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An�nimo
ingl�s - La nube del no-saber
(�ndice)
50
Qué
se entiende por amor puro; que
algunas
personas
experimentan poca consolación
sensible
mientras
que otras experimentan mucha
Espero que veas ahora por qué es tan importante
que concentremos toda nuestra energía y
atención en este suave movimiento de amor en la
voluntad. Con toda la reverencia debida a los dones de Dios,
mi opinión es que debemos estar completamente
despreocupados de los deleites y consuelos del sentido o del
espíritu, por muy agradables o sublimes que sean. Si
vienen, bienvenidos sean, pero no te detengas en ellos por
miedo a quedarte vacío; créeme,
gastarás mucha energía si te mantienes mucho
tiempo en dulces sentimientos y lágrimas. Es posible,
además, que comiences a amar a Dios por esas cosas y
no por él mismo. Puedes saber si sucede esto o no, si
te sientes aburrido e irritable cuando no las experimentas.
Si hallares que este es tu caso, entonces tu amor no es
todavía casto o perfecto. Cuando el amor es casto y
perfecto, puede permitir que los sentidos se nutran y
fortalezcan por suaves emociones y lágrimas, pero
nunca se turba si Dios permite que desaparezcan. Sigue
gozándose en Dios de la misma manera.
Algunas personas experimentan cierto grado de
consolación casi siempre, mientras que otras
sólo raras veces. Dios, en su gran sabiduría,
determina lo que es mejor para cada uno. Ciertas personas
son espiritualmente tan frágiles y delicadas que, a
menos que sean siempre confortadas con un poco de
consolación sensible, serían incapaces de
aguantar las diversas tentaciones y sufrimientos que las
afligen mientras luchan en esta vida contra sus enemigos
interiores y exteriores. Y hay otros tan frágiles
físicamente, que son incapaces de purificarse a
través de una rigurosa disciplina. Nuestro
Señor, en su gran bondad, purifica a estas personas
espiritualmente por medio de consuelos y lágrimas.
Hay, sin embargo, otros tan viriles espiritualmente, que
encuentran suficiente consuelo en el reverente ofrecimiento
de este sencillo y pequeño amor y en la suave
armonía de sus corazones con el de Dios. Encuentran
tal fortalecimiento espiritual en su interior, que necesitan
poco de otro consuelo. Cuál de estas personas es
más santa o cercana a Dios, sólo él lo
sabe. Yo, ciertamente, no lo sé.
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-
51
-
Que los
hombres han de procurar no
interpretar
literalmente
lo que se dice en sentido
espiritual,
en
particular el «dentro» y
«arriba»
Fija, pues, humildemente tu ciego impulso de amor en tu
corazón. No hablo de tu corazón físico,
por supuesto, sino de tu corazón espiritual, de tu
voluntad. Procura no tomar las cosas espirituales de que te
hablo en sentido literal. Créeme, la vanidad humana
de los que tienen una mente rápida e imaginativa
puede llevarles a grandes errores al obrar así.
Consideremos, por ejemplo, lo que te dije sobre el
ocultar tu deseo ante Dios lo mejor que puedas. Si te
hubiera dicho que le mostraras tu deseo, lo hubieras tomado
quizá más al pie de la letra que ahora, cuando
te digo que lo ocultes. Pues ahora te das cuenta de que
ocultar algo intencionadamente es introducirlo en lo hondo
de tu espíritu. Sigo creyendo que se necesita una
gran cautela al interpretar las palabras empleadas en un
sentido espiritual para no distorsionarías por un
significado literal. Has de cuidar, en particular, las
palabras «dentro» y «arriba», por el
gran error y decepción que puede producir en la vida
de los que se han propuesto ser contemplativos, la
distorsión del significado que está
detrás de estos vocablos. Puedo confirmar esto con mi
propia experiencia y con la de otros. Pienso que te seria
muy útil saber algo de estos engaños.
Un joven discípulo de la escuela de Dios, que
acaba de abandonar el mundo, cree que por el hecho de
haberse entregado a la oración y a la penitencia
durante algún tiempo y bajo la dirección de su
padre espiritual, ya está preparado para iniciar la
contemplación. Ha oído hablar o ha
leído sobre ella en el sentido de que «el hombre
debe recoger todas sus facultades en si mismo» o
«que debe saltar por encima de sí mismo».
