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Miguel
M�rquez Calle - El riesgo de la confianza
(�ndice)
"NO
TE ABANDONARÉ"
(JACOB)
LA ORACIÓN ES
UN COMBATE CONTINUADO
Estamos interesados en estudiar cómo oraban los
grandes personajes bíblicos. Nos encontramos ahora
con Jacob, en quien se nos muestran algunos aspectos muy
ricos del camino espiritual.
La vida de Jacob, según aparece en el texto
bíblico (Gn 25-37) está determinada por la
bendición de Dios, bendición que encuentra su
punto culminante en el extraño y significativo
episodio de la lucha con el ángel. Jacob es el hombre
bendecido por Dios que ahonda en su amistad
enfrentándose con Él. ¿Qué sentido
tiene esa pelea nocturna en el proceso vital de Jacob?
Aunque la lucha con el ángel no es el único
episodio para deducir la oración de Jacob, sí
es central y marca una dimensión fundamental de la
espiritualidad y de la oración: la lucha, el coraje,
la entrega, la "'determinada determinación' de no
parar hasta llegar a ella (la meta, el agua viva...),
venga lo que viniere, suceda lo que
sucediere, trabájese lo que se trabajare, murmure
quien murmurare, siquiera llegue allá, siquiera se
muera en el camino o no tenga corazón para los
trabajos que hay en él, siquiera se hunda el mundo,
como muchas veces acaece con decirnos: 'hay peligros',
'fulana por aquí se perdió', 'el otro que
rezaba mucho cayó (..)1.
El que se propone orar y seguir a
Cristo ha de tomar las armas de Dios: "abrocharse el
ceñidor de la castidad, ponerse la coraza de la
justicia, embrazar el escudo de la fe, tomar por casco la
salvación y tener la espada del Espíritu, la
palabra de Dios rebosando en los labios y en el
corazón"2,
Porque la insistencia en algunos aspectos fundamentales
de la espiritualidad se hacia necesaria para liberar al
Cristianismo de deformaciones angustiantes, tal vez hemos
silenciado el ahondamiento y correcto enfoque de otros
aspectos como la ascesis, la abnegación, la
sencillez... Al insistir acertadamente en la gratuidad, en
la amistad de Dios, en un Dios Abba, misericordia,
compasión, en los aspectos eminentemente positivos..,
para hacer justicia a un Cristianismo más como ley de
amor que ley del miedo, en la penumbra han quedado aspectos
que antes eran pan cotidiano y que hay que retomar. Es el
caso de la abnegación, tema clave desde el enfoque
del enamoramiento, que es por donde hay que empezar.
JACOB
Esaú ha salido a su encuentro con 400 hombres, no
le perdona que le haya arrebatado el derecho de
primogenitura. Jacob tiene miedo, divide en dos sus
posesiones para no perderlo todo. Ora a Dios reconociendo
que todo se lo debe a Él. Veinte años antes
Dios le había renovado la promesa que hizo a Abraham
su abuelo. Ahora el miedo y el aprieto le arrancan una
oración vibrante. Jacob envía regalos a
Esaú. Antes de encontrarse con él tiene lugar
el episodio de Penuel. Jacob lucha con "un hombre", que
resulta ser Dios, hasta el amanecer, y recibe de Él
un nombre nuevo: Israel, por haber sido fuerte en el
combate con Dios. El encuentro con su hermano es un
éxito. Se abrazan y se reconcilian. Una vez
más Jacob tuvo éxito, Dios le salió al
paso bendiciéndole en la dificultad.
- ENTRE BETEL Y
PENUEL.
-
- UNA ESCALERA Y UN
COMBATE
1. Betel (Gn 28, 13-15)
El que ora ha de ser consciente de que lo más
grande que tiene lo ha recibido de Dios, y está
invitado a vivir todo como un regalo de Dios, porque "nos ha
bendecido con toda clase de bienes espirituales y
celestiales".
Era de noche. Jacob iba a casa de Labán.
Tomó una piedra por cabecera y comenzó a
soñar. Soñó con una escalera que desde
la tierra llegaba al cielo; los ángeles subían
y bajaban por ella. Yahvé le dijo: "Yo soy
Yahvé, el Dios de tu padre Abraham y el Dios de
Isaac. La tierra en que estás acostado te la doy para
ti y tu descendencia. Tu descendencia será como el
polvo de la tierra y te extenderás al poniente y al
oriente, al norte y al mediodía; y por ti se
bendecirán todos los linajes de la tierra, y por tu
descendencia. Mira que yo estoy contigo; te guardaré
por doquiera que vayas y te devolveré a este solar
No, no te abandonaré hasta cumplir lo que te he
dicho" (Gn 28, 13-15).
