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Miguel
M�rquez Calle - El riesgo de la confianza
(�ndice)
"SI
TIENES MIEDO DE IR ... VE"
(GEDEÓN)
Cuando nos disponemos a orar un texto bíblico, a
dejarnos silenciosa y serenamente interpelar por la
experiencia profunda de un personaje bíblico, debemos
descalzarnos interiormente, como dijimos a propósito
de Moisés, esto es, despertar nuestras capacidades
dormidas, respirar hondo para hacer vacío interior,
nido para el Peregrino, y ser conscientes de estar invitados
a una aventura que reclama entrega valiente y decidida.
Así comenzamos con actitud orante, cesando de toda
prisa y soplando suavemente sobre la ansiedad y el querer
avanzar o conseguir alguna meta.
El personaje en cuestión será el
guía que nos lleve desde su propia experiencia hacia
el riesgo al que con este motivo somos invitados. Poco a
poco vamos poniendo nuestro propio nombre a sus ilusiones,
miedos, desconciertos, encuentros... y vamos sintiendo, de
manera real, que el Dios que se sentó familiarmente a
charlar con Gedeón, se acerca con la misma verdad y
eficacia a mi historia (intentando encontrarnos en
vigilancia y calma, no huidos del enemigo).
Te invito a leer con las claves anteriores
fundamentalmente los capítulos 6 y 7 del Libro de Los
Jueces, entrando en la piel de Gedeón.
Como pistas para tal lectura pueden servirte los
siguientes comentarios:
EL ÁNGEL DE
YAHVÉ SE SIENTA JUNTO A GEDEÓN
"Ángel de Yahvé" es otra manera de decir
Yahvé. "Vino el Ángel de Yahvé y se
sentó bajo el terebinto de Ofrá" (6, 11),
que pertenecía a su padre. Él toma la
iniciativa de llegarse al terreno de Gedeón con la
actitud familiar y distendida de quien desea tener una
conversación amigable. Seguramente no estaba sentado
en un trono deslumbrante, porque Gedeón cae en la
cuenta de que es el Ángel más tarde.
Estaría sentado en el suelo a la sombra del
árbol.
Este es el Dios bíblico que ahora estás
invitado a acoger, el que viene, se sienta familiarmente a
tu terreno, con actitud sencilla, invitándote a
entrar en ese plano, de quien puede por unos instantes dejar
de "majar su trigo" y sentarse bajo la sombra de un
árbol -que siempre los hay- para escuchar su
Palabra.
Él se sienta: recuerdo siempre a este
propósito una estampa de cuando niño en el
viejo pueblo de mis padres, a mi abuelo y vecinos sentados
en plena calle en actitud familiar; el que pasaba se
sentía de manera espontánea invitado a entrar
en ese ámbito confiado, a compartir. Recuerdo
también lo escuchado sobre la "ceremonia del te"
oriental, en la que, sentados en el suelo, con el té
como excusa, los comensales se disponen a compartir pedazos
desnudos de vida, sin prisas, sin tiempo.
Dios se sienta junto a ti. ¿Lo imaginas? Quiere
descansar en tu tierra (su descanso es conversar contigo de
corazón a corazón). Se sienta en el suelo: no
evita mancharse con la tierra de tu finca. He aquí
otra manera de invitarte a descender al suelo, al "humus", a
deponer toda autosuficiencia. Es aquél mismo que
siempre "se despoja de su rango divino" tomando
condición de amigo y servidor. Estás invitado
a no valorar tanto tu ropaje, tu apariencia, la imagen que
los demás tienen de ti, como lo que hay de verdadero
en el corazón.
Puedes en esta clave orar e imaginar los siguientes
expresiones que el mismo texto sugiere:
Además de sentarse a la sombra bajo el
árbol Yahvé...
Aparece (6, 12 a): "El Ángel de
Yahvé se le apareció".
Habla, saluda, nombra (6, 12 b): "Y le dijo:
'Yahvé está contigo, valiente guerrero'". Le
designa con un nombre que habla de su misión,
"valiente guerrero". Estemos siempre atentos al nombre y
la misión que brota de la escucha de Dios. Todos
tenemos nuestro nombre escrito en el corazón de Dios
-no sólo el nombre propio- principalmente el nombre
con el que Dios nos conoce hasta lo íntimo, en el
cual se identifican ser y misión para nosotros. Pide
a Dios que te revele su querer, hecho nombre para ti.
Envía, anima (6, 14): "Entonces
Yahvé se volvió hacia él y dijo. 'Vete
con esa fuerza que tienes y salvarás a Israel de la
mano de Madián. ¿No soy yo el que te
envía?'" (6, 16): "Yo estaré contigo y
derrotarás a Madián como si fuera un hombre
solo".
Del encuentro con Dios Gedeón sale dinamizado, con
la fuerza y la confianza en Él. Del encuentro
profundo siempre nace un envío, para el que iremos
recibiendo suficientes ánimos.
Confirma (6, 23): "Yahvé
respondió: 'la paz sea contigo. No temas, no
morirás'". La incesante palabra divina sobre sus
pequeños: NO TEMAS, LA PAZ SEA CONTIGO... Deja que la
Voz susurre en ti esas palabras sobre tus recelos, miedos,
inseguridad... "No temas, paz contigo; no temas...