No bien ha oído esto cuando, arrastrado por su
ignorancia de la vida interior, por la sensualidad y la
curiosidad, distorsiona su significado. Siente dentro de
sí mismo una curiosidad natural por lo oculto y
misterioso, y supone que la gracia le llama a la
contemplación. Se aferra tan testarudamente a esta
convicción, que si su padre espiritual no está
de acuerdo con él, se pone muy triste. Entonces
comienza a pensar y a decir a otros, tan ignorantes como
él, que no le entienden. Se aleja y movido por la
audacia y la presunción, deja la oración
humilde y la disciplina espiritual demasiado pronto, para
comenzar (así lo supone él) la obra de la
contemplación. Si de verdad persiste en ella, su obra
ni es divina ni es humana, sino, para decirlo llanamente,
algo no natural, instigado y dirigido por el demonio. Es una
senda directa a la muerte del cuerpo y del alma, pues es una
aberración que lleva a la locura. Pero él no
se da cuenta de esto, y pensando insensatamente que puede
poseer a Dios con su entendimiento, fuerza su mente a
concentrarse en nada más que en Dios.
-
52
- Cómo
algunos jóvenes principiantes
presuntuosos
- interpretan
mal la palabra
«dentro»;
- los
engaños que resultan de
ello
El fracaso del que estoy hablando se origina del
siguiente modo. El neófito oye y lee que debe dejar
de aplicar sus facultades externas a las cosas externas y
trabajar interiormente. Bien entendido, esto es cierto. Pero
como este sujeto no es capaz de trabajar interiormente, sus
esfuerzos llegan a frustrarse. Se vuelve morbosamente
introspectivo y fuerza sus facultades, como si por la fuerza
bruta pudiera hacer que sus ojos vieran y sus oídos
oyeran cosas interiores. De igual manera abusa de sus
sentidos exteriores y de sus emociones. Así violenta
su naturaleza presionando sobre su imaginación tan
brutalmente con su estupidez, que su mente al fin estalla.
Entonces queda abierto el camino al enemigo para simular
cualquier fantasía de luz o sonido, algún
suave olor o gusto delicioso. El demonio puede
también excitar sus pasiones y despertar toda suerte
de sensaciones raras en su pecho o entrañas, su
espalda, sus extremidades y otros órganos.
El pobre insensato, por desgracia, queda atrapado por
estos engaños y cree que ha alcanzado una
contemplación de Dios llena de paz por encima de toda
tentación de pensamientos vanos. En realidad, no
está del todo equivocado, ya que ahora se encuentra
tan saciado de mentiras que los vanos pensamientos realmente
no le turban. ¿Por qué? Porque el mismo enemigo,
que le podría molestar con tentaciones si estuviera
entregado a una oración genuina, es el encargado de
dirigir esta pseudoactividad y no es tan estúpido
como para entorpecer su propia obra. Con gran astucia deja
al insensato atrapado en sus redes entretenido en suaves
pensamientos sobre Dios, a fin de que no se descubra su
perversa mano
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53
-
De los
diversos amaneramientos
inadecuados
en que
caen los pseudocontemplativos
El comportamiento espiritual y físico de los que
se entregan a cualquier tipo de pseudocontemplación
se presta a aparecer muy excéntrico, mientras que los
amigos de Dios siempre se conducen con sencillez y
naturalidad. Cualquiera que conozca a estos ilusos en la
oración podría ver cosas verdaderamente
extrañas. Si sus ojos están abiertos, pueden
llegar a mirar fijamente como los de un perturbado mental, o
estar desorbitados de horror como quien ve al diablo, y bien
podría ser, porque no está lejos. A veces sus
ojos miran como los de una oveja herida próxima a la
muerte. Unos inclinan la cabeza hacia un lado, como si
llevaran un gusano en las orejas. Otros, cual
espíritus, emiten sonidos estridentes y
plañideros que suponen sustituyen al habla.
Normalmente son hipócritas. Otros, finalmente, gimen
y sollozan en su deseo y ansia de ser escuchados.
Están a un paso de los herejes y de aquellas personas
astutas y engañosas que arguyen contra la verdad.