En el sueño, se le manifiesta a Jacob la
cercanía entre el cielo y la tierra, los
ángeles que suben y bajan, y un Dios que conversa con
hombres; la distancia no es infranqueable. Dios ha tomado la
iniciativa de "bajar", de tender una escala para que
el hombre pueda "subir". "En la torre
de Babel, el hombre quiere hacer algo; en el sueño de
Jacob es la gracia. En un caso es la desmedida del hombre;
en el otro, la misericordia de Dios, que realiza lo que la
desmedida del hombre no puede hacer. En un caso Dios es un
rival, se cae en el pecado, la discordia; en el otro Dios el
Padre, hace entrar al hombre en la alianza, en su propia
vida"3.
La bendición de Dios abre a Jacob a una
oración confiada. Se siente cerca de Él. Un
lugar cualquiera se convierte en casa de Dios (Betel). La
casa de Dios y la puerta del cielo son allí donde el
hombre se encuentra con Dios. Él está
ahí presente, donde menos se piensa. Y Dios habla. El
orante, como el amador, en toda parte ora, en toda parte
ama. "Mi centro no es la Trapa -decía el
hermano Rafael-, mi centro es Dios". Y ahí
donde el hombre se encuentra, por inhóspito que sea,
hay un Betel escondido en su corazón.
- 2. La oración de Jacob (Gn 32,
10-13)
Han pasado veinte años. Jacob
vuelve al vado de Jaboq. Dios ha cumplido su promesa. "El
vagabundo de Betel vuelve convertido en patriarca. Tiene
rebaños e hijos. Le queda por pasar la temida prueba
de la edad madura. Antes, cuando pasó la primera vez
por este lugar, tenía que ganarlo todo, sólo
poseía su cayado. Ahora le queda todo por perder. La
gracia de este momento va a ser el miedo y la angustia de
enfrentarse a Esaú. Jacob ora. Por primera vez ora de
verdad"4, no pone en primer
lugar sus capacidades personales, se refugia en Él.
El vagabundo enriquecido es invitado a experimentarse pobre
de nuevo, en un sentido más radical y verdadero,
interiormente. Porque existe un centro donde ninguna cosa ni
seguridad puede llegar y proteger, porque hay una
íntima soledad con la cual tarde o temprano todos
tenemos que vernos las caras. Las circunstancias han
traído a Jacob a este estado de indefensión en
el cual sólo le queda confiarse a Él o
arrastrarse tullido, fiado en la propia incapacidad. Dios
lleva a Jacob a su verdad primera: todo ha sido un regalo de
Dios.
Jacob ora, empujado por el aprieto ora. Como un
niño, se pone en manos de Dios y le recuerda su
promesa. Reconoce que no es merecedor de todo lo que Dios le
ha dado y espera en Él. "Jacob pasó
allí la noche".
3. Penuel (Gn 32, 23-31)
En el camino que le lleva al encuentro temido con su
hermano Esaú, Dios se interpone para hacerle ver que
a nadie hay que temer más que a Dios.
Dios le obliga a pelear con El, para que emerja el Jacob
valeroso. Dios se convierte en entrenador de Jacob por la
prueba, en la noche solitaria, cuando todos los suyos
están dormidos y a distancia.
Por sorpresa y sin previo aviso, lucha con su bendito
Jacob. Le arranca de su preocupación a otra
preocupación más verdadera. Roba su
atención para atraerle a sí. Jacob,
descentrado por el miedo, acobardado, es atraído al
ámbito de Dios: Jacob relativizará el poder
humano y quedará libre para ir al encuentro de su
hermano. Aquí está la respuesta imprevista de
Dios a la oración de Jacob. Luchando con él,
Dios le hace fuerte para salir victorioso en la
petición que ha hecho.
"El contexto nos muestra que, si
bien el patriarca ha cuidado la preparación del
encuentro (con su hermano), se ha olvidado de un punto
esencial. Ha pensado en todo salvo en el hecho de que Dios,
a quien había invocado, tenía una palabra que
decir en este asunto. La dificultad llega ahí donde
no la esperaba, y es que tiene que enfrentarse con un
adversario más temible que Esaú, Dios mismo,
que responde así, de forma curiosa, a su
oración "5.
