Miguel
Márquez Calle
- El
riesgo de la confianza
- "EL
CREADOR OS DEVOLVERÁ EL ESPÍRITU Y LA
VIDA"
(LOS
MACABEOS)

"Yo no sé cómo aparecisteis en mis
entrañas, ni fui yo quien os regaló el
espíritu y la vida, ni tampoco organicé yo los
elementos de cada uno. Pues así el Creador del mundo,
el que modeló al hombre en su nacimiento y
proyectó el origen de todas las cosas, os
devolverá el espíritu y la vida con
misericordia, porque ahora no miráis por vosotros
mismos a causa de sus leyes" (2 M 7, 22-23). Con estas
palabras la madre de los siete hermanos macabeos anima a sus
hijos a ser fieles a Dios para heredar vida eterna, a
soportar el martirio con entereza. Aunque no son palabras
dirigidas a Dios, sino a los hijos, muestran una fe y
confianza en El inquebrantables.
Todo el capítulo es una bella página de
oración en el sentido más hondo de la palabra:
actitud de entrega incondicional a Dios capaz de superar
todo sufrimiento.
Los libros de los Macabeos no tienen una finalidad
histórica. El autor utiliza relatos sin garantizar la
veracidad histórica. La finalidad es primeramente
agradar, aportar ejemplos y edificar. Es una verdad
religiosa la que se expresa.
Nos encontramos en el apogeo del imperio de los griegos,
un imperio dividido después de Alejandro Magno.
Antíoco Epífanes es el rey que extiende hacia
Egipto la dominación griega, y seguidamente entra en
Jerusalén y saquea el templo. Se establecen las
costumbres griegas y los judíos son obligados a
abandonar la práctica de su fe. Es en este contexto,
con Jerusalén ocupada, el templo saqueado y la Ley
despreciada, cuando tiene lugar el martirio de muchos
judíos que preferían ser fieles a la Ley, a
Dios antes que al capricho del rey.
Las circunstancias ponen a prueba la rectitud y
sinceridad de la fe de los judíos, entre los cuales
muchos cedieron a las nuevas leyes, vendieron su fe y sus
costumbres para conservar la vida. Otros prefirieron no
vivir a cualquier precio.
En el relato del martirio de los siete hermanos,
así como en el de Eleazar (que se relata justo antes)
la causa inmediata es la negativa a comer carne de cerdo.
Pero está en juego mucho más que eso.
Está en juego la fidelidad a Dios, a la Ley como
concreción de la voluntad de Dios, a la propia
conciencia y libertad. La fidelidad se plantea con tal
radicalidad que lleva a la entrega de la propia vida.
Aquí entra de lleno el tema de la oración y
el tema de la amistad con Dios. Honestamente nos tenemos que
hacer la pregunta: ¿Hasta dónde estás
dispuesto a llegar por ser fiel a Dios? ¿Qué
tanto de ti mismo estás dispuesto a poner en juego
por Él? Recordemos aquellas frases iluminadoras:
"Nadie tiene amor mas grande que el que da la vida por sus
amigos" y "Dime cuánto estás dispuesto a
sufrir por alguien y te diré cuánto le
quieres", para que nos ayuden a discernir nuestra
temperatura interior en relación con Dios.
En el contexto de Israel la Ley es la concreción
de la voluntad de Dios, es la manifestación
también de su fe en el Dios Único. Como
Único que es reclama ser nuestro primer amor.
"Amarás al Señor tu Dios con todo el
corazón, con toda el alma, con todas las
fuerzas..." (Dt). Está en juego Dios como primer
valor en la propia historia, un valor mayor que la misma
vida. "Tu gracia vale más que la vida..."
(Salmo 62).
En este camino hacia una vida en plenitud hay dos
actitudes fundamentales que neutralizan la relación
con Dios o la hacen posible, ambas actitudes están
personificadas en nuestro texto por AntÍoco
Epífanes y por los hermanos y la madre
martirizados.