Desdeña (la seguridad humana) (7, 2):
"Demasiado numeroso es el pueblo que te acompaña
para que ponga yo a Madián en sus manos; no se vaya a
enorgullecer de ellos a mi costa diciendo. '¡Mi propia
mano me ha salvado"'.
GEDEÓN MAJABA
TRIGO
Digámoslo bien alto y para siempre: la dignidad no
nace del título y del oficio, la elegancia
está, como la belleza, en el interior. Amós
cultivaba higos, David pastoreaba el rebaño, Pedro
pescaba... "Gedeón majaba trigo" (6, 11 b). La
mirada del Dios bíblico, sí acaso es
preferente, que lo es, es en favor del menor, por el que
siente debilidad.
"Gedeón majaba trigo", tenía una
ocupación tan normal como la de cualquiera, como la
que tú te traes entre manos... La oración,
ciertamente, se alimenta y crece en lo cotidiano de la
vida... y es la escucha atenta en medio de la cotidianidad
la que trae a Gedeón la extraordinaria presencia de
Yahvé.
Leed atentamente lo que se refiere a Gedeón; el
proceso por el que va cediendo a lo que quiere de él
y dejando a un lado su apoyo en seguridades. Sólo
enunciaré (con breve comentario) tres aspectos
esenciales a la oración que nos aporta Gedeón.
Cada uno de ellos nos daría para meditar largo y
sereno (autoimplicándose siempre).
ORAR ES DESTRUIR EL
ALTAR DE LOS FALSOS DIOSES (6, 25-32)
E ir construyendo al Dios verdadero un altar en el
espíritu y la verdad del propio corazón. Es
una tarea principal para el orante: dejar (consintiendo
activamente) que Dios vaya caducando las falsas proyecciones
e "inventos" interesados sobre Él, aunque nos hayamos
apegado al calor de esas imágenes y diosecillos
domesticados. Aquí está un gran reto para el
Cristianismo de nuestros días: aceptar la pura
gratuidad de Dios, que Dios es Dios, siempre libre, que no
hay imagen, ni altar, ni ofrenda que lo encierre y reduzca,
ni definición que lo contenga, ni papa que lo posea.
Vive en la pura gratuidad del amor. Orar significa abrirnos
siempre a la sorpresa de un Dios siempre nuevo que nos hace
-cuando le dejamos entrarnos- nacer otra vez, no con menos
dolor e intensidad que la primera.
Piensa, pregúntate y ora... ¿Acoges a Dios
tal como Él quiera hacérsete cercano o le
vistes tú de los trajes que más te complacen?
¿Estás dispuesto a acoger un Dios todo amor,
pero también todo sorpresa y desconcierto?
ORAR ES ENFRENTAR LOS
PROPIOS MIEDOS
Conté a una buena amiga mi historia reciente, la
historia de mis miedos y la "imprudente" osadía de
entrar de cabeza a las causas que los provocan. Ella,
lectora apasionada y visceral de la Palabra de Dios,
después de oírme y escuchar, abrió la
Biblia y leyó:
"Aquella noche le dijo Yahvé: 'levántate
y baja al campamento, porque lo he puesto en tus manos. No
obstante, si temes atacar / bajar (si no te atreves) baja
tú primero con tu criado Purá hasta el
campamento"' (7, 9-10). Desde entonces resuena como un
eco dentro de mí: "Si tienes miedo de bajar... baja",
precisamente porque tienes miedo, por eso, lánzate,
fíate.
A ti también se te dice: ¿quieres crecer
hacia Dios y no hacia tu propio gusto? Pues baja al
campamento enemigo, si Él te llama a ello. No pongas
el miedo o la incapacidad como excusa, que no es
impedimento, sino ventaja a Su favor. Baja y "escucha"
(7, 11 a).
POSTRARSE ANTE DIOS,
ADORAR
"Cuando Gedeón oyó la narración
del sueño y su explicación, se postró,
volvió al campamento de Israel y dijo: '¡levan
taos! porque Yahvé ha puesto en nuestras manos el
campamento de Madián"' (7, 15).
Gedeón se inclina, por fin vencido, ante las
señales de Dios, se postra en señal de
adoración al Dios vivo, y lo hace en pleno campamento
enemigo, en el corazón del territorio adverso. No
espera a volver al campamento seguro de Israel para hacer
una oración bien aderezada. Allí mismo adora
el misterio de Dios oculto en el mismo suelo enemigo. Si
hubiera huido o hubiera cedido al miedo, Dios se le hubiera
hecho presente de alguna forma, pero seguramente no de la
forma que provoca la adoración: rendición
incondicional de todo el ser en abandono confiado y
respetuoso, por la grandeza entrañable de Dios.
Tras adorar, Gedeón regresa y anima a los
demás: "¡Levantaos!". El orante que adora
se reconoce y siente invitado a animar (infundir alma) a la
comunidad, la familia, el grupo...
Valgan estos pequeños comentarios de
sugerencia.
Este es el Ángel de Yahvé que quiso un
día sentarse a la sombra de un árbol para
charlar con Gedeón y animarle a liberar a su pueblo
de la cobardía y el miedo.
Este es Gedeón, el hombre valiente, pero
desconfiado, que va cediendo sus recelos hasta adorar el
misterio salvífico de Yahvé.
Ahora te toca a ti liberar a tu pueblo, levantarle de la
cobardía. Pero, antes y después, encuentra
bajo el "terebinto de Ofrá" al Dios cercano que
quiere hallar descanso en tu entrega.
¡ÁNIMO!
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