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Pedro
Finkler - La oraci�n contemplativa
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INTRODUCCIÓN
Este libro se ha escrito a partir de una
inspiración sacada de la lectura de La Nube del
No-Saber. Se trata de un método, aparentemente
sencillo, con el que se puede llegar a la oración
contemplativa. Es decir, a una oración de quietud,
que el autor anónimo del libro -probablemente un
monje inglés que vivió en la Edad Media-
describe con todo detalle como un procedimiento a seguir
para aprender a contemplar.
Después de un agitado período de activismo
pastoral bastante generalizado por no haberse entendido bien
el estímulo renovador del concilio Vaticano II, surge
ahora en la Iglesia un movimiento renovador de vida de
oración.
Es verdaderamente alentador ver cómo actualmente
existe una búsqueda muy extendida de mayor intimidad
con el Señor. La sorda oposición a ese
movimiento no viene de la Iglesia. Los religiosos y los
cristianos en general que se sienten llamados a esa
vocación personal, procuran responder personalmente a
la llamada interior del Espíritu. De las acusaciones
de ideas torcidas de quietismo o de subjetivismo de algunos,
tal vez excesivamente empeñados en obras materiales,
no se sigue que se pueda detener ese ímpetu de
renovación espiritual.
Todo indica más bien que vivimos un segundo
pentecostés.
El método que se describe en La Nube del No-Saber
consiste esencialmente en penetrar en lo más
íntimo de uno mismo, donde Dios mora, para
encontrarnos con él en ese punto recóndito del
misterio humano.
Cristo nos aseguró más de una vez que "el
reino de Dios está dentro de nosotros". Dijo
también que, "si estamos en él, él
está en nosotros". Otros pasajes, en fin, de la
Sagrada Escritura nos aseguran de diversas maneras que Dios
mora en nosotros. El método procede, pues, de fuera
hacia adentro, de la periferia hacia el centro.
Éste es también el método o la
técnica usada por otras prácticas de
"interiorización que no siempre tienen que ver con la
religión cristiana.
Aquí, como por medio de cualquier otra
metodología, no es siempre fácil descubrir el
camino que lleva a Dios. La oración no puede
enseñarse. Se pueden proponer algunos ejercicios que
ayuden al esfuerzo que requiere un descubrimiento.
De cada dos personas que hacen el mismo ejercicio para
aprender a rezar contemplativamente, una descubre la
oración; la otra, no. Lo que los libros publican al
respecto sirve de apoyo a los que quieren descubrir la
contemplación. Mas el descubrimiento de la misma es
siempre una proeza absolutamente personal. Nadie puede
enseñar una experiencia de Dios. Esta es siempre
fruto que surge, a veces inesperadamente, de un ejercicio
adecuado o bien ejecutado. La experiencia no depende
únicamente del ejercicio en sí, sino que es el
resultado de conjugar acertadamente al menos dos variantes o
componentes: el ejercicio como tal y las condiciones
subjetivas de fe, de amor, de confianza, de deseo... de
quien lo realiza.
Este libro trata de animar y orientar a cuantas personas
se sientan interesadas en descubrir una oración
más profunda, más íntima y, por tanto,
más satisfactoria para la práctica de la vida
espiritual. El texto es fruto de una prolongada
meditación reflexiva de La Nube del No Saber.
De esta manera, el texto original del desconocido monje
inglés, escrito, como ya dijimos al comienzo de estas
páginas, en plena Edad Media, ha sido replanteado hoy
desde los más modernos conocimientos de las ciencias
humanas.
Se presenta, por tanto, con un ropaje nuevo, moderno, al
alcance del hombre medio de la civilización en que
vivimos. Como es de suponer, he tenido la
preocupación ética de dejar intacta la
sustancia doctrinal de la obra original.
Tal vez alguien se pregunte a este respecto el
porqué de ese cuidado. La respuesta es simple. La
doctrina sobre Dios y sobre la espiritualidad cristiana
tiene un valor perenne, fundamentalmente inalterable. Ella
alimenta la espiritualidad desde los orígenes del
cristianismo. Naturalmente, ha evolucionado y progresado a
través de los tiempos, pero no ha cambiado ni
cambiará sustancialmente. Lo que era verdad cristiana
en época de los apóstoles, continuará
eternamente siendo verdad.
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