Cualquiera que los observe podría advertir sin
duda muchos otros amaneramientos grotescos e inadecuados,
aunque algunos son tan inteligentes que logran mantener en
público una actitud respetable. Si se los observara
cuando están desprevenidos, creo que su
vergüenza seria evidente, y todo aquel que con audacia
se atreviera a contradecirlos seria objeto de su ira. Creen,
sin embargo, que todo lo que hacen lo hacen por Dios y en
servicio a la verdad. Pero estoy convencido de que si Dios
no interviene con un milagro para que renuncien a su
engañosa locura, su «estilo de amar a Dios»
los conduciría derechos a las garras del diablo
rematadamente locos. No digo que todo el que esté
bajo la influencia del diablo se vea afligido con todos
estos achaques, aunque no lo considero imposible. Pero todos
sus discípulos se hallan corrompidos por alguno de
ellos o por otros semejantes, como explicaré ahora,
si Dios quiere.
Hay algunos tan cargados con toda suerte de
excentricidades y amaneramientos refinados, que cuando
escuchan adoptan una forma recatada de retorcer la cabeza
hacia arriba y hacia un lado, quedando boquiabiertos.
¡Diríase que tratan de escuchar con la boca en
lugar de hacerlo con los oídos! Algunos, cuando
hablan, apuntan con los dedos hacia sus propias manos o al
pecho o hacia aquellos a los que están sermoneando.
Otros no pueden estar sentados, ni de pie, ni acostados sin
mover los pies o gesticular con las manos. Algunos reman con
los brazos como si trataran de atravesar a nado una gran
extensión de agua. Otros, finalmente, están
siempre haciendo muecas o riéndose sin motivo a cada
momento como chicos atolondrados o payasos absurdos sin
educación. Cuánto mejor es una postura
modesta, un porte tranquilo y compuesto, un candor
alegre.
Con esto no pretendo dar a entender que estos
amaneramientos sean un gran pecado en sí mismos o que
todos aquellos que los emplean sean necesariamente grandes
pecadores. Pero es mi opinión que si estas
afectaciones dominan a una persona hasta el punto de tenerla
esclavizada, son prueba de orgullo, de sofistería,
exhibicionismo y curiosidad. Por lo menos, demuestran el
corazón veleidoso y la inquieta imaginación de
una persona que carece tristemente de un espíritu
verdaderamente contemplativo. Si hablo de ellos es
únicamente con el fin de que el contemplativo pueda
preservar la autenticidad de su propia actividad
evitándolos.
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54
-
Que la
contemplación agracia al hombre con
sabiduría
y
equilibrio y le hace atractivo en cuerpo y
espíritu
A medida que la persona madura en la obra de la
contemplación, descubrirá que este amor
gobierna su comportamiento de una manera conveniente tanto
interna como externamente. Cuando la gracia atrae a un
hombre a la contemplación, parece transfigurarlo
incluso físicamente de tal forma que, aunque sea
contrahecho por naturaleza, aparece cambiado y agradable a
la mirada. Toda su personalidad se vuelve tan atractiva, que
las buenas personas se honran y se deleitan estando en su
compañía, fortalecidas por el sentido de Dios
que irradia de ellos.
Haz, pues, lo que está de tu parte y coopera con
la gracia para conseguir este gran don, pues te
enseñará cómo el hombre que lo posee se
sabe gobernar a sí mismo y todo lo que le
atañe. Será capaz incluso de discernir el
carácter y temperamento de otros cuando sea
necesario. Sabrá cómo acomodarse a cualquiera
(para asombro de todos), incluso a los pecadores
empedernidos, sin pecar él. La gracia de Dios
actuará por él, arrastrando a otros a desear
ese mismo amor contemplativo que el Espíritu Santo
despierta en él. Su comportamiento y
conversación serán ricos en sabiduría
espiritual, fuego y frutos de amor, pues hablará con
una seguridad llena de calma y desprovista de falsedad y del
fingido servilismo de los hipócritas.