Luchar con Dios según el texto bíblico y
según la acepción que en espiritualidad se ha
extendido es una realidad eminentemente positiva. Luchar con
Dios es no amilanarse por el desconcierto que Dios mismo
provoca en tantas ocasiones. Luchar con Él es
mantener la sonrisa, la cabeza levantada, la confianza
despierta... cuando Él mismo se hace esquivo,
huidizo, hostil y difícil de descifrar. Luchar con
Dios es seguir creyendo en Él aun cuando nos hiera y
disloque. Luchar con Dios es no huir cuando la
fascinación ha dado paso al martirio cotidiano de una
entrega sin brillo y sin aplauso. Luchar con Él es
seguir queriendo ahondar en la amistad aún cuando se
torne nuestro enemigo. Aquí se encuentra la gran
frontera de los verdaderos amadores y orantes, contra este
muro muchos chocaron y se volvieron desolados atrás,
otros se aventuraron y descubrieron un mundo nuevo en Dios y
en sí mismos.
La lucha establece la frontera entre un Jacob anterior y
un Israel posterior. El cambio de nombre alude a que ese
encuentro ha cambiado su vida. Es el gran reto de la madurez
de la vida.
Sale cojeando de la prueba. No sale ileso, es herido por
Dios. Porque del encuentro con El nunca se sale ileso. Si es
Dios, nunca deja indiferente.
El litigio es iniciativa de Dios que protesta de esta
manera. Al enfrentarse con Jacob vuelve las cosas a
justicia. Es una misteriosa manera de ahondar los lazos y la
amistad entre ambos. Es una pelea, un disloque, una herida
que enamora, que desconcierta en principio, para dejar sabor
a cercanía cálida y amigable.
Las armas de Dios son su fidelidad y la Promesa renovada.
Las de Jacob son su esperanza en Dios. Ambos mantienen hasta
el amanecer la tensión, ninguno de los dos cede, los
dos ganan la pelea. Nace una amistad renovada, Dios llama a
Jacob con un nuevo nombre, Jacob ha visto a Dios sin morir.
Ambos han penetrado la intimidad del otro, se han ganado
mutuamente.
La amistad de Dios es un tesoro que reciben los que se
atreven a luchar con Él, los que están
dispuestos a perderlo todo menos la esperanza en
Él.
"Toda la vida de Jacob está
contenida entre dos encuentros con Dios, cogida entre dos
momentos de encuentro, el sueño de Betel y el combate
del vado de Jaboq. Veinte a�os separan estos dos momentos. Las dos
veces es el tiempo de la prueba y de la noche. Jacob est� solo las
dos veces...
"6
4. Dios, precio y
premio
El Dios que se hace presente a Jacob es un Dios novedoso,
sorpresivo, familiar, como el de Abraham, presente y
cercano, providente y encontradizo. Dios que rompe la
distancia entre el cielo y la tierra dejando caer una
escala.
Dios débil frente a nuestra libertad. Tiene
debilidad por el hombre y se hace débil con el
débil, pequeño con el pequeño, pobre
con el pobre, niño con el niño... Dios ya
hablaba lenguaje de hombres antes de Jesús. Toma
formas humanas para dejarse sentir, es peregrino que
necesita ser acogido, es amigo que quiere conversar, se
expresa en la naturaleza para que el hombre pueda
interpretar su lenguaje.
Con Jacob podemos pensar hoy que Dios tiene una palabra
de confrontación frente a nuestra indiferencia,
nuestra apatía, nuestros miedos infantiles.
La oración aparece así como lugar para
acoger la bendición de Dios y bendecirle, lugar para
dejarse troquelar y dislocar, zarandear y estremecer por su
desconcertante presencia. Frecuentemente será la
noche su territorio favorito y descubrirás un Betel y
un Penuel donde menos piensas si mantienes la
atención en la noche y no huyes acobardado cuando
Dios empieza a labrarte para la amistad. En todo caso, ora,
mantén la mirada en Él y confía, no
claudiques, que aquel que te hirió, no se
tardará y te sanará.
1. SANTA TERESA, Camino de
Perfección 21, 2. volver
2. Regla Primitiva del Carmen nº
16. Ef 6, 14 sig. volver
3. J. LOEW, En la escuela de los
grandes orantes, Narcea, Madrid, p.
42. volver
4. Ib., p.
43. volver
5. MARTIN-ACHARD, Un
exégète devant Genese 32, 23-33..., 1971,
p. 58. Citado en Fausto RAMÍREZ, La lucha de
Jacob -tesis de licenciatura- Comillas, 1973, pp.
59-61. volver
6. J. LOEW, oc., p.
40. volver
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