiten, o les dará aguante físico y un
corazón paciente para soportar la necesidad.
¿Qué más da que haga lo uno o lo otro? Le
es todo lo mismo al verdadero contemplativo. Todo el que
pone en duda esto, demuestra que el maligno ha robado la fe
de su corazón o que todavía no está tan
totalmente entregado a Dios como debiera, a pesar de
ingeniosas y estudiadas apariencias en contrario.
Vuelvo a repetir una vez más a todo aquel que
quiera ser un auténtico contemplativo como
María: deja que sea la maravillosa trascendencia y
bondad de Dios la que te enseñe la humildad, mejor
que el pensamiento de tus propios pecados, pues entonces tu
humildad será perfecta. Atiende más a la
soberanía absoluta de Dios que a tu propia miseria. Y
recuerda que los que son perfectamente humildes no
carecerán de nada de cuanto necesitan, sea en el
orden espiritual o material. Dios les pertenece y él
es su todo. Quien posee a Dios, como atestigua este libro,
no necesita otra cosa en esta vida.
- 24
- Qué
sea la caridad en sí
misma;
- y
cómo se contiene sutil y
perfectamente
- en el amor
contemplativo
Hemos visto que la perfecta humildad es una parte
integral del puro y ciego amor del contemplativo. Siendo
todo él impulso hacia Dios, este simple amor golpea
incesantemente sobre la oscura nube del no-saber, dejando
todo pensamiento discursivo bajo la nube del olvido. Y
así como el amor contemplativo fomenta la perfecta
humildad, de la misma manera crea la bondad práctica,
especialmente la caridad. Pues en la caridad verdadera uno
ama a Dios por si mismo, por encima de todo lo creado, y ama
a su hermano el hombre por que esta es la ley de Dios. En la
obra contemplativa, Dios es amado por encima de toda
criatura pura y simplemente por él mismo. En
realidad, el verdadero secreto de esta obra no es otra cosa
que un puro impulso hacia Dios por ser él quien
es.
Lo llamo puro impulso porque es totalmente desinteresado.
En esta obra el perfecto artesano no busca el medro personal
o verse exento del sufrimiento. Desea sólo a Dios y a
él solo. Está tan fascinado por el Dios que
ama y tan preocupado porque se haga su voluntad en la
tierra, que ni se da cuenta ni se preocupa de su propia
comodidad o ansiedad. Y esto porque, a mi juicio, en esta
obra Dios es realmente amado perfectamente y por ser
él quien es. Pues un verdadero contemplativo no debe
compartir con ninguna otra creatura el amor que debe a
Dios.
En la contemplación, además, también
se cumple totalmente el segundo mandamiento de la caridad.
Los frutos de la contemplación son testigos de esto
aun cuando durante el tiempo real de la oración el
contemplativo avezado no dirija su mirada a ninguna persona
en particular, sea hermano o extraño, amigo o
enemigo. En realidad, ningún hombre le es
extraño, porque considera a cada uno como hermano. Y
nadie es su enemigo. Todos son sus amigos. Incluso aquellos
que le hieren o le ofenden en la vida diaria son tan
queridos para él como sus mejores amigos y todos los
buenos deseos hacia sus mejores amigos se los desea a
ellos.
-
-
25
-
Que
durante el tiempo de la oración
contemplativa,
el
perfecto contemplativo no centra su
atención
en ninguna
persona en particular
Ya he explicado que durante esta actividad un verdadero
contemplativo no se detiene en el pensamiento de ninguna
persona en particular, sea amigo, enemigo, extraño o
familiar. Pues todo aquel que desea ser perfecto en ella ha
de olvidarse de todo excepto de Dios.
No obstante, por medio de la contemplación va
creciendo en amor y bondad prácticas, de manera que,
cuando habla o reza con sus hermanos cristianos en otros
momentos, el calor de su amor les alcanza también a
ellos sean amigos, enemigos, extraños o familiares.
Si existe alguna parcialidad, es más probable que
exista hacia su enemigo que hacia su amigo. (No es que nunca
abandone totalmente la contemplación -esto no
podría hacerse sin un gran pecado-, pero a veces la
caridad le exigirá que descienda de las alturas de su
obra para hacer algo en favor de sus semejantes).