Antíoco Epífanes: el sobrenombre de
"Epífanes" se lo dio a sí mismo.
Mandó grabar en las monedas a partir del año
169: Basileus Antiochos Theos Epiphanes, "Dios
manifestado", es decir, Zeus o Júpiter, el
principal dios, considerándose a sí mismo la
manifestación de la principal divinidad. De esta
manera justificaba teológicamente su absolutismo
despótico.
Nos encontramos con la radical actitud que impide a lo
largo de toda la Escritura el acceso a Dios: la SOBERBIA y
la autosuficiencia. Antíoco Epífanes es el que
aparece como responsable del martirio de los siete hermanos,
que no se doblegan a su arbitrariedad.
Los siete hermanos: son personificación del
triunfo de la paciencia activa sobre la violencia. En esta
página de la historia de Israel se manifiesta por
primera vez con claridad la fe en la vida eterna,
garantía de que el propio sufrimiento y fidelidad es
semilla de algo que será plenitud en el "más
allá".
La actitud primera, que Teresa de Jesús siempre
tiene en los labios, es la HUMILDAD. La humildad permite
reconocer el justo lugar de cada cosa, lo efímera que
es la vida, aun siendo preciosa por ello mismo a los ojos de
Dios y que el valor supremo de la existencia es Dios. Que se
revelará como un Dios de misericordia para aquellos
que no miran por sí mismos, como expresa la madre de
los Macabeos en el texto citado al principio.
El testimonio de la propia vida es expresión de la
mejor oración. Para descubrir si nuestra
oración es auténtica hay que dirigir la mirada
a la vida.
La entrega de la madre y los hermanos refleja un abandono
en las manos misericordiosas de Dios.
Mueren en el cuerpo, pero vencen al miedo; mueren con
dignidad sin traicionar a Dios y a sí mismos.
Sólo una fe enraizada en la propia vida es capaz de
un desprendimiento tan radical, sólo un Amor
verdadero se entrega a sí mismo por el otro, por el
Amado, hasta la inmolación de sí mismo.
Esta es la gran interpelación que nos dirigen hoy
estos mártires desde su generosa entrega,
interpelación a nuestra entrega tantas veces
condicionada y raquítica, interpelación a
nuestra oración en muchas ocasiones adormecedora,
descomprometida...
¿QUE ES
ORAR,
DESDE LA
INTERPELACIÓN DE LOS MÁRTIRES?
La vida entera es la mejor ofrenda-oración elevada
a Dios. Orar es entregar la propia vida, darse por entero.
Poner la vida a merced de Dios.
Es ir aceptando la voluntad de Dios sobre la propia
vida.
Ir descubriendo a Dios como valor fundamental,
primero.
Es abandonarse en manos de Dios y aceptar desnudo el
viaje a la otra orilla (a las otras orillas de la tierra
prometida, si dejamos nuestra seguridad y nos fiamos de
Él).
Orar es amar. Ama quien se da por entero. Aceptar, ser
feliz de que nuestra vida le pertenezca... de Él vino
y a Él va.
Orar es partirse eucarísticamente con Él en
el altar diario de la vida.
Orar es ser seducido de tal forma por el amor de Dios,
por su sentir (pathos) que nuestra vida no valga
tanto como ese Amor.
Orar no es conservar la vida o protegerla, es perderla.
Ir perdiendo el miedo a morir, porque "el amor es más
fuerte que la muerte".
Hoy circulan formas de oración que han hecho moda
y que tienen la triste virtud de adormecer, evadir,
descomprometer...
La oración auténtica es la que despierta y
nos hace lúcidos para mirar de frente la historia
real y poner la vida en juego. Desde un enfoque cristiano la
solidaridad y el compromiso son elementos esenciales de una
fe madura y de una oración auténtica. Estos
elementos apuntan a una vida que es capaz de salir de
sí, morir a sí para darse por amor. El
martirio así entendido es una dimensión
insustituible de toda verdadera oración.
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