Hay quienes canalizan todas sus energías
físicas y espirituales para aprender a apoyar y
rodear su inseguridad con serviles sollozos y afectada
piedad. Están más preocupados por aparecer
santos ante los hombres que
por serlo ante Dios y ante sus ángeles. Tales
personas se encuentran más confusas y avergonzadas
por un falso gesto o por una falta de etiqueta en sociedad
que por mil vanos pensamientos y feas inclinaciones al
pecado, intencionadamente estimulados o jugando
perezosamente con ellos, en la presencia de Dios y de sus
ángeles. ¡Ah, Señor Dios! Una gran dosis
de humilde afectación denota ciertamente un
corazón orgulloso. Es cierto que una persona
verdaderamente humilde ha de conducirse con modestia en
palabras y gestos, reflejando la disposición de su
corazón. Pero no puedo soportar una voz humilde
afectada, contraria a la sencillez natural de
carácter. Si estamos diciendo la verdad, usemos un
sencillo y sincero tono de voz que esté acorde con la
propia personalidad. Una persona que, por naturaleza, tiene
una voz franca y alta y que de modo habitual musita en un
cuchicheo a media voz -excepto, naturalmente, si está
enfermo o habla en privado a su confesor o en secreto a
Dios- es ciertamente un hipócrita. Poco importa que
sea novicio o que tenga una gran experiencia; es un
hipócrita.
¿Qué más puedo decir sobre estos
engaños traicioneros? Realmente, si el hombre no
tiene la gracia de deshacerse de estos plañideros
hipócritas, corre peligro. Pues entre el secreto
orgullo de su corazón y la hipocresía de su
conducta, el pobre desgraciado puede caer pronto en un
terrible fracaso.
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55
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Que los
que condenan el pecado
con celo
indiscreto quedan burlados
El enemigo puede, además, engañar a ciertas
personas con otras trampas insidiosas. Les puede incitar con
celo a mantener la ley de Dios desarraigando el pecado del
corazón de otras personas. No vendrá nunca
derecho a tentarlos con algo obviamente pecaminoso. Por el
contrario, los incitará a asumir el papel de prelados
celosos que supervisan todos los aspectos de la vida
cristiana, como abad que inspecciona a sus monjes. Reprende
a todos y a cada uno por sus faltas, como sí fuera un
pastor legítimamente constituido. Siente que debe
echarles en cara hasta la ira de Dios que se manifiesta por
él, y sostiene que es impelido por el amor de Dios y
el fuego de la caridad fraterna. Pero en realidad miente,
pues es el fuego del infierno en su cerebro e
imaginación lo que le incita.
Lo que sigue parece confirmar esto. El demonio es un
espíritu que, como los ángeles, no tiene
cuerpo. Pero siempre que con el permiso de Dios él (o
cualquier ángel) toma un cuerpo para tratar con los
hombres, el cuerpo que elige refleja de alguna manera la
naturaleza de su misión. Vemos esto en la Sagrada
Escritura. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento
encontramos que, cuando un ángel era enviado para
cualquier obra, su cuerpo o su nombre reflejaba su mensaje
espiritual. De la misma manera, siempre que el enemigo toma
forma humana, alguna cualidad de su cuerpo reflejará
su intención.
Un ejemplo concreto ilustra esto muy bien. He aprendido
de algunos de los estudiantes de nigromancia (culto que
enseña la comunicación con los
espíritus malignos), y de otros a los que se les ha
aparecido el diablo en forma humana, el tipo de cuerpo que
precisamente suele adoptar. Me han dicho que cuando se
aparece, normalmente acostumbra tener un solo orificio nasal
ancho y espacioso, y que puede fácilmente volver su
cabeza hacia atrás de manera que el hombre puede ver
directamente su cerebro, que aparece como el fuego del
infierno. Un demonio no puede tener otro cerebro, y se da
por muy satisfecho si puede inducir al hombre a
contemplarle, pues la visión sacará al ser
humano fuera de si para siempre. (El aprendiz experto de
magia negra sabe muy bien esto y, por ello, toma las
precauciones debidas, para no ponerse en peligro él
mismo).
Así, pues, cuando el demonio asume un cuerpo,
puedes estar seguro de que este reflejará de alguna
manera su intención. En el caso de falso celo que
estamos considerando, inflama de tal manera la
imaginación de sus contemplativos con el fuego del
infierno, que repentina e imprudentemente se
desatarán con presunción increíble. Se
arrogan a si mismos el derecho de amonestar a otros, con
frecuencia de una manera cruel y precipitada. Y todo porque
sólo tienen un único orificio nasal
espiritual. La división de la nariz del hombre en dos
fosas sugiere que debe poseer un discernimiento espiritual
que le permita decidir lo bueno de lo malo, lo malo de lo
peor, y lo bueno de lo mejor antes de formular un juicio.