Pero en la actividad contemplativa misma, no distingue
entre amigo y enemigo, hermano o extraño. Con ello,
sin embargo, no quiero dar a entender que haya que dejar de
sentir un afecto espontáneo hacia unos pocos que le
son especialmente íntimos. Lo sentirá,
naturalmente, y con frecuencia. Esto es perfectamente
natural y legitimo por muchas razones que sólo el
amor conoce. Recuerda que Cristo mismo tuvo especial amor
por Juan, María y Pedro. Lo que quiero destacar es
que durante la actividad contemplativa todos le son
igualmente queridos, puesto que es Dios quien le mueve a
amarlos. Ama a todos los hombres simple y llanamente por
Dios; y los ama como él se ama a si mismo.
Todos los hombres se perdieron por el pecado de
Adán, pero todos aquellos que por su buena voluntad
manifiestan un deseo de ser salvados, serán salvados
por la muerte redentora de Cristo. Una persona profundamente
comprometida en la contemplación participa en el
sufrimiento redentor de Cristo, no exactamente como
sufrió Cristo, sino de una manera similar a la de
Cristo. Pues en la verdadera contemplación la persona
es una con Dios en un sentido espiritual y hace todo lo que
está en su mano para atraer a otros a la
contemplación perfecta. Sabes que todo tu cuerpo
comparte el dolor o el bienestar sentido por cada una de sus
partes porque es una unidad. En sentido espiritual, todos
los cristianos son partes del único cuerpo de Cristo.
En la Cruz se sacrificó a si mismo por su cuerpo, la
Iglesia. Quien desee seguir a Cristo de una manera perfecta,
ha de estar dispuesto también a entregarse a la obra
espiritual del amor para la salvación de todos sus
hermanos y hermanas de la familia humana. Repito, no
sólo por sus amigos y su familia y aquellos que le
son más queridos, sino que también ha de
trabajar para la salvación de toda la humanidad con
afecto universal. Pues Cristo murió para salvar a
todo el que se arrepiente de sus pecados y busca la
misericordia de Dios.
Ves, por tanto, que el amor contemplativo es tan refinado
e integral que incluye en sí mismo la perfecta
humildad y la caridad. Por las mismas razones y en el mismo
sentido, incluye también todas las demás
virtudes.
-
- 26
- Que sin
una gracia especial o una
prolongada
- fidelidad
a la gracia ordinaria, la oración
contemplativa
- es muy
difícil; que esta obra es sólo
posible
- con la
gracia, que es la obra de Dios
Así, pues, entrégate a la tarea de la
contemplación con sincera generosidad. Golpea sobre
esta alta nube del no-saber y desecha el pensamiento del
descanso. Pues te digo con franqueza que todo aquel que
desea ser contemplativo experimentará el dolor de la
ardua tarea (a menos que Dios intervenga con una gracia
especial); sentirá agudamente el precio del constante
esfuerzo hasta que se haya ido acostumbrando a esta obra
durante largo tiempo.
Pero, dime, ¿por qué habría de ser tan
difícil? Sin duda, el amor ferviente
despertándose de continuo en la voluntad no es
doloroso. No, pues es la acción de Dios, el fruto de
su poder omnipotente. Dios, además, ansia siempre
trabajar en el corazón de quien ha hecho todo lo
posible para preparar el camino a su gracia.
Entonces, ¿por qué es esta obra tan fatigosa?
El trabajo, por supuesto, consiste en la incesante lucha
para desterrar los innumerables pensamientos que distraen e
importunan nuestra mente y tenerlos a raya bajo la nube del
olvido, de que he hablado anteriormente. Este es el
sufrimiento. Toda la lucha nace del lado del hombre, del
esfuerzo que ha de hacer para prepararse a la acción
de Dios, acción que consiste en suscitar el amor y
que sólo él puede llevar a cabo. Pero tu
persevera, haciendo tu parte, y yo te prometo que Dios no te
fallará.
Mantente, pues, fiel a esta obra. Quiero ver cómo
progresas. ¿No ves cómo te ayuda pacientemente
el Señor? ¡Ruborízate de vergüenza!
Aguanta la opresión de la disciplina durante un
tiempo y pronto remitirán la dificultad y el peso. Al
comienzo te sentirás probado y oprimido, pero es
porque todavía no has experimentado el gozo interior
de esta obra. A medida que pase el tiempo, sin embargo,
sentirás por ella un gozoso entusiasmo y entonces te
parecerá ligera y fácil. Entonces te
sentirás poco o nada constreñido, pues Dios
trabajará a veces en tu espíritu por sí
mismo. Pero no siempre y por mucho tiempo sino según
le parezca a él mejor. Cuando haga que tú
goces y seas feliz, déjale que obre como quiera.