(Por cerebro entiendo la imaginación espiritual, pues
según la naturaleza la imaginación reside y
funciona en la cabeza).
-
-
56
-
Que
aquellos que confían más en su propia
inteligencia
natural y
en el saber humano que en la doctrina
común
y la
dirección de la Iglesia están
engañados
Hay todavía otros que, aunque escapen a los
engaños que acabo de describir, caen víctimas
de su orgullo, de su curiosidad intelectual y de su saber de
eruditos al rechazar la doctrina común y la
orientación de la Iglesia. Estas personas y sus
seguidores confían demasiado en su propio saber.
Nunca estuvieron enraizados en esa humilde y ciega
experiencia del amor contemplativo y de la bondad de vida
que le acompaña. Son así vulnerables a la
pseudoexperiencia trazada y dirigida por su enemigo
espiritual. Llegan hasta levantarse y blasfemar contra los
santos, los sacramentos y las ordenanzas de la santa
Iglesia. Los hombres sensuales y mundanos que creen que las
exigencias de la Iglesia para la enmienda adecuada de su
vida son demasiado molestas, corren pronta y
fácilmente detrás de estos herejes, y los
apoyan. Y todo porque imaginan que estos herejes los
conducirán por una senda más suave que la
santa Iglesia.
Ahora bien, creo realmente que todo aquel que no emprenda
el camino arduo del cielo se deslizará
fácilmente por el camino del infierno, como veremos
cada uno de nosotros el último día. Estoy
convencido de que si pudiéramos ver a estos herejes y
sus seguidores en el momento actual, como los veremos en el
día del juicio, nos daríamos cuenta de que,
además de su abierta presunción al negar la
verdad, están cargados con grandes y pesados pecados
cometidos en su vida privada. Se dice de ellos que en su
vida privada están tan llenos de vil lujuria como lo
están de la falsa virtud que despliegan en su vida.
pública. Con toda verdad bien pueden llamarse los
discípulos del
Anticristo
-
57
- Cómo
algunos jóvenes presuntuosos
principiantes
- distorsionan
la palabra «arriba»;
- los
engaños que se siguen
Dejemos a un lado esta discusión ahora y volvamos
a lo que comencé a decir sobre la comprensión
espiritual de ciertas palabras clave.
Dije más arriba que los jóvenes
discípulos de espiritualidad que no tienen cuidado
con la presunción están muy inclinados a
interpretar mal la palabra «arriba». Oirán
decir o leerán que los contemplativos deben
«levantar su corazón a Dios».
Inmediatamente comienzan a clavar la mirada en las estrellas
como si estuvieran en otro planeta y a escuchar como si
esperaran captar cantos celestiales de ángeles. A
veces enfocan su curiosa imaginación a penetrar los
secretos de los planetas y a perforar el firmamento con la
esperanza de ver en el espacio exterior. Están
inclinados a imaginarse a Dios según sus propias
fantasías, viéndole en suntuosa vestimenta y
sentado en un trono exótico. Alrededor de él
se imaginan ángeles en forma humana, dispuestos como
músicos en una orquesta. Créeme, no se ha
visto ni oído nada semejante en esta vida.
Algunas de estas personas son engañadas de una
manera increíble por el demonio, que incluso les
enviará una especie de rocío que pretende ser
el alimento celeste de los ángeles. Parece llegar
suave y delicadamente de los cielos, dirigiéndose de
modo maravilloso hacia su boca. Así han
contraído el hábito de estar boquiabiertos
como si trataran de coger moscas. No te engañes. Todo
esto es una ilusión, a pesar de sus matices piadosos,
pues al mismo tiempo su corazón está
vacío de fervor genuino. Por el contrario, esas locas
fantasías les han llenado de tal vanidad, que el
demonio puede llevarles fácilmente a hacerles
oír extraños ruidos, iluminaciones raras y
deliciosos olores. Es un engaño lamentable.