Entonces quizá pueda tocarte con un rayo de su
divina luz que atravesará la nube del no-saber que
está entre él y tú. Te permitirá
vislumbrar algo de los secretos inefables de su divina
sabiduría y tu afecto parecerá arder con su
amor. No sé decir más, ya que la experiencia
va mucho más allá de las palabras. Aun cuando
quisiera decir más, no podría hacerlo ahora.
Pues temo no poder describir la gracia de Dios con mi torpe
y desmañada lengua. En una palabra, aun en el caso de
intentarlo, no lo conseguiría.
Pero cuando la gracia surge en el espíritu de un
hombre, este ha de poner su parte para responder a ella, y
es esto lo que quiero ahora discutir contigo. Hay menos
riesgo en hablar de esto.
- 27
-
Quién
ha de comprometerse en la obra
de la
contemplación
-
En primer lugar y sobre todo quiero dejar claro
quién ha de emprender la obra contemplativa,
cuándo es apropiado hacerlo y cómo ha de
proceder la persona en cuestión. Quiero darte
también algunos criterios para el discernimiento en
esta obra.
Si me preguntas quién ha de emprender la
contemplación, te contestaré: todos los que se
han apartado sinceramente del mundo y han dado de lado las
preocupaciones de la vida activa. Estas personas, aun cuando
hayan sido durante algún tiempo pecadoras habituales,
se deberían entregar a fomentar la gracia de la
oración
contemplativa.
-
28
-
Que el
hombre no debe atreverse a iniciar
la
contemplación
hasta haber purificado su
conciencia
-
de todo
pecado particular según la ley de la
Iglesia
Si me preguntas cuándo ha de comenzar una persona
la obra de contemplación, te contestaré: no
hasta haber purificado su conciencia de todos los pecados
particulares en el sacramento de la Penitencia como
prescribe la Iglesia.
Después de la Confesión seguirá
existiendo la raíz y la tierra de la que brota el mal
en su corazón, a pesar de todos sus esfuerzos, pero
la obra del amor los curará cierta y totalmente. Por
eso, esta persona deberá
limpiar primero su conciencia en la Confesión.
Pero, una vez que ha hecho lo que la Iglesia prescribe, ha
de comenzar sin miedo la obra contemplativa, pero con
humildad, dándose cuenta de que ha tardado en llegar
a ella. Pues, incluso los que no tienen conciencia de pecado
grave, deberían emplear toda su vida en esta obra, ya
que mientras estamos en estos cuerpos mortales
experimentaremos la impenetrable oscuridad de la nube del
no-saber que está entre Dios y nosotros.
Además, y a causa del pecado original, sufriremos
siempre el peso de nuestros errantes pensamientos, que
tratarán de apartar nuestra total atención de
Dios.
Este es precisamente el castigo del pecado original.
Antes de pecar, el hombre era dueño y señor de
todas las criaturas, pero sucumbió a la perversa
sugestión de tales criaturas y desobedeció a
Dios. Y ahora, al querer obedecer a Dios, siente la traba de
las cosas creadas. Le acosan como plagas arrogantes a medida
que trata de llegar a Dios.
- 29
-
Que el
hombre ha de perseverar
pacientemente
en la obra
de contemplación, soportando
alegremente
-
sus
sufrimientos y sin juzgar a
nadie
Quien desee recuperar la pureza del corazón
perdida por el pecado y conseguir esa integridad personal
que está por encima de todo sufrimiento, ha de luchar
pacientemente en la actividad contemplativa y mantenerse en
el tajo, haya sido pecador habitual o no. Pecadores e
inocentes sufrirán en esta tarea, aunque obviamente
los pecadores sentirán más el sufrimiento.
Sucede, sin embargo, con frecuencia, que muchos que han sido
grandes y habituales pecadores llegan antes a la
perfección de ella que aquellos que nunca han pecado
gravemente. Dios es verdaderamente maravilloso al derramar
su gracia en aquellos que elige; el mundo se queda abrumado,
aturdido, ante un amor como este.
Y creo que el día del juicio final será
realmente glorioso, pues la bondad de Dios brillará
claramente en todos sus dones de gracia. Algunos de los que
ahora son menospreciados y despreciables (y que quizá
son pecadores inveterados) reinarán aquel día
gloriosamente con sus santos. Y quizá algunos de los
que nunca han pecado gravemente y que ante los demás
aparecen como personas piadosas, venerados como buenos por
otras personas, se encontrarán en la miseria entre
los condenados.
Lo que quiero resaltar es que en esta vida ningún
hombre puede juzgar a otro como bueno o malo por la simple
evidencia de sus obras. Las obras en si mismas son otra
cuestión. Podemos juzgarlas como buenas o malas, pero
no a la persona.
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