Estas gentes, sin embargo, no ven el engaño y
están convencidas de que emulan a santos como
Martín, que, en una revelación, vio a Cristo
entre los ángeles vestido de esplendor; o Esteban,
que vio al Señor glorioso en los cielos; o los
discípulos, que le estaban mirando mientras
desaparecía en las nubes. Creen que, como ellos,
deberíamos mantener nuestra mirada fija en los
cielos. Yo estoy de acuerdo en que deberíamos
levantar nuestros ojos y manos en gestos corporales de
devoción según nos impulse el Espíritu.
Pero insisto en que nuestra actividad contemplativa no ha de
dirigirse hacia arriba o abajo, a este lado o al otro,
adelante o atrás, como si fuera una máquina.
Pues no es actividad de la carne sino aventura de vida
interior emprendida en el Espíritu.
-
-
58
-
Que
ciertos ejemplos de san Martín y san
Esteban
no se han
de tomar literalmente como
ejemplos
de
elevación hacia arriba durante la
oración
Con respecto a lo que algunas personas dicen sobre san
Martín y san Esteban, debemos recordar que, aunque
tuvieron visiones de Cristo, fueron gracias extraordinarias
destinadas a confirmar una verdad espiritual. Estas personas
saben muy bien que Cristo no llevó nunca la capa de
san Martín -¡como si tuviera necesidad de ser
protegido contra los elementos!-. No, esta
manifestación fue para instrucción de aquellos
de nosotros que somos llamados a la salvación como
miembros del único cuerpo de Cristo. Cristo
confirmaba, de esta forma simbólica, lo que ya
había enseñado en el Evangelio. Allí
leemos que todo aquel que viste a un pobre o lo sirve en una
necesidad material, física o espiritual por amor de
Jesús, ha servido de hecho a Jesús mismo y
será recompensado por él. En este ejemplo
particular el Señor en su sabiduría
decidió ratificar el Evangelio con un milagro y por
eso se apareció a san Martín vestido con la
capa que este había dado a un pobre. Toda
revelación como esta hecha a los hombres en la tierra
tiene un profundo significado espiritual. Y por mi parte,
creo que si la persona que la recibe pudiera captar este
significado profundo de manera distinta, la visión
sería innecesaria. Aprendamos, pues, a ir más
allá de la dura corteza y morder en lo jugoso del
fruto.
¿Cómo haremos esto? Ciertamente, no como los
herejes, pues son como borrachos que han apurado la copa y
después la estrellan contra la pared.
Mantengámonos en la verdad y evitemos esta grosera
conducta. No debemos comer tanta fruta que lleguemos a
aborrecer el árbol, ni hemos de beber tan
desenfrenadamente que rompamos la copa cuando nos hayamos
llenado. Ahora bien, el árbol y la copa representan
visiones extraordinarias y otras gracias sensibles tales
como los gestos de devoción que he señalado.
La fruta y el vino representan el profundo significado
espiritual de estas gracias. Si estos gestos están
inspirados por el Espíritu, tienen sentido y son
genuinos; de lo contrario, son hipócritas y falsos.
Cuando son auténticos, son ricos en fruto espiritual,
por eso no debemos despreciarlos. ¿No besa
reverentemente la gente noble la copa por el vino que
contiene?.
Por lo que respecta a la ascensión física
de nuestro Señor a la vista de su madre y de sus
discípulos, ¿han de entender esto los
contemplativos como una invitación a estar absortos
durante la oración, esperando contemplarle
entronizado en su gloria o de pie en los cielos como lo vio
san Esteban? Ciertamente, él no espera que
escudriñemos el cielo durante el tiempo de nuestra
actividad espiritual con el fin de contemplarle de pie,
sentado, echado o en cualquier otra postura. No conocemos en
realidad la naturaleza de la humanidad glorificada de
nuestro Señor, ni conocemos tampoco la
posición que ha adoptado en el cielo. Esto es
trivial, por otra parte. Lo que sabemos es que su cuerpo
humano y su alma están unidos para siempre con su
divinidad en la gloria. No sabemos ni necesitamos saber
qué hace, sino tan sólo que se posee a si
mismo en completa libertad. Cuando en una visión se
revela a si mismo en esta o aquella postura, lo hace para
poner de relieve su mensaje espiritual y no para manifestar
su semblante celestial.
Voy a clarificar más esto con un ejemplo. Estar de
pie es símbolo de asistencia o apoyo. Antes de la
batalla, por ejemplo, un amigo dirá a otro:
«Animo, camarada. Lucha bravamente y no decaigas de
ánimo, pues yo estaré a tu lado».
Obviamente, cuando dice «yo estaré a tu
lado», no se refiere a la postura física, pues
quizá caminan en un escuadrón de
caballería hacia una batalla que se ha de librar a
caballo. Quiere decir que él estará
allí dispuesto a ayudar. De modo semejante, nuestro
Señor se apareció de pie a san Esteban durante
su martirio para darle ánimos. No tenía
intención de darnos una lección de cómo
soñar despiertos. Más bien, es como si dijera
a todos los mártires en la persona de san Esteban:
«¡Mira, Esteban! He rasgado el firmamento para
revelarme a mí mismo como presente aquí. Has
de saber que yo estoy realmente a tu lado con mi fuerza
omnipotente dispuesto a ayudarte. Así, pues, mantente
en tu fe y soporta animosamente el mortal asalto de los que
te apedrean, pues te coronaré con la gloria por el
testimonio que has dado de mi, y no sólo a ti, sino a
todos aquellos que sufren por mi amor».
Espero que entiendas ahora que estas revelaciones
físicas van dirigidas a manifestar una verdad
espiritual, aunque pueda quedar oculta a un observador
superficial.
-
-
59
-
Que la
ascensión corporal de Cristo no ha de
tomarse
como
ejemplo para probar que los hombres han
de
forzar su
mente hacia arriba durante la
oración;
que en la
contemplación se ha de olvidar el
tiempo,
el lugar y
el cuerpo
Objetas ahora que, puesto que nuestro Señor
ascendió a su Padre físicamente como Dios y
como hombre, la ascensión tiene también para
nosotros una lección tanto física como
espiritual. A esto he de contestar diciendo que en su
ascensión la humanidad de nuestro Señor
quedó transformada y que su cuerpo, aunque
físico, era un cuerpo inmortal. Había muerto,
pero en su resurrección se vistió de
inmortalidad. Sabemos que nuestros cuerpos
resucitarán también en gloria en el
último día. Serán, pues,
espiritualizados y tan ágiles como lo es ahora
nuestro pensamiento. Arriba o abajo, izquierda o derecha,
detrás o delante serán una y la misma cosa,
como nos dicen los teólogos. Pero todavía no
hemos recibido esta gloria, y por lo mismo sólo
podemos subir al cielo de una manera espiritual, que no
tiene nada que ver con la dirección de la que
hablamos ordinariamente.
Quiero que sepas claramente que los que obran
espiritualmente, de modo especial los contemplativos, han de
andar con cautela a la hora de interpretar lo que leen.
Leemos «eleva» o «entra» o
«impulso», pero debemos darnos cuenta de que estas
expresiones no se dicen en un sentido literal o
físico. «Impulso» o movimiento no se
refiere a un movimiento físico ni la palabra
«descanso» dice relación a una postura de
reposo o de inmovilidad. Pues cuando nuestro trabajo es
auténtico y maduro, es totalmente espiritual, alejado
tanto del movimiento como del reposo. Además, se
podría efectivamente describir mejor el
término «impulso» como una
transformación súbita que como una
moción. En cualquier caso, tratándose de esta
actividad espiritual, olvídate totalmente de lo que
es tiempo, localización física y
materialidad.
Sé cauto, por tanto, para no interpretar la
ascensión en términos literales y materiales.
No fuerces tu imaginación durante la oración
en un loco intento de elevar tu cuerpo hacia arriba como si
quisieras llegar a la luna. En la esfera del espíritu
todo esto carece de sentido. Por lo que se refiere a la
realidad física de la ascensión, recuerda que
sólo Cristo ascendió físicamente, como
lo atestiguan las Escrituras cuando dicen: «Nadie ha
subido al cielo, sino el que ha bajado del cielo: el Hijo
del Hombre». Así, pues, aun cuando nos fuera
posible ahora subir al cielo físicamente (que no lo
es), la causa seria una sobreabundancia de poder espiritual
y no el esfuerzo de la imaginación hacia arriba o
hacia abajo, a la izquierda o a la derecha. Es inútil
y harás bien en evitar este error.
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